Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Dart-Europe: El portal europeo de tesis en formato digital

Dart-Europe es el equiv­a­lente europeo al motor de búsque­da de Pro­quest para tesis doc­tor­ales real­izadas y defen­di­das en uni­ver­si­dades norteam­er­i­canas y cana­di­ens­es. Ha sido real­iza­da y pues­ta en fun­cionamien­to bajo los aus­pi­cios de LIBER (Ligue des Bib­lio­thèques Européenes de Recherche), que tam­bién está impli­ca­da en otros proyec­tos como Euro­peana, y está admin­istra­da por la Uni­ver­si­ty Col­lege de Lon­dres.

Se tra­ta de una platafor­ma que hacía tiem­po que era nece­saria. Aunque todavía no suple la con­sul­ta de catál­o­gos bib­li­ográ­fi­cos y la búsque­da en los ficheros de bib­liote­cas uni­ver­si­tarias, es un primer paso prom­ete­dor, y esto ya debería ser moti­vo de ale­gría para los inves­ti­gadores. Pero además, puede encon­trarse en su pági­na un amplio repos­i­to­rio de doc­u­mentación que infor­ma acer­ca del fun­cionamien­to, metas y prob­le­mas téc­ni­cos rela­ciona­dos con el proyec­to.

En prin­ci­pio, el por­tal se encar­ga de recoger los metadatos de tesis de doc­tor­a­do y de máster a través del pro­to­co­lo OAI-PMH, siem­pre que sean de libre acce­so y que puedan descar­garse, leerse y uti­lizarse libre­mente. Ya existe un amplio número de Uni­ver­si­dades que par­tic­i­pan en el proyec­to apor­tan­do sus bases de datos; la incor­po­ración de nuevas enti­dades es libre, así que si leéis esto des­de una Uni­ver­si­dad euro­pea que no aparece en la lista, sería una estu­pen­da idea pon­erse en con­tac­to con vues­tra bib­liote­ca y ani­mar­los, si es que no lo están hacien­do ya, a for­mar parte de la platafor­ma.

Para empezar una búsque­da, sólo tenéis que pin­char en la ima­gen bajo esta línea:

Dart-Europe

Como siem­pre, espero que os sea de util­i­dad.

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El iPad como objeto cultural y como objeto de consumo

La noti­cia tec­nológ­i­ca del día: Apple aca­ba de lan­zar un nue­vo pro­duc­to denom­i­na­do iPad. El tér­mi­no ‘pro­duc­to’ lo uti­li­zo a propósi­to y pre­tendo con él explicar por qué la recep­ción en Inter­net no ha sido espe­cial­mente cál­i­da.

El prob­le­ma ha sido la fal­ta de un con­tex­to, tan­to para tirios como para troy­anos. En el caso de los usuar­ios fieles a la mar­ca, las expec­ta­ti­vas habían lle­ga­do a un gra­do de des­bor­damien­to a través de rumores que hacían imposi­ble que ningún obje­to real cumpli­era con una masa informe de car­ac­terís­ti­cas que no para­ba de cre­cer. Jun­to a ello, Apple ha ido en con­tra de una de sus premisas en la creación de pro­duc­tos infor­máti­cos de con­sumo: pre­sen­ta un obje­to para la recep­ción pasi­va de pro­duc­tos cul­tur­ales cuan­do la línea de la empre­sa había con­sis­ti­do tradi­cional­mente en insi­s­tir en una poten­cial capaci­dad de creación de una man­era ráp­i­da y sen­cil­la. Y esto, como es evi­dente, ha des­colo­ca­do a muchos. En el caso de quienes nun­ca han tenido relación con la mar­ca, las reac­ciones fueron sim­i­lares a las que hubo con el iPhone: críti­ca de pre­cios, suma­da a críti­ca de un sis­tema propi­etario, etc.; una amplia may­oría de ellos tiene, dos años después, un iPod tác­til o el telé­fono móvil de la mar­ca.


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Sin embar­go, lo que puede percibirse como un fal­lo de la empre­sa a la hora de sat­is­fac­er las necesi­dades de los usuar­ios, o de cumplir con sus expec­ta­ti­vas, admite una lec­tura dis­tin­ta. Apple ha opta­do por el sen­ti­do común y por hac­er un ejer­ci­cio reflex­i­vo a par­tir del que reed­u­car al usuario, movimien­to que por su carác­ter insól­i­to merece al menos una reflex­ión. El iPad no es una com­puta­do­ra que per­mi­ta redac­tar una tesis, com­pon­er músi­ca, reto­car fotografías de man­era pro­fe­sion­al o edi­tar vídeos en HD; sino que sirve para dis­fru­tar de todo ello. El con­cep­to que hay detrás es quiénes somos y cómo apor­ta­mos val­or a lo que con­sum­i­mos, de ahí la posi­bil­i­dad mane­jarse y dis­tribuir lo que ten­emos en nue­stro ter­mi­nal en todas las redes sociales. El iPad no podía ser la piedra filoso­fal de la infor­máti­ca de con­sumo porque ya lo es cualquier orde­nador con cier­ta poten­cia; había que bus­car un espa­cio dis­tin­to para dar sig­nifi­ca­do a todo lo que con­sum­i­mos. Como tal, va dirigi­do a los usuar­ios que nece­si­tan un ter­mi­nal para moverse por redes sociales, para revis­ar doc­u­men­tos que lo requier­an, para leer libros ya escritos, etc.

En resumen, el iPad no alude al usuario cre­ati­vo o a aquel que nece­si­ta hac­er cosas con una com­puta­do­ra, sino que se plantea a ese mis­mo usuario, o al con­sum­i­dor pasi­vo, como ente recep­tor —de ahí la insis­ten­cia en las redes sociales, la redis­tribu­ción de la apli­cación de correo elec­tróni­co, etc.— y como críti­co y difu­sor de los mis­mos. Por tan­to, una idea de creación no solo para aque­l­los con inqui­etudes, sino para los inter­nau­tas como comu­nidad glob­al.



Creo que el iPad será un éxi­to porque tiende la mano al amplio reg­istro de usuar­ios que todavía miran con rece­lo, o usan de una man­era vaga e impre­cisa, sus orde­nadores y su conex­ión a Inter­net. Pien­so en usuar­ios que no nece­si­tan la com­ple­ji­dad de un orde­nador per­son­al para con­fig­u­rar su cuen­ta de face­book, que no saben qué es flickr, que no quiere nave­g­ar de man­era errante por pági­nas web, sino que requieren pun­tos de ref­er­en­cia per­fec­ta­mente situ­a­dos en Inter­net —coor­de­nadas que podríamos denom­i­nar como main­stream dig­i­tal—. Lo que Apple ha hecho es pare­ci­do a lo que el ZX Spec­trum, el Com­modore 64 o el Ami­ga hicieron en la déca­da de los 80 para mi gen­eración: ha pen­sa­do en un ter­mi­nal domés­ti­co que no requiere ningún conocimien­to pre­vio para dis­fru­tar ple­na­mente del ocio dig­i­tal y de los pro­to­co­los de inter­ac­ción social que ofrece Inter­net.

Gestión de tiempo y de espacio.

Detrás de ello, hay un estu­dio serio de mod­e­los de mer­ca­do y de expan­sión hacia un enorme con­jun­to de usuar­ios poten­ciales. Pero hay además una con­sid­eración impor­tante de uno de los grandes temas del dis­eño apli­ca­do a la infor­máti­ca: la gestión de los espa­cios de tra­ba­jo y de ocio. Apple ha pen­sa­do en cómo dis­tribuimos ambos espa­cios en la inter­ac­ción con nues­tras com­puta­do­ras y ha crea­do un obje­to que responde al ocio de una man­era más pre­cisa que un portátil o un sobreme­sa, ha apli­ca­do la división de las dos grandes cor­ri­entes de uso de com­putación dividién­dolas en dos espa­cios clara­mente delim­i­ta­dos. Y eso tiene dos claras lec­turas: la primera es que aque­l­los que como yo nos pasamos el día delante de nue­stros portátiles y mez­clam­os ocio con tra­ba­jo nos ha ofre­ci­do una delim­itación físi­ca de los mis­mos, dan­do un con­tex­to a un obje­to nue­vo —aquí las pal­abras de Jobs no pare­cen exager­adas— que hace todo lo que se puede hac­er con un orde­nador que no es estric­ta­mente pro­duc­ti­vo. Esta división per­mite pen­sar de una man­era mucho más lóg­i­ca nues­tra relación con los orde­nadores y mate­ri­al­iza una nece­saria división con­cep­tu­al. Apple ha crea­do, me parece, un espa­cio nece­sario.

No es que el iPad per­mi­ta hac­er cosas impens­ables en otro apara­to, sino que ayu­da a dis­tribuir los con­cep­tos en dis­tin­tos tipos de obje­tos, y eso es enorme­mente impor­tante para todo tipo de usuar­ios.

Incorporación de nuevos usuarios y relectura de Internet.

El iPad, tal y como yo lo veo, es jus­ta­mente lo con­trario a una her­ramien­ta de tra­ba­jo. Es una her­ramien­ta de pro­cras­ti­nación, que la alien­ta y que la evi­ta al con­ver­tir­lo —a él en vez de a nues­tra com­puta­do­ra— en su instru­men­to. Cumple, a su vez, con todas las premisas y atiende a todo el aban­i­co de ocio en Inter­net, per­mi­tien­do acced­er a una amplia masa de población a las redes sociales aunque carez­can de cuen­ta en ellas. Pien­so por ejem­p­lo en la gen­eración que aho­ra cuen­ta con 50 años. Su relación con la com­putación ha sido, en su may­or parte, una relación lab­o­ral en la que había que usar el correo elec­tróni­co y quizás dos o tres apli­ca­ciones especí­fi­cas. No nave­g­an por Inter­net, no leen blogs por suscrip­ción a RSS y no hacen cosas que para el arco de población entre 15 y 35 años son bási­cas.

Jobs pre­sen­tó el iPad sen­ta­do en un sil­lón con una mesil­la al lado. No es un obje­to para las ofic­i­nas, nadie pre­tenderá escribir tex­tos exten­sos —aunque cier­tos com­ple­men­tos lo per­mi­tan— en él. Cier­ta­mente se puede usar iWork, nues­tra galería de fotos, etc., pero tal y como yo lo veo, para hac­er prue­bas de con­cep­to, para revis­ar fuera del escrito­rio y fuera del despa­cho algunos tra­ba­jos que hemos pro­duci­do allí, de una man­era casu­al y sin com­pli­ca­ciones de inter­faz. Vis­to así, inclu­so la imposi­bil­i­dad de realizar varias tar­eas simultánea­mente parece una ven­ta­ja.

La lectura de libros electrónicos.

Apple reveals iBookstore and app for the iPad -- Engadget.jpgUna de las apli­ca­ciones que Apple pre­sen­tó para su nue­vo dis­pos­i­ti­vo fue fue iBooks. Un soft­ware de lec­tura de libros en for­ma­to .epub. Y aquí de nue­vo se plantea de man­era evi­dente lo que quería decir antes. Apple ha pre­tendi­do crear una expe­ri­en­cia estéti­ca de lec­tura. Ha obvi­a­do la tin­ta elec­tróni­ca —todavía no es su momen­to— y ha inten­ta­do crear la expe­ri­en­cia más agrad­able y sim­i­lar a la lec­tura en papel, no ha repro­duci­do las cual­i­dades físi­cas del papel, sino la ‘inter­faz de la lec­tura’. Para ello ha saque­a­do sin piedad dos apli­ca­ciones de cier­ta fama: Deli­cious library para la creación de anaque­les vir­tuales donde alma­ce­nar libros y Clas­sics para repro­ducir el pro­ce­so de lec­tura.

De nue­vo, esto ha pro­duci­do críti­cas por parte de los poten­ciales clientes: cómo se leerá un pdf, por qué pan­talla con retroi­lu­mi­nación y no tin­ta elec­tróni­ca, etc. Y volve­mos con ello al con­cep­to que hay detrás del dis­pos­i­ti­vo: no se tra­ta de que no se pue­da leer un pdf, que se puede, sino de que algún desar­rol­lador cree una apli­cación que repi­ense la man­era que ten­emos de tratar con for­matos que no per­miten un reescal­a­do como el tex­to plano. Eso lle­gará más pron­to que tarde. Se tra­ta de que uno pue­da acced­er a fic­ción y ensayo de man­era direc­ta en su ter­mi­nal, que pue­da leer­los y dis­fru­tar de la lec­tura como un plac­er estéti­co, no como un tra­ba­jo.

A mí, que me dedi­co —por hor­ri­ble que suene— a leer de man­era pro­fe­sion­al, no me resul­ta prác­ti­co. Y no lo es porque la premisa es que no lo sea, no se ha pen­sa­do en el dis­pos­i­ti­vo para eso y, más impor­tante aún, el iPad no es un lec­tor de libros elec­tróni­cos, aunque pue­da cumplir con ese cometi­do.

La AppStore y la creación de ecosistemas para los usuarios.

Una de las cosas real­mente atrayentes del iPad es cómo Apple ha crea­do una inter­faz y un con­jun­to de apli­ca­ciones bási­cas para los usuar­ios. La com­pañía nos ha mostra­do cómo ve al usuario medio de Inter­net y, des­de mi pun­to de vista, la radi­ografía les ha sali­do impeca­ble.

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Eso no impli­ca que cada usuario pue­da hac­er del dis­pos­i­ti­vo lo que quiera medi­ante apli­ca­ciones de ter­ceros. Por ejem­p­lo, el iPad puede ser una her­ramien­ta muy intere­sante para aque­l­los que estén preparan­do una tesis o un libro si se cuen­ta con el mis­mo gestor bib­li­ográ­fi­co que tiene en su com­puta­do­ra que per­mi­ta leer bib­li­ografía en pdf y ano­tar­la y mar­car­la para que luego sea sin­croniza­da y con un edi­tor de tex­tos bási­co que le per­mi­ta hac­er pequeñas cor­rec­ciones en otro ámbito que no sea la mesa de tra­ba­jo, y con un dis­pos­i­ti­vo fácil­mente trans­portable, ligero y energéti­ca­mente efi­ciente.

Lo mis­mo es aplic­a­ble a aque­l­los pro­fe­sion­ales de la fotografía que deban revis­ar una enorme can­ti­dad de fotografías, el dis­pos­i­ti­vo per­mite mar­car y detec­tar posi­bles prob­le­mas tan­to en el momen­to de pre como de pre­pro­duc­ción, prob­le­mas que a veces podrán solu­cionarse con una apli­cación lig­era de retoque fotográ­fi­co en el dis­pos­i­ti­vo y a veces requerirán enviarse al cen­tro de tra­ba­jo para una revisión pos­te­ri­or.

Como cierre, me parece que lo que hoy ha pre­sen­ta­do hoy es una man­i­festación sin­cera de nue­stros hábitos como usuar­ios, dán­dole puer­ta de entra­da a muchos más que todavía descono­cen Inter­net. La for­ma en la que lo ha hecho me parece intere­sante y que­da por ver cuál será la recep­ción del dis­pos­i­ti­vo. Si mi lec­tura es acer­ta­da, Steve Jobs podrá jac­tarse de haber rein­ven­ta­do la infor­máti­ca de con­sumo.

El iPad define de una man­era pre­cisa qué es un usuario de Inter­net actu­al, cuáles son sus necesi­dades, y cómo inter­ac­túa con su medio. En ese sen­ti­do, servirá en unos años para com­pren­der cómo veíamos Inter­net y que tipo de expec­ta­ti­vas teníamos —en tér­mi­nos gen­erales— a la hora de valer­nos de la red como medio comu­nica­ti­vo.

Escritura histérica para tiempos histéricos: Dr. Wicked

En el mun­do en que vivi­mos hay cada vez más excusas para no escribir, la fun­da­men­tal entre todas ellas es la can­ti­dad de infor­ma­ción que ten­emos que proce­sar, cada vez may­or, lo que hace que redac­tar un tex­to sóli­do y doc­u­men­ta­do pue­da con­ver­tirse en una tarea eter­na y tediosa. Es cier­to que sur­gen, cada vez más, her­ramien­tas que nos ayu­dan a ais­larnos de nue­stro orde­nador y de Inter­net para inten­tar que recu­per­e­mos nue­stro rit­mo de escrit­u­ra.

Me temo que mucho han cam­bi­a­do nue­stros hábitos des­de los tiem­pos en que uno se senta­ba delante de su ter­mi­nal porque tenía algo que escribir; nues­tras com­puta­do­ras han acaba­do por con­ver­tirse en una ven­tana infini­ta a lo que otros escriben y lo que muchos más han escrito a lo largo de los sig­los, y lo que parecía la panacea se con­vierte en un muro cada vez más alto y difí­cil de fran­quear.

Write or Die _ Dr Wicked_s Writing Lab.png

Hablaría aquí de dis­tin­tas her­ramien­tas de soft­ware para evi­tar que nos per­damos entre mon­tañas de infor­ma­ción y podamos acabar nue­stro tra­ba­jo de una man­era ráp­i­da y efi­caz. Si este blog ha esta­do para­do durante esta sem­ana es, entre otras razones, porque estoy preparan­do entradas con la infor­ma­ción sufi­ciente para ayu­daros a escribir y orga­ni­zar de la mejor man­era posi­ble la infor­ma­ción en vue­stros macs. Antes de eso, no obstante, acabo de leer una entra­da en Libros y Bitios donde se recomien­da una her­ramien­ta enorme­mente útil para aque­l­los que ten­gan pla­zos de entre­ga que cumplir y la necesi­dad de un aci­cate que los saque de la modor­ra cre­ati­va.

Se tra­ta del lab­o­ra­to­rio del Dr. Wicked. La idea es muy sim­ple: le dec­i­mos al pro­gra­ma cuál es nues­tra meta de escrit­u­ra en pal­abras, en cuán­to tiem­po pen­samos escribir­las y con­fig­u­ramos el “gra­do de mal­dad” con que quer­e­mos que el pro­gra­ma nos “cas­tigue”. Si nues­tra meta es escribir a toda cos­ta, es bue­na idea acti­var el “kamikaze mode”, si paramos de escribir durante un inter­va­lo mín­i­mo de tiem­po comen­zarán a bor­rarse las pal­abras que hemos escrito, de esta man­era se nos fuerza a ir ade­lante a toda cos­ta. A mí me ha sal­va­do el día de hoy: 2050 pal­abras en 27 min­u­tos. Por supuesto, luego las ten­dré que revis­ar.

Si lo usáis y os resul­ta útil, estaría bien que escri­bierais vues­tras impre­siones en los comen­tar­ios. El pro­gra­ma es muy sim­ple y mejorable, así que podemos pon­er­nos en con­tac­to con su autor para que lo mejore o para que lo lleve a nue­stros orde­nadores sin necesi­dad de estar conec­ta­dos a Inter­net. ¡Bue­na escrit­u­ra!

Los peligros de la red: ¿Es necesaria una nueva Internet?

La pre­gun­ta la hace John Markoff en el New York Times, en una cruza­da que ya comen­zó hace tiem­po y que tuvo su eco en el País hace un par de meses. Esta nue­va colum­na sigue en la mis­ma línea que la ante­ri­or, pero su exposi­ción va tan en con­tra de lo que es Inter­net para muchos de nosotros que dan ganas de respon­der­le que NO a gri­tos, más aún con la argu­mentación que se hal­la al fon­do de sus ideas. Sin embar­go, a la vista de los vaivenes que ha habido en torno a la red durante los últi­mos tiem­pos —del mod­e­lo Sarkozy a las medi­das impop­u­lares del min­istro Moli­na, pasan­do por los inten­tos de reg­u­lación con­tra la piratería en el Reino Unido y muchos más movimien­tos ya cono­ci­dos— quizás sea momen­to de respon­der pun­to por pun­to a la colum­na de Markoff. Quizás sea tiem­po porque su dis­cur­so no sigue por la mis­ma direc­ción que los ante­ri­ores —crim­i­nalizar a los inter­nau­tas—, sino por la más sutil vía de “pro­te­ger­los”.

Cono­ce­mos demasi­a­do bien, por des­gra­cia, que los argu­men­tos de este tipo fun­cio­nan y ya hemos vis­to en numerosas oca­siones que per­siguen en el fon­do es la elim­i­nación de lib­er­tades y la pri­vación de dere­chos a la búsque­da del ben­efi­cio de deter­mi­na­dos cen­tros de poder. Las premisas de Markoff son engañosas porque per­vierten una real­i­dad, la del Inter­net, has­ta con­ver­tir­la en algo com­ple­ta­mente per­ver­so y peli­groso. El obje­ti­vo, como siem­pre en estos casos, es la igno­ran­cia de la may­or parte de la población: solo puede temerse aque­l­lo que no se conoce.


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Me he per­mi­ti­do tra­ducir una amplia por­ción de la colum­na de Markoff para dis­cu­tir breve­mente sus pun­tos de vista. Creo que sus argu­men­tos ya los hemos oído todos más de una vez; pero veo con pre­ocu­pación que des­de medios supues­ta­mente abier­tos y de izquier­das como el New York Times se publiquen estas “cosas”, porque suele ser un buen indi­cio de que una nue­va cam­paña para ate­morizar a la sociedad está en mar­cha y, des­de luego, no atiende al interés común, sino al par­tic­u­lar. Me dejo de preám­bu­los y paso a glosar las pal­abras de Markoff.

> A qué se pare­cería una nue­va Inter­net es todavía obje­to de un amplio debate, pero una alter­na­ti­va sería, en efec­to, crear una “comu­nidad val­la­da” donde los usuar­ios renun­cia­rían a su anon­i­ma­to y a cier­tas lib­er­tades a cam­bio de seguri­dad. Hoy esa es la real­i­dad para un amplio número de usuar­ios de cor­po­ra­ciones y de insti­tu­ciones guber­na­men­tales. A medi­da que una red nue­va y más segu­ra se acep­ta de man­era gen­er­al, la Inter­net actu­al acabaría como el vecin­dario peli­groso del cibere­s­pa­cio. Entrarías a tu propia cuen­ta y ries­go y estarías aler­ta todo el tiem­po que pasaras allí.

El dis­cur­so fun­ciona bajo premisas retóri­c­as muy bási­cas. Expone en primer lugar los peli­gros del uso de la Inter­net actu­al para luego dar voz al final de cada argu­men­to a los “pequeños” per­os que pudier­an exi­s­tir. Se tra­ta de un men­saje poderoso no porque vaya dirigi­do a aque­l­los que entien­den en algu­na medi­da el fun­cionamien­to de Inter­net, sino pre­cisa­mente porque remite al usuario común, aquel para quien el com­er­cio o el correo elec­tróni­co se hal­lan envuel­tos por un aura de fasci­nación y mis­te­rio. Solo un mín­i­mo de sen­ti­do común nos dice que cualquier fac­eta y activi­dad en la vida requiere un cier­to gra­do de pru­den­cia, inclu­so salir a com­prar el pan o darse una ducha; ningún gob­ier­no, por poderoso que sea, puede hac­er nada con­tra la estu­pid­ez y la incon­scien­cia indi­vid­ual, reg­ule como reg­ule. La prop­ues­ta de Markoff es en este pun­to per­ver­sa, habla de un mun­do que ya viv­en los usuar­ios cor­po­ra­tivos y miem­bros del gob­ier­no —recuérdese con qué ejem­p­los comen­zó la exposi­ción del prob­le­ma— porque de eso se tra­ta, de pon­er Inter­net en manos de cor­po­ra­ciones y de insti­tu­ciones guber­na­men­tales.

Pocas per­sonas cabales estarían dis­pues­tas a renun­ciar a sus dere­chos y a su intim­i­dad por un mun­do mejor, fun­da­men­tal­mente porque la proposi­ción inval­i­da el sil­o­gis­mo: ¿cómo puede ser que yo, un ciu­dadano hon­ra­do, deba renun­ciar a mis dere­chos para for­t­ale­cer un esta­do de dere­cho? ¿Cómo puede ser que deba ced­er mi lib­er­tad para coar­tar la del que delinque? Cualquiera sabe que se tra­ta de una lóg­i­ca impa­ra­ble y acu­mu­la­ti­va donde es imposi­ble pon­er un límite, y ced­er ese poder a un Esta­do —el que sea— no con­ll­e­va la restric­ción par­cial de las lib­er­tades, sino la cesión incondi­cional ante cualquier tipo de con­tin­gen­cia: el mod­e­lo de Inter­net que pro­pone Markoff no per­mite en ningún momen­to recu­per­ar la lib­er­tad cedi­da —lo que sería un esta­do de excep­ción—, sino renun­ciar a ella incondi­cional­mente y ad eter­num.

> […] A finales del año pasa­do, un soft­ware mali­cioso que se cree que fue lan­za­do por una ban­da crim­i­nal del Este de Europa apare­ció de pron­to tras fran­quear las mejores ciberde­fen­sas del mun­do. Cono­ci­do como Corn­fick­er, infec­tó ráp­i­da­mente más de 12 mil­lones de com­puta­do­ras, saque­an­do des­de el sis­tema oper­a­ti­vo de un orde­nador de una sala de opera­ciones de Inglater­ra has­ta la red de orde­nadores del ejérci­to francés.

> «Si estás bus­can­do un Pearl Har­bor dig­i­tal, aho­ra ten­emos a los bar­cos japone­ses dirigién­dose hacia nosotros en el hor­i­zonte», dijo recien­te­mente Rick Wes­son, el direc­tor en jefe de Sup­port Intel­li­gence, una com­pañía de con­sult­ing infor­máti­co.

La estrate­gia argu­men­ta­ti­va se mueve, como fue habit­u­al tras el 11 de sep­tiem­bre, con un salto de niv­el y de par­a­dig­ma. Es cier­to que han aumen­ta­do los crímenes en Inter­net, pero está claro que tam­bién ha aumen­ta­do expo­nen­cial­mente el número de usuar­ios de la red al igual que los deli­tos en el mun­do real. La pre­ven­ción repre­si­va, con lim­itación de lib­er­tades para agre­sores y víc­ti­mas es una respues­ta fácil —y vie­ja como el mun­do— que ben­e­fi­cia la acu­mu­lación de poder en unas pocas manos, pero no se ocu­pa de los ver­daderos motivos del prob­le­ma: hac­er­lo nun­ca ha sido, ni será, rentable. Nadie dis­cute que el acce­so a las com­puta­do­ras del ejérci­to francés o de un hos­pi­tal del Reino Unido es un grave prob­le­ma e indi­ca que ambas insti­tu­ciones debier­an regirse por una prác­ti­ca —encriptación, redes cer­radas o lo que se quiera— más estric­ta y lim­i­ta­da que el usuario medio; la estrate­gia de inver­tir el argu­men­to —si ellos han caí­do, qué no podría pasarte a ti— apela a un instin­to pri­mario, el de pro­tec­ción, pero no se dirige a la respues­ta más sim­ple: el ejérci­to francés y el sis­tema san­i­tario británi­co deben inver­tir en seguri­dad.

> De hecho, muchos inves­ti­gadores de seguri­dad infor­máti­ca ven las casi dos décadas de esfuer­zos para “parc­hear” la red actu­al como algo para­le­lo a la línea de Mag­inot en defen­sa […]. El error de cen­trarse en muros de con­tención dig­i­tal sóli­dos es que una vez que se sal­van, el ata­cante tiene acce­so a todos los datos sen­si­bles que se encuen­tran tras ellos. “Duro por fuera, pero con un cen­tro mas­ca­ble” es lo que muchos inves­ti­gadores de seguri­dad infor­máti­ca vet­er­a­nos pien­san de tales estrate­gias.

> La idea con­siste en lev­an­tar una nue­va Inter­net con seguri­dad mejo­ra­da y las capaci­dades para sopor­tar una nue­va gen­eración de apli­ca­ciones de Inter­net que todavía no han sido inven­tadas, así como para hac­er algu­nas cosas que la red actu­al hace mal, como por ejem­p­lo per­mi­tir el acce­so de usuar­ios móviles.

Si la red ha proba­do algo es su capaci­dad de evolu­ción y la posi­bil­i­dad de crear pro­to­co­los nuevos; otra cosa es que este­mos hablan­do de los “datos sen­si­bles” que mane­jan insti­tu­ciones guber­na­men­tales o empre­sas pri­vadas, cuya pri­vaci­dad se quiere defend­er a cos­ta de la nues­tra. La excusa es una poten­cial fuente de abu­so que la ciu­dadanía no debiera estar dis­pues­ta a asumir: uno no cede esa infor­ma­ción ni a un par­tido políti­co ni a un gob­ier­no insti­tu­i­do, la cede a un cuer­po amor­fo y cam­biante como el Esta­do. Aún si el pre­supuesto partiera de las mejores inten­ciones, quienes más tienen que perder son los ciu­dadanos, a los que una vez más se les exige un pea­je que aten­ta con­tra los ide­ales de jus­ti­cia y equidad.


Clean Slate Design for the Internet.png

> El proyec­to Clean Slate de Stan­ford no resolverá por sí mis­mo todos los prob­le­mas prin­ci­pales de seguri­dad de Inter­net, pero proveerá a los dis­eñadores de soft­ware y hard­ware de un con­jun­to de her­ramien­tas que harán de la seguri­dad una parte más inte­gral de la red y, en últi­ma instan­cia, darán a aque­l­los que hacen cumplir la ley vías mucho más efec­ti­vas para perseguir a los crim­i­nales en el cibere­s­pa­cio. Eso solo sería dis­ua­si­vo. […] Los inge­nieros de Stan­ford dicen que tienen la mis­ión de “rein­ven­tar Inter­net”. Argu­men­tan que su nue­va estrate­gia está pen­san­da para per­mi­tir que las nuevas ideas sur­jan de una man­era evo­lu­ti­va, hacien­do posi­ble trasladar el trá­fi­co de datos sin prob­le­ma a un nue­vo mun­do en red. Al igual que la Inter­net actu­al, la nue­va red no ten­drá un pun­to de con­trol cen­tral­iza­do ni ningu­na orga­ni­zación la coman­dará.

Por supuesto que no, no será nece­sario porque los mecan­is­mos de con­trol ya estarán insta­l­a­dos de par­ti­da en la red. Como bien se ha expuesto en otro sitio, Clean Slate no elim­i­na las posi­bles puer­tas traseras para crim­i­nales infor­máti­cos, sino que obliga a todo inter­nau­ta a insta­lar por defec­to una que per­mi­ta a un extraño la posi­bil­i­dad de acced­er a nue­stro orde­nador y con nue­stro bene­plác­i­to. El vig­i­lante, nue­stro guardia, no sólo con­tro­lará los movimien­tos de los usuar­ios, sino que sabrá qué hace­mos, qué nos intere­sa, qué bus­camos y qué necesi­dades ten­emos, es indifer­ente si somos crim­i­nales o no. Las hipotéti­cas ven­ta­jas derivadas de ello, si es que algu­na hay, no com­pen­san en abso­lu­to el poder que se le con­cede a enti­dades guber­na­men­tales y, por azares del des­ti­no, a cor­po­ra­ciones. En otras pal­abras, quien ten­ga acce­so a esa infor­ma­ción ten­drá acce­so a la vida de cualquier per­sona, e Inter­net se con­ver­tirá en un panóp­ti­co.

Si el Esta­do quiere cuidar de sus ciu­dadanos y pro­te­ger­los del deli­to, que los eduque en hábitos salud­ables que los hagan poco sus­cep­ti­bles de ser ata­ca­dos por ciberdelin­cuentes. Uti­lizar un sis­tema oper­a­ti­vo basa­do en UNIX, hac­er­lo des­de una cuen­ta de usuario sin priv­i­le­gios de admin­istrador, encrip­tar las comu­ni­ca­ciones o nave­g­ar a través de un proxy son algu­nas de ellas. En fin, si el Esta­do quiere ser un padre, que al menos sea uno bueno: que eduque a sus hijos con vol­un­tad de que en un futuro sean inde­pen­di­entes y sep­an defend­er­se por sí mis­mos, que no los atrape en una relación de depen­den­cia eter­na e incondi­cional.

> Una red más segu­ra es aque­l­la que ofre­cería casi con total seguri­dad menor anon­i­ma­to y pri­vaci­dad. Prob­a­ble­mente sea este el gran pun­to de con­flic­to para los dis­eñadores de la nue­va Inter­net. Una idea, por ejem­p­lo, sería solic­i­tar el equiv­a­lente de un per­miso de con­ducir para per­mi­tir que alguien se conecte a una red públi­ca. Pero esto va en con­tra el ethos lib­er­tario tan pro­fun­da­mente defen­di­do de Inter­net.

> Facil­i­tar la iden­ti­dad seguiría sien­do mar­cada­mente difi­cul­toso en un mun­do donde es tan sen­cil­lo hac­erse con un orde­nador ajeno a medio mun­do de dis­tan­cia y oper­ar con él como si fuera el tuyo pro­pio. Mien­tras esto sea así, con­stru­ir un sis­tema com­ple­ta­mente fiable seguirá sien­do imposi­ble.

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Blogs, universidad, humanidades y redes sociales

Parta­mos del tópi­co: Inter­net con­tiene cada vez más infor­ma­ción. Infini­ta­mente más, de hecho, de lo que cualquiera hubiera podi­do sospechar cuan­do todo esto empezó. Se nos comenta­ba por entonces que Inter­net cam­biaría el mun­do, aunque no se sabía muy bien cómo. Para quienes estu­vi­mos por aquí des­de el prin­ci­pio —aho­ra resul­ta que ya no somos “nativos dig­i­tales”, algo que pre­fiero no ser, si supone una lam­en­ta­ble pér­di­da de per­spec­ti­va históri­ca—, Labyrinth era uno de esos sitios que demostra­ban que Inter­net sería una her­ramien­ta impre­scindible. Despier­ta una son­risa ver aho­ra por dónde ha ido la red des­de 1994 y darse cuen­ta de que la ampliación de sus con­tenidos no hubiera tenido sen­ti­do sin el “giro social” que aho­ra la sus­ten­ta.

La mis­ión de los blogs y de las redes sociales es tan com­ple­ja y polié­dri­ca como uno quiera. Algunos las usan para suplir la soledad real con la socia­bil­i­dad vir­tu­al, otros para dar a cono­cer sus proyec­tos, otros para ten­er un espa­cio vis­i­ble en la red y así has­ta el infini­to. Pero hay algo en común a todos ellos: por ínfi­mos que sean, siem­pre debe haber con­tenidos.

A raíz de mi entra­da ded­i­ca­da a la Filología His­páni­ca, he dis­cu­ti­do con algunos cole­gas la razón de ten­er un blog; una dis­cusión para­lela, por cier­to, a otra con­ver­sación en mar­cha en el blog de un buen ami­go: Jon Beasley Mur­ray. Muchos com­pañeros insis­ten en que es una pér­di­da de tiem­po, dicen: «el tiem­po que inviertes en tu blog, es tiem­po que le restas a inves­ti­gar o a escribir pub­li­ca­ciones académi­cas». Y no les fal­ta razón, claro. Escribir un blog es un con­sumo de tiem­po y de energía con­sid­er­able, por mal que uno lo haga. Hay, sin embar­go, al menos una bue­na razón para tomarse la moles­tia: la creación de vín­cu­los entre con­tenidos que de otra man­era estarían per­di­dos en un caos informe. En este sen­ti­do, la escrit­u­ra puede con­ver­tirse en una mez­cla de eru­di­ción, archivís­ti­ca, his­to­ria y divul­gación muy atrac­ti­va.

Mapa de Internet - 15 de enero de 2006Les comenta­ba a estos cole­gas y ami­gos, que todos los libros que cono­cen, todas las rela­ciones que alber­ga su ilus­tre cabeza dejarán de exi­s­tir si no saben vert­er­las en Inter­net. Los libros que muchos amamos, los libros de mae­stros como Tof­fanin, Huizin­ga, Cur­tius, Yates, Garin, Kris­teller, Momigliano, Bak­tin y un inabar­ca­ble etcétera, son archivos de tex­to huér­fanos. Son tex­tos muer­tos. Nadie, o casi nadie, los ha eti­que­ta­do; nadie, sal­vo otros tex­tos que nacen tam­bién muer­tos, habla de ellos. Los nativos dig­i­tales no saben que exis­ten. Los his­to­ri­adores en gen­er­al, y los his­to­ri­adores de la cul­tura en par­tic­u­lar, deberían “perder más el tiem­po” reen­lazan­do esos con­tenidos den­tro de Inter­net, que algún día con­for­mará nues­tra his­to­ria y será nue­stro lega­do. Deses­ti­mar esta tarea es igno­rar la razón últi­ma de la pro­fe­sión. No están eti­que­tan­do y resum­ien­do el con­tenido en twine, deli­cious o mag­no­lia (q. e. p. d.); no están expli­can­do su impor­tan­cia y sus nex­os de conex­ión con otros con­tenidos en entradas de blogs, en la Wikipedia, en Free­base o en Knol; no están pre­sen­tán­do­los —a ami­gos y famil­ia, por ejem­p­lo— en sitios como face­book, tuen­ti, frien­feed; no están tro­ceán­do­los en twit­ter o dejan­do que los des­menuzen en menéame; etc. No bas­ta con subir con­tenidos a Inter­net. Hay tan­ta infor­ma­ción, en real­i­dad, que hac­er­lo sólo es el primer jalón del pro­ce­so, por más que la obsti­nación quiera con­fundir­lo con el pro­ce­so mis­mo.

Es posi­ble que de aquí en diez años, sal­vo los blogs —a pesar de su con­tin­uo esta­do ter­mi­nal— ninguno de esos nom­bres suene de nada. Alguien escribirá una entra­da igual que esta, y hablará de face­book o de twit­ter como yo acabo de hablar de Labyrinth. Ponién­donos bor­gianos, quizás sea yo mis­mo en este sitio o en otro com­ple­ta­mente dis­tin­to.

Se men­cionó tam­bién durante la con­ver­sación la cal­i­dad de los blogs: «no es una escrit­u­ra seria», coin­cidían. Estu­pid­ez, fal­ta de sen­ti­do del humor y de humil­dad, miedo al ries­go y a la exper­i­mentación es algo que por des­gra­cia sobra en el mun­do de la his­to­ria académi­ca. Mien­tras nosotros, que ten­emos años de for­ma­ción a nues­tras espal­das que han paga­do con sus impuestos los padres y abue­los de los nativos dig­i­tales, sig­amos pro­te­gién­donos tras las insti­tu­ciones y sus estrate­gias, mien­tras sig­amos de algu­na man­era ocul­tan­do —y no es fuerte el tér­mi­no— nues­tras inqui­etudes, intere­ses y gus­tos al mun­do, mere­cer­e­mos el ostracis­mo al que la sociedad nos con­de­na. Aho­ra mis­mo Inter­net es un mun­do sin explo­rar para la pro­fe­sión y no por fal­ta de mate­ri­ales. ¿Hay que men­cionar Euro­peana, Inter­net Archive, la Bib­liote­ca Nacional de Fran­cia o la British Library? Hace cin­cuen­ta años nue­stros mae­stros iban en pro­ce­sión a estos sitios a apren­der para después com­par­tir­lo con alum­nos y cole­gas. La pre­gun­ta jus­ta sería: ¿si estas insti­tu­ciones están aquí, dónde esta­mos nosotros exac­ta­mente?

En el mun­do de la inco­heren­cia más abso­lu­ta, la acad­e­mia se ded­i­ca aho­ra a recor­rer estos sitios des­de su ter­mi­nal para vol­car su con­tenido de nue­vo a papel. Tan­to se ha instau­ra­do la prédi­ca de que las humanidades sir­ven para for­mar la con­cien­cia críti­ca, que la con­cien­cia críti­ca —y el sen­ti­do común— parece haberse queda­do atrofi­a­da. Tam­bién se alzan voces en con­tra de la Uni­ver­si­dad como insti­tu­ción, pero nadie parece recor­dar ya la Uni­ver­si­dad como idea. ¿Por qué es minori­taria la pub­li­cación abier­ta de inves­ti­ga­ciones en Inter­net? ¿No se tra­ta de que la may­or parte de la gente acce­da a los con­tenidos? ¿No se tra­ta de hac­er que la cul­tura llegue al may­or número de per­sonas? ¿No se tra­ta de ayu­dar a enten­der y, en el diál­o­go, que nos ayu­den a enten­der mejor? Hace mucho tiem­po, y lo digo con tono amar­go, que este espíritu per­vive en los menos, y que­da en los más pros­ti­tu­i­do al ser­vi­cio de otro tipo de intere­ses bas­tante más mezquinos.

Hubo un tiem­po en que todo tex­to escrito era un acto de amor, no solo a la sabiduría, sino tam­bién al otro; cualquier escritor conoce mejor que nadie la ambiva­len­cia entre dis­frute, dolor y frus­tración que puede escon­der­se tras cada golpe de tecla. Una eti­mología muy sim­ple: ama­teur. Fue gra­cioso hablan­do con estos cole­gas que men­cionaran ama­teur, que no es lo mis­mo que afi­ciona­do, con cier­to des­pre­cio. Expon­erse y quer­er dar sal­i­da a tus inqui­etudes parece que despro­fe­sion­al­iza, cuan­do debiera alabarse. En la sociedad com­pet­i­ti­va y estúp­i­da en que vivi­mos ser divul­ga­ti­vo se con­funde —en no pocas oca­siones a mala fe— con saber menos, cuan­do lo que con­ll­e­va es saber más: comu­nicar, entre otras cosas. No tiene sen­ti­do dar a un lec­tor cuarenta ref­er­en­cias bib­li­ográ­fi­cas en cada entra­da. La escrit­u­ra debe man­ten­er un equi­lib­rio entre la infor­ma­ción que tienes y que merece la pena, y tus neu­ro­sis y trau­mas; si se pierde este pun­to de arranque uno ya no comu­ni­ca, diva­ga.

Manuel M. Almei­da tiene una frase en el encabeza­do de su blog, que reza “… al prin­ci­pio era el post”; me gus­taría que mis cole­gas vier­an Inter­net y la blo­gos­fera como el prin­ci­pio de algo. Releía hoy un libro clási­co (1 y 2) de Remi­gio Sab­ba­di­ni —Le scop­erte dei cod­i­ci lati­ni e gre­ci ne’ sec­oli 14 e 15— ded­i­ca­do a los motivos que impi­dieron a Europa olvi­dar su lega­do clási­co. Coluc­cio Salu­tati, Leonar­do Bruni, Pog­gio Brac­ci­oli­ni y tan­tos otros —nom­bres, me temo, oscuros sal­vo para el espe­cial­ista— recor­rieron las bib­liote­cas monás­ti­cas del con­ti­nente que habían per­maneci­do calladas durante sig­los, un silen­cio recrea­do magis­tral­mente por Umber­to Eco. Sin saber­lo, esta­ban preparan­do mate­ri­ales que ali­men­ta­rían a un nue­vo inven­to, la imprenta, que cam­biaría de modo rad­i­cal el acce­so a la infor­ma­ción en toda Europa. Quince años después de Labyrinth se nos comien­za a hac­er tarde. Y me ape­na que tal can­ti­dad de gente mucho más vál­i­da y capaz que yo no quiera ver la mar­avil­losa época que ten­emos por delante.

Quizás, solo quizás, “galopar” hoy por las regiones de Inter­net a la búsque­da de estos tesoros, y expli­car­le a quien ten­ga ganas de saber qué encier­ran, sea nues­tra mis­ión más impor­tante.

¿Podrá soportar España 4.000.000 de bajas de clientes de banda ancha?

Cerca de cua­tro mil­lones de ciu­dadanos no pueden acced­er a la ban­da ancha en España en fun­ción de su sitio de res­i­den­cia; a este indi­cador neg­a­ti­vo para el desar­rol­lo de la Sociedad de la Infor­ma­ción en España, se le podrían sumar bajas masi­vas de clientes del Adsl más lento y caro de Europa.

Las enti­dades rep­re­sen­ta­ti­vas de la comu­nidad inter­nau­ta, los pro­fe­sion­ales y los con­sum­i­dores infor­máti­cos en España esti­man en cua­tro mil­lones la cifra de clientes de ban­da ancha -Adsl y cable-modem- que podrían darse de baja, si final­mente se con­fir­ma el acuer­do que Red­Tel las sociedades de gestión de los dere­chos de autor, aban­der­adas por la Sgae, para que en España se dé tres avi­sos antes de desconec­tar o ralen­ti­zar la conex­ión a Inter­net por usar redes P2P. A la dis­min­u­ción de ingre­sos se sumarían las posi­bles ind­em­niza­ciones que podrían derivarse por incumplim­ien­to de con­tra­to de las oper­ado­ras y las san­ciones aplic­a­bles en base a los artícu­los 8 (“Restric­ciones a la prestación de ser­vi­cios y pro­ced­imien­to de coop­eración intra­co­mu­ni­tario”) y 11 (“Deber de colab­o­ración de los presta­dores de ser­vi­cios de inter­me­diación”) de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Ser­vi­cios de la Sociedad de la Infor­ma­ción y de Com­er­cio Elec­tróni­co, mod­i­fi­ca­do por la Ley 56/2007, de 28 de diciem­bre, de Medi­das de Impul­so de la Sociedad de la Infor­ma­ción.

Mien­tras las oper­ado­ras de tele­co­mu­ni­ca­ciones tratan de sortear la cri­sis, las sociedades de gestión de los dere­chos de autor, inten­tan con­seguir preben­das para las empre­sas pro­duc­toras de con­tenidos tratan­do de con­vencer a todo el mun­do de que el inter­cam­bio de archivos entre par­tic­u­lares por Inter­net es un acto delic­ti­vo y que supone fuertes pér­di­das al sec­tor de entreten­imien­to.

Sin embar­go tan­to la fis­calía como las sen­ten­cias dic­tadas estable­cen que el inter­cam­bio de archivos con copy­right restric­ti­vo por redes P2P no es un deli­to y no es punible de ningu­na for­ma cuan­do se tra­ta de archivos públi­cos o bajo licen­cias copy­left (la may­oría de los casos)

Las propias enti­dades de gestión de dere­chos de autor han recono­ci­do en el “Informe de la indus­tria de con­tenidos en España“, pub­li­ca­do por ASIMELEC, que no hay una baja­da de ingre­sos en el sec­tor y que solo la músi­ca tiene un retro­ce­so en la ven­ta a través del canal tradi­cional (aunque no se infor­ma del aumen­to de ingre­sos por, entre otros, actua­ciones en direc­to, descar­gas y pub­li­ci­dad)

Lo cier­to es que las nego­cia­ciones que se están lle­van­do a cabo bajo el aus­pi­cio del Min­is­te­rio de Cul­tura, pueden supon­er que algu­nas de las empre­sas más sol­ventes y con may­or capaci­dad tec­nológ­i­ca de España empiecen a perder clientes a mar­chas forzadas. Lo que reper­cu­tirá en su cuen­ta de resul­ta­dos y en su capaci­dad de man­ten­er el empleo.

Pero lo más grave es que un acuer­do de esta nat­u­raleza aten­ta con­tra la libre com­pe­ten­cia, fre­na en seco el acce­so a la Sociedad de la Infor­ma­ción en España menosca­ban­do los dere­chos civiles de los ciu­dadanos y ale­jan­do aún más el dere­cho con­sti­tu­cional de acce­so a la cul­tura y al conocimien­to.

Fir­ma­do: Fic­ta elo­quen­tia y 2570 fir­mas más (por el momen­to). Pon la tuya pub­li­can­do el tex­to en tu blog.

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