Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Etiqueta: imprenta

El libro digital, España y el modelo americano

Se ha lev­an­ta­do la polvare­da, como era pre­vis­i­ble, con respec­to al libro dig­i­tal en españa y a la penosa situación de las edi­to­ri­ales patrias con respec­to a él. Me refiero ante todo a la polémi­ca en Twit­ter y a la aira­da entra­da de Mi mesa cojea al respec­to, así como la entra­da de Econec­ta­dos a la que llego por Error500: todo indi­ca que las edi­to­ri­ales han opta­do por el inmovil­is­mo como sucedió con las discográ­fi­cas hace una déca­da, con la difer­en­cia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tec­nológi­co y los usuar­ios ya tienen a su dis­posi­ción todos los medios para la creación de platafor­mas de con­tenidos que pueden ser col­madas de mate­r­i­al en muy poco tiempo.[^1] Se con­funde quien pien­sa, sin embar­go, que los edi­tores españoles no cono­cen el mer­ca­do, saben bien que ese “qui­etismo” es la acti­tud más inteligente a seguir aho­ra, porque bas­ta que suplan las infum­ables ver­siones en for­ma­to .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cote­jadas— en .epub, .pdf o deriva­dos para que pasen a engrosar el catál­o­go de libros piratas —y quien sepa algo de his­to­ria del libro, sabe que es tér­mi­no que ni pin­ta­do—, sola­mente apor­tan­do pér­di­das en un cam­bio de platafor­ma que es, por otro lado, inevitable.

4134744559_454952b1ee.jpg

Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “My Kin­dle 2 now works side­ways”, de jc.westbrook

Es cier­to que el impacto de los lec­tores de libros elec­tróni­cos en España no es com­pa­ra­ble al esta­dounidense, como tam­bién es cier­to que las edi­to­ri­ales españo­las ya deberían estar preparadas para la con­viven­cia del mer­ca­do del papel y del dig­i­tal. Nues­tras edi­to­ri­ales podían haber tenido la vista sufi­ciente como para lan­zar best-sell­ers y clási­cos ano­ta­dos y prepara­dos para estu­di­antes amer­i­canos y británi­cos de español —que los hay a expuer­tas—, algo que aún puede ser un buen cam­po de prue­bas para ellas y les puede apor­tar impor­tantes ben­efi­cios a largo pla­zo. Como sea, lo que plantean las entradas men­cionadas más arri­ba es que las edi­to­ri­ales van a seguir el ejem­p­lo de las discográ­fi­cas, que nos han pre­sen­ta­do un ciclo de pér­di­das enorme —y no quiero dis­cu­tir­lo aquí— has­ta encon­trarse pau­lati­na­mente con un equi­lib­rio entre lo que los usuar­ios deman­dan y las dis­tribuido­ras están dis­pues­tas a ofre­cer. Pero la real­i­dad es que el mer­ca­do de libro cuen­ta con unos ras­gos que, bien aprovecha­dos, pueden lle­var­lo por der­roteros dis­tin­tos.

En primer lugar, el mer­ca­do de la músi­ca tiene poco o nada que ver con el mer­ca­do del libro. Mien­tras que escuchar músi­ca en un iPod o en un orde­nador con una bue­na sal­i­da de sonido tiene poco de dis­tin­to a hac­er­lo en un equipo de alta fidel­i­dad —que me per­do­nen los meló­manos—, leer un libro en soporte dig­i­tal tiene mucho de dis­tin­to al soporte en papel. Hay, claro, ven­ta­jas y desven­ta­jas. Para una per­sona como yo, que se ded­i­ca a los libros —a leer­los y a inten­tar escribir­los—, la ven­ta­ja de poder bus­car una infor­ma­ción conc­re­ta en cualquier momen­to parece de cien­cia fic­ción, y el ahor­ro de tiem­po es con­sid­er­able. Claro que esto no sig­nifi­ca que yo pue­da pro­ducir más o mejor, sino que sen­cil­la­mente ten­go una como­di­dad aña­di­da a la revisión de mis notas de lec­tura. El prob­le­ma que yo le veo a los ebooks en el ámbito académi­co —lo he comen­ta­do más veces— es el for­ma­to: los académi­cos nece­si­ta­mos saber el año de edi­ción, la edi­to­r­i­al y el lugar, el número de pági­na, y demás cosas que el ebook se salta a la tor­era, para ayu­dar a nue­stros lec­tores a encon­trar las ref­er­en­cias que men­cionamos y para que nue­stros lec­tores nos espe­ten a su vez ref­er­en­cias que nos con­tr­a­di­gan. Perder esta man­era, o no apor­tar una nue­va, de ref­er­en­ci­a­do es ina­cept­able y un error a todas luces, maxime cuan­do es fácil­mente subsanable.[^2] No cues­ta imag­i­nar un momen­to en un futuro —lejano o cer­cano— en que los libros académi­cos se publiquen úni­ca­mente en for­ma­to dig­i­tal y estén pla­ga­dos de hiper­vín­cu­los para acced­er de man­era direc­ta a fuentes que antes se men­ciona­ban, sí, y que en un acto de fe, tam­bién, teníamos que dar por bue­nas. Lle­ga­dos a ese pun­to, el ebook mostrará su poten­cial como una her­ramien­ta de estu­dio sin parangón en la his­to­ria del libro, y creo que todos debe­mos con­grat­u­larnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escrit­u­ra de un blog ayu­da mucho —por eso se lo recomien­do a mis cole­gas— y para lo que creo que sería deseable un entre­namien­to especí­fi­co en los pro­gra­mas de doc­tor­a­do actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mun­do de la músi­ca y el mun­do del libro no son iguales y me gus­taría ser un poco más claro al respec­to. Mien­tras que es prác­ti­ca­mente innegable que todo el mun­do escucha y escuch­a­ba músi­ca y quien más o quien menos tiene en su casa un gen­eroso catál­o­go de CDs o mp3, en el caso de los libros es difí­cil­mente negable aque­l­la can­ti­nela impen­i­tente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabri­o­la fan­tás­ti­ca que establece una equiparación entre lec­tura y com­pra de un vol­u­men que, gra­cias a esos sitios leg­en­dar­ios lla­ma­dos bib­liote­cas, sería más que dis­cutible. Leer un libro no requiere las mis­mas destrezas que oír un dis­co o ver una pelícu­la, y hay lec­tores, prob­a­ble­mente los más abne­ga­dos, fieles y tenaces, que bus­can cosas dis­tin­tas a la lit­er­atu­ra de con­sumo, que des­de el siglo XVIII es la que ha dado rédi­tos a las edi­to­ri­ales. Es evi­dente que estas no van a poder evi­tar que Zafón, Rowl­ing, Reverte, Marías, King, Clan­cy y demás jar­ca sean piratea­d­os de man­era inmis­eri­corde, como ya lo lle­van sien­do des­de hace lus­tros; sin embar­go, las edi­to­ri­ales jue­gan con una baza que el mun­do de la músi­ca no pudo explotar, que es el de su fon­do edi­to­r­i­al. Aquí la his­to­ria cam­bia, y mucho, porque esta­mos hablan­do de libros desa­pare­ci­dos que todavía pueden prestar un enorme rendimien­to económi­co con una inver­sión mín­i­ma, puesto que ya están escritos. Hablam­os, en defin­i­ti­va, de un arco tem­po­ral que va del tiem­po de vida útil de un libro en los anaque­les de cualquier libr­ería —soy gen­eroso y obvio el com­er­cio de libros—, entre uno y cin­co años, a la duración de los dere­chos de explotación de la obra o, mutatis mutan­dis de su tra­duc­ción, que depen­di­en­do del país puede ocu­par unos gen­erosos sesen­ta años. Ahí es nada.

La neb­u­losa aquí es en real­i­dad may­or, puesto que antiguas edi­to­ri­ales que cer­raron sus puer­tas hace tiem­po —pien­so en Edi­to­ra Nacional, una trage­dia— vendieron o mal­vendieron los dere­chos de su fon­do a algún oscuro —o lumi­noso, preclaro— edi­tor que ha deci­di­do dejar esas colec­ciones dur­mien­do el sueño de los jus­tos. Un esca­neo, un ocr con­cien­ci­u­do, una cuida­dosa cor­rec­ción —para ade­cuarse al orig­i­nal, no con afán de mejo­rar­lo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maque­tación con­ser­van­do tipo, cuer­po, pag­i­nación y demás y voilá, uno verá que dis­tribuyen­do el archi­vo por unos 8 euros va a encon­trarse con que unos 2.000 pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios des­perdi­ga­dos por el mun­do —es un decir— y un gen­eroso número de estu­di­antes, si aquél­los se ani­man a incor­po­rar el tex­to en sus cur­sos, se com­prarán el libro de mar­ras de la colec­ción. Pong­amos otros 1.000 alum­nos y ya esta­mos en 3.000, que mul­ti­pli­ca­do da la friol­era de 24.000 euros, algo que par­tien­do de la nula pro­duc­ción de ben­efi­cios actu­al haría que al mun­do de los edi­tores les tuviera que apare­cer el sím­bo­lo del euro cen­tel­le­an­do en sus pupi­las. No te cuen­to si nos ofrecier­an la Bib­liote­ca de vision­ar­ios, het­ero­dox­os y mar­gin­a­dos, las obras com­ple­tas de Julio Caro Baro­ja, las de Marceli­no Menén­dez Pelayo, Ramón Menén­dez Pidal, Dáma­so Alon­so, o los mag­nifi­cos estu­dios de José Deleito y Piñuela a un pre­cio espe­cial de lan­za­mien­to.

William Morris - ejemplo de página impresaMen­ciono esto porque sí hay cosas que un edi­tor puede apren­der del mun­do del dis­co: remas­teri­zar obras clási­cas y casi per­di­das. Aquí Google Books, con su fal­ta de cuida­do y amor por el tex­to y por su ren­der­iza­do, jun­to a su pobre sis­tema de búsquedas, ha deja­do una vía abier­ta para los edi­tores en el sen­ti­do clási­co: aque­l­los que ama­ban el libro como obje­to además de como con­tenido. Las opciones del libro elec­tróni­co deben dar la opción de volver a trans­mi­tir ese amor, de reed­u­car estéti­ca­mente al públi­co. Uno puede hac­er un tra­ba­jo de maque­ta­do y com­posi­ción sigu­ien­do el orig­i­nal pero puede ofre­cer anexa una ver­sión ampli­a­da a la que adjun­tar apéndices que per­mi­tan un lec­tura actu­al­iza­da —para eso vale­mos los his­to­ri­adores, los filó­so­fos, los filól­o­gos y demás razas de Mor­dor—, la incor­po­ración de mate­ri­ales de difí­cil acce­so hace cuarenta años y hoy a un click de dis­tan­cia, obje­tos grá­fi­cos y audio­vi­suales, etc. Creo que cuan­do Apple —sien­to men­cionar al san­to de mi devo­ción— anun­ció la creación de iTunes LP esta­ba pen­san­do en una fór­mu­la que a ellos les ha ido bas­tante bien, y que podría adap­tarse de la sigu­iente man­era al mun­do del libro dig­i­tal: es cier­to que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pul­u­lan­do por la red, pero hay una man­era de pre­sen­tar los con­tenidos y unos con­tenidos deter­mi­na­dos que solo pueden ser orga­ni­za­dos por el edi­tor que posee los dere­chos de más obras, es nece­sario crear obje­tos de arte que nadie quiera piratear, tan­to por la platafor­ma en la que se ven como por las ven­ta­jas inher­entes que con­ll­e­va su com­pra. Y creo que todo ello debería ser exci­tante por el reto que supone para el mer­ca­do edi­to­r­i­al. No ha habido un momen­to con may­ores posi­bil­i­dades cre­ati­vas para escritores, dis­eñadores y creadores de con­tenido des­de las pren­sas de William Mor­ris y las obras que pueden pro­ducirse lle­varían la expe­ri­en­cia de la lec­tura y del apren­diza­je a un nue­vo niv­el. Aquí la peri­cia del edi­tor en la selec­ción de los tex­tos para sus colec­ciones, y el tra­ba­jo que durante años la edi­to­r­i­al ha real­iza­do esco­gien­do con mimo sus títu­los se verá enorme­mente rec­om­pen­sa­dos. Espero que la platafor­ma que Apple prepara esté a la altura de dichas posi­bil­i­dades exper­i­men­tales y, de ser así, que no que­den estas en lo anecdóti­co.

La entra­da de Mi mesa cojea men­ciona­da al prin­ci­pio de este tex­to incide en un hecho dis­tin­to al que yo comen­to, al enfo­carse pri­mor­dial­mente a la lit­er­atu­ra de con­sumo. He tenido la posi­bil­i­dad de uti­lizar un Kin­dle y un Nook estos días y, sin­ce­ra­mente, no es la expe­ri­en­cia de lec­tura que bus­co, ni lo que espero para cam­biarme de papel a un dis­pos­i­ti­vo nue­vo. Además de las razones ante­ri­or­mente aduci­das, ten­go claro que no voy a uti­lizar un lec­tor de libros elec­tróni­cos donde su estéti­ca —y me refiero a cues­tiones tipográ­fi­cas, de caja y demás cosas que no tienen por qué pre­ocu­par a todo el mun­do— es como poco aber­rante. Pero la críti­ca de Jose A. Pérez es acer­ta­da, las edi­to­ri­ales deberían ten­er unos con­tenidos a la espera de soporte, y no al con­trario, si el soporte ade­lan­ta a los con­tenidos y las pre­ocu­pa­ciones por el libro como tal son mín­i­mas —uno no sabe qué tra­duc­ción, qué edi­ción y con qué garan­tías la está leyen­do— en un amplio espec­tro de lec­tores, las edi­to­ri­ales van a sufrir con sus títu­los tradi­cional­mente más renta­bles. Quizás sea el momen­to de un cam­bio en el par­a­dig­ma tradi­cional del mer­ca­do librario, que decía que los rédi­tos obtenidos de las obras más ven­di­das servían para pub­licar las obras real­mente impor­tantes y de cal­i­dad, quizás el paso al libro elec­tróni­co per­mi­ta que las edi­to­ri­ales ofrez­can a su públi­co, a pre­cios com­pet­i­tivos, obras raras y her­mosas y que sean estás las que per­mi­tan no su super­viven­cia, sino una nue­va edad dora­da. Por soñar, que no quede.

actu­al­ización: Al hilo del debate algunos blogs han pub­li­ca­do algu­nas entradas de tan­to interés lig­era­mente ante­ri­ores a esta o pos­te­ri­ores. Hago aquí una pequeña lista aprox­i­ma­ti­va de algu­nas de las que me han lla­ma­do más la aten­ción:

* “El miedo a la copia ile­gal deja pasar una opor­tu­nidad de nego­cio con los e‑books en España”, en Madrid Pro­gre­sista. Comen­tar­ios en Menéame.
* “Su Bib­lia, seño­ra min­is­tra”, de Blogu­ion­istas. Con una intere­sante apre­ciación de un edi­tor sobre los dere­chos de autor y de explotación de las obras descat­a­lo­gadas.
* De nue­vo sobre los títu­los descat­a­lo­ga­dos, podéis ver esta entra­da de The Pub­lic Domain y los comen­tar­ios en castel­lano en menéame, que dan una bue­na idea de las pos­turas, opin­iones y acti­tudes más difun­di­das en torno al libro dig­i­tal.
* El anteproyec­to de ley de economía sostenibleaquí des­de la pági­na del min­is­te­rio— ofrece bas­tantes respues­tas, de las que muchas son clara­mente anti­con­sti­tu­cionales, a aque­l­los que se pre­ocu­pen por cual será el nue­vo panora­ma en la creación, dis­frute y difusión de copias dig­i­tales por la red. Tenéis artícu­los de opinión al respec­to, en un tono muy sim­i­lar, en Del dere­cho y las nor­mas, Enrique Dans, Merode­an­do, La aldea irre­ductible, Interi­uris, Ver­sus y Error 500.
* “El mun­do edi­to­r­i­al dis­cute cómo con­tro­lar la piratería en el ‘e‑book’ “, Pedro Val­lín, en La Van­guardia.

**********************************************

[^1]:
No deja de sor­pren­derme leer algu­nas de las per­las de la entra­da de Econec­ta­dos —«Dime un libro y lo encuen­tro en Google gratis», «lo sien­to por los libreros, pero van a desa­pare­cer ráp­i­da­mente», «los libreros están ame­nazan­do a las edi­to­ri­ales con quitar sus libros de la vista si venden libros elec­tróni­cos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley españo­la que obliga a vender el libro a un pre­cio úni­co para pro­te­ger a las libr­erías pequeñas. Lo sien­to, pero aquí debe haber lib­er­tad; y aho­ra mis­mo en este ter­reno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísi­mas [sic.] libr­erías cer­rarán, lo sien­to por los libreros tradi­cionales pero así es la dig­i­tal­ización que hace más acce­si­ble todo. Podremos leer en segun­dos cualquier libro este­mos donde este­mos», etc.— que, como en el caso de la músi­ca, demues­tran un desconocimien­to abso­lu­to de lo que es un edi­tor, un pro­duc­tor musi­cal, un librero, por no ir ya direc­ta­mente a un tex­to cuida­do, una tra­duc­ción con garan­tías, etc. No seré yo quien defien­da mod­e­los de mer­ca­do caducos ni los abun­dantes abu­sos que hay en los pre­cios de la músi­ca y los libros, pero comien­za a ser exas­per­ante la total fal­ta de conocimien­to en los defen­sores del todograti­sa­ho­ray­porquesí de lo que con­ll­e­va dis­eñar una colec­ción de libros o de dis­cos y lo que hay detrás de pro­ducir­los con el cuida­do nece­sario.

[^2]:
Inclu­so por el número de pal­abra en el tex­to.

Passional Christi und Antichristi (1521)

El movimien­to reformista y el mun­do de la pági­na impre­sa han ido lig­a­dos des­de sus orí­genes, algo que difer­en­cia a la Refor­ma del resto de movimien­tos het­ero­dox­os o heréti­cos de prin­ci­p­ios de la Edad Mod­er­na. La pop­u­lar­ización de su men­saje a través de los “medios de masas” —val­ga el salto con­cep­tu­al— de la época ini­cia una de las car­ac­terís­ti­cas más duraderas de la prax­is políti­ca occi­den­tal: la coor­di­nación de men­saje, ide­ología y acción medi­ante mod­os están­dares de pro­duc­ción cul­tur­al e infor­ma­ti­va.

Los pro­duc­tos pro­pa­gandís­ti­cos crea­d­os por la Refor­ma se div­i­den en dos ámbitos bien delim­i­ta­dos. Por un lado, las bib­lias en vul­gar, pro­fusa­mente ilustradas con graba­dos y, por otro, plie­gos suel­tos o pequeños libros donde las imá­genes sir­ven para situ­ar el movimien­to tan­to en sus coor­de­nadas doc­tri­nales, como en su relación con el papa­do y otras instan­cias políti­cas. Hoy os trai­go un doc­u­men­to que desta­ca, pre­cisa­mente, por com­bi­nar ambas ten­den­cias.

no images were found

Lucas Cranach el viejo com­pu­so 13 graba­dos a prin­ci­p­ios de la segun­da déca­da del siglo XVI para ilus­trar el con­traste entre la acti­tud de Cristo con el com­por­tamien­to de la curia romana y, prin­ci­pal­mente, el Papa. Para ello, Cranach se inspiró en ilus­tra­ciones de la Bib­lia con­tra­stan­do cada una de ellas con la ima­gen que la Refor­ma quería pro­mover del papa­do. La obra se llamó Pas­sion­al Christi und Antichristi.

El tex­to fue pub­li­ca­do en las pren­sas de Wit­ten­berg en 1521. La labor real­iza­da por Cranach había sido hon­rosa, y habit­u­al, para artis­tas de la tal­la de Albrecht Durero o Hans Hol­bein. Sin embar­go, Cranach va a impon­er el mod­e­lo por defec­to para la icono­grafía reformista con ella y con la ilus­tra­ciones para el Sep­tem­bertes­ta­ment (1522) de Lutero. La obra ofrece —den­tro de su carác­ter menor— una breve sín­te­sis de los mecan­is­mos que los reformis­tas emplearon para difundir su men­saje. El primero y más impor­tante de todos, es la sim­pli­ci­dad del carác­ter de Cristo, y el segun­do se hal­la deriva­do de él: expon­er de la man­era más direc­ta, clara e ilus­tra­ti­va la oposi­ción exis­tente entre el men­saje de Cristo y el de los herederos de la cát­e­dra de Pedro. Por enci­ma del uso del alemán —que facili­ta no solo la lec­tura a un públi­co más amplio, sino que otro públi­co aún may­or ile­tra­do pue­da seguir­la con facil­i­dad—, se encuen­tra el hecho de la icono­grafía: no es pre­ciso saber leer para acced­er al con­tenido de la obra, ni tam­poco es nece­sario un intér­prete.

La obra es un ejer­ci­cio de explo­ración de los límites del obje­to impre­so. Lo que más pesa en él no es el tex­to, sino aque­l­lo que lo tra­sciende casi de man­era inmedi­a­ta: oral­i­dad y rep­re­sentación sim­bóli­ca. En él se encuen­tran los orí­genes de la pren­sa escri­ta y de las hojas volan­deras que comen­z­a­ban a infor­mar a europeos de los acon­tec­imien­tos en el con­ti­nente, pero tam­bién reside ahí la esen­cia oral de la lit­er­atu­ra rena­cen­tista, que tra­sciende sus lim­ita­ciones para for­mu­lar nuevos moldes comu­nica­tivos y ámbitos de expre­sión híbri­dos.

Las imá­genes están sacadas del Archi­vo dig­i­tal de la Pitts The­ol­o­gy Library. Aunque la Richard Kessler Ref­or­ma­tion Col­lec­tion es muy lim­i­ta­da, os recomien­do la visi­ta si estáis intere­sa­dos en icono­grafía reformista.

Para aque­l­los intere­sa­dos en el Pas­sion­al, pueden encon­trarse edi­ciones dig­i­tal­izadas de la obra en otros lugares de Inter­net, por ejem­p­lo, en The Roy­al Library. Hay artícu­los divul­ga­tivos aquí y aquí.

Para un enfoque más académi­co, pueden verse, como intro­duc­ción:

* R. Stöber (2000), «Mar­tin Luthers Pas­sion­al Christi und Antichristi. Ein Plä­doy­er für die his­torisch-sys­tem­a­tis­che Kom­mu­nika­tion­swis­senschaft», Pub­lizis­tik XLV:1, pp. 1–19.
* L. Palmer Wan­del (2007), «The Ref­or­ma­tion and the Visu­al Arts», en Po-Chia Hsia, R., The Cam­bridge His­to­ry of Chris­tian­i­ty. Vol­ume 6. Reform and Expan­sion 1500–1600, Cam­bridge — New York: Cam­bridge Uni­ver­si­ty Press, esp. pp. 353–358.

Google Books: el proyecto y el mercado

La noti­cia de la sem­ana en inter­net ha sido, sin duda, el pago de 125 mil­lones de dólares que Google ha prometi­do al con­sor­cio de edi­tores norteam­er­i­canos. Hace un par de meses ya me había referi­do al proyec­to de Google Books, pero creo per­ti­nente comen­tar el movimien­to a la vista de la impor­tan­cia que ten­drá para nues­tra relación con el conocimien­to en unos años. No se tra­ta de una mate­ria que ocupe úni­ca­mente a los inves­ti­gadores, sino a cualquiera mín­i­ma­mente intere­sa­do en la lec­tura.

1. El proyecto histórico

a pesar de las defi­cien­cias de algu­nas de las repro­duc­ciones de Google Books, no cabe duda de que es el proyec­to más impor­tante, con difer­en­cia, de trasla­do de un soporte a otro en la his­to­ria de la cul­tura. Y la difer­en­cia reside tan­to en el vol­u­men de la infor­ma­ción, como en su paso de un soporte físi­co a uno vir­tu­al. Expon­er­lo sí es una impre­cisión poéti­ca: la pal­abra escri­ta, des­de tiem­pos de Sócrates, siem­pre ha sufri­do el estig­ma de la vir­tu­al­i­dad, pero tam­bién la ben­di­ción de ser per­durable.

Existe otra difer­en­cia no menos rel­e­vante: la ambi­ción. El trasla­do de la cul­tura man­u­scri­ta a la cul­tura impre­sa for­ma parte de un pro­ce­so históri­co aún inacaba­do, casi 550 años después de su comien­zo; y no cabe duda de que en cada trasla­do se pier­den cosas, inevitable­mente. La cuestión es que Google se ha prop­uesto dig­i­talizar todo en el pla­zo de diez años. Habrá que pre­gun­tarse si esta trans­for­ma­ción rad­i­cal de soporte impli­cará un cam­bio igual­mente para aque­l­los que escriben o aspi­ran a escribir libros, y si todos los pasos tradi­cionales en la creación de un tex­to se con­ser­varán o desa­pare­cerán.

Está por verse si el cam­bio de soporte con­ll­e­vará un cam­bio en la prác­ti­ca de la lec­tura y de la escrit­u­ra, puesto que todavía esta­mos en los primeros pasos de un pro­ce­so que dista mucho de haberse nat­u­ral­iza­do. Y des­de luego, la elec­ción de Google para dig­i­talizar sus tex­tos es dis­cutible des­de var­ios pun­tos de vista. Si acud­i­mos de nue­vo al paso de la for­ma man­u­scri­ta a la for­ma de los tipos móviles y sobre todo a la his­to­ria de los primeros impre­sores, ver­e­mos que fue una tarea hecha con enorme mimo, y tal vez el escanea­do, el proce­sa­do OCR y la creación de archivos pdf no sea la for­ma más ele­gante, ni la más efi­ciente. Leía esta sem­ana una colum­na que aludía al prob­le­ma con algunos ejem­p­los ilus­tra­tivos: el for­ma­to dig­i­tal es infini­ta­mente más pere­cedero que el soporte físi­co. En cada paso del pro­ce­so de trasla­do se pierde infor­ma­ción, y la posi­bil­i­dad de que se cor­rompa es infini­ta­mente supe­ri­or. Cuan­do a finales del siglo XV se pro­du­jo la ver­dadera con­frontación entre la cul­tura de los escribas y la cul­tura de los tipos móviles, la gran ven­ta­ja de estos últi­mos era el tiem­po ahor­ra­do en la impre­sión, aunque se perdía el arte man­u­al —el aura en pal­abras de Ben­jamin o la dig­nità del tex­to, en pal­abras de Ves­pasiano da Bis­tic­ci, uno de los pro­duc­tores más famosos de man­u­scritos en la Flo­ren­cia de la época— la caí­da del pre­cio del libro y su alcance a un nue­vo grupo de com­pradores se amplió de modo geométri­co, al igual que los errores. En aquel momen­to ten­er una ver­sión más o menos fidedigna de un tex­to dependía tan­to del tes­ti­mo­nio que el copista tuviera ante sí como de su propia peri­cia y capaci­dad, con la imprenta, el sim­ple error de un cajista con­den­a­ba a tiradas de 500 o de mil ejem­plares.

Aho­ra la cuestión no residirá en prob­le­mas de tran­scrip­ción, sino en prob­le­mas de lec­tura de la máquina (OCR) y en prob­le­mas no tan­to de alma­ce­namien­to y copia de seguri­dad, como de longev­i­dad de los for­matos elegi­dos para sopor­tar los tex­tos. A sim­ple vista, un pdf de 40, 80 ó 120 megas no parece el soporte del futuro. Hubiera sido preferi­ble, e infini­ta­mente más cos­toso, recu­per­ar los tex­tos medi­ante OCR y cote­jo con el orig­i­nal, adap­tar­los a un for­ma­to como el tex­to puroLaTeX hubiera sido una mag­ní­fi­ca opción y un intere­san­tísi­mo proyec­to de colab­o­ración entre pro­gra­madores e his­to­ri­adores de la cul­tura del libro— y man­ten­er la maque­tación orig­i­nal de los mis­mos. Infini­ta­mente más cos­toso, sí, pero hubiera gen­er­a­do unos doc­u­men­tos no solo más duraderos, sino menos volu­mi­nosos, y con una opción de búsque­da real y pre­cisa al 100%.

OldBooksHTBBO_JW_01282008.jpg

Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “More Old Books…”, de guldfinsken

2. La empresa y el mercado

vayamos a la noti­cia tal y como fue pub­li­ca­da en el blog de Google. En ella se puede encon­trar una clara vocación com­er­cial que, quizás, no había apare­ci­do en man­i­festa­ciones pre­vias del proyec­to. Como se sabe, Google empezó su tra­ba­jo de dig­i­tal­ización a par­tir de un acuer­do con Har­vard, Stan­ford, la Bib­liote­ca Públi­ca de Nue­va York, Michi­gan y Oxford. Por aquel entonces se lan­z­a­ban las cam­panas al vue­lo pen­san­do que el proyec­to sig­nifi­caría la aper­tu­ra de toda la lit­er­atu­ra exis­tente sobre cualquier mate­ria al alcance de un golpe de ratón. Y las cosas pare­cen haber cam­bi­a­do de raíz con este acuer­do.

Es cier­to, como dijo Kevin Kel­ly en una colum­na ya clási­ca, que el proyec­to de Google cumple con un anh­elo que se remon­ta a la fun­dación de la Bib­liote­ca de Ale­jan­dría, y hace inclu­so palide­cer a aquel sueño si ten­emos en cuen­ta el vol­u­men de infor­ma­ción y la acce­si­bil­i­dad que prometía… Sen­cil­la­mente se inter­pu­so la economía de mer­ca­do.

Google ha tenido que enfrentarse con una can­ti­dad no des­pre­cia­ble de casas edi­to­ri­ales por su proyec­to. Los dere­chos de autor, como tales, for­man parte indis­ol­u­ble de la cul­tura impre­sa, de la repro­duc­ción mecáni­ca, y parece que este trasvase, defin­i­ti­va­mente, va a ten­er que car­gar con ellos. La impre­sión que me ha dado tras leer el comu­ni­ca­do de Google es que el proyec­to se con­ver­tirá defin­i­ti­va­mente en algo más pare­ci­do a lo que es la tien­da de iTunes para la músi­ca o la Get­ty­im­ages para los archivos de ima­gen: un nue­vo dis­tribuidor glob­al de con­tenidos. Ya pasa­ba esto con el ser­vi­cio de PODPrint on Demand o Impre­sión bajo deman­da— que Google lle­va un tiem­po imple­men­tan­do. Pero este ser­vi­cio era útil para sosten­er el proyec­to y era una opción que Google daba a aque­l­los que querían acced­er a una copia impre­sa de mate­ri­ales descat­a­lo­ga­dos, man­te­nien­do siem­pre la opción gra­tui­ta de lec­tura en pan­talla. El acuer­do de Google de esta sem­ana no va, des­de luego, en esta direc­ción. Aho­ra bien, sería erró­neo cul­par a Google de esto. La pre­sión de las casas edi­to­ri­ales ha ido dirigi­da a man­ten­er los dere­chos de explotación sobre sus fon­dos y google, como empre­sa que es, sabe que la úni­ca man­era de con­tin­uar sin tra­bas con el proyec­to y ten­er una bib­liote­ca real­mente exhaus­ti­va, requería pagar los dere­chos de autor.

Has­ta aquí ningún prob­le­ma, pero lo que tam­bién parece derivarse del comu­ni­ca­do de Google es la posi­bil­i­dad de que las casas edi­to­ri­ales exploten sus fon­dos a través de Google Books. Habrá que ver­lo, pero es más que prob­a­ble que ya no nos encon­tremos con los enlaces a ama­zon y a otras platafor­mas para com­prar el libro —que en muchos casos ya no se encuen­tra ni de segun­da mano—, sino que el ser­vi­cio POD se extien­da a las edi­to­ri­ales con­vir­tien­do a google en una segun­da inter­me­di­aria. El nego­cio es redon­do para ambas, por un parte, Google accede a una cuo­ta de mer­ca­do y de ingre­sos que le esta­ba veda­da, y por otra, las casas edi­to­ri­ales pueden explotar de man­era real su catál­o­go durante el perío­do de vigen­cia de los dere­chos de autor, y esto últi­mo sin gas­tar nada en infraestruc­tura para la impre­sión de libros.

_76_172495285_9e2ba5bf28.jpg

Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “Print­ing Press”, de Thomas Hawk

3. La impresión, el mercado y la autoedición

afir­mar que con esto ganan las empre­sas y pierde el lec­tor es equiv­o­ca­do, por supuesto. Los que ten­emos for­ma­ción académi­ca y escribi­mos con­sul­tan­do numerosas fuentes descat­a­lo­gadas o de difí­cil acce­so esta­mos de enhorabue­na. Unos más que otros. Puesto que estoy en la Uni­ver­si­dad de Michi­gan este año, veré con suerte cómo se desen­vuelve Google Books de man­era gra­tui­ta, puesto que el acuer­do con­tem­pla que los archivos par­tic­i­pantes dis­fruten de este priv­i­le­gio, mien­tras que otras uni­ver­si­dades podrán suscribirse al ser­vi­cio como a día de hoy hacen con JSTOR, Ebsco, Chad­wick, Met­aL­ib y tan­tas otras empre­sas ded­i­cadas a la dig­i­tal­ización de tex­tos académi­cos. La con­clusión es que la cul­tura, al menos la cul­tura de los últi­mos 70 años, nun­ca será gratis. Y esto puede provo­car el resen­timien­to de un amplio colec­ti­vo de int­elec­tuales que con­sid­er­an que Google se ha aprovecha­do de las bib­liote­cas de acce­so públi­co para com­er­cializarlas. Algo que se cues­tionó cuan­do se anun­ció el proyec­to y que se sospech­a­ba hace un año y medio, es, a estas alturas, más que evi­dente. No deja de sor­pren­derme que se cues­tione que Google se com­porte como una cor­po­ración cuan­do lo es, lo que me eno­ja es que la ini­cia­ti­va de Google ha sido rel­a­ti­va­mente bara­ta, y se está pagan­do el hecho de que los gob­ier­nos no se hayan ocu­pa­do de esta tarea deján­do­lo en manos de un grupo pri­va­do. Exac­ta­mente igual que sucede en España con las empre­sas de gestión de los dere­chos de autor.

Pero ya que esta es la nat­u­raleza del proyec­to y su for­mu­lación y capaci­dad supera con mucho a otros movimien­tos como Libr­ere­mo, Inter­net Archive o Euro­peana —muy dis­tin­tos los tres, quede claro—, veamos las ven­ta­jas. Google Books abre posi­bil­i­dades intere­santes para la autoedi­ción y para la com­er­cial­ización de libros. Esto no es sólo bueno para poten­ciar la super­viven­cia y la creación de pequeñas casas edi­to­ri­ales, sino para favore­cer la pres­en­cia de autores inde­pen­di­entes. Google Books cobra su sen­ti­do al rela­cionarlo con Knol.

Ambos movimien­tos están hacien­do una apues­ta por elim­i­nar la mediación de la edi­to­ri­ales al for­mar una comu­nidad de exper­tos que crea, comen­ta y cal­i­fi­ca su tra­ba­jo. Si se imple­men­tan las her­ramien­tas nece­sarias para la indexación de Google Books, es decir, si se eti­que­tan los tex­tos que con­tiene y se vin­cu­lan unos a otros, entonces será nece­sario crear a su vez nuevas her­ramien­tas de escrit­u­ra. Com­pon­er un libro académi­co, por ejem­p­lo, en un entorno fun­cional de Google Book Search, será una expe­ri­en­cia dis­tin­ta, tan­to en el cita­do y el ref­er­en­ci­a­do, como en la lec­tura, generan­do una inmedi­atez en la lec­tura y el cote­jo de las fuentes citadas sin prece­dente históri­co. Aquí el lec­tor podrá estable­cer parámet­ros obje­tivos de críti­ca sin más necesi­dad que el tex­to, los enlaces a otros tex­tos y un ter­mi­nal. Son algunos movimien­tos a los que sumar la plau­si­ble creación de her­ramien­tas de autoedi­ción que nos harán más inde­pen­di­entes de límites edi­to­ri­ales —nor­mas de pub­li­cación, límites de car­ac­teres, etc— a cam­bio de hac­er­nos com­ple­ta­mente depen­di­entes de Google. Habrá que ver cómo la empre­sa ges­tiona este pro­ce­so e, insis­to, sería con­ve­niente una inter­ven­ción a dis­tin­tos nive­les para mar­car muy clara­mente cier­tos límites.

Sobre la cuestión de la cal­i­dad de los tex­tos, sobre todo en el ámbito de humanidades, no me pararé aquí, puesto que pre­tendo escribir una entra­da en breve ded­i­ca­da a los nuevos mod­os de escrit­u­ra académi­ca y los nuevas posi­bil­i­dades de cal­i­fi­cación de mate­ri­ales según sus méri­tos y alcance.

Conclusión

Es pre­ocu­pante el cariz que va toman­do la nat­u­raleza de Google Book Search. En lugar de crear una bib­liote­ca uni­ver­sal de libre acce­so, parece que los movimien­tos con­ducen a pen­sar en la com­er­cial­ización del lega­do uni­ver­sal. No se tra­ta de un mar­co agrad­able, a pesar de las ven­ta­jas de un sis­tema cer­ra­do para la creación de nue­vo instru­men­tal cien­tí­fi­co y com­pos­i­ti­vo, como he expuesto más arri­ba. En breve ver­e­mos si proyec­tos públi­cos como Euro­peana pueden plantear una alter­na­ti­va seria a Google.

*************************

Aún si puede resul­tar fasci­nante hablar del libro infini­to, esto es un blog y nece­sari­a­mente requiere que las entradas sean mucho menos exten­sas que la ante­ri­or. Si te ha intere­sa­do lo que he comen­ta­do aquí, quizás dis­frutes echán­dole un vis­ta­zo a esta lista de enlaces sobre el tema:

* Google Book Search Bib­li­og­ra­phy, de Charles W. Bai­ley Jr. La bib­li­ografía más com­ple­ta sobre el proyec­to.
* New chap­ter for Google Book Search. Google Blog
* What we learned from 1 mil­lion busi­ness­es in the cloud. La visión de Google acer­ca de la com­putación sobre Inter­net o cloud com­put­ing.
* Google, moteur de recherche ou moteur de nav­i­ga­tion?. TechCrunch
* What the Google book scan­ning deal means. The Ama­teur Human­ist.
* http://sanfordlevy.wordpress.com/2008/09/03/internet-research-and-the-writing-of-philosophy-essays/. Stan­ford Levy. Sobre la escrit­u­ra de filosofía —aunque aplic­a­ble a cualquier rama de las humanidades— en el nue­vo con­tex­to.
* What Shall It Prof­it A Man?. Sergei Lobanov-Ros­tovsky en The Keny­on Review o la lec­tura apoc­alíp­ti­ca.
* Great news about Google Book Search. Lisa Gold en su fan­tás­ti­co blog o la lec­tura opti­mista.
* Google law­suits set­tled. Bejamin Zim­mer, en Lenguage Log. Sobre otra de la ven­ta­jas: la posi­bil­i­dad de acced­er aho­ra a los libros descat­a­lo­ga­dos pero bajo dere­cho de explotación.

actu­al­iza­do (6/9/2008): Podéis ver en este enlace algu­nas de las respues­tas que el ser­vi­cio legal de Google le ha dado a Siva Vaid­hyanathan.

Me encan­taría cono­cer tu opinión sobre el anun­cio de Google de esta sem­ana, tus comen­tar­ios son impor­tantes para mejo­rar la infor­ma­ción aquí recogi­da.

Encyclopædia Britannica Online

Parece que estos días úni­ca­mente se me da por escribir acer­ca de recur­sos en Inter­net y bases de datos, pero lo cier­to es que el panora­ma ha esta­do un poco movi­do. Redac­to esta entra­da porque la sem­ana pasa­da me encon­tré con una situación en el blog de [Enrique Dans](http://www.enriquedans.com/2008/04/britannica-sigue-intentandolo.html) que yo mis­mo esta­ba sufrien­do, que era el retra­so de mi sub­scrip­ción a un nue­vo ser­vi­cio ofre­ci­do por la empre­sa, lla­ma­do [Bri­tan­ni­ca webshare](http://britannicanet.com/).

Como bien comenta­ba Enrique en su blog, los chicos de la *Enci­clo­pe­dia Británi­ca* se han dado cuen­ta de que los resul­ta­dos de búsque­da de su servi­dor en com­para­ción con los de la [Wikipedia](http://es.wikipedia.org/wiki/Portada) era ínfi­mos. Una de las muchas con­stat­a­ciones de que los mod­e­los de mer­ca­do en Inter­net no pasan ya por las suscrip­ciones online o por el pago men­su­al o anu­al de una cuo­ta —creo que la *Enci­clo­pe­dia Británi­ca* en con­cre­to, salía al año en unos 70 dólares—, sino por la creación de con­tenidos abier­tos y de fácil acce­so sostenidos o por la pub­li­ci­dad, o por una comu­nidad tan acti­va como la que tiene la ya men­ciona­da wikipedia.

britannicalogo
Subido con Skitch, de plasq

¿Qué es el ser­vi­cio [Bri­tan­ni­ca webshare](http://britannicanet.com/)? Es la man­era —poco orig­i­nal, en real­i­dad— que se le ha ocur­ri­do a la empre­sa para recor­tar algo la dis­tan­cia con su máx­i­mo com­peti­dor. Man­ten­drán los pre­cios para la sub­scrip­ción de par­tic­u­lares, pero a los que pub­li­camos en red o admin­is­tramos pági­nas, nos ofre­cen una sub­scrip­ción gra­tui­ta para que la use­mos sin restric­ciones y establez­camos vín­cu­los con ella. En su momen­to cubrí la sub­scrip­ción y me ha lle­ga­do una invitación a usar­la gratis durante un año, y la insis­ten­cia en todo el pro­ce­so sobre el año me hace sospechar que pasa­do este inten­tarán cobrar para el sigu­iente.

No creo que la use demasi­a­do. ¿Por qué? En primer lugar porque no voy a defend­er un con­tenido cer­ra­do frente a uno abier­to y públi­co, aunque está claro que si *Bri­tan­ni­ca* me ofrece un con­tenido mejor y más ade­cua­do sobre el tema que esté tratan­do, voy a estable­cer el vín­cu­lo cor­re­spon­di­ente. En segun­do lugar, a pesar de la fama que la *Ency­clopæ­dia Bri­tan­ni­ca* ha acu­mu­la­do con los años, muchos de sus artícu­los —sobre todo por lo que toca a la his­to­ria del Renacimien­to y de la Edad Media— nece­si­tan una seria revisión y remoza­mien­to de fuentes y ref­er­en­cias.

Por lo demás, me ha lle­ga­do la suscrip­ción y lle­vo usán­dola un par de horas. Su fun­cionamien­to, en una primera impre­sión, me ha decep­ciona­do bas­tante. No me gus­ta cómo ref­er­en­cia, no me gus­ta cómo indexa y no me gus­ta lo lenta que es. Me encan­taría ver el índice mucho más claro y no ten­er «efec­tos acordeón» por doquier, esto me dis­trae y no me per­mite pen­sar detenida­mente , por ejem­p­lo, si com­par­to la estruc­turación de la mate­ria que estoy con­sul­tan­do.

Debo recono­cer que nun­ca he sido un gran entu­si­as­ta del uso de Enci­clo­pe­dias —no se me verá gri­tan­do angus­ti­a­do por las noches que aparez­ca una Espasa online—. Creo que el desar­rol­lo de los con­tenidos pasa por la absor­ción de fuentes especí­fi­cas y por el rescate de muchas olvi­dadas. En ese sen­ti­do, tan­to la wikipedia como la *EB* tienen un serio prob­le­ma: con­ciben cualquier con­tenido históri­co como un con­tenido estáti­co. Entramos aquí en la dis­cusión acer­ca de lo que algunos lla­man el «[efec­to google](http://education.guardian.co.uk/librariesunleashed/story/0„2275375,00.html)», es decir, el uso para la fun­da­mentación de las enci­clo­pe­dias de los mate­ri­ales con­tenidos en el archi­mo­tor sin prestar aten­ción a otros motores de búsque­da académi­cos que se van implan­tan­do en las uni­ver­si­dades de medio mun­do.

La lucha con­tra el efec­to google es un fenó­meno que se ha comen­za­do a dar recien­te­mente en las uni­ver­si­dades británi­cas, en donde muchos de los docentes se han per­cata­do de que las gen­era­ciones que han cre­ci­do con Inter­net son inca­paces, lle­ga­do cier­to pun­to, de descar­tar una mala de una bue­na infor­ma­ción. Como me decía un alum­no hace tiem­po: «bas­ta que esté con­trasta­da y que con­tenga vín­cu­los sufi­cientes», y en real­i­dad no bas­ta. Existe un infini­to número de fuentes de infor­ma­ción que dis­tan mucho de estar disponibles en Inter­net. Algu­nas de ellas, aunque ya dig­i­tal­izadas e index­adas, se encuen­tran en sitios que requieren un acce­so pre­vio pago o insti­tu­cional: me refiero ante todo a [Jstor](http://www.jstor.org), [Archives Hub](http://www.archiveshub.ac.uk), [Blackwell](http://www.blackwell-sinergy.com), [Ingenta](http://www.ingentaconnect.com/), [Swetswise](https://www.swetswise.com/) o [Peri­od­i­cals Index Online](http://pio.chadwyck.co.uk), sólo por men­cionar algu­nas en el ámbito anglosajón e impor­tantes para el ámbito de las humanidades. El acce­so cer­ra­do no es, sin embar­go, el may­or prob­le­ma, hay otros de may­or mag­ni­tud que supo­nen una gran difi­cul­tad a la hora de edu­car a la gente en el uso de estas her­ramien­tas:

1. *No están cen­tral­izadas*. Pre­cisa­mente por su carác­ter cer­ra­do y com­er­cial no per­mite una búsque­da cen­tral­iza­da de todas ellas, a pesar de motores como [Scopus](http://www.scopus.com/scopus/home.url) y de incia­ti­vas muy de mi agra­do como [CiteUlike](http://www.citeulike.org/), sus capaci­dades de búsque­da no son de rel­e­van­cia todavía

1. *Sus repos­i­to­rios no están com­ple­tos*. No existe la base de datos per­fec­ta, pero todas ellas tienen caren­cias que son difí­cil­mente sub­san­ables. Jstor está en inglés, de modo que obvia prác­ti­ca­mente cualquier revista escri­ta en otra lengua —parece que aho­ra ya empiezan a añadir algu­nas—, y en casos ital­ianos o france­ses, pasa exac­ta­mente lo mis­mo. La evolu­ción de una dis­ci­plina, y más cuan­do esta es históri­ca, no puede ser mono­lingüe.

1. *Es imposi­ble realizar búsquedas semán­ti­cas*. De momen­to, las búsquedas en tales motores sólo per­miten realizar búsquedas medi­ante pal­abras clave —i. e., “autor”, “títu­lo”, “resumen”, “tex­to com­ple­to”—, lo que com­pli­ca enorme­mente bus­car en dis­tin­tos idiomas, o bus­car por prob­le­mas que no pueden suje­tarse a un puña­do de pal­abras. Este prob­le­ma me ha ido con­vir­tien­do con el paso del tiem­po en una cada vez may­or detrac­tor del uso de pdfs dig­i­tal­iza­dos en red, pero esa es otra his­to­ria de la que me ocu­paré, como cor­re­sponde, en otra entra­da.

1. *Dónde están los libros*. El últi­mo prob­le­ma es que este tipo de motores no sue­len incluir libros:

>* Exis­ten, es cier­to, ini­cia­ti­vas como [Questia](http://www.questia.com/) que per­miten bus­car en artícu­los, libros, entradas enci­clopédi­cas y demás. Su pre­cio no es exce­si­vo y ofre­cen algu­nas obras que o son difí­ciles de encon­trar o exce­si­va­mente caras. [Tay­lor & Francis](http://www.ebookstore.tandf.co.uk/html/index.asp) ofre­cen crear para el usuario una especie de “super­li­bro” con todos los artícu­los, capí­tu­los y libros com­ple­tos que nece­sites, una idea intere­sante, aunque bien pen­sa­do, quién quiere un pdf de 26.000 pági­nas.

>* Por supuesto que todos esta­mos a la espera de [Google Scholar](http://scholar.google.com/) y su dig­i­tal­ización de todos los libros jamás pub­li­ca­dos, jun­to con [Google Books](http://books.google.es/), pero de momen­to los resul­ta­dos no entran en lo esper­a­do.

En defin­i­ti­va, de momen­to ten­dremos que seguir uti­lizan­do todos estos motores y un puña­do más, seguir yen­do a la bib­liote­ca, recur­rien­do a prés­ta­mos inter­bib­liote­car­ios eter­nos, com­prar libros en [abebooks](http://www.abebooks.com/) y esper­ar que llegue un día en que cuan­do alguien deci­da hac­er una tesis, la recopi­lación de la infor­ma­ción se haga por Inter­net en un par de sim­ples pasos…

Volvien­do al tema de par­ti­da, en caso de que ten­ga nuevas impre­siones acer­ca de la *Ency­clopæ­dia Bri­tan­ni­ca* las iré aña­di­en­do en comen­tar­ios a esta mis­ma noti­cia.

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén