Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Etiqueta: Italia

Teatro italiano del Renacimiento y del Barroco

Acabo de encon­trarme con una muy bue­na colec­ción de tex­tos dramáti­cos ital­ianos de los sig­los xvi y xvii, todos ellos dig­i­tal­iza­dos en pdf con una cal­i­dad exce­lente. El tra­ba­jo de con­ver­sión de los volúmenes lo ha lle­va­do a cabo la Bib­liote­ca de la Uni­ver­sità degli Stu­di di Tori­no bajo la direc­ción de Clau­dio Rug­geri y Ali­gi Miche­lis y puede encon­trarse su motor de búsque­da aquí.


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El número de volúmenes dig­i­tal­iza­dos es de 720 que con­tienen la nada des­pre­cia­ble cifra de 1076 obras. Se tra­ta, por tan­to, de uno de los repos­i­to­rios de teatro ital­iano rena­cen­tista más impor­tantes en Inter­net. La Uni­ver­si­dad de Turín se hizo con las obras, que provienen de tres colec­ciones dis­tin­tas —la Cavri­ani, la Melziana y la Quer­zo­la—, en la déca­da de los 50. Estas tres colec­ciones con­for­man un cor­pus valiosísi­mo para el estu­dio de las dis­tin­tas man­i­festa­ciones dramáti­cas de la época —come­dia, trage­dia, pas­torales, églo­gas, etc.— y, además, ofre­cen un panora­ma com­pre­hen­si­vo de las obras más leí­das, rep­re­sen­tadas y tra­duci­das en la Italia del peri­o­do. El con­jun­to puede dividirse en:

* obras dramáti­cas ital­ianas de los sig­los XVI y XVII de muy dis­tin­tos géneros. Es la más numerosa, evi­den­te­mente, y cuen­ta con obras de Bernar­do Accolti, Pietro Aretino, Lodovi­co Arios­to, Domeni­co Bar­bi, Francesco Berni, Mateo Maria Boiar­do, Anto­nio Carac­ci­o­lo, Anni­bal Caro, Gian­maria Cec­chi, Gio­van Bat­tista del­la Por­ta, Lodovi­co Dolce, Gio­van­bat­tista Gel­li, Giral­di Cinthio, Gio­van Bat­tista Guar­i­ni, Gio­van Francesco Loredano, Gio­van Ange­lo Lot­ti­ni, Sci­p­i­one Maf­fei, Giro­lamo Para­bosco, Alessan­dro Pic­colo­mi­ni, Gio­van­ni Rucel­lai, Sper­one Sper­oni y Torqua­to Tas­so entre muchos otros.

* tra­duc­ciones de obras dramáti­cas clási­cas y con­tem­poráneas, donde apare­cen Aristó­fanes, Plau­to, Teren­cio, Séneca, Fer­nan­do de Rojas, Jacques Autreau o Molière (no, no está Lope).

* tex­tos de poéti­ca. Aunque no muchos, puede encon­trarse la dis­pu­ta en torno al Canace de Sper­one Sper­oni, que pasa por ser la más impor­tante del Cinque­cen­to sobre la trage­dia. Tam­bién está la Poet­i­ca de Gia­son Denores y el Del­la poe­sia rap­p­re­sen­ta­ti­va & del modo di rap­p­re­sentare le fav­ole sceniche, de Ange­lo Ingeg­nieri.

Si os intere­sa ver el lis­ta­do com­ple­to de autores y obras, no tenéis más que pin­char en este enlace. Yo me he enter­a­do por Bib­lios­to­ria.

Para quienes quier­an dar cier­to orden al caos que supone tal y tan bue­na recolec­ción de obras, exis­ten algu­nas opciones gra­tu­itas en Inter­net que pueden servir como intro­duc­ción al teatro ital­iano del Cinque­cen­to. Ofrez­co un pequeño lis­ta­do de lo que Inter­net alber­ga a estos efec­tos:

* Diodoro Gras­so, L’Aretino e le sue comme­die: Une pag­i­na del­la vita morale del Cinque­cen­to, Paler­mo: Alber­to Reber, 1900.
* Michele Bian­cale, La trage­dia ital­iana nel Cinque­cen­to. Stu­di let­ter­ari con una let­tera all’Au­tore del Prof. con­te Ange­lo de Guber­natis, Roma: Tipografia Capi­toli­na D. Battarel­li, 1901.
* Fer­di­nan­do Neri, La trage­dia ital­iana del Cinque­cen­to, Firen­ze: Tipografia Cal­let­ti e Coc­ci, 1904.
* L’ul­ti­mo tragè­do del cinque­cen­to: Pom­poni Torel­li (1539–1608), Napoli: Stab. Tipografi­co del­la R. Uni­ver­sità, 1907.
* Ire­neo Sane­si, Comme­die del Cinque­cen­to, Bari: Lat­erza, 1912. Vol­u­men I y Vol­u­men II.
* Antonel­la Lom­mi,Due Comme­die Patetiche del Cinque­cen­to: Il Pel­le­gri­no di Giro­lamo Para­bosco e I Fidi Aman­ti di Francesco Podi­ani, Par­ma: Uni­copli — Dipar­ti­men­to di Ital­ian­is­ti­ca, Uni­ver­sità degli Stu­di di Par­ma, 2008.

Y ya que he men­ciona­do a Fer­nan­do de Rojas, me entero por Mar­cos Taraci­do, de Libro de Notas, que todos los números de Celesti­nesca están disponibles de man­era gra­tui­ta para su descar­ga y dis­frute en la pági­na de Par­naseo.

Inventarios de Bibliotecas Medievales Italianas

La sis­mel (Soci­etá Inter­nazionale per lo Stu­dio del Medio­e­vo Lati­no), bajo los aus­pi­cios del Min­is­te­rio per i Beni e le Attiv­ità Cul­tur­ali, jun­to con la Direzione Gen­erale per i Beni Librari y los Isti­tu­ti Cul­tur­ali ed il Dirit­to d’Au­tore, puso hace tiem­po en la pági­na de la Bib­liote­ca Dig­i­tale Ital­iana un recur­so de enorme util­i­dad para aque­l­los intere­sa­dos en la cul­tura medieval y rena­cen­tista.

Los Inven­tari delle bib­lioteche medievali ital­iane (sec. IXXVI) son una enorme can­ti­dad de recur­sos —mono­grafías, lis­ta­dos bib­li­ográ­fi­cos, estu­dios de con­jun­to y catál­o­gos— que pueden descar­garse de man­era gra­tui­ta para su con­sul­ta. Lo que el sis­mel ha hecho ha sido dig­i­talizar 389 doc­u­men­tos —entre mono­grafías y artícu­los— y subir­los en pági­nas indi­vid­uales en jpeg. Para aque­l­los que uséis Win­dows o Lin­ux, sabéis que la con­ver­sión de var­ios jpeg en un solo pdf es una operación muy sen­cil­la, al igual que en OSX.

El caso es que podéis encon­trar, entre muchas otras cosas, el inven­tario clási­co de Anto­nio Man­fre­di sobre la bib­liote­ca del papa Nicolás V, o el artícu­lo de Anto­nio Alta­mu­ra sobre la bib­liote­ca aragone­sa de Gio­van Mar­co Cini­co.

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Ima­gen deriva­da a par­tir de licen­cia Cre­ative Com­mons. Orig­i­nal: “Old Book­shelf”, por Mararie

Por lo que he podi­do ver, muchos de los doc­u­men­tos dis­tan de estar com­ple­tos, como, por ejem­p­lo, el estu­dio de Alfon­so D’Am­a­to sobre los domini­cos en la Uni­ver­si­dad de Bolo­nia, el utilísi­mo tra­ba­jo de Arman­do Verde sobre el Estu­dio flo­renti­no entre 1473 y 1503 o el clási­co de Chris­t­ian Bec sobre los libros de los flo­renti­nos en los sig­los XV y XVI. El moti­vo de las muti­la­ciones, para ser fran­cos, se me escapa. En un primer momen­to pen­sé que lo que habían hecho era copi­ar sim­ple­mente los catál­o­gos y declara­ciones de pat­ri­mo­nio bib­li­ográ­fi­co del peri­o­do, pero pos­te­ri­or­mente vi —en Let­ter­atu­ra e cul­tura veneziana del Quat­tro­cen­to, de Bruno Nar­di, por ejem­p­lo— que estos mis­mos lis­ta­dos tam­poco esta­ban com­ple­tos.

Quizás esté rela­ciona­do con dere­chos de autor o quizás haya una ori­entación temáti­ca en las selec­ciones —algo que dudo por los que he podi­do hojear—; des­de luego, ni la pági­na web del proyec­to, ni la ficha en Michael, ni la blo­gos­fera ofre­cen una respues­ta sat­is­fac­to­ria. Si alguien conoce este proyec­to y sabe el moti­vo y si va a ten­er con­tinuidad, le estaría enorme­mente agrade­ci­do de que me infor­mara.

En fin, os deseo que encon­tréis algo de vue­stro interés —y com­ple­to— en este catál­o­go.

Andrea Pozzo y la perspectiva

Uno de mis pin­tores favoritos del bar­ro­co es andrea poz­zo. Reconoz­co que no goza de la fama de Car­avag­gio, ni de Lodovi­co, Agosti­no y Anni­bale Car­raci, ni de Rubens, ni de tan­tos otros, y prob­a­ble­mente no la merece. A pesar de esto, Poz­zo siem­pre me ha intere­sa­do por dos razones: por sus reflex­iones acer­ca del teatro como un espa­cio con unas car­ac­terís­ti­cas y unas necesi­dades especí­fi­cas —sobre lo que me ocu­paré en la sigu­iente entra­da— y por ser un autor con unas pre­ocu­pa­ciones fun­da­men­tal­mente rena­cen­tis­tas al que le tocó vivir a medi­a­dos del siglo XVII.

Poz­zo ha pasa­do a la his­to­ria de la pin­tu­ra, mere­ci­da­mente, por su dominio del fres­co y su capaci­dad para crear per­spec­ti­vas hiper­re­al­is­tas sobre super­fi­cies planas. Den­tro de sus obras más impor­tantes —pin­chad sobre los vín­cu­los para ver­las sin salir de esta pági­na— se encuen­tran la bóve­da, el fres­co de la apo­teo­sis y la cúpu­la de la Igle­sia de San Igna­cio en Roma o la cúpu­la y los fres­cos de la Igle­sia jesui­ta de Viena. En ellas la influ­en­cia de la obra Andrea Man­teg­na es evi­dente, si bien Poz­zo supera con mucho al mae­stro. Sobre su obra pic­tóri­ca y sobre su vida no me que­da más que recomen­daros la wikipedia y la breve selec­ción bib­li­ográ­fi­ca que añadiré al pie de la entra­da.

Pero hoy no os trai­go obras pic­tóri­c­as, sino a las ilus­tra­ciones del úni­co libro que Poz­zo pub­licó. La Per­spec­ti­va pic­to­rum atque archi­tec­to­rumPer­spec­ti­va para pin­tores y arqui­tec­tos, forzan­do un poco el gen­i­ti­vo— gozó de enorme fama des­de la primera edi­ción del primer vol­u­men (1693) y del segun­do (1698). La perte­nen­cia de Poz­zo a la orden de los jesuitas favore­ció sin duda su tra­duc­ción a numerosos idiomas y las con­tin­uas edi­ciones durante los dos sig­los sigu­ientes. De hecho, la obra de Poz­zo se con­vir­tió en una ref­er­en­cia en Europa has­ta bien entra­do el siglo XIX en mate­ria de per­spec­ti­va y fue estu­di­a­da tan­to en cen­tros donde se forma­ba a artis­tas como en escue­las de arqui­tec­tura. Lo intere­sante del libro es que Poz­zo jamás llevó a la prác­ti­ca ninguno de sus dis­eños, si bien algu­nas de sus ideas se mate­ri­alizaron bien pron­to en la igle­sia romana de San Apol­linare y la igle­sia jesui­ta de San Francesco Save­rio (1700–1702) en Tren­to.

Quizás mi fasci­nación proviene de que Poz­zo no se planteara edi­ficar nada con­tenido en los más de 200 graba­dos que com­po­nen la obra; como en segui­da veréis, los obje­tos son suma­mente detal­la­dos, e impre­siona com­pro­bar cómo se parte del con­cep­to más bási­co has­ta desar­rol­lar cada una de las partes y pon­er­las en su con­tex­to, todo bajo la obser­vación estric­ta de la per­spec­ti­va. Espero que las dis­frutéis:

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La selec­ción de ilus­tra­ciones que acabáis de ver ha sido extraí­da del tomo primero de la edi­ción bil­ingüe (alemán — latín) de 1709. Las imá­genes han sido recor­tadas y enderezadas, se ha aumen­ta­do la luz y la defini­ción y se han elim­i­na­do algu­nas man­chas cuan­do ha sido posi­ble. El primer y el segun­do vol­u­men están disponibles en la bib­liote­ca de la Ruprecht-Karls-Uni­ver­sität de Hei­del­berg. Y tenéis la opción de descar­gar ambos volúmenes en pdf.

Si os intere­sa la figu­ra de Poz­zo, su relación con los jesuitas, sus ref­er­en­cias, su influ­en­cia y sus ideas sobre arqui­tec­tura y teatro, podréis encon­trar una bue­na aprox­i­mación en las sigu­ientes entradas bib­li­ográ­fi­cas:

* Ogden, Dun­bar H, The Ital­ian Baroque Stage: Doc­u­ments by Giulio Troili, Andrea Poz­zo, Fer­di­nan­do Gal­lie-Bibi­ena, Bal­das­sare Orsi­ni. Trans­lat­ed with Comen­tary, Berke­ley: Uni­ver­si­ty of Cal­i­for­nia Press, 1978.
* Blunt, Antho­ny, «Two Archi­tec­tur­al Draw­ings by Andrea Poz­zo», Mas­ter Draw­ings XX: 1 (1982), pp. 22–75.
* De Feo, Vit­to­rio y Vit­to­rio Mar­tinel­ly, Andrea Poz­zo, Firen­ze: Elec­ta, 1996.
* Fil­ip­pi, Ele­na, L’arte del­la prospet­ti­va. L’opera e l’in­seg­na­men­to di Andrea Poz­zo e Fer­di­nan­do Gal­li Bibi­ena in Piemonte, Firen­ze: Leo S. Olsch­ki, 2002.

Tam­bién podéis acced­er a parte de su obra pic­tóri­ca en Inter­net. No os quiero cansar con una lista exten­sa de hiper­vín­cu­los, encon­traréis la amplia may­oría de los que os daría en esta entra­da de la Art­cy­clo­pe­dia.

Como siem­pre, dejo a vues­tra dis­posi­ción los comen­tar­ios para que­jas, dudas, sug­eren­cias y aporta­ciones. Y sigo ani­man­do a aque­l­los que no estáis suscritos a este blog a que lo hagáis para recibir cómoda­mente sus actu­al­iza­ciones en vue­stro lec­tor de RSS o en vue­stro correo elec­tróni­co.

Los amores de Aristóteles y Filis

Sillar de la Iglesia de Montbenoît representando a Aristóteles y Filis

Aquamanile – Aristotle Ridden by Phyllis (1975.1.1416)  - The Metropolitan Museum of Art

Aristóteles y Filis - Grabador anónimo (M. R.) - Alemania, siglo XV

Aristóteles y Filis - Círculo de Baccio Baldini (mediados del siglo XV)

Aristóteles y Filis - Grabado del Holandés Jan de Beer - Finales del siglo XV

Aristóteles y Filis - Maestro del Gabinete de Estampas de Amsterdam (ca. 1485)

Aristóteles y Filis - Maestro Grabador M. Z. (1500-3)

Aristóteles y Filis - Hans Baldung Grien (1484-1545)

Filis galopando sobre Aristóteles - Hans Burgkmair el Viejo (ca.1519)

Aristóteles y Filis - Jan Sadeler (ca. 1587-1593)

Henri d’an­deli redac­ta a comien­zos del siglo xiii su lai d’aris­tote, una his­to­ria cómi­ca y obsce­na sobre el filó­so­fo que gozará de cier­ta for­tu­na en el imag­i­nario occi­den­tal. El lay, el género escogi­do por d’An­deli, era una nar­ración cor­ta de carác­ter humorís­ti­co y de car­ga eróti­ca y burlesca que gozó de enorme pop­u­lar­i­dad en las cortes anglo-nor­man­das medievales y que desem­peñaría un papel impor­tante todavía en los nov­el­li­ni de Ser­cam­bi y de Boc­cac­cio, o en los cuen­tos de Chaucer.

La nar­ración ver­si­fi­ca­da de d’An­deli tiene un argu­men­to muy sim­ple: Aristóte­les ha acom­paña­do a Ale­jan­dro Mag­no en su expe­di­ción a la India, donde el rey se ha enam­ora­do de una joven y bel­la corte­sana. Aristóte­les le recomien­da como su pre­cep­tor que aban­done la com­pañía de Fil­is, al impedirle prepararse para el ejer­ci­cio de la vir­tud y las respon­s­abil­i­dades del gob­ier­no. La corte­sana, enter­a­da del con­se­jo del filó­so­fo prom­ete ven­gan­za. Una mañana, la joven comien­za a bailar de man­era sen­su­al y a can­tar can­ciones de amor en el jardín con­tiguo al estu­dio de Aristóte­les. La belleza de su can­to hacen que el filó­so­fo sien­ta un ardi­ente deseo por la joven y abra su ven­tana para poder ver­la y requerir sus ser­vi­cios. Ella, prepara­da para la prop­ues­ta, prom­ete sacia­r­lo con una úni­ca condi­ción: debe fin­gir ser un cabal­lo y dejar­la mon­tar sobre su espal­da mien­tras la pasea por el jardín. Aristóte­les con­siente. En el momen­to en que está cumplien­do el capri­cho de la het­aira, Ale­jan­dro los ve des­de una altura supe­ri­or del castil­lo y exige a su mae­stro un expli­cación. La respues­ta es clara: si un viejo como él se ha vis­to enreda­do en tal situación por causa del amor, qué no le pasaría a un joven inex­per­to como Ale­jan­dro, he ahí la razón de pre­venir­lo con­tra el deseo eróti­co, que ni atiende a edad, ni a rep­utación, ni a conocimien­to. Ale­jan­dro, com­placido con la respues­ta, per­dona a su mae­stro, y que­da libre para reunirse con su ami­ga sin recibir ningún tipo de repri­men­da.

La obra cobró notable pop­u­lar­i­dad des­de su primera lec­tura en corte y sus ver­sos fueron imi­ta­dos, repeti­dos y vari­a­dos. Nos han lle­ga­do cin­co ver­siones man­u­scritas del lay, aunque ningu­na es sat­is­fac­to­ria y ofre­cen, además, cier­tas varia­ciones argu­men­tales. El éxi­to de la obra debió de ser grande, puesto que la Igle­sia —cuya doc­t­ri­na per­manecía por entonces fuerte­mente lig­a­da a las enseñan­zas del Are­opagi­ta— tomo car­tas en el asun­to. Jacques de Vit­ry, a la sazón obis­po de Acre y futuro car­de­nal de Tus­cu­lum, redac­tó una nue­va ver­sión de la his­to­ria donde elim­inó cualquier tipo de aspiración lit­er­aria y a la que cargó de un fuerte con­tenido moral y trascen­dente. Fil­is ya no es una corte­sana, sino la esposa de Ale­jan­dro, y engaña al príncipe con el filó­so­fo, desa­tan­do con ello el sec­u­lar mecan­is­mo que alude a la per­fidia y la mal­dad de las mujeres. Para Vit­ry, solo hay una morale­ja que extraer de la his­to­ria: la úni­ca filosofía vál­i­da es aque­l­la que prepara para la muerte.

Sin embar­go, la his­to­ria de Aristóte­les y Fil­is demostrará mucha may­or longev­i­dad en su ver­tiente icono­grá­fi­ca, que la memo­ria de Jacques de Vit­ry o Hen­ri d’An­deli en la cul­tura lit­er­aria euro­pea. Seguir el recor­ri­do de las rep­re­senta­ciones de la fábu­la nos lle­va por caminos bien difer­entes. El tra­ba­jo del orfebre, del eban­ista o el grabador le dan al obje­to artís­ti­co una sig­nifi­ca­do más amplio, tan­to ante nue­stros ojos como ante los de nue­stros antepasa­dos.

Quizás en ninguno de ellos como en el mis­te­rioso mae­stro grabador alemán de prin­ci­p­ios del siglo XVI cono­ci­do por las siglas M. Z. se con­ju­gan de man­era más per­fec­ta las lec­ciones de Vit­ry: solo nos han queda­do de él los graba­dos de un Arte de bien morir todavía por iden­ti­ficar y otro ded­i­ca­do a nue­stro tema. Pero la icono­grafía expre­sa algo pro­fun­do que tra­sciende la relación más o menos feliz con la fuente lit­er­aria: habla de la humil­lación de la filosofía frente a la belleza, el some­timien­to de la racional­i­dad por la ani­mal­i­dad, la ren­di­ción de la vejez a la juven­tud, la vic­to­ria del vicio sobre la vir­tud, etcétera.

En todos estos sig­nifi­ca­dos entre­laza­dos, la mujer per­manece ais­la­da de la humanidad y de la razón, ani­mal­iza al hom­bre y rinde a la evi­den­cia de la carne cualquier ejer­ci­cio de abstrac­ción. Si Aristóte­les —la asce­sis, la razón y la vida espec­u­la­ti­va— que­da someti­do y espolea­do por el deseo, la het­aira —la car­nal­i­dad, la irra­cional­i­dad y la vida veg­e­ta­ti­va— se limi­ta a un obje­to o a un mero mecan­is­mo nat­ur­al. Así, en la his­to­ria de los amores de Fil­is y Aristóte­les, la lec­ción últi­ma es que en un sis­tema de val­ores estáti­co y patri­ar­cal, aunque se genere una inver­sión paródi­ca del estatu­to de sus com­po­nentes, en el mis­mo pro­ce­so de inter­pretación y recep­ción se refor­mu­la de man­era más potente, si cabe, el sis­tema que ha sido inver­tido. Quiero decir, el reba­jamien­to a la ani­mal­i­dad del hom­bre lle­va implíc­i­to un reba­jamien­to abso­lu­to de la mujer, rep­re­sen­tan­do la fábu­la un sis­tema de equiv­a­len­cias que nun­ca es evi­dente. Y exac­ta­mente lo mis­mo puede decirse de su lec­tura sado­ma­so­quista.

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Muchos blogs ya han recogi­do la his­to­ria, así que dejo aquí un pequeño lis­ta­do de algunos de ellos que amplían mi tex­to con más fuentes, ver­siones o mate­r­i­al grá­fi­co: el café de oca­ta, Phi­lalethe, Tru­ci­oli Savonese o Il tem­po del­l’om­bra. Tam­bién me he per­mi­ti­do subir a mi servi­dor una edi­ción libre de dere­chos de copia: Hen­ri d’An­deli, Le lai d’Aris­tote, ed. A. Héron, Rouen: Imprimerie Léon Gy, 1901, descar­gad­la y echa­dle un vis­ta­zo si os intere­sa. Las imá­genes de la entra­da provienen de diver­sos sitios: el British Muse­um, flickr (Ana Sudani y Paul Lowry), The Met­ro­pol­i­tan Muse­um of Art (New York), Orazio Cen­taro’s Art Images on the Web (Ocaiw), Ciu­dad de la Pin­tu­ra y Art­Net; y estaría enorme­mente agrade­ci­do si alguien me pudiera hac­er lle­gar el graba­do que Albrecht Dür­er le dedicó al tema.

Si leéis ital­iano, el sigu­iente artícu­lo de Luisa Crus­var sobre la icono­grafía de Aristóte­les y Fil­is es muy recomend­able: «Il sapi­ente vin­to d’amore: Fil­lide cav­al­ca Aris­totele. For­tu­na e sug­ges­tioni di un tema icono­grafi­co dal Tar­do Medio­e­vo all’E­poca Sig­no­rile», Atti e Mem­o­rie del­la Soci­età Istri­ana di Arche­olo­gia e Sto­ria Patria CVI:1 (2006), pp. 73–102. Tam­bién tenéis en red una con­fer­en­cia muy instruc­ti­va de Ayers Bagley: «Study & Love: Aris­totle’s Fall».

Como siem­pre, dejo a vues­tra dis­posi­ción los comen­tar­ios para que­jas, dudas, sug­eren­cias y aporta­ciones. Y sigo ani­man­do a aque­l­los que no estáis suscritos a este blog a que lo hagáis para recibir cómoda­mente sus actu­al­iza­ciones en vue­stro lec­tor de RSS o en vue­stro correo elec­tróni­co.

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