Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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La ciencia española no necesita tijeras

Me ha sali­do la bilis un par de veces mien­tras escribía esta entra­da y ambas he repeti­do mi mantra: ⌘+a+⌫. Me hubiera gus­ta­do hablar de cuál creo yo que es el ver­dadero prob­le­ma de la Uni­ver­si­dad y de la Inves­ti­gación españo­las, pero la situación aho­ra mis­mo es lo sufi­cien­te­mente grave para que me olvide de mis propias con­vic­ciones e intente apo­yar una causa que con­sidero noble y jus­ta. Javi Peláez ha sido muy claro: nos ha pedi­do una razón a cada uno de nosotros por la que jamás debería reducirse la inver­sión estatal en Inves­ti­gación y Desar­rol­lo.

Tras pen­sar detenida­mente en aque­l­las que con­sidero obvias y que deberían estar en la cabeza de cualquier per­sona de bien —el dra­ma humano y famil­iar, la pér­di­da de puestos de tra­ba­jo, la necesi­dad de mod­ern­izar un país que siem­pre está en la cuer­da flo­ja en mate­ria de inno­vación y apli­cación de tec­nologías pun­teras,…— doy una razón que me parece esen­cial y que no he vis­to en ningu­na parte: sólo con una autén­ti­ca y com­pro­meti­da inver­sión de cap­i­tal exi­s­tiría una hipotéti­ca posi­bil­i­dad de refor­mar la Uni­ver­si­dad españo­la de una man­era rad­i­cal y autén­ti­ca.

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Sé, seño­ra Min­is­tra, que tal vez sea más un aci­cate para el recorte —«¡Oh, Beato sil­lón!»— que para cumplir aque­l­lo a lo que se com­pro­metió con nosotros, con quienes votaron en las urnas y quienes refren­daron la decisión propia o aje­na de ele­gir­los para diri­gir el país. Escuche con aten­ción a una per­sona que sabe que no es nadie para dar con­se­jos: invier­tan todo lo posi­ble en inves­ti­gación si quieren que algún día España aban­done los reinos de Taifas, pelee y luche por aque­l­los cien­tí­fi­cos —y hablo de los cien­tí­fi­cos de ver­dad— hon­ra­dos que aman a su país tan­to como para quedarse en él a sufrir y a mendi­gar inver­siones, y luche y pelee por atraer a otros que están en cen­tros extran­jeros de enorme pres­ti­gio. Y una últi­ma cosa, aunque sé que esto es incom­pren­si­ble en nue­stro país: ayude al aban­dono del cor­ti­jo y haga un plan decente de una vez —y no me refiero a las rota­ciones boloñe­sas, pre­cisa­mente— para que en España se con­trat­en inves­ti­gadores extran­jeros. Voy más allá, para que haya un más amplio y gen­eroso número de pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios extran­jeros y, agár­rese, cat­e­dráti­cos. Quizás le suene a locu­ra, pero en el puñetero fút­bol tiene un buen ejem­p­lo de cómo hac­er­lo.

Podéis ver una descrip­ción de la ini­cia­ti­va en el blog de javi Peláez y la lista de blogs que nos hemos unido a ella aquí, en el momen­to de acabar esta entra­da hay 686 razones, ahí es nada.

Estamos de vuelta

Desde que os avisé de la para­da oblig­a­to­ria de este espa­cio, he inten­ta­do encon­trar un momen­to para reanudar un proyec­to que me ha dado muchas ale­grías, y algu­na pena, durante el últi­mo año. Como quería volver con garan­tías, y no escri­bi­en­do una entra­da de com­pro­miso, he tenido que dejar pasar los esca­sos hue­cos que han ido surgien­do durante estos meses para, por fin, sen­tarme hoy ante el orde­nador y escribir estas líneas.

Tras un año movi­do, hay algu­nas noti­cias que quisiera com­par­tir con vosotros, los lec­tores, que sois los que dais sen­ti­do a mi pres­en­cia en Inter­net. La primera de ellas, por longev­i­dad y traspiés del proyec­to, es que mi tesis doc­tor­al ya ha sido deposi­ta­da en la Uni­ver­si­dad de Aberdeen, conque solo que­da esper­ar lo mejor para su defen­sa. En segun­do lugar, durante los dos próx­i­mos semes­tres —sep­tiem­bre de 2009 a mayo de 2010— seré pro­fe­sor vis­i­tante en la Uni­ver­si­dad de Michi­gan. La opor­tu­nidad de tra­ba­jar en un depar­ta­men­to de lit­er­atu­ra his­páni­ca como ese, y en una uni­ver­si­dad que se encuen­tra entre las veinte primeras del mun­do, es un rega­lo con el que ni hubiera soña­do cuan­do empecé mis estu­dios, y estoy inmen­sa­mente agrade­ci­do a quienes han deposi­ta­do su con­fi­an­za en mí y me han recomen­da­do para el puesto. Como en mi mente está impar­tir las mejores clases posi­bles en el cam­po, este blog se verá enrique­ci­do con más entradas sobre Renacimien­to español y su lit­er­atu­ra —ya me conocéis, en sen­ti­do muy amplio— que espero que vosotros tam­bién dis­frutéis.

Quiero agrade­cer las mues­tras de car­iño y los áni­mos que muchos de vosotros me habéis hecho lle­gar por correo elec­tróni­co y por otros medios, así como el sor­pren­dente hecho de que el número de vis­i­tas se haya man­tenido prác­ti­ca­mente inmóvil y no hayan para­do de incor­po­rarse suscrip­tores a pesar de la para­da oblig­a­to­ria. Me gus­taría pen­sar que tan­to las vie­jas como las nuevas fidel­i­dades se deben a que aquí encon­tráis infor­ma­ción útil y una man­era de acer­carse a la Edad Media y el Renacimien­to úni­ca en la blo­gos­fera en castel­lano, al menos eso es lo que hay en mi áni­mo.

Este ver­a­no servirá, además de para retomar el rit­mo de escrit­u­ra, para actu­alizar el blog con nuevas posi­bil­i­dades de expre­sión e incor­po­rar util­i­dades que word­press parece per­mi­tir aho­ra de una man­era más sen­cil­la. Os man­ten­dré infor­ma­dos según las vaya imple­men­tan­do.

Quienes todavía no estáis suscritos a Fic­ta elo­quen­tia podéis recibir las nuevas entradas a través del lec­tor RSS de vue­stro gus­to o en vue­stro correo elec­tróni­co. Podéis uti­lizar el for­mu­la­rio de con­tac­to para enviarme infor­ma­ción, dudas o sug­eren­cias sobre temas que os gus­taría ver trata­dos.

Carta a los lectores

Queri­dos lec­tores:

Hace un tiem­po que este espa­cio está para­do, la razón es mucho más pro­saica de lo que yo mis­mo quisiera: está rela­ciona­da con pla­zos, entre­gas y demás man­dan­gas. Debido a eso, y a la situación frenéti­ca en que se encuen­tra mi vida lab­o­ral aho­ra mis­mo, debo dejar para­do este sitio durante cua­tro o cin­co sem­anas más… y es lo últi­mo que me hubiera gus­ta­do hac­er.

Esta pági­na es un lugar humilde, como tal empezó y como tal seguirá. Sin embar­go, ha ido amplian­do su número de lec­tores de una man­era expo­nen­cial des­de hace un tiem­po —en el últi­mo mes se ron­daron las 8.000 vis­i­tas— y lo mis­mo puede decirse de sus suscrip­tores. Des­de mi pun­to de vista, que siem­pre ha peca­do de naïf, la exten­sión de la audi­en­cia y su fidel­i­dad exige que les cor­re­spon­da en la medi­da de mis posi­bil­i­dades —mejores entradas, más cuidadas, muchos más mate­ri­ales, etc.— y eso mis­mo pien­so hac­er en cuan­to recu­pere el tiem­po per­di­do. La prome­sa es volver con algunos proyec­tos nuevos y algu­nas sor­pre­sas, todo se andará.

Para que la cosa no quede tan solemne, me gus­taría pediros que hagáis uso de los comen­tar­ios de esta entra­da. La ven­ta­ja de una para­da oblig­a­to­ria es que me per­mite con­sid­er­ar cam­bios que con una dinámi­ca diaria, o casi, de escrit­u­ra es casi imposi­ble realizar. Así que áni­mo, decidme qué con­sid­eráis mejorable, qué os gus­taría leer y encon­trar por aquí, qué echáis en fal­ta o qué os sobra. Con total sin­ceri­dad: estoy abier­to a todo lo que tengáis que decir y hac­er de este blog algo mem­o­rable.

Recibid todos un cor­dial salu­do y muchísi­mas gra­cias por vues­tra aten­ción, siem­pre inmere­ci­da.

Blogs, universidad, humanidades y redes sociales

Parta­mos del tópi­co: Inter­net con­tiene cada vez más infor­ma­ción. Infini­ta­mente más, de hecho, de lo que cualquiera hubiera podi­do sospechar cuan­do todo esto empezó. Se nos comenta­ba por entonces que Inter­net cam­biaría el mun­do, aunque no se sabía muy bien cómo. Para quienes estu­vi­mos por aquí des­de el prin­ci­pio —aho­ra resul­ta que ya no somos “nativos dig­i­tales”, algo que pre­fiero no ser, si supone una lam­en­ta­ble pér­di­da de per­spec­ti­va históri­ca—, Labyrinth era uno de esos sitios que demostra­ban que Inter­net sería una her­ramien­ta impre­scindible. Despier­ta una son­risa ver aho­ra por dónde ha ido la red des­de 1994 y darse cuen­ta de que la ampliación de sus con­tenidos no hubiera tenido sen­ti­do sin el “giro social” que aho­ra la sus­ten­ta.

La mis­ión de los blogs y de las redes sociales es tan com­ple­ja y polié­dri­ca como uno quiera. Algunos las usan para suplir la soledad real con la socia­bil­i­dad vir­tu­al, otros para dar a cono­cer sus proyec­tos, otros para ten­er un espa­cio vis­i­ble en la red y así has­ta el infini­to. Pero hay algo en común a todos ellos: por ínfi­mos que sean, siem­pre debe haber con­tenidos.

A raíz de mi entra­da ded­i­ca­da a la Filología His­páni­ca, he dis­cu­ti­do con algunos cole­gas la razón de ten­er un blog; una dis­cusión para­lela, por cier­to, a otra con­ver­sación en mar­cha en el blog de un buen ami­go: Jon Beasley Mur­ray. Muchos com­pañeros insis­ten en que es una pér­di­da de tiem­po, dicen: «el tiem­po que inviertes en tu blog, es tiem­po que le restas a inves­ti­gar o a escribir pub­li­ca­ciones académi­cas». Y no les fal­ta razón, claro. Escribir un blog es un con­sumo de tiem­po y de energía con­sid­er­able, por mal que uno lo haga. Hay, sin embar­go, al menos una bue­na razón para tomarse la moles­tia: la creación de vín­cu­los entre con­tenidos que de otra man­era estarían per­di­dos en un caos informe. En este sen­ti­do, la escrit­u­ra puede con­ver­tirse en una mez­cla de eru­di­ción, archivís­ti­ca, his­to­ria y divul­gación muy atrac­ti­va.

Mapa de Internet - 15 de enero de 2006Les comenta­ba a estos cole­gas y ami­gos, que todos los libros que cono­cen, todas las rela­ciones que alber­ga su ilus­tre cabeza dejarán de exi­s­tir si no saben vert­er­las en Inter­net. Los libros que muchos amamos, los libros de mae­stros como Tof­fanin, Huizin­ga, Cur­tius, Yates, Garin, Kris­teller, Momigliano, Bak­tin y un inabar­ca­ble etcétera, son archivos de tex­to huér­fanos. Son tex­tos muer­tos. Nadie, o casi nadie, los ha eti­que­ta­do; nadie, sal­vo otros tex­tos que nacen tam­bién muer­tos, habla de ellos. Los nativos dig­i­tales no saben que exis­ten. Los his­to­ri­adores en gen­er­al, y los his­to­ri­adores de la cul­tura en par­tic­u­lar, deberían “perder más el tiem­po” reen­lazan­do esos con­tenidos den­tro de Inter­net, que algún día con­for­mará nues­tra his­to­ria y será nue­stro lega­do. Deses­ti­mar esta tarea es igno­rar la razón últi­ma de la pro­fe­sión. No están eti­que­tan­do y resum­ien­do el con­tenido en twine, deli­cious o mag­no­lia (q. e. p. d.); no están expli­can­do su impor­tan­cia y sus nex­os de conex­ión con otros con­tenidos en entradas de blogs, en la Wikipedia, en Free­base o en Knol; no están pre­sen­tán­do­los —a ami­gos y famil­ia, por ejem­p­lo— en sitios como face­book, tuen­ti, frien­feed; no están tro­ceán­do­los en twit­ter o dejan­do que los des­menuzen en menéame; etc. No bas­ta con subir con­tenidos a Inter­net. Hay tan­ta infor­ma­ción, en real­i­dad, que hac­er­lo sólo es el primer jalón del pro­ce­so, por más que la obsti­nación quiera con­fundir­lo con el pro­ce­so mis­mo.

Es posi­ble que de aquí en diez años, sal­vo los blogs —a pesar de su con­tin­uo esta­do ter­mi­nal— ninguno de esos nom­bres suene de nada. Alguien escribirá una entra­da igual que esta, y hablará de face­book o de twit­ter como yo acabo de hablar de Labyrinth. Ponién­donos bor­gianos, quizás sea yo mis­mo en este sitio o en otro com­ple­ta­mente dis­tin­to.

Se men­cionó tam­bién durante la con­ver­sación la cal­i­dad de los blogs: «no es una escrit­u­ra seria», coin­cidían. Estu­pid­ez, fal­ta de sen­ti­do del humor y de humil­dad, miedo al ries­go y a la exper­i­mentación es algo que por des­gra­cia sobra en el mun­do de la his­to­ria académi­ca. Mien­tras nosotros, que ten­emos años de for­ma­ción a nues­tras espal­das que han paga­do con sus impuestos los padres y abue­los de los nativos dig­i­tales, sig­amos pro­te­gién­donos tras las insti­tu­ciones y sus estrate­gias, mien­tras sig­amos de algu­na man­era ocul­tan­do —y no es fuerte el tér­mi­no— nues­tras inqui­etudes, intere­ses y gus­tos al mun­do, mere­cer­e­mos el ostracis­mo al que la sociedad nos con­de­na. Aho­ra mis­mo Inter­net es un mun­do sin explo­rar para la pro­fe­sión y no por fal­ta de mate­ri­ales. ¿Hay que men­cionar Euro­peana, Inter­net Archive, la Bib­liote­ca Nacional de Fran­cia o la British Library? Hace cin­cuen­ta años nue­stros mae­stros iban en pro­ce­sión a estos sitios a apren­der para después com­par­tir­lo con alum­nos y cole­gas. La pre­gun­ta jus­ta sería: ¿si estas insti­tu­ciones están aquí, dónde esta­mos nosotros exac­ta­mente?

En el mun­do de la inco­heren­cia más abso­lu­ta, la acad­e­mia se ded­i­ca aho­ra a recor­rer estos sitios des­de su ter­mi­nal para vol­car su con­tenido de nue­vo a papel. Tan­to se ha instau­ra­do la prédi­ca de que las humanidades sir­ven para for­mar la con­cien­cia críti­ca, que la con­cien­cia críti­ca —y el sen­ti­do común— parece haberse queda­do atrofi­a­da. Tam­bién se alzan voces en con­tra de la Uni­ver­si­dad como insti­tu­ción, pero nadie parece recor­dar ya la Uni­ver­si­dad como idea. ¿Por qué es minori­taria la pub­li­cación abier­ta de inves­ti­ga­ciones en Inter­net? ¿No se tra­ta de que la may­or parte de la gente acce­da a los con­tenidos? ¿No se tra­ta de hac­er que la cul­tura llegue al may­or número de per­sonas? ¿No se tra­ta de ayu­dar a enten­der y, en el diál­o­go, que nos ayu­den a enten­der mejor? Hace mucho tiem­po, y lo digo con tono amar­go, que este espíritu per­vive en los menos, y que­da en los más pros­ti­tu­i­do al ser­vi­cio de otro tipo de intere­ses bas­tante más mezquinos.

Hubo un tiem­po en que todo tex­to escrito era un acto de amor, no solo a la sabiduría, sino tam­bién al otro; cualquier escritor conoce mejor que nadie la ambiva­len­cia entre dis­frute, dolor y frus­tración que puede escon­der­se tras cada golpe de tecla. Una eti­mología muy sim­ple: ama­teur. Fue gra­cioso hablan­do con estos cole­gas que men­cionaran ama­teur, que no es lo mis­mo que afi­ciona­do, con cier­to des­pre­cio. Expon­erse y quer­er dar sal­i­da a tus inqui­etudes parece que despro­fe­sion­al­iza, cuan­do debiera alabarse. En la sociedad com­pet­i­ti­va y estúp­i­da en que vivi­mos ser divul­ga­ti­vo se con­funde —en no pocas oca­siones a mala fe— con saber menos, cuan­do lo que con­ll­e­va es saber más: comu­nicar, entre otras cosas. No tiene sen­ti­do dar a un lec­tor cuarenta ref­er­en­cias bib­li­ográ­fi­cas en cada entra­da. La escrit­u­ra debe man­ten­er un equi­lib­rio entre la infor­ma­ción que tienes y que merece la pena, y tus neu­ro­sis y trau­mas; si se pierde este pun­to de arranque uno ya no comu­ni­ca, diva­ga.

Manuel M. Almei­da tiene una frase en el encabeza­do de su blog, que reza “… al prin­ci­pio era el post”; me gus­taría que mis cole­gas vier­an Inter­net y la blo­gos­fera como el prin­ci­pio de algo. Releía hoy un libro clási­co (1 y 2) de Remi­gio Sab­ba­di­ni —Le scop­erte dei cod­i­ci lati­ni e gre­ci ne’ sec­oli 14 e 15— ded­i­ca­do a los motivos que impi­dieron a Europa olvi­dar su lega­do clási­co. Coluc­cio Salu­tati, Leonar­do Bruni, Pog­gio Brac­ci­oli­ni y tan­tos otros —nom­bres, me temo, oscuros sal­vo para el espe­cial­ista— recor­rieron las bib­liote­cas monás­ti­cas del con­ti­nente que habían per­maneci­do calladas durante sig­los, un silen­cio recrea­do magis­tral­mente por Umber­to Eco. Sin saber­lo, esta­ban preparan­do mate­ri­ales que ali­men­ta­rían a un nue­vo inven­to, la imprenta, que cam­biaría de modo rad­i­cal el acce­so a la infor­ma­ción en toda Europa. Quince años después de Labyrinth se nos comien­za a hac­er tarde. Y me ape­na que tal can­ti­dad de gente mucho más vál­i­da y capaz que yo no quiera ver la mar­avil­losa época que ten­emos por delante.

Quizás, solo quizás, “galopar” hoy por las regiones de Inter­net a la búsque­da de estos tesoros, y expli­car­le a quien ten­ga ganas de saber qué encier­ran, sea nues­tra mis­ión más impor­tante.

¿Podrá soportar España 4.000.000 de bajas de clientes de banda ancha?

Cerca de cua­tro mil­lones de ciu­dadanos no pueden acced­er a la ban­da ancha en España en fun­ción de su sitio de res­i­den­cia; a este indi­cador neg­a­ti­vo para el desar­rol­lo de la Sociedad de la Infor­ma­ción en España, se le podrían sumar bajas masi­vas de clientes del Adsl más lento y caro de Europa.

Las enti­dades rep­re­sen­ta­ti­vas de la comu­nidad inter­nau­ta, los pro­fe­sion­ales y los con­sum­i­dores infor­máti­cos en España esti­man en cua­tro mil­lones la cifra de clientes de ban­da ancha -Adsl y cable-modem- que podrían darse de baja, si final­mente se con­fir­ma el acuer­do que Red­Tel las sociedades de gestión de los dere­chos de autor, aban­der­adas por la Sgae, para que en España se dé tres avi­sos antes de desconec­tar o ralen­ti­zar la conex­ión a Inter­net por usar redes P2P. A la dis­min­u­ción de ingre­sos se sumarían las posi­bles ind­em­niza­ciones que podrían derivarse por incumplim­ien­to de con­tra­to de las oper­ado­ras y las san­ciones aplic­a­bles en base a los artícu­los 8 (“Restric­ciones a la prestación de ser­vi­cios y pro­ced­imien­to de coop­eración intra­co­mu­ni­tario”) y 11 (“Deber de colab­o­ración de los presta­dores de ser­vi­cios de inter­me­diación”) de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Ser­vi­cios de la Sociedad de la Infor­ma­ción y de Com­er­cio Elec­tróni­co, mod­i­fi­ca­do por la Ley 56/2007, de 28 de diciem­bre, de Medi­das de Impul­so de la Sociedad de la Infor­ma­ción.

Mien­tras las oper­ado­ras de tele­co­mu­ni­ca­ciones tratan de sortear la cri­sis, las sociedades de gestión de los dere­chos de autor, inten­tan con­seguir preben­das para las empre­sas pro­duc­toras de con­tenidos tratan­do de con­vencer a todo el mun­do de que el inter­cam­bio de archivos entre par­tic­u­lares por Inter­net es un acto delic­ti­vo y que supone fuertes pér­di­das al sec­tor de entreten­imien­to.

Sin embar­go tan­to la fis­calía como las sen­ten­cias dic­tadas estable­cen que el inter­cam­bio de archivos con copy­right restric­ti­vo por redes P2P no es un deli­to y no es punible de ningu­na for­ma cuan­do se tra­ta de archivos públi­cos o bajo licen­cias copy­left (la may­oría de los casos)

Las propias enti­dades de gestión de dere­chos de autor han recono­ci­do en el “Informe de la indus­tria de con­tenidos en España“, pub­li­ca­do por ASIMELEC, que no hay una baja­da de ingre­sos en el sec­tor y que solo la músi­ca tiene un retro­ce­so en la ven­ta a través del canal tradi­cional (aunque no se infor­ma del aumen­to de ingre­sos por, entre otros, actua­ciones en direc­to, descar­gas y pub­li­ci­dad)

Lo cier­to es que las nego­cia­ciones que se están lle­van­do a cabo bajo el aus­pi­cio del Min­is­te­rio de Cul­tura, pueden supon­er que algu­nas de las empre­sas más sol­ventes y con may­or capaci­dad tec­nológ­i­ca de España empiecen a perder clientes a mar­chas forzadas. Lo que reper­cu­tirá en su cuen­ta de resul­ta­dos y en su capaci­dad de man­ten­er el empleo.

Pero lo más grave es que un acuer­do de esta nat­u­raleza aten­ta con­tra la libre com­pe­ten­cia, fre­na en seco el acce­so a la Sociedad de la Infor­ma­ción en España menosca­ban­do los dere­chos civiles de los ciu­dadanos y ale­jan­do aún más el dere­cho con­sti­tu­cional de acce­so a la cul­tura y al conocimien­to.

Fir­ma­do: Fic­ta elo­quen­tia y 2570 fir­mas más (por el momen­to). Pon la tuya pub­li­can­do el tex­to en tu blog.

El feed

Queri­dos lec­tores. Como algunos de vosotros sabéis, feed­burn­er pasó hace un tiem­po a for­mar parte de Google. A los que com­pro­bamos la salud de los feeds con él se nos ha insta­do a trasladar nues­tra cuen­ta a un servi­dor de Google. Por tan­to, ha cam­bi­a­do la direc­ción del feed y aunque todo debería fun­cionar sin prob­le­mas con la ante­ri­or, parece en que mi caso no ha sido así: he pasa­do de 70 suscrip­tores a 19 y creo que os he per­di­do a muchos de vosotros. Por tan­to, dejo aquí la nue­va direc­ción a la que debéis suscribiros. Tam­bién la he cam­bi­a­do en todos los ban­ners de la pági­na. Espero que todos podáis volver al redil pron­to. Dis­cul­pad las moles­tias.

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