Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Elogio del escriba

En 1971, en la Uni­ver­si­dad de Illi­nois at Urbana-Cham­paign, un joven de 23 años decidió sen­tarse frente al tecla­do de una com­puta­do­ra. Era el 5 de julio y en su mochi­la había una copia de la Declaración de Inde­pen­den­cia de los Esta­dos Unidos que le habían regal­a­do el día ante­ri­or. Fue pre­cisa­mente el 4 de julio, el primer día que la Uni­ver­si­dad le había per­mi­ti­do acced­er a un fla­mante Xerox Sig­ma V sin restric­ciones de tiem­po. El joven, hala­ga­do por el priv­i­le­gio e intim­i­da­do por el desem­bol­so económi­co de la Insti­tu­ción, ya había toma­do la decisión de hac­er que su tra­ba­jo con la máquina revirtiera en ben­efi­cio de la comu­nidad.

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El iPad como objeto cultural y como objeto de consumo

La noti­cia tec­nológ­i­ca del día: Apple aca­ba de lan­zar un nue­vo pro­duc­to denom­i­na­do iPad. El tér­mi­no ‘pro­duc­to’ lo uti­li­zo a propósi­to y pre­tendo con él explicar por qué la recep­ción en Inter­net no ha sido espe­cial­mente cál­i­da.

El prob­le­ma ha sido la fal­ta de un con­tex­to, tan­to para tirios como para troy­anos. En el caso de los usuar­ios fieles a la mar­ca, las expec­ta­ti­vas habían lle­ga­do a un gra­do de des­bor­damien­to a través de rumores que hacían imposi­ble que ningún obje­to real cumpli­era con una masa informe de car­ac­terís­ti­cas que no para­ba de cre­cer. Jun­to a ello, Apple ha ido en con­tra de una de sus premisas en la creación de pro­duc­tos infor­máti­cos de con­sumo: pre­sen­ta un obje­to para la recep­ción pasi­va de pro­duc­tos cul­tur­ales cuan­do la línea de la empre­sa había con­sis­ti­do tradi­cional­mente en insi­s­tir en una poten­cial capaci­dad de creación de una man­era ráp­i­da y sen­cil­la. Y esto, como es evi­dente, ha des­colo­ca­do a muchos. En el caso de quienes nun­ca han tenido relación con la mar­ca, las reac­ciones fueron sim­i­lares a las que hubo con el iPhone: críti­ca de pre­cios, suma­da a críti­ca de un sis­tema propi­etario, etc.; una amplia may­oría de ellos tiene, dos años después, un iPod tác­til o el telé­fono móvil de la mar­ca.


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Sin embar­go, lo que puede percibirse como un fal­lo de la empre­sa a la hora de sat­is­fac­er las necesi­dades de los usuar­ios, o de cumplir con sus expec­ta­ti­vas, admite una lec­tura dis­tin­ta. Apple ha opta­do por el sen­ti­do común y por hac­er un ejer­ci­cio reflex­i­vo a par­tir del que reed­u­car al usuario, movimien­to que por su carác­ter insól­i­to merece al menos una reflex­ión. El iPad no es una com­puta­do­ra que per­mi­ta redac­tar una tesis, com­pon­er músi­ca, reto­car fotografías de man­era pro­fe­sion­al o edi­tar vídeos en HD; sino que sirve para dis­fru­tar de todo ello. El con­cep­to que hay detrás es quiénes somos y cómo apor­ta­mos val­or a lo que con­sum­i­mos, de ahí la posi­bil­i­dad mane­jarse y dis­tribuir lo que ten­emos en nue­stro ter­mi­nal en todas las redes sociales. El iPad no podía ser la piedra filoso­fal de la infor­máti­ca de con­sumo porque ya lo es cualquier orde­nador con cier­ta poten­cia; había que bus­car un espa­cio dis­tin­to para dar sig­nifi­ca­do a todo lo que con­sum­i­mos. Como tal, va dirigi­do a los usuar­ios que nece­si­tan un ter­mi­nal para moverse por redes sociales, para revis­ar doc­u­men­tos que lo requier­an, para leer libros ya escritos, etc.

En resumen, el iPad no alude al usuario cre­ati­vo o a aquel que nece­si­ta hac­er cosas con una com­puta­do­ra, sino que se plantea a ese mis­mo usuario, o al con­sum­i­dor pasi­vo, como ente recep­tor —de ahí la insis­ten­cia en las redes sociales, la redis­tribu­ción de la apli­cación de correo elec­tróni­co, etc.— y como críti­co y difu­sor de los mis­mos. Por tan­to, una idea de creación no solo para aque­l­los con inqui­etudes, sino para los inter­nau­tas como comu­nidad glob­al.



Creo que el iPad será un éxi­to porque tiende la mano al amplio reg­istro de usuar­ios que todavía miran con rece­lo, o usan de una man­era vaga e impre­cisa, sus orde­nadores y su conex­ión a Inter­net. Pien­so en usuar­ios que no nece­si­tan la com­ple­ji­dad de un orde­nador per­son­al para con­fig­u­rar su cuen­ta de face­book, que no saben qué es flickr, que no quiere nave­g­ar de man­era errante por pági­nas web, sino que requieren pun­tos de ref­er­en­cia per­fec­ta­mente situ­a­dos en Inter­net —coor­de­nadas que podríamos denom­i­nar como main­stream dig­i­tal—. Lo que Apple ha hecho es pare­ci­do a lo que el ZX Spec­trum, el Com­modore 64 o el Ami­ga hicieron en la déca­da de los 80 para mi gen­eración: ha pen­sa­do en un ter­mi­nal domés­ti­co que no requiere ningún conocimien­to pre­vio para dis­fru­tar ple­na­mente del ocio dig­i­tal y de los pro­to­co­los de inter­ac­ción social que ofrece Inter­net.

Gestión de tiempo y de espacio.

Detrás de ello, hay un estu­dio serio de mod­e­los de mer­ca­do y de expan­sión hacia un enorme con­jun­to de usuar­ios poten­ciales. Pero hay además una con­sid­eración impor­tante de uno de los grandes temas del dis­eño apli­ca­do a la infor­máti­ca: la gestión de los espa­cios de tra­ba­jo y de ocio. Apple ha pen­sa­do en cómo dis­tribuimos ambos espa­cios en la inter­ac­ción con nues­tras com­puta­do­ras y ha crea­do un obje­to que responde al ocio de una man­era más pre­cisa que un portátil o un sobreme­sa, ha apli­ca­do la división de las dos grandes cor­ri­entes de uso de com­putación dividién­dolas en dos espa­cios clara­mente delim­i­ta­dos. Y eso tiene dos claras lec­turas: la primera es que aque­l­los que como yo nos pasamos el día delante de nue­stros portátiles y mez­clam­os ocio con tra­ba­jo nos ha ofre­ci­do una delim­itación físi­ca de los mis­mos, dan­do un con­tex­to a un obje­to nue­vo —aquí las pal­abras de Jobs no pare­cen exager­adas— que hace todo lo que se puede hac­er con un orde­nador que no es estric­ta­mente pro­duc­ti­vo. Esta división per­mite pen­sar de una man­era mucho más lóg­i­ca nues­tra relación con los orde­nadores y mate­ri­al­iza una nece­saria división con­cep­tu­al. Apple ha crea­do, me parece, un espa­cio nece­sario.

No es que el iPad per­mi­ta hac­er cosas impens­ables en otro apara­to, sino que ayu­da a dis­tribuir los con­cep­tos en dis­tin­tos tipos de obje­tos, y eso es enorme­mente impor­tante para todo tipo de usuar­ios.

Incorporación de nuevos usuarios y relectura de Internet.

El iPad, tal y como yo lo veo, es jus­ta­mente lo con­trario a una her­ramien­ta de tra­ba­jo. Es una her­ramien­ta de pro­cras­ti­nación, que la alien­ta y que la evi­ta al con­ver­tir­lo —a él en vez de a nues­tra com­puta­do­ra— en su instru­men­to. Cumple, a su vez, con todas las premisas y atiende a todo el aban­i­co de ocio en Inter­net, per­mi­tien­do acced­er a una amplia masa de población a las redes sociales aunque carez­can de cuen­ta en ellas. Pien­so por ejem­p­lo en la gen­eración que aho­ra cuen­ta con 50 años. Su relación con la com­putación ha sido, en su may­or parte, una relación lab­o­ral en la que había que usar el correo elec­tróni­co y quizás dos o tres apli­ca­ciones especí­fi­cas. No nave­g­an por Inter­net, no leen blogs por suscrip­ción a RSS y no hacen cosas que para el arco de población entre 15 y 35 años son bási­cas.

Jobs pre­sen­tó el iPad sen­ta­do en un sil­lón con una mesil­la al lado. No es un obje­to para las ofic­i­nas, nadie pre­tenderá escribir tex­tos exten­sos —aunque cier­tos com­ple­men­tos lo per­mi­tan— en él. Cier­ta­mente se puede usar iWork, nues­tra galería de fotos, etc., pero tal y como yo lo veo, para hac­er prue­bas de con­cep­to, para revis­ar fuera del escrito­rio y fuera del despa­cho algunos tra­ba­jos que hemos pro­duci­do allí, de una man­era casu­al y sin com­pli­ca­ciones de inter­faz. Vis­to así, inclu­so la imposi­bil­i­dad de realizar varias tar­eas simultánea­mente parece una ven­ta­ja.

La lectura de libros electrónicos.

Apple reveals iBookstore and app for the iPad -- Engadget.jpgUna de las apli­ca­ciones que Apple pre­sen­tó para su nue­vo dis­pos­i­ti­vo fue fue iBooks. Un soft­ware de lec­tura de libros en for­ma­to .epub. Y aquí de nue­vo se plantea de man­era evi­dente lo que quería decir antes. Apple ha pre­tendi­do crear una expe­ri­en­cia estéti­ca de lec­tura. Ha obvi­a­do la tin­ta elec­tróni­ca —todavía no es su momen­to— y ha inten­ta­do crear la expe­ri­en­cia más agrad­able y sim­i­lar a la lec­tura en papel, no ha repro­duci­do las cual­i­dades físi­cas del papel, sino la ‘inter­faz de la lec­tura’. Para ello ha saque­a­do sin piedad dos apli­ca­ciones de cier­ta fama: Deli­cious library para la creación de anaque­les vir­tuales donde alma­ce­nar libros y Clas­sics para repro­ducir el pro­ce­so de lec­tura.

De nue­vo, esto ha pro­duci­do críti­cas por parte de los poten­ciales clientes: cómo se leerá un pdf, por qué pan­talla con retroi­lu­mi­nación y no tin­ta elec­tróni­ca, etc. Y volve­mos con ello al con­cep­to que hay detrás del dis­pos­i­ti­vo: no se tra­ta de que no se pue­da leer un pdf, que se puede, sino de que algún desar­rol­lador cree una apli­cación que repi­ense la man­era que ten­emos de tratar con for­matos que no per­miten un reescal­a­do como el tex­to plano. Eso lle­gará más pron­to que tarde. Se tra­ta de que uno pue­da acced­er a fic­ción y ensayo de man­era direc­ta en su ter­mi­nal, que pue­da leer­los y dis­fru­tar de la lec­tura como un plac­er estéti­co, no como un tra­ba­jo.

A mí, que me dedi­co —por hor­ri­ble que suene— a leer de man­era pro­fe­sion­al, no me resul­ta prác­ti­co. Y no lo es porque la premisa es que no lo sea, no se ha pen­sa­do en el dis­pos­i­ti­vo para eso y, más impor­tante aún, el iPad no es un lec­tor de libros elec­tróni­cos, aunque pue­da cumplir con ese cometi­do.

La AppStore y la creación de ecosistemas para los usuarios.

Una de las cosas real­mente atrayentes del iPad es cómo Apple ha crea­do una inter­faz y un con­jun­to de apli­ca­ciones bási­cas para los usuar­ios. La com­pañía nos ha mostra­do cómo ve al usuario medio de Inter­net y, des­de mi pun­to de vista, la radi­ografía les ha sali­do impeca­ble.

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Eso no impli­ca que cada usuario pue­da hac­er del dis­pos­i­ti­vo lo que quiera medi­ante apli­ca­ciones de ter­ceros. Por ejem­p­lo, el iPad puede ser una her­ramien­ta muy intere­sante para aque­l­los que estén preparan­do una tesis o un libro si se cuen­ta con el mis­mo gestor bib­li­ográ­fi­co que tiene en su com­puta­do­ra que per­mi­ta leer bib­li­ografía en pdf y ano­tar­la y mar­car­la para que luego sea sin­croniza­da y con un edi­tor de tex­tos bási­co que le per­mi­ta hac­er pequeñas cor­rec­ciones en otro ámbito que no sea la mesa de tra­ba­jo, y con un dis­pos­i­ti­vo fácil­mente trans­portable, ligero y energéti­ca­mente efi­ciente.

Lo mis­mo es aplic­a­ble a aque­l­los pro­fe­sion­ales de la fotografía que deban revis­ar una enorme can­ti­dad de fotografías, el dis­pos­i­ti­vo per­mite mar­car y detec­tar posi­bles prob­le­mas tan­to en el momen­to de pre como de pre­pro­duc­ción, prob­le­mas que a veces podrán solu­cionarse con una apli­cación lig­era de retoque fotográ­fi­co en el dis­pos­i­ti­vo y a veces requerirán enviarse al cen­tro de tra­ba­jo para una revisión pos­te­ri­or.

Como cierre, me parece que lo que hoy ha pre­sen­ta­do hoy es una man­i­festación sin­cera de nue­stros hábitos como usuar­ios, dán­dole puer­ta de entra­da a muchos más que todavía descono­cen Inter­net. La for­ma en la que lo ha hecho me parece intere­sante y que­da por ver cuál será la recep­ción del dis­pos­i­ti­vo. Si mi lec­tura es acer­ta­da, Steve Jobs podrá jac­tarse de haber rein­ven­ta­do la infor­máti­ca de con­sumo.

El iPad define de una man­era pre­cisa qué es un usuario de Inter­net actu­al, cuáles son sus necesi­dades, y cómo inter­ac­túa con su medio. En ese sen­ti­do, servirá en unos años para com­pren­der cómo veíamos Inter­net y que tipo de expec­ta­ti­vas teníamos —en tér­mi­nos gen­erales— a la hora de valer­nos de la red como medio comu­nica­ti­vo.

El libro digital, España y el modelo americano

Se ha lev­an­ta­do la polvare­da, como era pre­vis­i­ble, con respec­to al libro dig­i­tal en españa y a la penosa situación de las edi­to­ri­ales patrias con respec­to a él. Me refiero ante todo a la polémi­ca en Twit­ter y a la aira­da entra­da de Mi mesa cojea al respec­to, así como la entra­da de Econec­ta­dos a la que llego por Error500: todo indi­ca que las edi­to­ri­ales han opta­do por el inmovil­is­mo como sucedió con las discográ­fi­cas hace una déca­da, con la difer­en­cia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tec­nológi­co y los usuar­ios ya tienen a su dis­posi­ción todos los medios para la creación de platafor­mas de con­tenidos que pueden ser col­madas de mate­r­i­al en muy poco tiempo.[^1] Se con­funde quien pien­sa, sin embar­go, que los edi­tores españoles no cono­cen el mer­ca­do, saben bien que ese “qui­etismo” es la acti­tud más inteligente a seguir aho­ra, porque bas­ta que suplan las infum­ables ver­siones en for­ma­to .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cote­jadas— en .epub, .pdf o deriva­dos para que pasen a engrosar el catál­o­go de libros piratas —y quien sepa algo de his­to­ria del libro, sabe que es tér­mi­no que ni pin­ta­do—, sola­mente apor­tan­do pér­di­das en un cam­bio de platafor­ma que es, por otro lado, inevitable.

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Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “My Kin­dle 2 now works side­ways”, de jc.westbrook

Es cier­to que el impacto de los lec­tores de libros elec­tróni­cos en España no es com­pa­ra­ble al esta­dounidense, como tam­bién es cier­to que las edi­to­ri­ales españo­las ya deberían estar preparadas para la con­viven­cia del mer­ca­do del papel y del dig­i­tal. Nues­tras edi­to­ri­ales podían haber tenido la vista sufi­ciente como para lan­zar best-sell­ers y clási­cos ano­ta­dos y prepara­dos para estu­di­antes amer­i­canos y británi­cos de español —que los hay a expuer­tas—, algo que aún puede ser un buen cam­po de prue­bas para ellas y les puede apor­tar impor­tantes ben­efi­cios a largo pla­zo. Como sea, lo que plantean las entradas men­cionadas más arri­ba es que las edi­to­ri­ales van a seguir el ejem­p­lo de las discográ­fi­cas, que nos han pre­sen­ta­do un ciclo de pér­di­das enorme —y no quiero dis­cu­tir­lo aquí— has­ta encon­trarse pau­lati­na­mente con un equi­lib­rio entre lo que los usuar­ios deman­dan y las dis­tribuido­ras están dis­pues­tas a ofre­cer. Pero la real­i­dad es que el mer­ca­do de libro cuen­ta con unos ras­gos que, bien aprovecha­dos, pueden lle­var­lo por der­roteros dis­tin­tos.

En primer lugar, el mer­ca­do de la músi­ca tiene poco o nada que ver con el mer­ca­do del libro. Mien­tras que escuchar músi­ca en un iPod o en un orde­nador con una bue­na sal­i­da de sonido tiene poco de dis­tin­to a hac­er­lo en un equipo de alta fidel­i­dad —que me per­do­nen los meló­manos—, leer un libro en soporte dig­i­tal tiene mucho de dis­tin­to al soporte en papel. Hay, claro, ven­ta­jas y desven­ta­jas. Para una per­sona como yo, que se ded­i­ca a los libros —a leer­los y a inten­tar escribir­los—, la ven­ta­ja de poder bus­car una infor­ma­ción conc­re­ta en cualquier momen­to parece de cien­cia fic­ción, y el ahor­ro de tiem­po es con­sid­er­able. Claro que esto no sig­nifi­ca que yo pue­da pro­ducir más o mejor, sino que sen­cil­la­mente ten­go una como­di­dad aña­di­da a la revisión de mis notas de lec­tura. El prob­le­ma que yo le veo a los ebooks en el ámbito académi­co —lo he comen­ta­do más veces— es el for­ma­to: los académi­cos nece­si­ta­mos saber el año de edi­ción, la edi­to­r­i­al y el lugar, el número de pági­na, y demás cosas que el ebook se salta a la tor­era, para ayu­dar a nue­stros lec­tores a encon­trar las ref­er­en­cias que men­cionamos y para que nue­stros lec­tores nos espe­ten a su vez ref­er­en­cias que nos con­tr­a­di­gan. Perder esta man­era, o no apor­tar una nue­va, de ref­er­en­ci­a­do es ina­cept­able y un error a todas luces, maxime cuan­do es fácil­mente subsanable.[^2] No cues­ta imag­i­nar un momen­to en un futuro —lejano o cer­cano— en que los libros académi­cos se publiquen úni­ca­mente en for­ma­to dig­i­tal y estén pla­ga­dos de hiper­vín­cu­los para acced­er de man­era direc­ta a fuentes que antes se men­ciona­ban, sí, y que en un acto de fe, tam­bién, teníamos que dar por bue­nas. Lle­ga­dos a ese pun­to, el ebook mostrará su poten­cial como una her­ramien­ta de estu­dio sin parangón en la his­to­ria del libro, y creo que todos debe­mos con­grat­u­larnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escrit­u­ra de un blog ayu­da mucho —por eso se lo recomien­do a mis cole­gas— y para lo que creo que sería deseable un entre­namien­to especí­fi­co en los pro­gra­mas de doc­tor­a­do actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mun­do de la músi­ca y el mun­do del libro no son iguales y me gus­taría ser un poco más claro al respec­to. Mien­tras que es prác­ti­ca­mente innegable que todo el mun­do escucha y escuch­a­ba músi­ca y quien más o quien menos tiene en su casa un gen­eroso catál­o­go de CDs o mp3, en el caso de los libros es difí­cil­mente negable aque­l­la can­ti­nela impen­i­tente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabri­o­la fan­tás­ti­ca que establece una equiparación entre lec­tura y com­pra de un vol­u­men que, gra­cias a esos sitios leg­en­dar­ios lla­ma­dos bib­liote­cas, sería más que dis­cutible. Leer un libro no requiere las mis­mas destrezas que oír un dis­co o ver una pelícu­la, y hay lec­tores, prob­a­ble­mente los más abne­ga­dos, fieles y tenaces, que bus­can cosas dis­tin­tas a la lit­er­atu­ra de con­sumo, que des­de el siglo XVIII es la que ha dado rédi­tos a las edi­to­ri­ales. Es evi­dente que estas no van a poder evi­tar que Zafón, Rowl­ing, Reverte, Marías, King, Clan­cy y demás jar­ca sean piratea­d­os de man­era inmis­eri­corde, como ya lo lle­van sien­do des­de hace lus­tros; sin embar­go, las edi­to­ri­ales jue­gan con una baza que el mun­do de la músi­ca no pudo explotar, que es el de su fon­do edi­to­r­i­al. Aquí la his­to­ria cam­bia, y mucho, porque esta­mos hablan­do de libros desa­pare­ci­dos que todavía pueden prestar un enorme rendimien­to económi­co con una inver­sión mín­i­ma, puesto que ya están escritos. Hablam­os, en defin­i­ti­va, de un arco tem­po­ral que va del tiem­po de vida útil de un libro en los anaque­les de cualquier libr­ería —soy gen­eroso y obvio el com­er­cio de libros—, entre uno y cin­co años, a la duración de los dere­chos de explotación de la obra o, mutatis mutan­dis de su tra­duc­ción, que depen­di­en­do del país puede ocu­par unos gen­erosos sesen­ta años. Ahí es nada.

La neb­u­losa aquí es en real­i­dad may­or, puesto que antiguas edi­to­ri­ales que cer­raron sus puer­tas hace tiem­po —pien­so en Edi­to­ra Nacional, una trage­dia— vendieron o mal­vendieron los dere­chos de su fon­do a algún oscuro —o lumi­noso, preclaro— edi­tor que ha deci­di­do dejar esas colec­ciones dur­mien­do el sueño de los jus­tos. Un esca­neo, un ocr con­cien­ci­u­do, una cuida­dosa cor­rec­ción —para ade­cuarse al orig­i­nal, no con afán de mejo­rar­lo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maque­tación con­ser­van­do tipo, cuer­po, pag­i­nación y demás y voilá, uno verá que dis­tribuyen­do el archi­vo por unos 8 euros va a encon­trarse con que unos 2.000 pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios des­perdi­ga­dos por el mun­do —es un decir— y un gen­eroso número de estu­di­antes, si aquél­los se ani­man a incor­po­rar el tex­to en sus cur­sos, se com­prarán el libro de mar­ras de la colec­ción. Pong­amos otros 1.000 alum­nos y ya esta­mos en 3.000, que mul­ti­pli­ca­do da la friol­era de 24.000 euros, algo que par­tien­do de la nula pro­duc­ción de ben­efi­cios actu­al haría que al mun­do de los edi­tores les tuviera que apare­cer el sím­bo­lo del euro cen­tel­le­an­do en sus pupi­las. No te cuen­to si nos ofrecier­an la Bib­liote­ca de vision­ar­ios, het­ero­dox­os y mar­gin­a­dos, las obras com­ple­tas de Julio Caro Baro­ja, las de Marceli­no Menén­dez Pelayo, Ramón Menén­dez Pidal, Dáma­so Alon­so, o los mag­nifi­cos estu­dios de José Deleito y Piñuela a un pre­cio espe­cial de lan­za­mien­to.

William Morris - ejemplo de página impresaMen­ciono esto porque sí hay cosas que un edi­tor puede apren­der del mun­do del dis­co: remas­teri­zar obras clási­cas y casi per­di­das. Aquí Google Books, con su fal­ta de cuida­do y amor por el tex­to y por su ren­der­iza­do, jun­to a su pobre sis­tema de búsquedas, ha deja­do una vía abier­ta para los edi­tores en el sen­ti­do clási­co: aque­l­los que ama­ban el libro como obje­to además de como con­tenido. Las opciones del libro elec­tróni­co deben dar la opción de volver a trans­mi­tir ese amor, de reed­u­car estéti­ca­mente al públi­co. Uno puede hac­er un tra­ba­jo de maque­ta­do y com­posi­ción sigu­ien­do el orig­i­nal pero puede ofre­cer anexa una ver­sión ampli­a­da a la que adjun­tar apéndices que per­mi­tan un lec­tura actu­al­iza­da —para eso vale­mos los his­to­ri­adores, los filó­so­fos, los filól­o­gos y demás razas de Mor­dor—, la incor­po­ración de mate­ri­ales de difí­cil acce­so hace cuarenta años y hoy a un click de dis­tan­cia, obje­tos grá­fi­cos y audio­vi­suales, etc. Creo que cuan­do Apple —sien­to men­cionar al san­to de mi devo­ción— anun­ció la creación de iTunes LP esta­ba pen­san­do en una fór­mu­la que a ellos les ha ido bas­tante bien, y que podría adap­tarse de la sigu­iente man­era al mun­do del libro dig­i­tal: es cier­to que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pul­u­lan­do por la red, pero hay una man­era de pre­sen­tar los con­tenidos y unos con­tenidos deter­mi­na­dos que solo pueden ser orga­ni­za­dos por el edi­tor que posee los dere­chos de más obras, es nece­sario crear obje­tos de arte que nadie quiera piratear, tan­to por la platafor­ma en la que se ven como por las ven­ta­jas inher­entes que con­ll­e­va su com­pra. Y creo que todo ello debería ser exci­tante por el reto que supone para el mer­ca­do edi­to­r­i­al. No ha habido un momen­to con may­ores posi­bil­i­dades cre­ati­vas para escritores, dis­eñadores y creadores de con­tenido des­de las pren­sas de William Mor­ris y las obras que pueden pro­ducirse lle­varían la expe­ri­en­cia de la lec­tura y del apren­diza­je a un nue­vo niv­el. Aquí la peri­cia del edi­tor en la selec­ción de los tex­tos para sus colec­ciones, y el tra­ba­jo que durante años la edi­to­r­i­al ha real­iza­do esco­gien­do con mimo sus títu­los se verá enorme­mente rec­om­pen­sa­dos. Espero que la platafor­ma que Apple prepara esté a la altura de dichas posi­bil­i­dades exper­i­men­tales y, de ser así, que no que­den estas en lo anecdóti­co.

La entra­da de Mi mesa cojea men­ciona­da al prin­ci­pio de este tex­to incide en un hecho dis­tin­to al que yo comen­to, al enfo­carse pri­mor­dial­mente a la lit­er­atu­ra de con­sumo. He tenido la posi­bil­i­dad de uti­lizar un Kin­dle y un Nook estos días y, sin­ce­ra­mente, no es la expe­ri­en­cia de lec­tura que bus­co, ni lo que espero para cam­biarme de papel a un dis­pos­i­ti­vo nue­vo. Además de las razones ante­ri­or­mente aduci­das, ten­go claro que no voy a uti­lizar un lec­tor de libros elec­tróni­cos donde su estéti­ca —y me refiero a cues­tiones tipográ­fi­cas, de caja y demás cosas que no tienen por qué pre­ocu­par a todo el mun­do— es como poco aber­rante. Pero la críti­ca de Jose A. Pérez es acer­ta­da, las edi­to­ri­ales deberían ten­er unos con­tenidos a la espera de soporte, y no al con­trario, si el soporte ade­lan­ta a los con­tenidos y las pre­ocu­pa­ciones por el libro como tal son mín­i­mas —uno no sabe qué tra­duc­ción, qué edi­ción y con qué garan­tías la está leyen­do— en un amplio espec­tro de lec­tores, las edi­to­ri­ales van a sufrir con sus títu­los tradi­cional­mente más renta­bles. Quizás sea el momen­to de un cam­bio en el par­a­dig­ma tradi­cional del mer­ca­do librario, que decía que los rédi­tos obtenidos de las obras más ven­di­das servían para pub­licar las obras real­mente impor­tantes y de cal­i­dad, quizás el paso al libro elec­tróni­co per­mi­ta que las edi­to­ri­ales ofrez­can a su públi­co, a pre­cios com­pet­i­tivos, obras raras y her­mosas y que sean estás las que per­mi­tan no su super­viven­cia, sino una nue­va edad dora­da. Por soñar, que no quede.

actu­al­ización: Al hilo del debate algunos blogs han pub­li­ca­do algu­nas entradas de tan­to interés lig­era­mente ante­ri­ores a esta o pos­te­ri­ores. Hago aquí una pequeña lista aprox­i­ma­ti­va de algu­nas de las que me han lla­ma­do más la aten­ción:

* “El miedo a la copia ile­gal deja pasar una opor­tu­nidad de nego­cio con los e-books en España”, en Madrid Pro­gre­sista. Comen­tar­ios en Menéame.
* “Su Bib­lia, seño­ra min­is­tra”, de Blogu­ion­istas. Con una intere­sante apre­ciación de un edi­tor sobre los dere­chos de autor y de explotación de las obras descat­a­lo­gadas.
* De nue­vo sobre los títu­los descat­a­lo­ga­dos, podéis ver esta entra­da de The Pub­lic Domain y los comen­tar­ios en castel­lano en menéame, que dan una bue­na idea de las pos­turas, opin­iones y acti­tudes más difun­di­das en torno al libro dig­i­tal.
* El anteproyec­to de ley de economía sostenibleaquí des­de la pági­na del min­is­te­rio— ofrece bas­tantes respues­tas, de las que muchas son clara­mente anti­con­sti­tu­cionales, a aque­l­los que se pre­ocu­pen por cual será el nue­vo panora­ma en la creación, dis­frute y difusión de copias dig­i­tales por la red. Tenéis artícu­los de opinión al respec­to, en un tono muy sim­i­lar, en Del dere­cho y las nor­mas, Enrique Dans, Merode­an­do, La aldea irre­ductible, Interi­uris, Ver­sus y Error 500.
* “El mun­do edi­to­r­i­al dis­cute cómo con­tro­lar la piratería en el ‘e-book’”, Pedro Val­lín, en La Van­guardia.

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[^1]:
No deja de sor­pren­derme leer algu­nas de las per­las de la entra­da de Econec­ta­dos —«Dime un libro y lo encuen­tro en Google gratis», «lo sien­to por los libreros, pero van a desa­pare­cer ráp­i­da­mente», «los libreros están ame­nazan­do a las edi­to­ri­ales con quitar sus libros de la vista si venden libros elec­tróni­cos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley españo­la que obliga a vender el libro a un pre­cio úni­co para pro­te­ger a las libr­erías pequeñas. Lo sien­to, pero aquí debe haber lib­er­tad; y aho­ra mis­mo en este ter­reno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísi­mas [sic.] libr­erías cer­rarán, lo sien­to por los libreros tradi­cionales pero así es la dig­i­tal­ización que hace más acce­si­ble todo. Podremos leer en segun­dos cualquier libro este­mos donde este­mos», etc.— que, como en el caso de la músi­ca, demues­tran un desconocimien­to abso­lu­to de lo que es un edi­tor, un pro­duc­tor musi­cal, un librero, por no ir ya direc­ta­mente a un tex­to cuida­do, una tra­duc­ción con garan­tías, etc. No seré yo quien defien­da mod­e­los de mer­ca­do caducos ni los abun­dantes abu­sos que hay en los pre­cios de la músi­ca y los libros, pero comien­za a ser exas­per­ante la total fal­ta de conocimien­to en los defen­sores del todograti­sa­ho­ray­porquesí de lo que con­ll­e­va dis­eñar una colec­ción de libros o de dis­cos y lo que hay detrás de pro­ducir­los con el cuida­do nece­sario.

[^2]:
Inclu­so por el número de pal­abra en el tex­to.

Teatro italiano del Renacimiento y del Barroco

Acabo de encon­trarme con una muy bue­na colec­ción de tex­tos dramáti­cos ital­ianos de los sig­los xvi y xvii, todos ellos dig­i­tal­iza­dos en pdf con una cal­i­dad exce­lente. El tra­ba­jo de con­ver­sión de los volúmenes lo ha lle­va­do a cabo la Bib­liote­ca de la Uni­ver­sità degli Stu­di di Tori­no bajo la direc­ción de Clau­dio Rug­geri y Ali­gi Miche­lis y puede encon­trarse su motor de búsque­da aquí.


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El número de volúmenes dig­i­tal­iza­dos es de 720 que con­tienen la nada des­pre­cia­ble cifra de 1076 obras. Se tra­ta, por tan­to, de uno de los repos­i­to­rios de teatro ital­iano rena­cen­tista más impor­tantes en Inter­net. La Uni­ver­si­dad de Turín se hizo con las obras, que provienen de tres colec­ciones dis­tin­tas —la Cavri­ani, la Melziana y la Quer­zo­la—, en la déca­da de los 50. Estas tres colec­ciones con­for­man un cor­pus valiosísi­mo para el estu­dio de las dis­tin­tas man­i­festa­ciones dramáti­cas de la época —come­dia, trage­dia, pas­torales, églo­gas, etc.— y, además, ofre­cen un panora­ma com­pre­hen­si­vo de las obras más leí­das, rep­re­sen­tadas y tra­duci­das en la Italia del peri­o­do. El con­jun­to puede dividirse en:

* obras dramáti­cas ital­ianas de los sig­los XVI y XVII de muy dis­tin­tos géneros. Es la más numerosa, evi­den­te­mente, y cuen­ta con obras de Bernar­do Accolti, Pietro Aretino, Lodovi­co Arios­to, Domeni­co Bar­bi, Francesco Berni, Mateo Maria Boiar­do, Anto­nio Carac­ci­o­lo, Anni­bal Caro, Gian­maria Cec­chi, Gio­van Bat­tista del­la Por­ta, Lodovi­co Dolce, Gio­van­bat­tista Gel­li, Giral­di Cinthio, Gio­van Bat­tista Guar­i­ni, Gio­van Francesco Loredano, Gio­van Ange­lo Lot­ti­ni, Sci­p­i­one Maf­fei, Giro­lamo Para­bosco, Alessan­dro Pic­colo­mi­ni, Gio­van­ni Rucel­lai, Sper­one Sper­oni y Torqua­to Tas­so entre muchos otros.

* tra­duc­ciones de obras dramáti­cas clási­cas y con­tem­poráneas, donde apare­cen Aristó­fanes, Plau­to, Teren­cio, Séneca, Fer­nan­do de Rojas, Jacques Autreau o Molière (no, no está Lope).

* tex­tos de poéti­ca. Aunque no muchos, puede encon­trarse la dis­pu­ta en torno al Canace de Sper­one Sper­oni, que pasa por ser la más impor­tante del Cinque­cen­to sobre la trage­dia. Tam­bién está la Poet­i­ca de Gia­son Denores y el Del­la poe­sia rap­p­re­sen­ta­ti­va & del modo di rap­p­re­sentare le fav­ole sceniche, de Ange­lo Ingeg­nieri.

Si os intere­sa ver el lis­ta­do com­ple­to de autores y obras, no tenéis más que pin­char en este enlace. Yo me he enter­a­do por Bib­lios­to­ria.

Para quienes quier­an dar cier­to orden al caos que supone tal y tan bue­na recolec­ción de obras, exis­ten algu­nas opciones gra­tu­itas en Inter­net que pueden servir como intro­duc­ción al teatro ital­iano del Cinque­cen­to. Ofrez­co un pequeño lis­ta­do de lo que Inter­net alber­ga a estos efec­tos:

* Diodoro Gras­so, L’Aretino e le sue comme­die: Une pag­i­na del­la vita morale del Cinque­cen­to, Paler­mo: Alber­to Reber, 1900.
* Michele Bian­cale, La trage­dia ital­iana nel Cinque­cen­to. Stu­di let­ter­ari con una let­tera all’Autore del Prof. con­te Ange­lo de Guber­natis, Roma: Tipografia Capi­toli­na D. Battarel­li, 1901.
* Fer­di­nan­do Neri, La trage­dia ital­iana del Cinque­cen­to, Firen­ze: Tipografia Cal­let­ti e Coc­ci, 1904.
* L’ultimo tragè­do del cinque­cen­to: Pom­poni Torel­li (1539–1608), Napoli: Stab. Tipografi­co del­la R. Uni­ver­sità, 1907.
* Ire­neo Sane­si, Comme­die del Cinque­cen­to, Bari: Lat­erza, 1912. Vol­u­men I y Vol­u­men II.
* Antonel­la Lom­mi, Par­ma: Uni­copli — Dipar­ti­men­to di Ital­ian­is­ti­ca, Uni­ver­sità degli Stu­di di Par­ma, 2008.

Y ya que he men­ciona­do a Fer­nan­do de Rojas, me entero por Mar­cos Taraci­do, de Libro de Notas, que todos los números de Celesti­nesca están disponibles de man­era gra­tui­ta para su descar­ga y dis­frute en la pági­na de Par­naseo.

Inventarios de Bibliotecas Medievales Italianas

La sis­mel (Soci­etá Inter­nazionale per lo Stu­dio del Medio­e­vo Lati­no), bajo los aus­pi­cios del Min­is­te­rio per i Beni e le Attiv­ità Cul­tur­ali, jun­to con la Direzione Gen­erale per i Beni Librari y los Isti­tu­ti Cul­tur­ali ed il Dirit­to d’Autore, puso hace tiem­po en la pági­na de la Bib­liote­ca Dig­i­tale Ital­iana un recur­so de enorme util­i­dad para aque­l­los intere­sa­dos en la cul­tura medieval y rena­cen­tista.

Los Inven­tari delle bib­lioteche medievali ital­iane (sec. IX -XVI) son una enorme can­ti­dad de recur­sos —mono­grafías, lis­ta­dos bib­li­ográ­fi­cos, estu­dios de con­jun­to y catál­o­gos— que pueden descar­garse de man­era gra­tui­ta para su con­sul­ta. Lo que el sis­mel ha hecho ha sido dig­i­talizar 389 doc­u­men­tos —entre mono­grafías y artícu­los— y subir­los en pági­nas indi­vid­uales en jpeg. Para aque­l­los que uséis Win­dows o Lin­ux, sabéis que la con­ver­sión de var­ios jpeg en un solo pdf es una operación muy sen­cil­la, al igual que en OSX.

El caso es que podéis encon­trar, entre muchas otras cosas, el inven­tario clási­co de Anto­nio Man­fre­di sobre la bib­liote­ca del papa Nicolás V, o el artícu­lo de Anto­nio Alta­mu­ra sobre la bib­liote­ca aragone­sa de Gio­van Mar­co Cini­co.

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Ima­gen deriva­da a par­tir de licen­cia Cre­ative Com­mons. Orig­i­nal: “Old Book­shelf”, por Mararie

Por lo que he podi­do ver, muchos de los doc­u­men­tos dis­tan de estar com­ple­tos, como, por ejem­p­lo, el estu­dio de Alfon­so D’Amato sobre los domini­cos en la Uni­ver­si­dad de Bolo­nia, el utilísi­mo tra­ba­jo de Arman­do Verde sobre el Estu­dio flo­renti­no entre 1473 y 1503 o el clási­co de Chris­t­ian Bec sobre los libros de los flo­renti­nos en los sig­los XV y XVI. El moti­vo de las muti­la­ciones, para ser fran­cos, se me escapa. En un primer momen­to pen­sé que lo que habían hecho era copi­ar sim­ple­mente los catál­o­gos y declara­ciones de pat­ri­mo­nio bib­li­ográ­fi­co del peri­o­do, pero pos­te­ri­or­mente vi —en Let­ter­atu­ra e cul­tura veneziana del Quat­tro­cen­to, de Bruno Nar­di, por ejem­p­lo— que estos mis­mos lis­ta­dos tam­poco esta­ban com­ple­tos.

Quizás esté rela­ciona­do con dere­chos de autor o quizás haya una ori­entación temáti­ca en las selec­ciones —algo que dudo por los que he podi­do hojear—; des­de luego, ni la pági­na web del proyec­to, ni la ficha en Michael, ni la blo­gos­fera ofre­cen una respues­ta sat­is­fac­to­ria. Si alguien conoce este proyec­to y sabe el moti­vo y si va a ten­er con­tinuidad, le estaría enorme­mente agrade­ci­do de que me infor­mara.

En fin, os deseo que encon­tréis algo de vue­stro interés —y com­ple­to— en este catál­o­go.

Jean Seznec — The Survival of the Pagan Gods

Los orí­genes y el desar­rol­lo de la cul­tura occi­den­tal difí­cil­mente podrían com­pren­der­se sin acud­ir a los mitos. el estu­dio de la mitología y la mitografía enseña que muchos de ellos no han recor­ri­do un camino libre de obstácu­los, ni de mod­i­fi­ca­ciones, a lo largo del tiem­po. Den­tro de las con­tadas his­to­rias que anal­izan su evolu­ción intere­sa­da y su cam­bio azaroso se encuen­tra The Sur­vival of the Pagan Gods, de Jean Seznec, ocu­pa­da en inves­ti­gar la relación que la cul­tura cris­tiana medieval mantiene con los mitos paganos. La relación entre ambas cul­turas gen­era mod­i­fi­ca­ciones de impor­tan­cia en la trans­misión del mito y en su nat­u­raleza históri­ca, mod­i­fi­ca­ciones que no solo tienen impor­tan­cia para la antropología y la his­to­ria cul­tur­al, sino que deter­mi­nan cier­tos mecan­is­mos que dan per­fil a algo que podríamos denom­i­nar cul­tura euro­pea.

La obra de Seznec es un clási­co y una bue­na entra­da a la his­to­ria int­elec­tu­al y cul­tur­al, y a su vez la man­i­festación de un pro­gra­ma social y una vol­un­tad políti­ca deter­mi­nadas. Redac­ta­da en francés —La sur­vivance des dieux antiques. Essai sur le rôle de la tra­di­tion mythologique
dans l’Humanisme et dans l’art de la Renais­sance
(1940)—, su pub­li­cación cor­rió a car­go del War­burg Insti­tute, poco después de que la famil­ia War­burg y los emplea­d­os de la insti­tu­ción trasladaran la bib­liote­ca y el cen­tro de inves­ti­gación a Lon­dres huyen­do de la Ale­ma­nia nazi. Quizás sin pre­tender­lo, la obra se con­vierte en uno de los pilares que asien­tan la insti­tu­ción en un nue­vo país y en una nue­va cir­cun­stan­cia. Por supuesto, tras ella ven­drán ver­daderas proezas int­elec­tuales pub­li­cadas en dis­tin­tas casas edi­to­ri­ales como Lit­er­atu­ra Euro­pea y Edad Media Lati­na (1948) de Ernst Robert Cur­tius, quien soportó con entereza la pre­sión del rég­i­men nazi en su cát­e­dra de Bonn y man­tu­vo una inten­sa cor­re­spon­den­cia con Gertrud Bing durante el dominio y la caí­da del Ter­cer Reich; o Míme­sis de Erich Auer­bach, escri­ta en su primer exilio en Estam­bul antes de trasladarse al defin­i­ti­vo: Esta­dos Unidos.

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A pesar de las muchas difer­en­cias exis­tentes entre los tres autores —Cur­tius per­maneció en la Ale­ma­nia Nazi, Auer­bach murió exil­i­a­do en Esta­dos Unidos, y Seznec fue, aparte de un eru­di­to, un com­bat­iente en el ejérci­to francés durante la guer­ra— y sus obras, las tres com­parten la vol­un­tad de estable­cer par­a­dig­mas den­tro de la cul­tura euro­pea y alu­den a un lega­do des­de el que pen­sar la recon­struc­ción de un con­ti­nente aso­la­do por la guer­ra. No leer­las tenien­do esto en cuen­ta impli­ca desvir­tu­ar no solo su con­tenido, sino uno de las más impor­tantes misiones del his­to­ri­ador y el eru­di­to: la creación de un sen­ti­do frente al con­stante rui­do del mun­do y su bar­barie.

Si algo rep­re­sen­ta un libro, es pre­cisa­mente la vol­un­tad de sen­ti­do del lengua­je frente al caos de la per­cep­ción. Todo tex­to es de algu­na man­era una cos­mología y todas las “grandes” reli­giones se fun­dan y se ali­men­tan del libro. Quizás otro día sea con­ve­niente, a la vista de los acon­tec­imien­tos, hac­er ref­er­en­cia a otras obras que se han esforza­do por demostrar la exquisi­ta y pro­duc­ti­va relación que la cul­tura judía y la cul­tura musul­mana han man­tenido durante sig­los. Y quizás en algún momen­to fuera enorme­mente pro­duc­ti­vo que esta his­to­ria se escri­biera sobre los mitos, sobre la tropología y sobre las fábu­las que tran­si­tan entre ambos mun­dos, no sobre sus dios­es o sobre usuras par­tic­u­lares. Habrá quien piense en la nula util­i­dad de la tarea, y habrá quien entien­da que vivi­mos en un mun­do cada vez más ter­ri­ble —diga lo que diga Stein­er— por la fal­ta de cul­tura… y que es esta en últi­ma instan­cia la que nos hace con­tro­lables y pro­clives a servir los intere­ses de una con­fe­sión, una cor­po­ración o una ban­dera.

La edi­ción ingle­sa del libro de Jean Seznec puede descar­garse de man­era gra­tui­ta aquí, es un rega­lo de los dios­es, así que espero que lo dis­frutéis.

Para aque­l­los que queráis saber más sobre su autor, os recomien­do que le echéis un vis­ta­zo a la bib­li­ografía recomen­da­da en el Dic­tio­nary of Art His­to­ri­ans. Si os intere­sa una tra­duc­ción castel­lana, aún puede encon­trarse un ejem­plar de la edi­ción de Tau­rus en Abe­books.

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