Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Google, Robert Darnton y la República de las Letras digital

Anaclet Pons ya había tra­duci­do la primera colum­na que Robert Darn­ton escribió para la New York Review of Books acer­ca de Google Books —mis impre­siones sobre ella podéis leer­las aquí— para incor­po­rar­la a un intere­sante mono­grá­fi­co de la revista Pasajes. Hoy ha subido a su muy recomend­able blog, Clio­nau­ta, la tra­duc­ción de la segun­da colum­na que Darn­ton le ha ded­i­ca­do al tema. En vista de las moles­tias que Ana­clet se toma por difundir las ideas de Darn­ton, me he deci­di­do a tra­ducir y pon­er a vues­tra dis­posi­ción la respues­ta que Paul N. Courant —his­to­ri­ador y econ­o­mista de la Uni­ver­si­dad de Michi­gan— le ha ded­i­ca­do a este tex­to. Courant la ha subido a su blog y la ha envi­a­do a la New York Review of Books.

Como sabéis, este año estoy en la Uni­ver­si­dad en la que Courant tra­ba­ja. Esta fue, jun­to con Har­vard, el primer cen­tro académi­co de Esta­dos Unidos que se tomó seri­amente la dig­i­tal­ización de su fon­do bib­li­ográ­fi­co, mucho antes de que Google existiera. Courant ha cono­ci­do de primera mano todo el pro­ce­so —tan­to el pre­vio a Google como el pos­te­ri­or— y ofrece en su tex­to un enfoque a medio camino entre la economía y la bib­liote­conomía que puede —y debe— servir para mati­zar el pes­imis­mo de la últi­ma colum­na de Darn­ton.

Frente a los tex­tos pre­vios en la New York Review of Books, esta colum­na ha sido redac­ta­da por un econ­o­mista que ha tenido car­gos de respon­s­abil­i­dad en la Bib­liote­ca de la Uni­ver­si­dad de Michi­gan, un entorno idó­neo para cono­cer el tra­ba­jo de Google, puesto que el gigante de Cal­i­for­nia tiene una de sus cen­trales en Ann Arbor. He numer­a­do los pár­rafos del tex­to de Courant para facil­i­tar su con­sul­ta, su cita y las ref­er­en­cias a él en los comen­tar­ios.


V. C. Vickers - The Google Book (1913)

1. Mi cole­ga y ami­go Robert Darn­ton es un his­to­ri­ador mar­avil­loso y un ele­gante escritor. Su visión utópi­ca de una infraestruc­tura dig­i­tal para una nue­va Repúbli­ca de las letrasGoogle and the Future of Books», New York Review of Books, 12 de enero de 2009) ele­va el espíritu. Sin embar­go, su idea acer­ca de que hubiera cualquier posi­bil­i­dad de que el Con­gre­so y la Bib­liote­ca del Con­gre­so pudier­an haber imple­men­ta­do esa visión en la déca­da de los noven­ta es una fan­tasía utópi­ca. A su vez, su pun­to de vista sobre el mun­do que podría emerg­er como resul­ta­do del vol­ca­do dig­i­tal de obras bajo dere­cho de autor es una fan­tasía dis­tópi­ca.

2. El Con­gre­so, al que Darn­ton imag­i­na invir­tien­do dinero y real­izan­do cam­bios de leg­is­lación que hubier­an hecho que las obras descat­a­lo­gadas aún suje­tas a dere­cho de copia —la vas­ta may­oría de tex­tos pub­li­ca­dos durante el siglo XX— estu­vier­an dig­i­tal­mente disponibles bajo unos tér­mi­nos razon­ables, jamás mostró interés alguno en lle­var a cabo algo por el esti­lo. Antes bien: aprobó la Dig­i­tal Mil­len­ni­um Copy­right Act y la Son­ny Bono Copy­right Term Exten­sion Act. (Después ven­dría la High­er Edu­ca­tion Oppor­tu­ni­ty Act, que obliga a las insti­tu­ciones académi­cas a vig­i­lar su ámbito elec­tróni­co a la búsque­da de vio­la­ciones de los dere­chos de copia). No es sor­pren­dente: los comités que escriben la ley de dere­chos de copia están dom­i­na­dos por rep­re­sen­tantes que cuidan de Hol­ly­wood y de otros que poseen los dere­chos. Su idea sobre la Repúbli­ca de las Letras es una donde todo el mun­do que algu­na vez ha leí­do, escucha­do o vis­to casi cualquier cosa debería pagar… cada vez que lo haga.

3. El Tri­bunal Supre­mo, que tuvo la opor­tu­nidad de lim­i­tar la exten­sión de un dere­cho de explotación ya demasi­a­do largo (como Darn­ton, creo que 14 años ren­ov­ables otros 14 es más que sufi­ciente para lograr los propósi­tos del dere­cho de copia), rehusó hac­er­lo (con solo dos votos en con­tra) en el caso de Eldred con­tra Ashcroft, sen­ten­ci­a­do en 2003. Al con­trario: reforzó la sen­ten­cia con leg­is­lación opues­ta a los prin­ci­p­ios fun­da­men­tales del dere­cho de copia rec­om­pen­san­do a autores que lle­van tiem­po muer­tos y previnien­do así que nue­stro lega­do cul­tur­al apareciera en el dominio públi­co.

4. Resum­ien­do, durante algo más que la últi­ma déca­da la políti­ca públi­ca ha sido con­sis­ten­te­mente peor que inútil para ayu­dar a hac­er la may­or parte de las obras del siglo XX sus­cep­ti­bles de búsque­da y uso bajo for­ma dig­i­tal. Esta es la alter­na­ti­va a la que debe­mos some­ter la eval­u­ación de Google Book Search y el acuer­do de Google con edi­tores y autores.

5. En primer lugar, debe­mos recor­dar que has­ta que Google anun­ció en 2004 que iba a dig­i­talizar las colec­ciones de algu­nas de las bib­liote­cas más grandes del mun­do, abso­lu­ta­mente nadie tenía un plan para una dig­i­tal­ización masi­va a la escala requeri­da. Bib­liote­cas bien dotadas, incluyen­do Har­vard y la Uni­ver­si­dad de Michi­gan, esta­ban embar­cadas en esfuer­zos de dig­i­tal­ización a un rit­mo menor de 10.000 volúmenes anuales. Google llevó la dis­cusión direc­ta­mente a dece­nas de miles de volúmenes por sem­ana e hizo factible la meta de dig­i­talizar (casi) todo. Ten­demos a pen­sar aho­ra que la dig­i­tal­ización masi­va es tarea fácil. Hace menos de cin­co años pen­sábamos que su cos­to la hacía imprac­ti­ca­ble.

6. El cen­tro de la fan­tasía dis­tópi­ca de Darn­ton sobre el acuer­do de Google deri­va direc­ta­mente de la per­spec­ti­va de que «Google dis­fru­tará de aque­l­lo que solo puede ser denom­i­na­do como un monop­o­lio […] de acce­so a la infor­ma­ción». Pero Google no goza de nada pare­ci­do a un monop­o­lio al acce­so de la infor­ma­ción en gen­er­al, ni a la infor­ma­ción que se encuen­tra en los libros que están suje­tos a los tér­mi­nos del acuer­do. Para empezar, y esto es un enorme ben­efi­cio públi­co por sí mis­mo, has­ta el 20% de los con­tenidos de los libros podrá leerse de man­era abier­ta por cualquiera que posea una conex­ión a Inter­net, y todo su con­tenido estará index­a­do y podrá ser someti­do a búsquedas. Más aún, Google está oblig­a­do a proveer el famil­iar link «encuén­tralo en una bib­liote­ca» en todos los libros que se ofre­cen en el pro­duc­to com­er­cial. Esto es, si tras leer el 20% de un libro un usuario quiere más y encuen­tra el pre­cio por el acce­so on-line exce­si­vo, se le mostrarán una lista de las bib­liote­cas que dispo­nen de un ejem­plar, pudi­en­do diri­girse a ellas o hac­er uso del prés­ta­mo inter­bib­liote­cario. Esto debili­ta de man­era clara el poder de mer­ca­do del pro­duc­to de Google. De hecho, es mucho mejor que la situación actu­al, donde los usuar­ios de Google Book Search solo puede leer frag­men­tos, no el 20% del libro, y des­de ahí deben decidir si han encon­tra­do lo que bus­ca­ban.

7. Darn­ton está tam­bién pre­ocu­pa­do por la posi­bil­i­dad de que Google peque de avari­cia gra­van­do los pre­cios, uti­lizan­do estrate­gias comunes en muchos edi­tores de lit­er­atu­ra cien­tí­fi­ca que con­ll­e­van un enorme coste para las bib­liote­cas académi­cas, sus uni­ver­si­dades y, al menos igual­mente impor­tante, para los usuar­ios poten­ciales que sen­cil­la­mente care­cen de acce­so a ellas. Sin embar­go, las car­ac­terís­ti­cas del mer­ca­do de los artícu­los de cien­cia y tec­nología son fun­da­men­tal­mente dis­tin­tas de las que cor­re­spon­den al vas­to cor­pus de lit­er­atu­ra descat­a­lo­ga­da que alber­gan las bib­liote­cas uni­vesi­tarias. Este con­sti­tuirá el grue­so de obras que Google venderá en lugar de los propi­etar­ios de los dere­chos de copia bajo el acuer­do de aven­imien­to. En la actu­al­i­dad, la pro­duc­ción de lit­er­atu­ra cien­tí­fi­ca requiere un acce­so inmedi­a­to y de cal­i­dad al resto de lit­er­atu­ra cien­tí­fi­ca que se está pro­ducien­do: uno no puede pub­licar, o con­seguir becas y ayu­das económi­cas sin un acce­so de estas car­ac­terís­ti­cas. Los edi­tores lo saben, y gra­van con­se­cuente­mente. Par­tic­u­lar­mente los pre­cios de los artícu­los indi­vid­uales son muy ele­va­dos, lo que apoya las licen­cias escan­dalosa­mente ele­vadas que pagan las uni­ver­si­dades por el acce­so a sus bases de datos. En el caso de Google, al haber muchas vías para el acce­so a la may­or parte de los libros que se venderán gra­cias al acuer­do, su pre­cio será segu­ra­mente jus­to y bajo, lo que con­ll­e­vará bajos pre­cios por las licen­cias de acce­so a su base de datos. De nue­vo, «encuén­tralo en una bib­liote­ca» empare­ja­do con una gen­erosa vista pre­via del títu­lo, no podría diferir más de la prác­ti­ca empre­sar­i­al de muchos edi­tores de revis­tas cien­tí­fi­cas, téc­ni­cas y médi­cas.

8. Hay otra razón para creer que los pre­cios no serán “injus­tos”: Google está mucho más intere­sa­da en hac­erse con públi­co para googlizar prác­ti­ca­mente todo que en hac­er dinero a través de ven­tas direc­tas. La man­era de atraer a la gente a la lit­er­atu­ra a través de Google es con­ver­tir­lo en un pro­ce­so sen­cil­lo y que com­pense a los lec­tores. Para las obras bajo dominio públi­co, Google ya provee libre acce­so y con­tin­uará hacién­do­lo. Para las obras suje­tas al acuer­do con las casas edi­to­ri­ales, parece que ofre­cerá una inter­faz bien dis­eña­da, la vista pre­via de un 20% de la obra y pre­cios razon­ables. Jun­to a ello, las bib­liote­cas que no se suscrib­an al pro­duc­to con­tarán con un ter­mi­nal con acce­so gra­tu­ito a su fon­do para el dis­frute de los usuar­ios. Esto aumen­ta el ben­efi­cio públi­co deriva­do del acuer­do tan­to por vía direc­ta como por per­mi­tir un canal de dis­tribu­ción que no requiere pago a Google ni a los dueños de los dere­chos de explotación.

9. El acuer­do dista de ser per­fec­to. La prác­ti­ca amer­i­cana de hac­er planes públi­cos medi­ante arbi­trio pri­va­do está muy lejos de ser per­fec­ta. Pero en ausen­cia del acuer­do —inclu­so si Google se ha impuesto sobre las deman­das de edi­tores y autores— no ten­dríamos la infraestruc­tura dig­i­tal que dé soporte a la Repúbli­ca de las Letras del siglo XXI. Ten­dríamos índices y frag­men­tos y no habría man­era de leer una can­ti­dad sus­tan­cial de cualquiera de los mil­lones de libros online en juego. El acuer­do nos da una vista pre­via de una vas­ta can­ti­dad de con­tenido, y la prome­sa de fácil acce­so al resto, y de esta man­era pro­mueve enorme­mente el bien públi­co.

10. Por supuesto, preferiría la bib­liote­ca uni­ver­sal; pero estoy bas­tante con­tento con la libr­ería uni­ver­sal. A fin de cuen­tas, las libr­erías son buenos sitios para leer libros y después decidir si com­prar­los o ir a la bib­liote­ca a leer algo más.

Paul N. Courant.

Nota: Esta car­ta rep­re­sen­ta mi pun­to de vista, y no el de la Uni­ver­si­dad de Michi­gan, ni el de ninguno de sus depar­ta­men­tos o bib­liote­cas.

Sumo los vín­cu­los a algu­nas de las ref­er­en­cias de Courant: Dig­i­tal Mil­len­ni­um Copy­right Act, Son­ny Bono Copy­right Term Exten­sion Act, High­er Edu­ca­tion Oppor­tu­ni­ty Act y Eldred con­tra Ashcroft. Espero que el tex­to os haya gus­ta­do tan­to como a mí y os ani­mo a que util­icéis los comen­tar­ios.

Plastic Logic Reader

Después de haber­le echa­do un vis­ta­zo rápi­do a la blo­gos­fera, me he queda­do muy sor­pren­di­do del poco impacto que ha tenido lo que voy a enseñaros aho­ra. El lec­tor de libros dig­i­tales de Ama­zon, Kin­dle, tuvo una enorme cober­tu­ra des­de el prin­ci­pio de su lan­za­mien­to. Por eso lla­ma tan­to la aten­ción el caso del Plas­tic Log­ic Read­er.

La empre­sa que lo va a pro­ducir y com­er­cializar, Plas­tic Log­ic, afir­ma que estará disponible en la pri­mav­era del año que viene. Y la impre­sión es que el pro­duc­to, al con­trario que Kin­dle y otras opciones, no va a ten­er que renun­ciar al for­ma­to de los libros orig­i­nales. Frente al Kin­dle, puede eje­cu­tar pdfs de man­era nati­va —jun­to con doc­u­men­tos de Word, Excel y Pow­er­point—, con lo que podéis hac­er vues­tras copias dig­i­tales y lle­var­las con vosotros sin necesi­dad de cam­biar su for­ma­to. Por si esto fuera poco, como podéis ver en el segun­do vídeo, la batería dura días; existe la posi­bil­i­dad de mar­car, sub­ra­yar, adjun­tar notas y demás; y el dis­pos­i­ti­vo viene con wire­less. Sin­ce­ra­mente, me he queda­do sin pal­abras.

Supon­go que habrá algunos que estarán pen­san­do si esto es una evolu­ción del for­ma­to en papel o, en real­i­dad, mues­tra de la vol­un­tad de man­ten­er una relación con la lec­tura y el tex­to ancla­da en el pasa­do. Sin­ce­ra­mente, a mí me da igual, me parece que si el pre­cio no es exce­si­vo puede ser una bue­na opción para no ir car­ga­do con el portátil y poder leer todos mis doc­u­men­tos dig­i­tales en cualquier parte y, sobre todo, volver a la lec­tura en soporte dig­i­tal y no esa mez­cla extraña entre recep­ción y pro­duc­ción a la que fuerza el por­tatil o el note­book. Aho­ra mis­mo tra­ba­jan en la pro­duc­ción de tin­ta en col­or, así que los primeros mod­e­los estarán lim­i­ta­dos al blan­co y negro.

En caso de que queráis man­ten­eros al día sobre la evolu­ción del pro­duc­to, la pági­na web de Plas­tic Log­ic Read­er está aquí.

Podéis encon­trar infor­ma­ción sobre el pro­duc­to en Engad­get, E‑Tinta, Giz­mo­do o Menéame. A medi­da que haya más noti­cias sobre pre­cio y disponi­bil­i­dad iré actu­al­izan­do esta entra­da.

Biblioteca de Autores Españoles — Escritores del siglo XVI

No he podi­do resi­s­tirme a pon­er esto a vues­tra dis­posi­ción. Aunque Google Books no se está car­ac­ter­i­zan­do por hac­er sim­ples las búsquedas, aquí tenéis los dos tomos de la Bib­liote­ca de Autores Españoles ded­i­ca­dos a Escritores del siglo XVI, por supuesto, todo el tex­to ha sido con­ver­tido medi­ante OCR, así que podéis hac­er las búsquedas que os plaz­ca.

Nota para avis­pa­dos: la Wikipedia está pidi­en­do a gri­tos una entra­da sobre esta colec­ción, cita­da a vue­lapluma en la biografía de Rivadeneyra.

Biblioteca de Autores Españoles — Obras escogidas de filósofos

Aprove­cho para dejaros aquí el enlace a otra recopi­lación de tex­tos que debe­mos al tra­ba­jo edi­to­r­i­al de Manuel Rivadeneyra, nue­stro Migne cas­ti­zo. Encon­trar estos tex­tos por Inter­net me ha hecho recor­dar mis tiem­pos de estu­di­ante en Barcelona, cuan­do algunos de los estu­di­antes de por aquel entonces —no quiero aver­gon­zar­los rev­e­lando aquí su edad— íbamos al Mer­cat de Sant Antoni —no olvidéis poneros gafas pro­tec­toras para evi­tar las aber­ra­ciones tipográ­fi­cas de su web ofi­cial— los domin­gos a perder­nos por los sopor­tales en bus­ca de gan­gas y de libros antigu­os.

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Me he para­do a pen­sar que aque­l­lo que hacíamos por necesi­dad y curiosi­dad va a desa­pare­cer en pocos años —si no lo ha hecho ya— a causa de Inter­net. Que no se me entien­da mal, es ven­ta­joso que los estu­di­antes puedan acced­er a estos tex­tos de man­era inmedi­a­ta y gra­tui­ta; la cuestión es cómo, sin perder el tiem­po nece­sario entre puestos de libros de viejo, estantes per­di­dos de la bib­liote­ca y cajones con fichas bib­li­ográ­fi­cas, sin usar el orde­nador, podrán encon­trarse estas y otras cosas, y ten­er la sen­sación de lle­varse uno a casa a Séneca, a Vives, a Gracián y a tan­tos otros en un tomo de más de 600 pági­nas en cuar­to y con letra bien apre­ta­da.

En fin, perdón por la digre­sión. Aquí podéis encon­trar las Obras Escogi­das de Filó­so­fos Españoles que incluye:

* Dis­cur­so pre­lim­i­nar de Adol­fo de Cas­tro.
* Séneca, selec­ción de Los siete libros de Séneca y El libro de oro.
* Raimun­do Lulio, Intro­duc­to­rio del arte magna, árbol de los ejem­p­los de la cien­cia y Filosofía moral.
* El Tosta­do, Cues­tiones de filosofía moral.
* Anto­nio de Gue­vara, selec­ción de obras varias.
* Bar­tolomé de las Casas, selec­ción de obras varias.
* Bar­tolomé de Albor­noz, De la limosna y De la esclav­i­tud.
* Juan Luis Vives, selec­ción: Intro­duc­ción a la sabiduría y Del socor­ro de los pobres.
* Pedro Simón Abril, Apun­tamien­to de cómo se deben refor­mar las doc­tri­nas, y la man­era de enseñal­las.
* Mel­chor Cano, Trata­do de la vic­to­ria de sí mis­mo.
* Doña Oli­va Sabu­co de Nantes: Colo­quio del conocimien­to de sí mis­mo y Colo­quio de las cosas que mejo­ran este mun­do.
* Fer­nán Pérez de Oli­va, Diál­o­go de la dig­nidad del hom­bre.
* Juan Huarte de San Juan, selec­ción de Exa­m­en de inge­nios.
* Joaquín Setan­ti, Cen­tel­las de var­ios con­cep­tos.
* Bal­tasar Gracián, El dis­cre­to, Orácu­lo man­u­al y arte de pru­den­cia y El Héroe.

Como siem­pre, los comen­tar­ios están a vues­tra dis­posi­ción para hac­er los apuntes o apre­cia­ciones que queráis.

¿Hará la recesión descender el precio del libro digital?

El libro dig­i­tal todavía tiene un largo camino para impon­erse al libro en papel. las ven­ta­jas del primero en com­para­ción del segun­do son muchas, pero los lec­tores no aca­ban de for­marse una idea de cómo uti­lizar el for­ma­to dig­i­tal. para los inves­ti­gadores, sin embar­go, las ven­ta­jas son claras: una enorme facil­i­dad para cam­biar de ubi­cación bib­liote­cas enteras, posi­bil­i­dad de búsquedas cruzadas, apli­cación de fil­tros, mar­cas bib­li­ográ­fi­cas, orga­ni­zación en bases de datos, etc. hay sin embar­go un prob­le­ma bas­tante claro en el mun­do del libro dig­i­tal legal suje­to a dere­cho de explotación: el pre­cio. Acabo de leer una entra­da en Medi­a­bistro acer­ca de cómo está afectan­do la cri­sis al mun­do edi­to­r­i­al. Como su mis­mo autor afirma­ba en otro lugar, el mer­ca­do del libro y de las revis­tas en papel ha sufri­do mucho y las ven­tas están cayen­do en pic­a­do, y con ello, se echa el cierre a numerosas pub­li­ca­ciones que parecían dis­fru­tar de sol­ven­cia y solidez.

Jun­to a esta situación, y a los prob­le­mas rela­ciona­dos con la adaptación de los usuar­ios al libro dig­i­tal, hay otros fac­tores —económi­cos— que han influ­i­do en su esca­so rendimien­to en el mer­ca­do: el DRM y el pre­cio. Hace poco que me com­pré en un famoso por­tal de Inter­net dos libros —uno de Peter Burke y otro de Jen­nifer Richards—, el pre­cio de ambos era lig­era­mente infe­ri­or al pre­cio en papel, pero las desven­ta­jas eran muchas. La primera de ellas, no podía leer­lo en todos mis orde­nadores; la segun­da, sólo podía imprim­ir a bajísi­ma cal­i­dad 20 pági­nas al mes; la ter­cera, debía uti­lizar Adobe Dig­i­tal Edi­tions para leer­los. El caso es que este soft­ware y MacOSX no se lle­van demasi­a­do bien, de man­era que me he gas­ta­do más de 50$ en algo que ni siquiera puedo con­sul­tar.

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En la entra­da cita­da más arri­ba, el autor men­ciona­ba que sería esper­a­ble que con la cri­sis el pre­cio de los libros dig­i­tales bajara; sin embar­go, que se hagan más ase­quibles —es decir, que su pre­cio baje de man­era notable con respec­to a un libro impre­so— no sig­nifi­ca que se hagan más usables. El pre­cio debería ser infini­ta­mente más bajo sim­ple­mente porque estos libros pre­sen­tan muchas más desven­ta­jas de uso. Los libros dig­i­tales que pueden encon­trarse en Inter­net, en este sitio o, por qué no decir­lo, en servi­dores peer to peer no solo son mucho más usables, abier­tos y cómo­d­os, sino que no requieren un tedioso pro­ce­so de descar­ga, reg­istro y mails con­tin­u­os con ser­vi­cio al cliente.

Mien­tras esto siga sien­do así, no se me ocurre ningún moti­vo por el que acon­se­jar la com­pra de ebooks. Siem­pre será más cómo­do com­prar­los en papel y hac­erse con un escán­er.

La Peste

La peste fue, a lo largo del renacimien­to, uno de los fenó­menos más ter­ri­bles que aso­laron tier­ras euro­peas. algunos recor­darán el sép­ti­mo sel­lo de bergman, donde la deses­peración por la peste aparece lig­a­da de man­era magis­tral al auge de un pen­samien­to reli­gioso rad­i­cal­iza­do: europa nece­sita­ba red­imir sus peca­dos. Entre 1347 y 1350, cer­ca de 20 mil­lones de per­sonas murieron por causa de la epi­demia, que sig­los después se cono­cería como la peste negra debido a que las ampol­las de ese col­or que cubrían el cuer­po de los afec­ta­dos. Europa perdió un ter­cio de su población. Aquí las difer­en­cias entre clases fueron tam­bién impor­tantes, se esti­ma que murió un 25% de la nobleza y un 40% del campesina­do: los campesinos y agricul­tores no tenían la posi­bil­i­dad de ais­larse en vil­las y pala­cios. Petrar­ca perdió a Lau­ra con la Peste, y Boc­cac­cio creó el mar­co del Decamerón en torno a ella.

Todo esto viene a que la Uni­ver­si­dad de Har­vard aca­ba de pon­er en línea una impre­sio­n­ante colec­ción de tex­tos rela­ciona­dos con la peste y con las epi­demias en la his­to­ria de Europa: Con­ta­gion. His­tor­i­cal Views of Dis­eases and Epi­demics. De toda la colec­ción, quiero destacar dos aparta­dos: “Pesti­lence” and the Print­ed Books of the Late 15th Cen­tu­ry y Siphilis, 1494–1923. El segun­do incluye obras de Giro­lamo Fra­cas­toro, Joseph Grün­peck y Ulrich Von Hut­ten, aña­di­en­do muchos más tex­tos de interés para his­to­ri­adores de otras épocas. El primero está com­puesto por una impre­sio­n­ante y muy útil colec­ción de incun­ables, des­de Fici­no a Cobeil, des­de Joannes Jaco­bi a Nic­colò Faluc­ci.


Grünpeck, Joseph. Ein hubscher Tractat von dem Ursprung des bosen Franzos, das man nennet die wilden Wartzen :auch ein Regime[n]t und ware Ertzenney mit Salben und Gedranck, wie man sich regiren soll in diser Zeyt. [Nuremberg : Kaspar Hochfeder, 1496 or 1497].

Grün­peck, Joseph. Trac­ta­tus de Pesti­len­tiali Scor­ra sive Mala de Fran­zos (1496–1497) — click para ampli­ar

Los archivos dig­i­tal­iza­dos tienen una cal­i­dad excep­cional. Pueden con­sul­tarse en for­ma­to de ima­gen, pero existe tam­bién la opción de que se con­vier­tan a for­ma­to pdf, tan­to de man­era par­cial como com­ple­ta.

Si te ha gus­ta­do la entra­da, te gus­taría fusti­gar al autor, o cono­ces algu­nas fuentes de infor­ma­ción rela­cionadas con esta, sírvete de los comen­tar­ios.

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