Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Etiqueta: Erasmo de Rotterdam

Erasmo y Julio II

Que Eras­mo había toma­do bue­na nota de las lec­ciones apren­di­das durante sus escarceos corte­sanos y que comen­z­a­ba a com­pren­der las ven­ta­jas de una fama lit­er­aria que iba a cobrar tintes leg­en­dar­ios que­da claro durante la segun­da déca­da del siglo XVI, cuan­do sabrá hac­erse acree­dor del apoyo y de la pro­tec­ción de lo más grana­do de la rama seglar de la aris­toc­ra­cia y de la monar­quía euro­peas —Enrique VIII de Inglater­ra, Fran­cis­co I de Fran­cia, el emper­ador Car­los V— y de la reli­giosa —Julio II, León X y Clemente VII entre ellos—. En cualquier caso, esta pro­tec­ción estu­vo mar­ca­da por altiba­jos y, durante las dos últi­mas décadas de su vida, por situa­ciones que pusieron pau­lati­na­mente la pre­tendi­da impar­cial­i­dad del Rotero­damo al límite.

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Bibliotheca chalcographica

Hace tiem­po que quería hablar en este sitio del más com­ple­to con­jun­to de retratos de autores rena­cen­tis­tas que pueden encon­trarse en la red: La Bib­lio­the­ca chalco­graph­i­ca, hoc est vir­tute et eru­di­tione claro­rum viro­rum o Bib­liote­ca de graba­dos en cobre, esto es, Retratos de varones desta­ca­dos por su vir­tud y eru­di­ción. El proyec­to fue ini­ci­a­do por Jean Jacques Bois­sard, que acom­pañó a su tío, el human­ista Hugo Babelus (1466–1556) en la visi­ta de numerosas uni­ver­si­dades como pre­cep­tor de nobles. Bois­sard estudió después var­ios años en Italia, sirvien­do de nue­vo de pre­cep­tor, lo que le per­mitía sufra­garse sus estu­dios. De esta man­era, man­tu­vo relación con numerosos eru­di­tos, recopi­lan­do una amplia colec­ción de retratos y de biografías.

En los últi­mos años del siglo comen­zó su colab­o­ración con Theodor de Bry (1528–1598), un grabador e impre­sor calvin­ista que había aban­don­a­do Amberes por Frank­furt. Pub­li­caron su colec­ción en 1597–1598 bajo el títu­lo Icones viro­rum illus­tri­um doc­t­ri­na et eru­di­tione praes­tantium ad uiu­um effic­tae cum eorum vitis. Proyec­to que tras la muerte de Bry y Brois­sard, fue con­tin­u­a­do por los hijos del primeroJohann Theodor de Bry (1561–1623) y Johann Israel de Bry (1570–1611)— que pub­li­caron, ayu­da­dos por el escritor de Frank­furt Johann Adam Lonicer, la ter­cera y la cuar­ta parte. La tarea de ambos her­manos como grabadores e impre­sores fue con­tin­u­a­da por Sebas­t­ian Fur­ck (c. 1600–1655), que pub­licó la sex­ta parte en 1628; Kle­mens Ammon —yer­no de Johann Theodor de Bry— que pub­licó la sép­ti­ma y la octa­va entre 1650 y 1652 y el holandés Math­ias van Som­mer, que pub­licó la nove­na en 1664.

Los con­tenidos del libro aumen­taron de man­era con­stante has­ta que en 1669 se pub­licó la ver­sión defin­i­ti­va, que con­ta­ba ya con 438 retratos. La impor­tan­cia de estos graba­dos no reside en que con­tengan retratos más o menos fidedig­nos de los per­son­ajes —en muchos casos no es así—, sino en que la fac­tura de la obra, que pasa por diver­sas manos y grabadores hace que los graba­dos rep­re­sen­ten dis­tin­tos esti­los pic­tóri­cos y dis­tin­tas con­cep­ciones de cómo debe ser un retra­to. Para ver en su tamaño orig­i­nal los retratos que he selec­ciona­do aquí, sim­ple­mente tenéis que pin­char en las imá­genes:


retrato de Alberto Magno

Alber­to Mag­no (1193–1280)


retrato de Bartolo de Sassoferrato

Bar­to­lo de Sas­so­fer­ra­to (1314–1357)

Retrato de Leonardo Bruni

Leonar­do Bruni (1369–1444)

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Pog­gio Brac­ci­oli­ni (1380–1459)

Retrato de Marsilio Ficino

Mar­silio Fici­no (1433–1499)

Retrato de Cristóbal Colón

Cristóbal Colón (1451–1506)


retrato de Johannes ab Indagine

Johannes ab Indagine (1467–1537)

retrato de Erasmo de Rotterdam

Eras­mo de Rot­ter­dam (1469–1536)

Retrato de Philipp Melanchton

Philipp Melanch­ton (1497–1560)

retrato de Calvino

Jean Calvin (1509–1564)

Retrato de Andreas Vesalius

Andreas Vesal­ius (1515–1564)

Me niego a pon­er más, aunque por suerte para vosotros, la obra, con sus 438 retratos se encuen­tra disponible aquí, espero que los dis­frutéis tan­to como yo.

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Si os ha intere­sa­do esta colec­ción y, sobre todo, la nat­u­raleza de los libros de emble­mas, de retratos y el con­tex­to social y cul­tur­al en torno al mun­do del graba­do y de la con­trar­refor­ma, podéis echarle un vis­ta­zo, o com­prar, el reciente libro de Ali­son Adams, Webs of Allu­sion: French Protes­tant Emblem Books of the Six­teenth Cen­tu­ry (Droz, 2003).

Juan Luis Vives y la lengua

A la altura de 1514, un joven Juan Luis Vives, pub­li­ca­ba un par de trata­dos que le lle­varían a granjearse la amis­tad y la admiración de Tomás Moro y de Eras­mo de Rot­ter­dam. No podía ser de otra man­era, el Vives se situ­a­ba con estos escritos en la línea que tan­to habían intere­sa­do al inglés y al holandés y en una de las vetas más impor­tantes de la lit­er­atu­ra satíri­ca redac­ta­da por human­istas durante el primer ter­cio del siglo XVI: el ataque a la escolás­ti­ca, tan­to a su for­ma de enseñan­za como a la metodología sub­y­a­cente en su búsque­da de certezas.

Sin embar­go, en el Ver­i­tas fuca­ta —la ver­dad pin­ta­da, en castel­lano—, se encuen­tran pasajes que se diri­gen igual­mente con­tra la dis­im­u­lación y la pre­cep­ti­va retóri­ca que coad­yuva­ba durante el peri­o­do a la for­ma­ción de corte­sanos. Más aún, la pre­cep­ti­va de una retóri­ca que sirviera para mar­car las dis­tan­cias con­tra las ver­daderas ideas, para ocul­tarse y defend­er­se de los posi­bles ataques moti­va­dos por la het­ero­dox­ia, por el ansia de ocul­tar la sed de poder, o por la sim­ple vol­un­tad de medrar en un con­tex­to social y políti­ca­mente com­pli­ca­do. El tex­to de Vives no es úni­ca­mente un pletóri­co man­i­fiesto de juven­tud, sino que tam­bién es una de las mues­tras más claras del human­is­mo com­bat­i­vo pre-luter­a­no. Antes de que Lutero lle­vara al límite el movimien­to, con­vir­tién­do­lo en la vía pri­mor­dial para sobrepasar la teología escolás­ti­ca, y para atacar la lec­tura per­ver­sa que el papa­do romano había hecho del Evan­ge­lio. En Vives, la defen­sa de la ver­dad es todavía retóri­ca, todavía per­manece cubier­ta por una den­sa capa de eru­di­ción que alig­era un esti­lo que úni­ca­mente puede achacarse a su juven­tud. He aquí uno de los más her­mosos tex­tos de la época:

La ver­dad tiene a su vez una lengua más elocuente. Cuan­do habla, todo lo demás per­manece en silen­cio, ya que sus pal­abras son las pal­abras de la vida eter­na. Nada más elo­quente, nada más flu­i­do, nada más dulce, más melo­dioso, nada. Aque­l­la lengua es la pluma del veloz escri­ba del que antes habla­ba. Su voz es clara, gen­til, sono­ra, sub­lime, dulce al oído, nada hay en ella de hor­ri­ble, de rudo, de triste; enseña a todo el mun­do lo que debe hac­er; y mueve el mun­do su sonido y los cie­los y los ele­men­tos respon­den, y las bes­tias más fero­ces son dóciles y per­manecen qui­etas. La han lla­ma­do los pies del tiem­po, porque cuan­do no es requeri­da viene a nosotros a tiem­po. En sus pies tiene inscrito un pasaje de Cicerón: “El tiem­po destruye las patrañas de la opinión.” Tam­bién es de her­mosísi­ma espal­da, pero no puede com­para­rse a su ros­tro y a su pecho. Dícese que proviene de la boca del Altísi­mo, naci­da antes que cualquier criatu­ra.

Evil Tongue

Sabes bien que agentes con­trar­ios entre sí pro­ducen cosas con­trarias y opues­tas. Así el Demo­nio, ene­mi­go de Dios y de los ami­gos de Dios, par­ió una hija, la más pecado­ra, ene­mi­ga y adver­saria de la ver­dad. Ha sido lla­ma­da por algunos sim­u­lación, otros la han lla­ma­do dis­im­u­lación, otros fraude, otros impos­tu­ra, otros fic­ción, otros, mala fe, y otros, más con­ve­nien­te­mente, falsedad. No era una mujer, no era un hom­bre, no era de nues­tra raza, sino un hor­ri­ble y tremen­do mon­struo, sin pies, sin cabeza, un cuer­po vacío sin sus­tan­cia. Tenía una pier­na con­traí­da que lle­ga­ba a su ombli­go, con la que se movía más despa­cio que Calípi­des, de donde proviene el ada­gio pop­u­lar: “Se coge antes a un men­tiroso que a un cojo.” Al con­tac­to del calor y la luz de la ver­dad, se der­ri­tió y evap­oro a un tiem­po. Llev­a­ba inscrito en su pecho la ima­gen de su abom­inable padre, mostran­do la inscrip­ción: “Éste es un men­tiroso y mi padre.” En su pecho podía leerse este elo­gio del mon­struo: “Cru­el pla­ga de las naciones y del mun­do.”

Pero gran número de aque­l­los naci­dos de la raza de los espíri­tus mal­va­dos, que dis­frutó grande­mente en aquel cuer­po vano, se per­tur­baron de tal man­era ente la visión de la ver­dad que el pelo de sus cabezas se les puso rígi­do como el del eri­zo. Y cuan­do su Autor y Padre les ordenón que alabaran la ver­dad, que ama­ran la ver­dad, que la con­tem­plaran, la vener­aran y la sigu­ier­an, deci­dieron pin­tar­la de falsedad con­san­guínea para no ten­er que sopor­tar su cara pura y res­p­lan­de­ciente sin la mediación de un velo, temien­do que sus débiles ojos, y obtu­sos, pudier­an cegarse ante su bril­lo. Así la reci­bieron no ador­na­da, sino defor­ma­da y en ver­dad que­josa.

Escucha a la ver­dad así pin­ta­da, que de este modo habla­ba que­josa: “Iba a hablar de grandes cosas y mis labios se abrirán de man­era que puedan procla­mar lo cor­rec­to. Mi gar­gan­ta hará res­onar la ver­dad y mis labios detes­tarán a los impíos; todas mis pal­abras son jus­tas; no hay nada ver­gonzoso ni per­ver­so en ellas. Fui crea­da des­de la eternidad y mucho antes que la tier­ra; aún no existían las pro­fun­di­dades mari­nas cuan­do fui con­ce­bi­da ni las fuentes de agua habían comen­za­do a man­ar, ni aún las mon­tañas se habían for­ma­do. Antes que las col­i­nas se me par­ió; todavía no había hecho la tier­ra, o los ríos o los límites del mun­do; cuan­do esta­ba preparan­do los cie­los, yo esta­ba allí, cuan­do rodeó el abis­mo con un cír­cu­lo y fijó su límite, cuan­do le dio con­tornos al mar e impu­so su límite a las aguas para que no los excedier­an, cuan­do dio sus cimien­tos a la tier­ra esta­ba con Él ponien­do todo en orden y lo deleita­ba día a día, siem­pre jugan­do en su pres­en­cia…”

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J. L. Vives, Ear­ly Writ­ings. De ini­ti­is sec­tis et laudibus philosophi­ae · Ver­i­tas fuca­ta · Ani­ma senis · Pom­peius fugiens, Intro­duc­tion, Crit­i­cal edi­tion, trans­la­tion and notes edit­ed by C. Math­eeusen, C. Fan­tazzi, and E. George, Lei­den: E. J. Brill, 1987. Se tra­ta de una edi­ción bil­ingüe latín-inglés. El tex­to aquí pre­sen­ta­do es una tra­duc­ción del tex­to lati­no, pp. 70, 72 y 74.

Encyclopædia Britannica Online

Parece que estos días úni­ca­mente se me da por escribir acer­ca de recur­sos en Inter­net y bases de datos, pero lo cier­to es que el panora­ma ha esta­do un poco movi­do. Redac­to esta entra­da porque la sem­ana pasa­da me encon­tré con una situación en el blog de [Enrique Dans](http://www.enriquedans.com/2008/04/britannica-sigue-intentandolo.html) que yo mis­mo esta­ba sufrien­do, que era el retra­so de mi sub­scrip­ción a un nue­vo ser­vi­cio ofre­ci­do por la empre­sa, lla­ma­do [Bri­tan­ni­ca webshare](http://britannicanet.com/).

Como bien comenta­ba Enrique en su blog, los chicos de la *Enci­clo­pe­dia Británi­ca* se han dado cuen­ta de que los resul­ta­dos de búsque­da de su servi­dor en com­para­ción con los de la [Wikipedia](http://es.wikipedia.org/wiki/Portada) era ínfi­mos. Una de las muchas con­stat­a­ciones de que los mod­e­los de mer­ca­do en Inter­net no pasan ya por las suscrip­ciones online o por el pago men­su­al o anu­al de una cuo­ta —creo que la *Enci­clo­pe­dia Británi­ca* en con­cre­to, salía al año en unos 70 dólares—, sino por la creación de con­tenidos abier­tos y de fácil acce­so sostenidos o por la pub­li­ci­dad, o por una comu­nidad tan acti­va como la que tiene la ya men­ciona­da wikipedia.

britannicalogo
Subido con Skitch, de plasq

¿Qué es el ser­vi­cio [Bri­tan­ni­ca webshare](http://britannicanet.com/)? Es la man­era —poco orig­i­nal, en real­i­dad— que se le ha ocur­ri­do a la empre­sa para recor­tar algo la dis­tan­cia con su máx­i­mo com­peti­dor. Man­ten­drán los pre­cios para la sub­scrip­ción de par­tic­u­lares, pero a los que pub­li­camos en red o admin­is­tramos pági­nas, nos ofre­cen una sub­scrip­ción gra­tui­ta para que la use­mos sin restric­ciones y establez­camos vín­cu­los con ella. En su momen­to cubrí la sub­scrip­ción y me ha lle­ga­do una invitación a usar­la gratis durante un año, y la insis­ten­cia en todo el pro­ce­so sobre el año me hace sospechar que pasa­do este inten­tarán cobrar para el sigu­iente.

No creo que la use demasi­a­do. ¿Por qué? En primer lugar porque no voy a defend­er un con­tenido cer­ra­do frente a uno abier­to y públi­co, aunque está claro que si *Bri­tan­ni­ca* me ofrece un con­tenido mejor y más ade­cua­do sobre el tema que esté tratan­do, voy a estable­cer el vín­cu­lo cor­re­spon­di­ente. En segun­do lugar, a pesar de la fama que la *Ency­clopæ­dia Bri­tan­ni­ca* ha acu­mu­la­do con los años, muchos de sus artícu­los —sobre todo por lo que toca a la his­to­ria del Renacimien­to y de la Edad Media— nece­si­tan una seria revisión y remoza­mien­to de fuentes y ref­er­en­cias.

Por lo demás, me ha lle­ga­do la suscrip­ción y lle­vo usán­dola un par de horas. Su fun­cionamien­to, en una primera impre­sión, me ha decep­ciona­do bas­tante. No me gus­ta cómo ref­er­en­cia, no me gus­ta cómo indexa y no me gus­ta lo lenta que es. Me encan­taría ver el índice mucho más claro y no ten­er «efec­tos acordeón» por doquier, esto me dis­trae y no me per­mite pen­sar detenida­mente , por ejem­p­lo, si com­par­to la estruc­turación de la mate­ria que estoy con­sul­tan­do.

Debo recono­cer que nun­ca he sido un gran entu­si­as­ta del uso de Enci­clo­pe­dias —no se me verá gri­tan­do angus­ti­a­do por las noches que aparez­ca una Espasa online—. Creo que el desar­rol­lo de los con­tenidos pasa por la absor­ción de fuentes especí­fi­cas y por el rescate de muchas olvi­dadas. En ese sen­ti­do, tan­to la wikipedia como la *EB* tienen un serio prob­le­ma: con­ciben cualquier con­tenido históri­co como un con­tenido estáti­co. Entramos aquí en la dis­cusión acer­ca de lo que algunos lla­man el «[efec­to google](http://education.guardian.co.uk/librariesunleashed/story/0„2275375,00.html)», es decir, el uso para la fun­da­mentación de las enci­clo­pe­dias de los mate­ri­ales con­tenidos en el archi­mo­tor sin prestar aten­ción a otros motores de búsque­da académi­cos que se van implan­tan­do en las uni­ver­si­dades de medio mun­do.

La lucha con­tra el efec­to google es un fenó­meno que se ha comen­za­do a dar recien­te­mente en las uni­ver­si­dades británi­cas, en donde muchos de los docentes se han per­cata­do de que las gen­era­ciones que han cre­ci­do con Inter­net son inca­paces, lle­ga­do cier­to pun­to, de descar­tar una mala de una bue­na infor­ma­ción. Como me decía un alum­no hace tiem­po: «bas­ta que esté con­trasta­da y que con­tenga vín­cu­los sufi­cientes», y en real­i­dad no bas­ta. Existe un infini­to número de fuentes de infor­ma­ción que dis­tan mucho de estar disponibles en Inter­net. Algu­nas de ellas, aunque ya dig­i­tal­izadas e index­adas, se encuen­tran en sitios que requieren un acce­so pre­vio pago o insti­tu­cional: me refiero ante todo a [Jstor](http://www.jstor.org), [Archives Hub](http://www.archiveshub.ac.uk), [Blackwell](http://www.blackwell-sinergy.com), [Ingenta](http://www.ingentaconnect.com/), [Swetswise](https://www.swetswise.com/) o [Peri­od­i­cals Index Online](http://pio.chadwyck.co.uk), sólo por men­cionar algu­nas en el ámbito anglosajón e impor­tantes para el ámbito de las humanidades. El acce­so cer­ra­do no es, sin embar­go, el may­or prob­le­ma, hay otros de may­or mag­ni­tud que supo­nen una gran difi­cul­tad a la hora de edu­car a la gente en el uso de estas her­ramien­tas:

1. *No están cen­tral­izadas*. Pre­cisa­mente por su carác­ter cer­ra­do y com­er­cial no per­mite una búsque­da cen­tral­iza­da de todas ellas, a pesar de motores como [Scopus](http://www.scopus.com/scopus/home.url) y de incia­ti­vas muy de mi agra­do como [CiteUlike](http://www.citeulike.org/), sus capaci­dades de búsque­da no son de rel­e­van­cia todavía

1. *Sus repos­i­to­rios no están com­ple­tos*. No existe la base de datos per­fec­ta, pero todas ellas tienen caren­cias que son difí­cil­mente sub­san­ables. Jstor está en inglés, de modo que obvia prác­ti­ca­mente cualquier revista escri­ta en otra lengua —parece que aho­ra ya empiezan a añadir algu­nas—, y en casos ital­ianos o france­ses, pasa exac­ta­mente lo mis­mo. La evolu­ción de una dis­ci­plina, y más cuan­do esta es históri­ca, no puede ser mono­lingüe.

1. *Es imposi­ble realizar búsquedas semán­ti­cas*. De momen­to, las búsquedas en tales motores sólo per­miten realizar búsquedas medi­ante pal­abras clave —i. e., “autor”, “títu­lo”, “resumen”, “tex­to com­ple­to”—, lo que com­pli­ca enorme­mente bus­car en dis­tin­tos idiomas, o bus­car por prob­le­mas que no pueden suje­tarse a un puña­do de pal­abras. Este prob­le­ma me ha ido con­vir­tien­do con el paso del tiem­po en una cada vez may­or detrac­tor del uso de pdfs dig­i­tal­iza­dos en red, pero esa es otra his­to­ria de la que me ocu­paré, como cor­re­sponde, en otra entra­da.

1. *Dónde están los libros*. El últi­mo prob­le­ma es que este tipo de motores no sue­len incluir libros:

>* Exis­ten, es cier­to, ini­cia­ti­vas como [Questia](http://www.questia.com/) que per­miten bus­car en artícu­los, libros, entradas enci­clopédi­cas y demás. Su pre­cio no es exce­si­vo y ofre­cen algu­nas obras que o son difí­ciles de encon­trar o exce­si­va­mente caras. [Tay­lor & Francis](http://www.ebookstore.tandf.co.uk/html/index.asp) ofre­cen crear para el usuario una especie de “super­li­bro” con todos los artícu­los, capí­tu­los y libros com­ple­tos que nece­sites, una idea intere­sante, aunque bien pen­sa­do, quién quiere un pdf de 26.000 pági­nas.

>* Por supuesto que todos esta­mos a la espera de [Google Scholar](http://scholar.google.com/) y su dig­i­tal­ización de todos los libros jamás pub­li­ca­dos, jun­to con [Google Books](http://books.google.es/), pero de momen­to los resul­ta­dos no entran en lo esper­a­do.

En defin­i­ti­va, de momen­to ten­dremos que seguir uti­lizan­do todos estos motores y un puña­do más, seguir yen­do a la bib­liote­ca, recur­rien­do a prés­ta­mos inter­bib­liote­car­ios eter­nos, com­prar libros en [abebooks](http://www.abebooks.com/) y esper­ar que llegue un día en que cuan­do alguien deci­da hac­er una tesis, la recopi­lación de la infor­ma­ción se haga por Inter­net en un par de sim­ples pasos…

Volvien­do al tema de par­ti­da, en caso de que ten­ga nuevas impre­siones acer­ca de la *Ency­clopæ­dia Bri­tan­ni­ca* las iré aña­di­en­do en comen­tar­ios a esta mis­ma noti­cia.

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