Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Etiqueta: medievalia (Página 1 de 2)

Bruto


450px-Capitoline_Brutus_Musei_Capitolini_MC1183.jpg

Bus­to de Lucio Junio Bru­to en el Museo Capi­toli­no

“Cuan­do Bru­to y los hijos de Tar­quinio con­sul­taron al orácu­lo de Apo­lo en Delfos, la respues­ta fue que el poder supre­mo pertenecería al hom­bre que, tras su regre­so, primero besara a su madre. Bru­to fue el úni­co que com­prendió: al desem­bar­car de su nave simuló caer y besó la tier­ra, y así se hizo con el poder supre­mo.

Los siete reyes de Roma habían sido Rómu­lo, Numa Pom­pilio, Tulio Hos­tilio, Anco Mar­cio, Tar­quinio Prisco, Servio Tulio y Tar­quinio Sober­bio. A la muerte de Rómu­lo, el sena­do gob­ernó durante un año medi­ante decu­ri­ae, “gru­pos de diez,” sis­tema molesto que prop­i­ció que comen­zara la búsque­da de un rey. Al no encon­trarse nadie ade­cua­do en la ciu­dad, cobró fuerza la bue­na fama de Pom­pilio, que vivía en Cures, ciu­dad de los sabi­nos, y que tras tratos con los emba­jadores acep­tó el poder supre­mo y brindó la fero­ci­dad de un pueblo guer­rero a los ritos sagra­dos. Dicen que tenía el pelo cano des­de la infan­cia.”

Segun­do Mitó­grafo Vat­i­cano.

El hombre que quiso reinar Francia

La his­to­ria comien­za en 1354, durante la Guer­ra de los Cien Años, cuan­do un mer­cad­er de Siena reclamó su dere­cho al trono de Fran­cia. Tom­ma­so di Carpeg­na recoge en su libro la intere­sante biografía de Gian­ni­no de Guc­cio, que recor­rió Europa —de Roma a Hun­gría, de Avi­gnon a Vene­cia, de Nápoles a Ale­ma­nia— bus­can­do ejérci­tos y per­sonas que lo apo­yaran en sus pre­ten­siones reales. En su con­vic­ción, Guc­cio llegó a estable­cer con­tac­tos con los tur­cos a través de un judío con­ver­so para recla­mar su ayu­da, la prome­sa era que una vez en el trono, Fran­cia aban­donaría sus incur­siones en Tier­ra San­ta y su par­tic­i­pación en las cruzadas, el pago sería en tropas y dinero.

Guc­cio no era un loco, en su búsque­da de apoyos logró el favor de per­son­ajes como Cola di Rien­zo, dic­ta­dor romano, y los reyes de Navar­ra, que tam­bién tenían pre­ten­siones sobre el trono de Fran­cia. La cuestión de fon­do reside en cuál es el interés de un per­son­aje menor en la his­to­ria de Europa y con unas aspira­ciones que pueden pare­cer­nos excén­tri­c­as, como poco, a los lec­tores con­tem­porá­neos.

Gian­ni­no de Guc­cio es, sin duda, un per­son­aje históri­co menor, pero rep­re­sen­ta un fenó­meno muy común en la his­to­ria medieval Euro­pea. Su lugar en la his­to­ria nace de un con­tex­to especí­fi­co que le da enti­dad como arquetipo: el ejérci­to francés había caí­do en el sitio de Poitiers, Juan I había muer­to prác­ti­ca­mente al momen­to de nac­er y en la corte gala cor­ría el rumor de que el regente había sido asesina­do. Aunque estos hechos puedan pare­cer desconec­ta­dos, existe una clara vin­cu­lación entre la políti­ca medieval y la exé­ge­sis bíbli­ca que les da coheren­cia. En primer lugar, la der­ro­ta de Poitiers era, para el espec­ta­dor medieval cul­to, sín­toma inequívo­co de que un rey ilegí­ti­mo ocu­pa­ba en trono de Fran­cia, puesto que el des­ti­no de una coro­na, como demostra­ba el Antiguo Tes­ta­men­to, esta­ba regi­do por el favor o el aban­dono de Dios.

El interés del per­son­aje, sigu­ien­do la argu­mentación de Tom­ma­so di Carpeg­na, no reside en el hecho de que fuera un aspi­rante al trono, sino en que fuera un aspi­rante sin lazos nobil­iar­ios y com­ple­ta­mente descono­ci­do. Al igual que Cristo, cuyos orí­genes eran los más humildes que cabían pen­sarse, Guc­cio podía ser el rey de Fran­cia aún a pesar de haber naci­do en Siena y ser un sim­ple mer­cad­er. La Bib­lia no solo aporta­ba el ejem­p­lo de Jesús de Nazaret, David, el hijo de un pas­tor, era un ejem­p­lo enorme­mente pop­u­lar. El espec­ta­dor medieval tomó en serio la recla­mación de Guc­cio —que había con­segui­do cer­ti­fi­ca­dos de nacimien­to de var­ios nota­bles— por este moti­vo, y este con­sigu­ió el apoyo de su ejérci­to de mer­ce­nar­ios solo tras haber­les demostra­do que era quien decía ser.

Durante la Edad Media, al con­trario que en la actu­al­i­dad, donde con­ta­mos con doc­u­mentación grá­fi­ca de cualquier rey o noble, el Rey era un descono­ci­do para su pueblo. El con­tac­to cer­cano con la coro­na esta­ba reser­va­do a los miem­bros de la corte, y solo una muy lim­i­ta­da parte de la vastísi­ma may­oría de la población tenía la opor­tu­nidad de ver al monar­ca en actos públi­cos o cel­e­bra­ciones. Sal­vo un cír­cu­lo bien lim­i­ta­do de nobles, nadie había vis­to a Juan I; de man­era que cabía pen­sarse que cuan­do Guc­cio se lev­an­tó en armas por la coro­na de Fran­cia con un ejérci­to que lo respald­a­ba, prob­a­ble­mente sus aspira­ciones fuer­an legí­ti­mas. Los tes­ti­mo­nios de otros nobles eran la prue­ba más fea­ciente de la iden­ti­dad durante la Edad Media. Guc­cio, con el apoyo de Cola di Rien­zo o del rey de Hun­gría podía demostrar ante quien se lo exigiera su iden­ti­dad.

A la vez, la figu­ra de Guc­cio era impor­tante en una estruc­tura de estas car­ac­terís­ti­cas y encon­tra­ba aco­mo­do, por sor­pren­dente que pue­da pare­cer, en una per­cep­ción real­ista y util­i­taria de las fuerzas políti­cas. Que la figu­ra de Guc­cio estableciera para­le­los con Cristo y David per­mitía extrap­o­lar la nar­ra­ti­va bíbli­ca con­vir­tién­dola en un man­u­al de actuación políti­ca: era el rey de pleno dere­cho que provenía del anon­i­ma­to, y clave por tan­to para restable­cer los lazos entre Coro­na, pueblo y Dios; sal­van­do a Fran­cia en un momen­to de extrema necesi­dad. El poder políti­co de Guc­cio reside en el papel que desem­peña en una estruc­tura históri­ca dada, solu­ciona­ba necesi­dades políti­cas reales y coin­cidía con una nar­ra­ti­va sub­ter­ránea enorme­mente poderosa en la mente medieval.

No debe extraerse de lo expuesto que Guc­cio fuera un per­son­aje lo sufi­cien­te­mente hábil como para salirse de la nar­ra­ti­va políti­ca e y el devenir históri­co medieval e inten­tar manip­u­lar­lo. Tomas­so di Carpeg­na argu­men­ta de man­era con­vin­cente que es mucho más acer­ta­do con­sid­er­ar que Guc­cio creía ser Juan I, rescata­do mila­grosa­mente de la cuna, y que todos sus movimien­tos para obten­er apoyos para su recla­mación no respondían a un interés per­son­al, sino a la con­vic­ción de que esta­ba des­ti­na­do a red­imir a Fran­cia y a sal­va­guardar la Coro­na. Su vida ofrece, por ello, lec­ciones impor­tantes para com­pren­der la filosofía políti­ca medieval y rena­cen­tista, o al menos su prác­ti­ca real y cómo esta era inter­pre­ta­da y enten­di­da por sus con­tem­porá­neos.

Si uno de dirige a Enrique VIII recla­man­do ser el nue­vo Josías, a Fer­nan­do e Isabel arrogán­dose el papel de defen­sores ter­renos de la Igle­sia, a Car­lo­mag­no como el ungi­do de Dios o el César de Cristo y un largo etcétera, podrá com­pro­bar de man­era reit­er­a­da cómo la Bib­lia tiene un poder estruc­turador enorme en la men­tal­i­dad políti­ca medieval y rena­cen­tista. Ésa era la tarea prin­ci­pal del pro­pa­gan­dista, y expli­ca la relación tan estrecha entre las fór­mu­las de mov­i­lización en el mar­co políti­co y en el reli­gioso, que se extien­den a lo largo de la políti­ca euro­pea has­ta bien entra­da la mod­ernidad.

Por supuesto, Gian­ni­no de Guc­cio no con­sigu­ió su meta y fue inclu­so encar­ce­la­do por sus pre­ten­siones. Su apari­ción en la his­to­ria de Europa fue tan repenti­na como su desapari­ción en 1361. No se sabe qué pasó durante los seis años sigu­ientes ni qué fue de Guc­cio, la úni­ca pista que nos que­da es un tes­ta­men­to ates­tigua­do por su esposa donde se declara su muerte en 1367. Se desconoce dónde, en qué cir­cun­stan­cias o a manos de quién.

Esta deli­ciosa his­to­ria fue recogi­da y estu­di­a­da por Tom­ma­so di Carpeg­na en 2005, y aca­ba de ser tra­duci­da por William McCuaig al inglés: The Man Who Believed He Was King of France. A True Medieval Tale, Chica­go: Uni­ver­si­ty of Chica­go Press, 2008. Podéis leer de man­era gra­tui­ta el primer capí­tu­lo en la pági­na de la edi­to­r­i­al.

El futuro del manuscrito medieval

La vida del espe­cial­ista en la Edad Media y el Renacimien­to, y en real­i­dad en cualquier dis­ci­plina históri­ca ha cam­bi­a­do mucho en los últi­mos cin­co años. Cuan­do comen­zé mis estu­dios de doc­tor­a­do, prác­ti­ca­mente nadie usa­ba JSTOR y, para aque­l­los que se ded­i­ca­ban a los estu­dios históri­cos, hac­erse con tex­tos medievales y rena­cen­tis­tas en Inter­net —sal­vo en el caso de la Gal­li­ca, que siem­pre ha sido un ejem­p­lo de dig­i­tal­ización— era todavía muy difí­cil.

Afor­tu­nada­mente, des­de hace un tiem­po comen­zamos a saber lo útil que es ten­er un buen repos­i­to­rio de obras dig­i­tales, uno de los ejem­p­los más impre­sio­n­antes puede encon­trarse en la pági­na Roman de la Rose dig­i­tal Library, que es lo más pare­ci­do a ten­er un man­u­scrito del siglo XIII en casa y que hace de la lec­tura elec­tróni­ca un plac­er estéti­co.

La red se con­vierte así en una decente bib­liote­ca que ahor­ra esfuer­zo, tiem­po y dinero a aque­l­los que por tra­ba­jo o plac­er quier­an con­sul­tar estas obras. Sin embar­go, el vol­ca­do a for­ma­to elec­tróni­co tiene sus peli­gros. Uno de los más impor­tante es la can­ti­dad de pági­nas de Inter­net que se ded­i­can a tro­cear las obras, a ofre­cer­las de man­era par­cial, y a nublar los resul­ta­dos de Google con can­ti­dad de recopi­la­ciones par­ciales, de imá­genes sueltas y demás. En este sitio siem­pre inten­to hablar de obras o de frag­men­tos de obras como pre­sentación de la obra com­ple­ta, ofre­cien­do al lec­tor la repro­duc­ción que con­sidero de may­or cal­i­dad en la red. Este pro­ced­imien­to es, por des­gra­cia minori­tario.

Roman de la Rose_ Page turner_ John Rylands University Library, French 66.png

Con­sciente de esta situación, Matthew Fish­er, pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad de Cal­i­for­nia, Los Ánge­les (UCLA) inten­tó pon­er hace dos años reme­dio al prob­le­ma con la ayu­da de dos estu­di­antes de doc­tor­a­do, un pro­gra­mador de su mis­ma uni­ver­si­dad y Christo­pher Baswell, que había for­ma­do parte del depar­ta­men­to de Inglés de UCLA. El pro­pio Fish­er ha expuesto la situación de man­era clara:

> Bus­car man­u­scritos medievales en Inter­net te ofrece mil­lones de resul­ta­dos que en su may­or parte no tienen nada que ver con man­u­scritos, y cuan­do lo hacen, nor­mal­mente ofre­cen imá­genes de una pági­na más que del libro com­ple­to.

La solu­ción que Fish­er y su equipo idearon no es muy orig­i­nal pero sí enorme­mente útil: la creación de un índice de man­u­scritos medievales disponibles en red. En este momen­to cuen­tan con 398 man­u­scritos com­ple­tos, y si al proyec­to se le da pub­li­ci­dad y los inter­nau­tas colab­o­ran, podría hac­erse algo sim­i­lar al índice que Dana Sut­ton lle­va años imple­men­tan­do para tex­tos neo­lati­nos de todas las épocas —The Philo­log­i­cal Muse­um. An Ana­lyt­ic Bib­li­og­ra­phy of On-Line Neo-Latin Texts—. Con­fío en que sea de vue­stro interés. Para entrar en la pági­na de Fish­er, sim­ple­mente tenéis que pin­char en la ima­gen que acom­paña esta entra­da.

Vía: Acephalous, «Medieval­ists can be as lazy as Amer­i­can­ists».

Si conocéis más recur­sos o fuentes que incor­poren man­u­scritos medievales, sería estu­pen­do que los com­partieráis en los comen­tar­ios de esta entra­da. Recomien­do a aque­l­los que todavía no están suscritos a Fic­ta elo­quen­tia que lo hagan a través del lec­tor RSS de su gus­to o que reciban las actu­al­iza­ciones en su correo elec­tróni­co.

Inventarios de Bibliotecas Medievales Italianas

La sis­mel (Soci­etá Inter­nazionale per lo Stu­dio del Medio­e­vo Lati­no), bajo los aus­pi­cios del Min­is­te­rio per i Beni e le Attiv­ità Cul­tur­ali, jun­to con la Direzione Gen­erale per i Beni Librari y los Isti­tu­ti Cul­tur­ali ed il Dirit­to d’Autore, puso hace tiem­po en la pági­na de la Bib­liote­ca Dig­i­tale Ital­iana un recur­so de enorme util­i­dad para aque­l­los intere­sa­dos en la cul­tura medieval y rena­cen­tista.

Los Inven­tari delle bib­lioteche medievali ital­iane (sec. IX -XVI) son una enorme can­ti­dad de recur­sos —mono­grafías, lis­ta­dos bib­li­ográ­fi­cos, estu­dios de con­jun­to y catál­o­gos— que pueden descar­garse de man­era gra­tui­ta para su con­sul­ta. Lo que el sis­mel ha hecho ha sido dig­i­talizar 389 doc­u­men­tos —entre mono­grafías y artícu­los— y subir­los en pági­nas indi­vid­uales en jpeg. Para aque­l­los que uséis Win­dows o Lin­ux, sabéis que la con­ver­sión de var­ios jpeg en un solo pdf es una operación muy sen­cil­la, al igual que en OSX.

El caso es que podéis encon­trar, entre muchas otras cosas, el inven­tario clási­co de Anto­nio Man­fre­di sobre la bib­liote­ca del papa Nicolás V, o el artícu­lo de Anto­nio Alta­mu­ra sobre la bib­liote­ca aragone­sa de Gio­van Mar­co Cini­co.

2920702233_0d43f6c7ff.jpg

Ima­gen deriva­da a par­tir de licen­cia Cre­ative Com­mons. Orig­i­nal: “Old Book­shelf”, por Mararie

Por lo que he podi­do ver, muchos de los doc­u­men­tos dis­tan de estar com­ple­tos, como, por ejem­p­lo, el estu­dio de Alfon­so D’Amato sobre los domini­cos en la Uni­ver­si­dad de Bolo­nia, el utilísi­mo tra­ba­jo de Arman­do Verde sobre el Estu­dio flo­renti­no entre 1473 y 1503 o el clási­co de Chris­t­ian Bec sobre los libros de los flo­renti­nos en los sig­los XV y XVI. El moti­vo de las muti­la­ciones, para ser fran­cos, se me escapa. En un primer momen­to pen­sé que lo que habían hecho era copi­ar sim­ple­mente los catál­o­gos y declara­ciones de pat­ri­mo­nio bib­li­ográ­fi­co del peri­o­do, pero pos­te­ri­or­mente vi —en Let­ter­atu­ra e cul­tura veneziana del Quat­tro­cen­to, de Bruno Nar­di, por ejem­p­lo— que estos mis­mos lis­ta­dos tam­poco esta­ban com­ple­tos.

Quizás esté rela­ciona­do con dere­chos de autor o quizás haya una ori­entación temáti­ca en las selec­ciones —algo que dudo por los que he podi­do hojear—; des­de luego, ni la pági­na web del proyec­to, ni la ficha en Michael, ni la blo­gos­fera ofre­cen una respues­ta sat­is­fac­to­ria. Si alguien conoce este proyec­to y sabe el moti­vo y si va a ten­er con­tinuidad, le estaría enorme­mente agrade­ci­do de que me infor­mara.

En fin, os deseo que encon­tréis algo de vue­stro interés —y com­ple­to— en este catál­o­go.

Mac OSX para latinistas y helenistas

Ayer por la tarde recibí un mail de un lec­tor donde me pre­gunt­a­ba si conocía algu­na her­ramien­ta para latin­istas en OSX. Como creo que la respues­ta puede ten­er algu­na util­i­dad para otros lec­tores, he deci­di­do dejaros un pequeño lis­ta­do de pro­gra­mas de Mac para cla­sicis­tas, obvian­do la can­ti­dad de dic­cionar­ios de latín en pdf que hay en red. Empiezo por aque­l­las apli­ca­ciones que son de códi­go abier­to y, por tan­to, gra­tu­itas:

* Pan­do­ra: Es un viejo pro­gra­ma que los usuar­ios de Clas­sic recor­darán. Esta­ba basa­do en la tec­nología hyper­card y desa­pare­ció con el paso a Mac OSX. Pan­do­ra servía bási­ca­mente para realizar búsquedas den­tro del The­saurus Lin­guae Grae­cae y del Packard Human­i­ties Insi­tute antes de que este pasara a for­ma­to elec­tróni­co. Todavía que­da algu­na infor­ma­ción en la red y, si uno sabe bus­car bien, puede bajárse­lo.

* Dio­genes: Dig­no suce­sor del ante­ri­or es este pro­gra­ma de Peter Hes­lin. Se tra­ta de una apli­cación real­iza­da sobre el motor de Fire­fox y sirve para hac­er búsquedas den­tro de dis­tin­tos repos­i­to­rios lati­nos y grie­gos de pago —The­saurus Lin­guae Grae­cae (tlg), Packard Human­i­ties Insti­tute (phi), Duke Doc­u­men­tari Papyri (ddb­dp), Clas­si­cal Inscrip­tions, Latin Inscrip­tions, etc.— que no van incor­po­ra­dos en el pro­gra­ma. Se tra­ta de una apli­cación con una inter­faz muy limpia y sen­cil­la, y aunque lle­va un tiem­po sin ser actu­al­iza­do, sigue fun­cio­nan­do bien sobre Leop­ard. Una de las ven­ta­jas de Dio­genes es que una vez gen­era una lista de resul­ta­dos, todas las pal­abras con­tenidas en ella fun­cio­nan como hiper­vín­cu­los. Hace tiem­po, los enlaces abrían la pági­na cor­re­spon­di­ente a Perseus den­tro del mis­mo pro­gra­ma. Tras la ver­sión 3, Perseus sim­ple­mente sirve para indicar caso, género y número y la descrip­ción pro­cede del Lex­i­cón lati­no de Fre­und, con las adi­ciones y cor­rec­ciones de Andrews, Lewis y Short. Hay otras apli­ca­ciones como Dio­genes que sir­ven para la con­sul­ta del The­saurus Lin­guae Grae­cae, pero no solo son de pago, sino ridícu­la­mente caros: Helle­spont, Lex­is (cuya pági­na está muer­ta aho­ra mis­mo), TLG Engine y Lila.

* Ver­ba: real­iza­do por Joshua Hayes, es en real­i­dad una ver­sión elec­tróni­ca del dic­cionario del que se vale Dio­genes. Se tra­ta de una apli­cación muy sim­ple que cen­tral­iza los resul­ta­dos que ofrece Perseus en nue­stro escrito­rio sin necesi­dad de estar conec­ta­dos a Inter­net.

* Latin Words: Mucho más sen­cil­lo que los ante­ri­ores, es una inter­faz de búsque­da crea­da por Sean Rodriguez para el dic­cionario bil­ingüe —latín-inglés— de William Whitak­er. Frente a los otros, Latin Words me parece una muy bue­na opción para los estu­di­antes de latín de nive­les bási­cos y avan­za­dos: además de la escuál­i­da tra­duc­ción al inglés —incluye tam­bién tra­duc­ción inver­sa— ofrece todos los posi­bles casos del tér­mi­no intro­duci­do. Frente a los ante­ri­ores, se tra­ta de un pro­gra­ma mul­ti­platafor­ma disponible para Win­dows, Lin­ux y Mac OSX.

* MacSword es un motor de con­sul­ta de tex­tos bíbli­cos —del Albano al Hebreo, como dicen ellos— que viene acom­paña­do de devo­cionales, comen­tar­ios, dic­cionar­ios y lex­i­cones. Per­mite búsquedas e incor­po­ra enlaces a los ser­vi­cios de OSX, de man­era que puede acced­er­se al dic­cionario des­de cualquier apli­cación que este­mos usan­do. Es Open­Source y podéis descar­garos de man­era gra­tui­ta todos los mate­ri­ales —pertenecen al Sword Projectaquí. Es alta­mente recomend­able, y aque­l­los que nos mane­jamos con lenguas muer­tas deberíamos obligar­nos a revis­ar y mejo­rar sus mate­ri­ales. La pági­na de descar­ga de los módu­los fun­ciona a la per­fec­ción, acabo de com­pro­bar­lo, pero la del pro­gra­ma está caí­da des­de hace un tiem­po; la opción alter­na­ti­va de descar­ga está aquí.

* Alk­itab: Al igual que MacSword, es un motor de con­sul­ta de los tex­tos de The Sword Project, igual­mente gra­tu­ito y Open­Source. Aquí la cosa va en gus­tos y depende de con qué inter­faz os sin­táis más cómo­d­os. Alk­itab es un motor mul­ti­platafor­ma —Win­dows, Lin­ux y MacOSX— que, frente a MacSword, no fue especí­fi­ca­mente dis­eña­do para OSX. Sin­ce­ra­mente, a mí me parece mucho más cómo­do que el ante­ri­or, pero reconoz­co que es bas­tante más inestable.

El jovén Cicerón Leyendo, Grebroeker, ca. 1464

Como veis, hay opciones a pesar de que algu­na de ellas requiera ten­er acce­so a repos­i­to­rios y mate­ri­ales de pago. No hay una can­ti­dad tan grande de tex­tos lati­nos en for­ma­to elec­tróni­co para Mac como para Win­dows, y la ver­dad es que la Patrolo­gia Lati­na, la Patrolo­gia Grae­ca, la Bib­lio­the­ca Teub­ne­r­i­ana Lati­na, los Mon­u­men­ta Ger­ma­ni­ae His­tor­i­ca, el Aris­tote­les Lat­i­nus o el Cor­pus Lat­inum Scrip­to­rum Medi­um Aevum se echan de menos. No sucede lo mis­mo, sin embar­go, con los tex­tos bíbli­cos, donde desta­can de man­era clara:

* Accor­dance, que es una enorme platafor­ma crea­da por Oak­tree Soft­ware para el estu­dio de la Bib­lia. Está com­puesto por un potente motor de búsque­da al que se van aña­di­en­do módu­los de pago, ofrece lex­i­cones, dic­cionar­ios, con­cor­dan­cias, ensayos, mono­grafías, etc. sobre el tex­to bíbli­co en hebreo, griego y latín. Por des­gra­cia, su pre­cio siem­pre me ha pare­ci­do abu­si­vo y no lo he proba­do, así que estaré encan­ta­do si algún usuario que lo haya hecho nos deja su opinión por aquí.

* Logos Bible: es la otra opción com­er­cial para el estu­dio de la Bib­lia en OSX. El fun­cionamien­to y la ofer­ta de presta­ciones es muy sim­i­lar a Accor­dance: un motor de búsque­da de gran poten­cia para el que hay que se pueden com­prar diver­sos paque­tes con tex­tos. Si os intere­sa os recomien­do que le echéis un vis­ta­zo a su vídeo de pre­sentación y a los mate­ri­ales que ofre­cen.

Espero haber con­tes­ta­do al mail y que haya sido de util­i­dad para alguno más de los que me leen. Estaré encan­ta­do de que aportéis más infor­ma­ción, dudas o pre­gun­tas en los comen­tar­ios.

El Bosco, El Prado y Google Earth

Ha sido la noti­cia cul­tur­al de la sem­ana: el Museo del Pra­do, en colab­o­ración con Google, ha puesto a dis­posi­ción de los inter­nau­tas 14 obras maes­tras de su colec­ción en amplísi­ma res­olu­ción. Lo úni­co que os será nece­sario para acced­er a ellas es un gen­eroso ancho de ban­da, ten­er insta­l­a­do o insta­lar en vue­stro orde­nador Google Earth, y bus­car Museo del Pra­do. Así de sim­ple y además gratis.

Las obras dig­i­tal­izadas son, en orden cronológi­co, La Anun­ciación (1430–2), de Fra Angeli­co; El Descendimien­to (1436), de Roger van der Wey­den; Autor­re­tra­to (1498), de Durero; El Car­de­nal (1510–1), de Rafael; El jardín de las Deli­cias o La pin­tu­ra del madroño (1514–5), de El Bosco; La Cru­ci­fix­ión (1518), de Juan de Flan­des; El emper­ador Car­los V, a cabal­lo, en Mühlberg (1548), de Tiziano; El caballero de la mano en el pecho (1584), de El Gre­co; Artemisa (1633–5), de Rem­brandt; Las tres Gra­cias (1638), de Rubens; El sueño de Jacob (1639), de Rib­era; La famil­ia de Felipe IV o Las Meni­nas (1656), de Velázquez: Inmac­u­la­da Con­cep­ción (1767–9), de Tiepo­lo y 3 de mayo (1813–4), de Goya.

La cal­i­dad de las repro­duc­ciones es impre­sio­n­ante, has­ta el pun­to de hac­erme pasar una amplia por­ción de la tarde solo con una de ellas: El jardín de las deli­cias de Hierony­mus Bosch. He recor­ri­do el cuadro varias veces, pudi­en­do apre­ciar detalles que has­ta hoy se me habían escapa­do y me he queda­do sor­pren­di­do, más si cabe, con la habil­i­dad del holandés y la riqueza de su tra­ba­jo. He hecho recortes de los pasajes del tríp­ti­co que más me han lla­ma­do la aten­ción. Algunos en la blo­gos­fera, inclu­so, se han afana­do en bus­car temas repet­i­tivos y un tan­to curiosos… nada que supere, de momen­to, a las fig­uras de acción inspi­radas en el cuadro. Esto es solo una mues­tra mín­i­ma de todo lo que podréis des­cubrir acce­di­en­do a la nue­va repro­duc­ción dig­i­tal del lien­zo.

Google Earth-1-1.jpg

Google Earth-4-1.jpg

Google Earth-5-1.jpg

Google Earth-7-1.jpg

Google Earth-9-1.jpg

Google Earth-3-1.jpg

Google Earth-6-1.jpg

Google Earth-10-1.jpg

Google Earth-12-1.jpg

Google Earth-15-1.jpg

Google Earth-18-1.jpg

Google Earth-17-1.jpg

Google Earth-20.jpg

Para may­or infor­ma­ción sobre el pro­ce­so de dig­i­tal­iza­do, podéis ver este brevísi­mo vídeo que Google España ha subido a Youtube. Las tres partes impli­cadas —el Museo del Pra­do, Google Earth y Mad­pix­el— dan algu­na infor­ma­ción más en los enlaces a sus respec­ti­vas pági­nas.

Página 1 de 2

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén