En 1679, el polí­grafo y eru­di­to jesui­ta —«el hom­bre que lo sabía todo»— Athana­sius Kircher (1602–1680), pub­li­ca en Ams­ter­dam su estu­dio sobre la Torre de Babel. La obra cumple con todos los tópi­cos que se le exigía a un genio enci­clopédi­co como Kircher durante el Bar­ro­co: un fuerte y detal­la­do carác­ter descrip­ti­vo, capaci­dad para sin­te­ti­zar y armo­nizar autori­dades —el cen­tro del asun­to es San Agustín— y un cier­to tono cien­tí­fi­co en el análi­sis de las lenguas y, ante todo, a sus teorías sobre la lengua orig­i­nar­ia o adáni­ca.

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