Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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El libro digital, España y el modelo americano

Se ha lev­an­ta­do la polvare­da, como era pre­vis­i­ble, con respec­to al libro dig­i­tal en españa y a la penosa situación de las edi­to­ri­ales patrias con respec­to a él. Me refiero ante todo a la polémi­ca en Twit­ter y a la aira­da entra­da de Mi mesa cojea al respec­to, así como la entra­da de Econec­ta­dos a la que llego por Error500: todo indi­ca que las edi­to­ri­ales han opta­do por el inmovil­is­mo como sucedió con las discográ­fi­cas hace una déca­da, con la difer­en­cia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tec­nológi­co y los usuar­ios ya tienen a su dis­posi­ción todos los medios para la creación de platafor­mas de con­tenidos que pueden ser col­madas de mate­r­i­al en muy poco tiempo.[^1] Se con­funde quien pien­sa, sin embar­go, que los edi­tores españoles no cono­cen el mer­ca­do, saben bien que ese “qui­etismo” es la acti­tud más inteligente a seguir aho­ra, porque bas­ta que suplan las infum­ables ver­siones en for­ma­to .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cote­jadas— en .epub, .pdf o deriva­dos para que pasen a engrosar el catál­o­go de libros piratas —y quien sepa algo de his­to­ria del libro, sabe que es tér­mi­no que ni pin­ta­do—, sola­mente apor­tan­do pér­di­das en un cam­bio de platafor­ma que es, por otro lado, inevitable.

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Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “My Kin­dle 2 now works side­ways”, de jc.westbrook

Es cier­to que el impacto de los lec­tores de libros elec­tróni­cos en España no es com­pa­ra­ble al esta­dounidense, como tam­bién es cier­to que las edi­to­ri­ales españo­las ya deberían estar preparadas para la con­viven­cia del mer­ca­do del papel y del dig­i­tal. Nues­tras edi­to­ri­ales podían haber tenido la vista sufi­ciente como para lan­zar best-sell­ers y clási­cos ano­ta­dos y prepara­dos para estu­di­antes amer­i­canos y británi­cos de español —que los hay a expuer­tas—, algo que aún puede ser un buen cam­po de prue­bas para ellas y les puede apor­tar impor­tantes ben­efi­cios a largo pla­zo. Como sea, lo que plantean las entradas men­cionadas más arri­ba es que las edi­to­ri­ales van a seguir el ejem­p­lo de las discográ­fi­cas, que nos han pre­sen­ta­do un ciclo de pér­di­das enorme —y no quiero dis­cu­tir­lo aquí— has­ta encon­trarse pau­lati­na­mente con un equi­lib­rio entre lo que los usuar­ios deman­dan y las dis­tribuido­ras están dis­pues­tas a ofre­cer. Pero la real­i­dad es que el mer­ca­do de libro cuen­ta con unos ras­gos que, bien aprovecha­dos, pueden lle­var­lo por der­roteros dis­tin­tos.

En primer lugar, el mer­ca­do de la músi­ca tiene poco o nada que ver con el mer­ca­do del libro. Mien­tras que escuchar músi­ca en un iPod o en un orde­nador con una bue­na sal­i­da de sonido tiene poco de dis­tin­to a hac­er­lo en un equipo de alta fidel­i­dad —que me per­do­nen los meló­manos—, leer un libro en soporte dig­i­tal tiene mucho de dis­tin­to al soporte en papel. Hay, claro, ven­ta­jas y desven­ta­jas. Para una per­sona como yo, que se ded­i­ca a los libros —a leer­los y a inten­tar escribir­los—, la ven­ta­ja de poder bus­car una infor­ma­ción conc­re­ta en cualquier momen­to parece de cien­cia fic­ción, y el ahor­ro de tiem­po es con­sid­er­able. Claro que esto no sig­nifi­ca que yo pue­da pro­ducir más o mejor, sino que sen­cil­la­mente ten­go una como­di­dad aña­di­da a la revisión de mis notas de lec­tura. El prob­le­ma que yo le veo a los ebooks en el ámbito académi­co —lo he comen­ta­do más veces— es el for­ma­to: los académi­cos nece­si­ta­mos saber el año de edi­ción, la edi­to­r­i­al y el lugar, el número de pági­na, y demás cosas que el ebook se salta a la tor­era, para ayu­dar a nue­stros lec­tores a encon­trar las ref­er­en­cias que men­cionamos y para que nue­stros lec­tores nos espe­ten a su vez ref­er­en­cias que nos con­tr­a­di­gan. Perder esta man­era, o no apor­tar una nue­va, de ref­er­en­ci­a­do es ina­cept­able y un error a todas luces, maxime cuan­do es fácil­mente subsanable.[^2] No cues­ta imag­i­nar un momen­to en un futuro —lejano o cer­cano— en que los libros académi­cos se publiquen úni­ca­mente en for­ma­to dig­i­tal y estén pla­ga­dos de hiper­vín­cu­los para acced­er de man­era direc­ta a fuentes que antes se men­ciona­ban, sí, y que en un acto de fe, tam­bién, teníamos que dar por bue­nas. Lle­ga­dos a ese pun­to, el ebook mostrará su poten­cial como una her­ramien­ta de estu­dio sin parangón en la his­to­ria del libro, y creo que todos debe­mos con­grat­u­larnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escrit­u­ra de un blog ayu­da mucho —por eso se lo recomien­do a mis cole­gas— y para lo que creo que sería deseable un entre­namien­to especí­fi­co en los pro­gra­mas de doc­tor­a­do actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mun­do de la músi­ca y el mun­do del libro no son iguales y me gus­taría ser un poco más claro al respec­to. Mien­tras que es prác­ti­ca­mente innegable que todo el mun­do escucha y escuch­a­ba músi­ca y quien más o quien menos tiene en su casa un gen­eroso catál­o­go de CDs o mp3, en el caso de los libros es difí­cil­mente negable aque­l­la can­ti­nela impen­i­tente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabri­o­la fan­tás­ti­ca que establece una equiparación entre lec­tura y com­pra de un vol­u­men que, gra­cias a esos sitios leg­en­dar­ios lla­ma­dos bib­liote­cas, sería más que dis­cutible. Leer un libro no requiere las mis­mas destrezas que oír un dis­co o ver una pelícu­la, y hay lec­tores, prob­a­ble­mente los más abne­ga­dos, fieles y tenaces, que bus­can cosas dis­tin­tas a la lit­er­atu­ra de con­sumo, que des­de el siglo XVIII es la que ha dado rédi­tos a las edi­to­ri­ales. Es evi­dente que estas no van a poder evi­tar que Zafón, Rowl­ing, Reverte, Marías, King, Clan­cy y demás jar­ca sean piratea­d­os de man­era inmis­eri­corde, como ya lo lle­van sien­do des­de hace lus­tros; sin embar­go, las edi­to­ri­ales jue­gan con una baza que el mun­do de la músi­ca no pudo explotar, que es el de su fon­do edi­to­r­i­al. Aquí la his­to­ria cam­bia, y mucho, porque esta­mos hablan­do de libros desa­pare­ci­dos que todavía pueden prestar un enorme rendimien­to económi­co con una inver­sión mín­i­ma, puesto que ya están escritos. Hablam­os, en defin­i­ti­va, de un arco tem­po­ral que va del tiem­po de vida útil de un libro en los anaque­les de cualquier libr­ería —soy gen­eroso y obvio el com­er­cio de libros—, entre uno y cin­co años, a la duración de los dere­chos de explotación de la obra o, mutatis mutan­dis de su tra­duc­ción, que depen­di­en­do del país puede ocu­par unos gen­erosos sesen­ta años. Ahí es nada.

La neb­u­losa aquí es en real­i­dad may­or, puesto que antiguas edi­to­ri­ales que cer­raron sus puer­tas hace tiem­po —pien­so en Edi­to­ra Nacional, una trage­dia— vendieron o mal­vendieron los dere­chos de su fon­do a algún oscuro —o lumi­noso, preclaro— edi­tor que ha deci­di­do dejar esas colec­ciones dur­mien­do el sueño de los jus­tos. Un esca­neo, un ocr con­cien­ci­u­do, una cuida­dosa cor­rec­ción —para ade­cuarse al orig­i­nal, no con afán de mejo­rar­lo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maque­tación con­ser­van­do tipo, cuer­po, pag­i­nación y demás y voilá, uno verá que dis­tribuyen­do el archi­vo por unos 8 euros va a encon­trarse con que unos 2.000 pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios des­perdi­ga­dos por el mun­do —es un decir— y un gen­eroso número de estu­di­antes, si aquél­los se ani­man a incor­po­rar el tex­to en sus cur­sos, se com­prarán el libro de mar­ras de la colec­ción. Pong­amos otros 1.000 alum­nos y ya esta­mos en 3.000, que mul­ti­pli­ca­do da la friol­era de 24.000 euros, algo que par­tien­do de la nula pro­duc­ción de ben­efi­cios actu­al haría que al mun­do de los edi­tores les tuviera que apare­cer el sím­bo­lo del euro cen­tel­le­an­do en sus pupi­las. No te cuen­to si nos ofrecier­an la Bib­liote­ca de vision­ar­ios, het­ero­dox­os y mar­gin­a­dos, las obras com­ple­tas de Julio Caro Baro­ja, las de Marceli­no Menén­dez Pelayo, Ramón Menén­dez Pidal, Dáma­so Alon­so, o los mag­nifi­cos estu­dios de José Deleito y Piñuela a un pre­cio espe­cial de lan­za­mien­to.

William Morris - ejemplo de página impresaMen­ciono esto porque sí hay cosas que un edi­tor puede apren­der del mun­do del dis­co: remas­teri­zar obras clási­cas y casi per­di­das. Aquí Google Books, con su fal­ta de cuida­do y amor por el tex­to y por su ren­der­iza­do, jun­to a su pobre sis­tema de búsquedas, ha deja­do una vía abier­ta para los edi­tores en el sen­ti­do clási­co: aque­l­los que ama­ban el libro como obje­to además de como con­tenido. Las opciones del libro elec­tróni­co deben dar la opción de volver a trans­mi­tir ese amor, de reed­u­car estéti­ca­mente al públi­co. Uno puede hac­er un tra­ba­jo de maque­ta­do y com­posi­ción sigu­ien­do el orig­i­nal pero puede ofre­cer anexa una ver­sión ampli­a­da a la que adjun­tar apéndices que per­mi­tan un lec­tura actu­al­iza­da —para eso vale­mos los his­to­ri­adores, los filó­so­fos, los filól­o­gos y demás razas de Mor­dor—, la incor­po­ración de mate­ri­ales de difí­cil acce­so hace cuarenta años y hoy a un click de dis­tan­cia, obje­tos grá­fi­cos y audio­vi­suales, etc. Creo que cuan­do Apple —sien­to men­cionar al san­to de mi devo­ción— anun­ció la creación de iTunes LP esta­ba pen­san­do en una fór­mu­la que a ellos les ha ido bas­tante bien, y que podría adap­tarse de la sigu­iente man­era al mun­do del libro dig­i­tal: es cier­to que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pul­u­lan­do por la red, pero hay una man­era de pre­sen­tar los con­tenidos y unos con­tenidos deter­mi­na­dos que solo pueden ser orga­ni­za­dos por el edi­tor que posee los dere­chos de más obras, es nece­sario crear obje­tos de arte que nadie quiera piratear, tan­to por la platafor­ma en la que se ven como por las ven­ta­jas inher­entes que con­ll­e­va su com­pra. Y creo que todo ello debería ser exci­tante por el reto que supone para el mer­ca­do edi­to­r­i­al. No ha habido un momen­to con may­ores posi­bil­i­dades cre­ati­vas para escritores, dis­eñadores y creadores de con­tenido des­de las pren­sas de William Mor­ris y las obras que pueden pro­ducirse lle­varían la expe­ri­en­cia de la lec­tura y del apren­diza­je a un nue­vo niv­el. Aquí la peri­cia del edi­tor en la selec­ción de los tex­tos para sus colec­ciones, y el tra­ba­jo que durante años la edi­to­r­i­al ha real­iza­do esco­gien­do con mimo sus títu­los se verá enorme­mente rec­om­pen­sa­dos. Espero que la platafor­ma que Apple prepara esté a la altura de dichas posi­bil­i­dades exper­i­men­tales y, de ser así, que no que­den estas en lo anecdóti­co.

La entra­da de Mi mesa cojea men­ciona­da al prin­ci­pio de este tex­to incide en un hecho dis­tin­to al que yo comen­to, al enfo­carse pri­mor­dial­mente a la lit­er­atu­ra de con­sumo. He tenido la posi­bil­i­dad de uti­lizar un Kin­dle y un Nook estos días y, sin­ce­ra­mente, no es la expe­ri­en­cia de lec­tura que bus­co, ni lo que espero para cam­biarme de papel a un dis­pos­i­ti­vo nue­vo. Además de las razones ante­ri­or­mente aduci­das, ten­go claro que no voy a uti­lizar un lec­tor de libros elec­tróni­cos donde su estéti­ca —y me refiero a cues­tiones tipográ­fi­cas, de caja y demás cosas que no tienen por qué pre­ocu­par a todo el mun­do— es como poco aber­rante. Pero la críti­ca de Jose A. Pérez es acer­ta­da, las edi­to­ri­ales deberían ten­er unos con­tenidos a la espera de soporte, y no al con­trario, si el soporte ade­lan­ta a los con­tenidos y las pre­ocu­pa­ciones por el libro como tal son mín­i­mas —uno no sabe qué tra­duc­ción, qué edi­ción y con qué garan­tías la está leyen­do— en un amplio espec­tro de lec­tores, las edi­to­ri­ales van a sufrir con sus títu­los tradi­cional­mente más renta­bles. Quizás sea el momen­to de un cam­bio en el par­a­dig­ma tradi­cional del mer­ca­do librario, que decía que los rédi­tos obtenidos de las obras más ven­di­das servían para pub­licar las obras real­mente impor­tantes y de cal­i­dad, quizás el paso al libro elec­tróni­co per­mi­ta que las edi­to­ri­ales ofrez­can a su públi­co, a pre­cios com­pet­i­tivos, obras raras y her­mosas y que sean estás las que per­mi­tan no su super­viven­cia, sino una nue­va edad dora­da. Por soñar, que no quede.

actu­al­ización: Al hilo del debate algunos blogs han pub­li­ca­do algu­nas entradas de tan­to interés lig­era­mente ante­ri­ores a esta o pos­te­ri­ores. Hago aquí una pequeña lista aprox­i­ma­ti­va de algu­nas de las que me han lla­ma­do más la aten­ción:

* “El miedo a la copia ile­gal deja pasar una opor­tu­nidad de nego­cio con los e-books en España”, en Madrid Pro­gre­sista. Comen­tar­ios en Menéame.
* “Su Bib­lia, seño­ra min­is­tra”, de Blogu­ion­istas. Con una intere­sante apre­ciación de un edi­tor sobre los dere­chos de autor y de explotación de las obras descat­a­lo­gadas.
* De nue­vo sobre los títu­los descat­a­lo­ga­dos, podéis ver esta entra­da de The Pub­lic Domain y los comen­tar­ios en castel­lano en menéame, que dan una bue­na idea de las pos­turas, opin­iones y acti­tudes más difun­di­das en torno al libro dig­i­tal.
* El anteproyec­to de ley de economía sostenibleaquí des­de la pági­na del min­is­te­rio— ofrece bas­tantes respues­tas, de las que muchas son clara­mente anti­con­sti­tu­cionales, a aque­l­los que se pre­ocu­pen por cual será el nue­vo panora­ma en la creación, dis­frute y difusión de copias dig­i­tales por la red. Tenéis artícu­los de opinión al respec­to, en un tono muy sim­i­lar, en Del dere­cho y las nor­mas, Enrique Dans, Merode­an­do, La aldea irre­ductible, Interi­uris, Ver­sus y Error 500.
* “El mun­do edi­to­r­i­al dis­cute cómo con­tro­lar la piratería en el ‘e-book’”, Pedro Val­lín, en La Van­guardia.

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[^1]:
No deja de sor­pren­derme leer algu­nas de las per­las de la entra­da de Econec­ta­dos —«Dime un libro y lo encuen­tro en Google gratis», «lo sien­to por los libreros, pero van a desa­pare­cer ráp­i­da­mente», «los libreros están ame­nazan­do a las edi­to­ri­ales con quitar sus libros de la vista si venden libros elec­tróni­cos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley españo­la que obliga a vender el libro a un pre­cio úni­co para pro­te­ger a las libr­erías pequeñas. Lo sien­to, pero aquí debe haber lib­er­tad; y aho­ra mis­mo en este ter­reno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísi­mas [sic.] libr­erías cer­rarán, lo sien­to por los libreros tradi­cionales pero así es la dig­i­tal­ización que hace más acce­si­ble todo. Podremos leer en segun­dos cualquier libro este­mos donde este­mos», etc.— que, como en el caso de la músi­ca, demues­tran un desconocimien­to abso­lu­to de lo que es un edi­tor, un pro­duc­tor musi­cal, un librero, por no ir ya direc­ta­mente a un tex­to cuida­do, una tra­duc­ción con garan­tías, etc. No seré yo quien defien­da mod­e­los de mer­ca­do caducos ni los abun­dantes abu­sos que hay en los pre­cios de la músi­ca y los libros, pero comien­za a ser exas­per­ante la total fal­ta de conocimien­to en los defen­sores del todograti­sa­ho­ray­porquesí de lo que con­ll­e­va dis­eñar una colec­ción de libros o de dis­cos y lo que hay detrás de pro­ducir­los con el cuida­do nece­sario.

[^2]:
Inclu­so por el número de pal­abra en el tex­to.

¿Podrá soportar España 4.000.000 de bajas de clientes de banda ancha?

Cerca de cua­tro mil­lones de ciu­dadanos no pueden acced­er a la ban­da ancha en España en fun­ción de su sitio de res­i­den­cia; a este indi­cador neg­a­ti­vo para el desar­rol­lo de la Sociedad de la Infor­ma­ción en España, se le podrían sumar bajas masi­vas de clientes del Adsl más lento y caro de Europa.

Las enti­dades rep­re­sen­ta­ti­vas de la comu­nidad inter­nau­ta, los pro­fe­sion­ales y los con­sum­i­dores infor­máti­cos en España esti­man en cua­tro mil­lones la cifra de clientes de ban­da ancha -Adsl y cable-modem- que podrían darse de baja, si final­mente se con­fir­ma el acuer­do que Red­Tel las sociedades de gestión de los dere­chos de autor, aban­der­adas por la Sgae, para que en España se dé tres avi­sos antes de desconec­tar o ralen­ti­zar la conex­ión a Inter­net por usar redes P2P. A la dis­min­u­ción de ingre­sos se sumarían las posi­bles ind­em­niza­ciones que podrían derivarse por incumplim­ien­to de con­tra­to de las oper­ado­ras y las san­ciones aplic­a­bles en base a los artícu­los 8 (“Restric­ciones a la prestación de ser­vi­cios y pro­ced­imien­to de coop­eración intra­co­mu­ni­tario”) y 11 (“Deber de colab­o­ración de los presta­dores de ser­vi­cios de inter­me­diación”) de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Ser­vi­cios de la Sociedad de la Infor­ma­ción y de Com­er­cio Elec­tróni­co, mod­i­fi­ca­do por la Ley 56/2007, de 28 de diciem­bre, de Medi­das de Impul­so de la Sociedad de la Infor­ma­ción.

Mien­tras las oper­ado­ras de tele­co­mu­ni­ca­ciones tratan de sortear la cri­sis, las sociedades de gestión de los dere­chos de autor, inten­tan con­seguir preben­das para las empre­sas pro­duc­toras de con­tenidos tratan­do de con­vencer a todo el mun­do de que el inter­cam­bio de archivos entre par­tic­u­lares por Inter­net es un acto delic­ti­vo y que supone fuertes pér­di­das al sec­tor de entreten­imien­to.

Sin embar­go tan­to la fis­calía como las sen­ten­cias dic­tadas estable­cen que el inter­cam­bio de archivos con copy­right restric­ti­vo por redes P2P no es un deli­to y no es punible de ningu­na for­ma cuan­do se tra­ta de archivos públi­cos o bajo licen­cias copy­left (la may­oría de los casos)

Las propias enti­dades de gestión de dere­chos de autor han recono­ci­do en el “Informe de la indus­tria de con­tenidos en España“, pub­li­ca­do por ASIMELEC, que no hay una baja­da de ingre­sos en el sec­tor y que solo la músi­ca tiene un retro­ce­so en la ven­ta a través del canal tradi­cional (aunque no se infor­ma del aumen­to de ingre­sos por, entre otros, actua­ciones en direc­to, descar­gas y pub­li­ci­dad)

Lo cier­to es que las nego­cia­ciones que se están lle­van­do a cabo bajo el aus­pi­cio del Min­is­te­rio de Cul­tura, pueden supon­er que algu­nas de las empre­sas más sol­ventes y con may­or capaci­dad tec­nológ­i­ca de España empiecen a perder clientes a mar­chas forzadas. Lo que reper­cu­tirá en su cuen­ta de resul­ta­dos y en su capaci­dad de man­ten­er el empleo.

Pero lo más grave es que un acuer­do de esta nat­u­raleza aten­ta con­tra la libre com­pe­ten­cia, fre­na en seco el acce­so a la Sociedad de la Infor­ma­ción en España menosca­ban­do los dere­chos civiles de los ciu­dadanos y ale­jan­do aún más el dere­cho con­sti­tu­cional de acce­so a la cul­tura y al conocimien­to.

Fir­ma­do: Fic­ta elo­quen­tia y 2570 fir­mas más (por el momen­to). Pon la tuya pub­li­can­do el tex­to en tu blog.

Las 20 razones que harán de 2009 el año del libro digital

La entra­da que estáis a pun­to de leer es una tra­duc­ción más o menos libre de un artícu­lo escrito por chris andrews y pub­li­ca­do el 1 de enero por gutemberg.com. No me gus­ta demasi­a­do repe­tir con­tenidos ya disponibles en la red, pero me parece que muchas las ideas que Andrews apor­ta al futuro del Ebook ya han sido tratadas en este blog y le dan a las entradas un poco más de coheren­cia.

La apues­ta de Andrews por 2009 como el año del ebook viene deriva­da de la con­ver­gen­cia de tec­nologías: has­ta hoy, el libro dig­i­tal no había dis­fru­ta­do de pres­en­cia en la red porque carecíamos de soportes que se esta­ban imple­men­tan­do, de estruc­turas de difusión, de con­tenidos dig­i­tal­iza­dos, etc. Todos estos aspec­tos se han ido desar­rol­lan­do de man­era más o menos inde­pen­di­ente, de modo que este año se pre­sen­ta como el momen­to apropi­a­do para que todas cobren coheren­cia y con­for­men una estruc­tura efi­ciente. Sobre todo en un momen­to en que los medios de papel impre­so requieren de nuevas estrate­gias para su desar­rol­lo. Vamos con sus prop­ues­tas:

1. los nuevos lec­tores de ebooks harán que los portátiles o los iphones parez­can viejos. En 2009 ver­e­mos apare­cer tec­nologías dig­i­tales y plás­ti­cos que nos traerán soportes más ligeros, duraderos, ver­sátiles y atrac­tivos. Estos soportes supon­drán un salto estéti­co con respec­to a los portátiles y los telé­fonos móviles en el mer­ca­do. No solo serán fácil­mente trans­porta­bles, sino idó­neos tam­bién para su uso en la ofic­i­na, en el hog­ar y, lo mejor de todo, en el café.

1. se ha alcan­za­do la masa críti­ca, aho­ra se tra­ta de cre­cer. El ebook read­er o soporte para libros dig­i­tales dis­fru­ta en este momen­to de unas ven­tas sim­i­lares a las que tuvo el iPod durante sus primeros dos años en el mer­ca­do. El iPod tardó dos años en alcan­zar el mil­lón de ven­tas. En el últi­mo año, aprox­i­mada­mente medio mil­lón de usuar­ios han com­pra­do un ebook read­er, y otro medio mil­lón se valen de soportes ya estable­ci­dos —prin­ci­pal­mente el iPod o el iPhone— para la lec­tura de libros dig­i­tales.

1. mil­lones de per­sonas acced­erán por primera vez a dis­pos­i­tivos con tin­ta dig­i­tal y les encan­tará. Menos de un 1% de los inter­nau­tas ha tenido acce­so de primera mano a tec­nologías basadas en tin­ta dig­i­tal, que hacen la lec­tura sus­tan­cial­mente más agrad­able. El prin­ci­pal dis­tribuidor de la nue­va tec­nología tras los lec­tores de libros dig­i­tales es una com­pañía lla­ma­da E Ink, y habrá un cam­bio rad­i­cal en la man­era de percibir el libro dig­i­tal una vez que los usuar­ios util­i­cen los soportes que imple­men­tan dicha tec­nología.

1. si hay algo que todo el mun­do quiere hoy en día, es como­di­dad. Los libros, tan­to en su soporte en papel como dig­i­tal, son un ali­men­to diges­ti­vo para cualquier mente: per­miten tomarse una pausa, pen­sar, recor­dar y reflex­ionar en cualquier lugar. Son esta­bles y per­son­ales. Tan­to si se está leyen­do Sid­dhar­ta por enési­ma vez como acce­di­en­do a un nue­vo libro de coci­na, los libros dig­i­tales ofre­cerán el con­fort apropi­a­do para aque­l­los con inqui­etudes int­elec­tuales.

1. ¿lo que quieras cuan­do quieras?, aho­ra es prác­ti­co. ¿Cualquier libro, a cualquier hora, en cualquier sitio? ¿Te hace fal­ta encon­trar un pasaje de Ali­cia en el país de las mar­avil­las para tus hijos en este mis­mo momen­to? ¿Qué tal leer algo de poesía antes de una pre­sentación con Pow­er­point? ¿Un capí­tu­lo para algu­na de tus clases? Las ven­ta­jas prác­ti­cas de los libros dig­i­tales super­arán el vín­cu­lo emo­cional con los libros tradi­cionales.

1. ¿quieres descar­gar una pelícu­la o 1000 libros dig­i­tales? Lle­va prác­ti­ca­mente el mis­mo tiem­po, ancho de ban­da y capaci­dad de alma­ce­namien­to descar­garse 1000 libros que una pelícu­la, lo mires por donde lo mires; lo que sig­nifi­ca que el cos­to de envío es bara­to, lo que nos ben­e­fi­cia a todos. No es nece­sario con­stru­ir nuevas infraestruc­turas. Aún cuan­do no hay garan­tía de que el libro dig­i­tal ten­ga menor pre­cio que el libro en papel, cabe al menos la esper­an­za.

1. inver­sores, el pre­cio de entra­da es todavía bajo, pero subirá. En un par de años, cuan­do la indus­tria del libro dig­i­tal esté más desar­rol­la­da, el cos­to para las com­pañías que quier­an entrar en el nego­cio será mucho más ele­va­do. 2009 es el año per­fec­to para toda clase de inver­sores, inclu­so para aque­l­los intere­sa­dos en proyec­tos de bajo ries­go que les per­mi­tan ten­er un papel en un mer­ca­do de rápi­do crec­imien­to.

1. un mil­lón de libros en tus manos: es la “otra inter­net”. La may­or parte de los libros han pasa­do por un pro­ce­so de creación rig­uroso des­de la idea has­ta su pub­li­cación. Cada uno de ellos alber­ga con­tenidos úni­cos en una for­ma uni­taria. Pien­sa en un mil­lón de libros dig­i­tales como en un mil­lón de pági­nas web, cada una de unas 200 pági­nas, donde cada pági­na es fácil­mente acce­si­ble: en su con­jun­to, todos estos libros dig­i­tales rep­re­sen­tan una enorme, y nue­va, fuente de infor­ma­ción.

1. el libro es solo un for­ma­to, al igual que un cd, un vhs o un dvd. Sí, nos encanta­ban los libre­tos en los elepés como nos encan­taron —reduci­dos— en los cedés, pero nos hemos libra­do de los elepés y, pron­to, de los cedés. El libro [impre­so] es sim­ple­mente una for­ma de dis­tribuir un con­tenido que ha per­vivi­do durante los últi­mos 500 años, pero en el fon­do está ahí para trans­mi­tir un con­tenido, algo que los libros dig­i­tales pueden hac­er de una man­era mucho más efi­ciente.

1. en una pal­abra: energía. El con­sumo energéti­co de un soporte para libros dig­i­tales es notable­mente menor que el de los orde­nadores portátiles o los telé­fonos móviles. Puedes leer durante un par de sem­anas de man­era con­tin­ua antes de ten­er que pre­ocu­parte de recar­gar tu ebook read­er, sim­ple­mente com­páralo con cualquiera de los dis­pos­i­tivos que aho­ra mis­mo llevas con­ti­go.

1. autores, edi­tores y dis­tribuidores se ben­e­fi­cian. Las com­pañías ya están pre­sen­tan­do informes del amplio mar­gen de ben­efi­cio del libro dig­i­tal con respec­to al libro tradi­cional. Hay muchos costes direc­tos impli­ca­dos en la creación de libros en papel —impre­sión, trans­porte, alma­ce­namien­to…— que desa­pare­cen con el ebook. Tam­bién están los cos­tos indi­rec­tos, todo el per­son­al que se requiere en su pro­duc­ción. El libro dig­i­tal elim­i­na cos­tos e inver­sión.

1. bus­car libros está bien, pero leer­los es mejor. Si quieres pasar el tiem­po cogien­do el coche, yen­do a la libr­ería y oje­an­do los estantes está bien; pero sé sin­cero acer­ca de lo que ese tiem­po con­ll­e­va: bus­car libros no es lo mis­mo que leer­los. Encon­trar el libro más rápi­do val­ién­dote de soft­ware para bus­car­lo y descar­gar­lo impli­ca pasar más tiem­po leyen­do, así de sim­ple.

1. una autén­ti­ca tec­nología ecológ­i­ca, aún sin pro­ponérse­lo. Aún si se ha habla­do mucho sobre tec­nologías que sal­van árboles, en su may­or parte ha sido eso, pal­abras. Hace unos 20 años, yo mis­mo ensalz­a­ba el CD-ROM como la tec­nología que salv­a­ba árboles, solo para com­pro­bar que a la gente que los usa­ba le gusta­ba imprim­ir pági­nas. Aho­ra, con la tin­ta dig­i­tal desar­rol­la­da para libros elec­tróni­cos, no hay necesi­dad de imprim­ir las pági­nas para una lec­tura más cómo­da, porque será más cómo­da y ven­ta­josa en el nue­vo soporte.

1. en una economía com­pet­i­ti­va, las empre­sas bus­carán entrar en el nego­cio del libro dig­i­tal. ¿Cuán­tas com­pañías se pre­gun­tan hoy en día qué mer­ca­dos son acce­si­bles y real­mente com­pet­i­tivos? Des­de las com­pañías que desar­rol­lan infor­máti­ca de con­sumo o tele­fonía móvil, pasan­do por soporte empre­sar­i­al, todas pueden recon­fig­u­rar sus tec­nologías para crear lec­tores de libros dig­i­tales, per­iféri­cos, soft­ware y ser­vi­cios. Eso sig­nifi­ca más inver­sión en libros dig­i­tales, y más opciones para los con­sum­i­dores.

1. pruéba­lo y estarás engan­cha­do. La primera vez que descar­gas uno de tus libros favoritos por wire­less a tu lec­tor de libros dig­i­tales pierdes menos de un min­u­to, y te garan­ti­zo que no será tu últi­ma vez. Es una expe­ri­en­cia sor­pren­dente estar leyen­do de repente un libro, quizás un nue­vo libro, o un libro que no has vis­to en cin­co años, de un modo tan sim­ple. Com­pra el libro, hazte un té, y el libro está sobre tu mesa.

1. el iphone y la nin­ten­do ds sacarán y darán pub­li­ci­dad inmedi­a­ta a los libros. Hay dis­pos­i­tivos en la actu­al­i­dad que no dispo­nen de ningu­na tec­nología rela­ciona­da con la tin­ta dig­i­tal, pero pueden ofre­cer a sus usuar­ios acce­so a libros de man­era instan­tánea. Aunque la como­di­dad de la lec­tura pue­da ser un incon­ve­niente, esto sirve no obstante para acer­car a mil­lones de per­sonas a la idea de que el acce­so a libros dig­i­tales es ven­ta­joso y factible.

1. la lucha por los dere­chos de propiedad: un prob­le­ma inex­is­tente en los ebooks. Por lo que respec­ta a la músi­ca y a las pelícu­las, hubo —y todavía hay— con­fronta­ciones encen­di­das rela­cionadas con los dere­chos de propiedad int­elec­tu­al. Los libros son mucho más claros en este sen­ti­do, son una propiedad int­elec­tu­al mucho más sim­ple con menos eslabones en la pro­duc­ción de la obra. Los libros por lo gen­er­al los escribe una per­sona, com­páralo con los equipos impli­ca­dos en la creación de pelícu­las o músi­ca.

1. la enorme can­ti­dad de ebooks gratis y disponibles. Hay cien­tos de miles de libros muy cono­ci­dos en dominio públi­co, acce­si­bles de man­era gra­tui­ta, inmedi­a­ta y legal. Mien­tras que rara­mente escuchamos músi­ca o vemos pelícu­la de hace más de 50 años, es un hecho que muchos libros clási­cos que nos encan­tan se escri­bieron hace mucho tiem­po, y aún tienen su encan­to y se les da uso. Pien­sa en Ali­cia de las Mar­avil­las o El arte de la guer­ra.

1. una nue­va gen­eración de autores inde­pen­di­entes apare­cerá. Escribir y edi­tar 200 pági­nas es un tra­ba­jo duro, ya sea en impre­so o en dig­i­tal. Sin embar­go, al igual que sucede en la músi­ca, la teoría es que hay buenos autores que han sido inca­paces de pub­licar a causa del sis­tema. Aho­ra pueden pub­licar de man­era inde­pen­di­ente un libro elec­tróni­co y con­seguir un amplio impacto con su obra por muy poco dinero. Aten­ción: al igual que en la músi­ca, inde­pen­di­ente no sig­nifi­ca “bueno”, sim­ple­mente es un nue­vo vehícu­lo para nuevas voces.

1. se tra­ta del con­tenido, estúpi­do. En real­i­dad el papel o el soporte dig­i­tal son medios de trans­misión. El libro trans­mite un men­saje exten­so —sea del tipo que sea— entre un autor y tú. No olvidemos esto. Cualquier cosa que te meta en el con­tenido de una man­era más dinámi­ca, efi­ciente e infor­ma­ti­va te ben­e­fi­cia­rá. En este aspec­to, los libros dig­i­tales tienen muy bue­na nota. Se tra­ta del con­tenido, estúpi­do.

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El tex­to de Andrews refle­ja sus ideas, que no tienen por qué cor­re­spon­der­se con mis pun­tos de vista. No estoy de acuer­do en su man­era un tan­to super­fi­cial de tratar algunos de los pun­tos, aunque sí con la línea gen­er­al de su prop­ues­ta. Sin embar­go, hay que hac­er una apre­ciación impor­tante de par­ti­da: el mer­ca­do del libro dig­i­tal en el ámbito anglosajón difiere enorme­mente del his­pano. La exposi­ción de Chris me ha intere­sa­do porque no con­vierte estas difer­en­cias en el meol­lo del asun­to, sino que es capaz de hac­er una prop­ues­ta enorme­mente atrac­ti­va para todo tipo de mer­ca­dos, aprovechan­do inclu­so ele­men­tos ya exis­tentes y tec­nologías pre­vias, lo cual abara­ta enorme­mente los costes y reduce sig­ni­fica­ti­va­mente la inver­sión. Tan­to los edi­tores, como los dis­eñadores y los autores españoles y lati­noamer­i­canos deberían tomar bue­na nota y con­sid­er­ar con seriedad el panora­ma prop­uesto. De él podrían salir proyec­tos refres­cant­es y prop­ues­tas lit­er­arias, grá­fi­cas y edi­to­ri­ales con un enorme poten­cial.

Por lo que toca al ámbito académi­co, el que me es más famil­iar, el libro dig­i­tal ten­dría enorme acogi­da entre estu­di­antes, inves­ti­gadores y docentes de prác­ti­ca­mente todas las dis­ci­plinas. Con la sim­ple imple­mentación de her­ramien­tas muy comunes, podrían ten­erse en un mis­mo dis­pos­i­ti­vo todos los libros, apuntes, artícu­los y demás mate­ri­ales de la car­rera o de la inves­ti­gación, sien­do de lec­tura, eti­que­ta­do, sub­raya­do y ano­ta­do enorme­mente fácil. A la vez, si las casas edi­to­ri­ales se deci­den de una vez a ade­cen­tar los pre­cios de los libros dig­i­tales, supon­drían un enorme ahor­ro para los estu­di­antes uni­ver­si­tar­ios, que podrían estar respal­da­dos, con el pago de una cuo­ta mín­i­ma, por las bib­liote­cas de sus respec­tivos cen­tros.

Cier­ro una entra­da ya demasi­a­do exten­sa, y os invi­to a que util­icéis los comen­tar­ios para mejo­rar­la y, sobre todo, para que pue­da cono­cer vue­stros pun­tos de vista sobre el tema, ampli­ar infor­ma­ción y enlaces y que charlemos un rato.

La resistencia al libro digital

Hace un tiem­po dediqué una entra­da al pre­cio del libro dig­i­tal y, sobre todo, a las malas expe­ri­en­cias que había tenido con dos libros recien­te­mente adquiri­dos en ebooks.com. Una empre­sa que, por cier­to, sigue sien­do inca­paz de solu­cionar mis prob­le­mas con ellos y que no parece dis­pues­ta a hac­er­lo.

El caso es que hoy me he encon­tra­do en Book­square con una entra­da de Kas­sia Krozs­er que denun­cia­ba de man­era muy clara y elocuente la fal­ta de visión que los edi­tores están tenien­do a la hora de com­er­cializar libros elec­tróni­cos. Esta fal­ta de ade­cuación entre el mer­ca­do y los edi­tores puede resumirse en cua­tro aspec­tos:

* el pre­cio. El ejem­p­lo que nos da el artícu­lo es uno más en la enorme lista de despropósi­tos en la dig­i­tal­ización de libros. Mien­tras que una copia en papel de ejem­plar cues­ta 27,50$, la edi­ción elec­tróni­ca es lig­era­mente más cara 27,99$. Esto podría ten­er sen­ti­do en el caso de libros descat­a­lo­ga­dos que requieren ser dig­i­tal­iza­dos des­de un impre­so, donde la obra ten­dría que recom­pon­erse, con los gas­tos de cote­jo y maque­tación deriva­dos, siem­pre que no este­mos pen­san­do en su sim­ple esca­neo, como ha hecho Cam­bridge Uni­ver­si­ty Press con parte de su fon­do. Para las novedades edi­to­ri­ales, que han sido creadas direc­ta­mente en for­ma­to dig­i­tal —volvien­do a Cam­bridge que hace tiem­po que crea sus libros, y los solici­ta, en LaTeX— y cuyo deriva­do —con may­or cos­to, evi­den­te­mente— es la obra en papel, el pre­cio es clara­mente un abu­so e injus­ti­fi­ca­ble… A menos que con­sid­er­e­mos la triste real­i­dad, gran can­ti­dad del pre­cio viene deriva­da, pre­cisa­mente, del desar­rol­lo de pro­tec­ciones dig­i­tales que van direc­ta­mente en con­tra del usuario.

* el catál­o­go. El artícu­lo de Krosz­er no se refiere a lit­er­atu­ra académi­ca, pero en este caso es indifer­ente. La lit­er­atu­ra de fic­ción y los tex­tos téc­ni­cos sufren el mis­mo prob­le­ma en la actu­al­i­dad y es que el catál­o­go en papel no cor­re­sponde con el catál­o­go del for­ma­to elec­tróni­co. Esto es jus­ti­fi­ca­ble, de nue­vo, cuan­do vamos al fon­do de una deter­mi­na­da edi­to­r­i­al, pero ridícu­lo si hablam­os de libros pub­li­ca­dos en —dig­amos— los últi­mos diez años. La cuestión de Kozs­er es en este pun­to un tan­to ingen­ua: ¿han hecho las edi­to­ri­ales un estu­dio de mer­ca­do sobre el tipo de lec­tores que con­sumen los libros? La mía sería: ¿Están dis­pues­tas las edi­to­ri­ales académi­cas a renun­ciar al lucra­ti­vo nego­cio de fir­mar con­ve­nios mil­lonar­ios con las Bib­liote­cas Uni­ver­si­tarias y Cen­tros de Inves­ti­gación para un acce­so restringi­do a su fon­do y lib­er­ar de una vez sus obras a un pre­cio razon­able?


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* el for­ma­to. Krosz­er men­ciona de pasa­da el tema del for­ma­to dicien­do que sal­vo para unos pocos títu­los, tiene poco sen­ti­do man­ten­er el for­ma­to del libro en papel en su ver­sión elec­tróni­ca. Aquí, como per­sona ded­i­ca­da a la lit­er­atu­ra y a la his­to­ria, debo dis­en­tir. Es pre­ciso man­ten­er este for­ma­to sen­cil­la­mente por una cuestión de coheren­cia a la hora de citar o referirnos al tex­to, y la mul­ti­pli­cación de edi­ciones, pag­i­na­ciones y platafor­mas, lo úni­co que podría hac­er es crear obras mucho más difí­ciles de ref­er­en­ciar y eti­que­tar, algo que es tan impor­tante para los académi­cos como para la difusión de los tex­tos en red.

* el drm. Este es mi prin­ci­pal prob­le­ma con los ebooks que están en el mer­ca­do en la actu­al­i­dad. No entien­do la estúp­i­da obsesión por pro­te­ger un pdf has­ta hac­er­lo prác­ti­ca­mente inservi­ble. ¿Qué sen­ti­do tiene que pague más por una obra en un for­ma­to que está com­ple­ta­mente lim­i­ta­do para su lec­tura? ¿Pago entonces por su inma­te­ri­al­i­dad? ¿Por poder lle­var­lo en mi orde­nador, y solo en mi orde­nador? ¿Y qué pasa si mi orde­nador ha sido lle­va­do a reparar? ¿Qué pasa si quiero leer el pdf en mi iPhone? ¿Qué pasa si ten­go 3 orde­nadores? ¿Qué pasa si quiero imprim­ir más pági­nas del libro que las que se me pone como límite?

Estos cua­tro fac­tores son impor­tantes en la evolu­ción del mun­do del libro hacia la platafor­ma dig­i­tal, y si cobran gravedad es por la propia cod­i­cia de las casas edi­to­ri­ales. El ejem­p­lo de la músi­ca nos enseña que cuan­to más retrasen y com­pliquen los edi­tores el paso al for­ma­to dig­i­tal, may­ores y más agre­si­vas serán las medi­das com­er­ciales que ten­drán que tomar a pos­te­ri­ori para recu­per­ar el ter­reno per­di­do. Kozs­er men­ciona sabi­a­mente el caso de las tien­das de iTunes y de Ama­zon y la reba­ja de pre­cios que la músi­ca está sufrien­do últi­ma­mente, y lo pro­pone con sen­ti­do como un mod­e­lo al que las edi­to­ri­ales deberían prestar aten­ción.

La dis­cusión sobre el pre­cio del libro, que cada ver se con­vierte en un tema más debati­do en Inter­net debe pon­erse en relación con estos aspec­tos y, sobre todo, pasar a for­mar parte de un debate acti­vo en la red en castel­lano.

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edi­to: pre­cisa­mente en una de las noti­cias que enlaz­a­ba más arri­ba se desta­ca­ba el fun­cionamien­to de Fic­tion­wise, que es uno de los por­tales más impor­tantes para ebooks dig­i­tales en lengua ingle­sa. El caso es que me entero —vía Boing­Bo­ing— de que una de las empre­sas encar­gadas de pro­por­cionar la encriptación de libros de Fic­tion­wise, lla­ma­da Over­drive, ha deci­di­do cer­rar el 30 de enero sin dar ningu­na razón especí­fi­ca al respec­to. Fic­tion­wise ha col­ga­do en su red una pági­na de FAQ para infor­mar a los usuar­ios de los prob­le­mas que pueden venir deriva­dos de ello: la empre­sa no dispone de las claves y cada ejem­plar está vin­cu­la­do a una com­puta­do­ra deter­mi­na­da, de man­era que si alguien quiere hac­erse con una copia pro­te­gi­da por Over­drive después del 30 de enero, le será imposi­ble abrir­la en su orde­nador.

Cuen­to esto porque refle­ja un prob­le­ma evi­dente en el drm, que es la relación de depen­den­cia crea­da entre la copia y la empre­sa provee­do­ra de pro­tec­ción de la mis­ma. Esta relación puede hac­er que partes de un catál­o­go de ebooks, o el catál­o­go com­ple­to, que­den inservi­bles en un futuro próx­i­mo, lo que supone un serio prob­le­ma para la empre­sa dis­tribuido­ra. El resul­ta­do de todo ello ya lo hemos vivi­do recien­te­mente con la músi­ca: Apple anun­ció hace un par de días que todas las can­ciones ven­di­das a través de la iTunes Store lo harían libres de drm. Se tra­ta de una bue­na noti­cia que no debe­mos agrade­cer a Apple —aunque Jobs en prin­ci­pio esta­ba en con­tra del drm— sino a Ama­zon. Apple pide a los usuar­ios que ya cuen­tan con can­ciones de su tien­da, que paguen un ter­cio de su coste orig­i­nal para elim­i­nar la pro­tec­ción. Parece claro que no se tra­ta de un prob­le­ma de los usuar­ios la aceptación o elim­i­nación del drm, sino de las propias empre­sas gestoras, pero a todas luces estas quieren sacar dinero has­ta de sus pro­pios errores.

Lo suce­di­do con la músi­ca parece dar bue­nas pis­tas de lo que ocur­rirá en un futuro próx­i­mo con el drm: ten­drá que desa­pare­cer. Los úni­cos per­ju­di­ca­dos ser­e­mos aque­l­los que hemos queri­do hac­er las cosas bien y seguir el camino traza­do por las empre­sas. Creo firme­mente que el drm pasará a la his­to­ria en breve y que en un futuro no muy lejano serán las dis­tribuido­ras de con­tenidos las que ten­drán que perseguir a los usuar­ios para que con­suman lo que ten­gan que ofre­cer. Microsoft, como siem­pre, será la excep­ción, ya que ha hecho un sis­tema de pro­tec­ción de copia mucho más com­ple­jo para su inmi­nente Win­dows 7. Creo que los usuar­ios son lo sufi­cien­te­mente inteligentes y maduros como para saber cuáles son sus posi­bil­i­dades de apo­yar otros mod­e­los de soft­ware y de difusión de la cul­tura. Has­ta entonces, solo me que­da recomen­dar que la gente que quiere pagar por los con­tenidos se haga con una copia libre de drm has­ta que se la ven­dan sin él, y entonces com­pre.

Cier­ro con algu­nas pre­gun­tas que me gus­taría que con­tes­tarais en los comen­tar­ios para seguir con el tema: ¿existe un mer­ca­do serio de libro dig­i­tal en castel­lano? y, de ser así, ¿hay mer­ca­do de ebooks académi­cos en castel­lano de edi­to­ri­ales, pon­go por caso, como Alian­za, Gre­dos, Trot­ta, Siru­ela, Fon­do de Cul­tura Económi­ca, Críti­ca, etc? ¿Prefer­ís un tex­to en papel o un tex­to elec­tróni­co bien index­a­do y con la posi­bil­i­dad de búsquedas? ¿Cuán­to estaríais dis­puestos a pagar por un libro elec­tróni­co? ¿Com­práis o habéis com­pra­do alguno y, en ese caso, cuál es vues­tra expe­ri­en­cia?

Criminales del copyright

Tanto para aque­l­los que no estén famil­iar­iza­dos con la red de blogs his­pana, como para quienes no se ded­i­can a hur­gar en la blo­gos­fera con cier­ta fre­cuen­cia, quizás el nom­bre de Enrique Dans no les sug­iera nada. Sin embar­go, como par­to de que las almas cán­di­das que entran en este lugar invierten su tiem­po en otras cosas, hoy me gus­taría dedi­car­le una entra­da.

Enrique Dans, con más de 42.000 suscrip­tores en su blog, es uno de los blog­gers más influyentes en la red his­pana. ¿A qué se debe su éxi­to? Fun­da­men­tal­mente a los temas que toca —tec­nológi­cos, económi­cos y sobre chismes elec­tróni­cos—, que refle­jan los intere­ses del públi­co may­ori­tario de este tipo de medio; adereza­do esto con un pun­ti­to con­tes­tatario que raya lo pre­vis­i­ble, pero que gus­ta mucho a los lec­tores. Reconoz­co que lle­vo un tiem­po suscrito a su blog, y en oca­siones lo leo des­de la per­ple­ji­dad o, sen­cil­la­mente, des­de el desacuer­do; pero hay que recono­cer­le que es un buen comu­ni­cador que com­prende el medio en que se mueve y el públi­co para el que escribe, y eso, para quien visi­ta una cier­ta can­ti­dad de blogs a lo largo de día, es una rara y pre­ciosa cual­i­dad.

Si a estas alturas me pre­gun­taran, con razón, ¿y qué? Yo les con­tes­taría que me he leí­do la colum­na de Enrique Dans de hoy, que ded­i­ca a un tema que ya se empieza a repe­tir de man­era macha­cona: la vol­un­tad de los artis­tas y pro­mo­tores de que se con­ce­da a los provee­dores de Inter­net (ISPs) la fac­ul­tad para con­tro­lar a sus usuar­ios. Ya se sabe la his­to­ria, se envían has­ta tres adver­ten­cias por la descar­ga de mate­ri­ales suje­tos a copy­right, para, a la cuar­ta, pri­var­les de su conex­ión; es decir, el mod­e­lo Sarkozy.

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Esto, en el caso español, resul­ta un tan­to chocante: los españoles lle­va­mos pagan­do un tiem­po el omi­noso canon dig­i­tal —con el que, por cues­tiones de sen­ti­do común, no comul­go— que se car­ga al pre­cio de cualquier soporte sus­cep­ti­ble de alma­ce­nar mate­r­i­al dig­i­tal; algo que en prin­ci­pio, debería per­mi­tirnos copi­ar y dis­tribuir cualquier obra reg­istra­da libre­mente, inclu­so aunque no teng­amos el dere­cho para hac­er­lo. El caso es que aho­ra se nos quiere impon­er un con­trol extra, además de pagar por lo “ya roba­do” a los posee­dores legales del copy­right. Nadie va a dis­cu­tir que el argu­men­to hace aguas por todas partes, y que se tra­ta de un abu­so en toda regla. Y de ahí que Dans, jun­to con una amplia rep­re­sentación de la blo­gos­fera, hayan reac­ciona­do de man­era aira­da, pro­ponien­do que todos copiemos, que todos dis­tribuyamos y demás.

Y aquí ten­go que dis­en­tir muy a mi pesar. La reac­ción aira­da es com­pren­si­ble, y a veces es bueno ejercer el dere­cho al pata­leo; como es igual­mente evi­dente de que la copia de un mate­r­i­al que no nos pertenece, que no hemos com­pra­do, para su pos­te­ri­or dis­tribu­ción no es un deli­to en España. Pero esto no quiere decir que no sea moral­mente reprob­a­ble. Tan­to Enrique Dans como la recua que lo secun­da entona en este pun­to un can­to sobre la lib­er­tad de la cul­tura, ento­nan en oca­siones —a modo de pas­tiche inconexo— las bon­dades de los con­tenidos bajo licen­cia Cre­ative Com­mons o con códi­go abier­to (Open Source). La cuestión sería pre­gun­tarse cuán­tos de ellos gen­er­an por sí mis­mo con­tenidos que el resto con­sumiría y vicev­er­sa.

Yo no ten­go ningún prob­le­ma en que lim­iten mi acce­so a mate­ri­ales suje­tos a copy­right porque, sen­cil­la­mente, responde a un mecan­is­mo de legal­i­dad —ante la ley todos somos iguales— que hay que respetar: el con­cede a un creador, un his­to­ri­ador, un artista el dere­cho a cobrar un suel­do por el tra­ba­jo que real­iza; al igual que al inver­sor que apoya con su dinero la creación de esa obra. Esto, para cualquier per­sona cabal, es algo muy razon­able. Está claro que tam­poco estoy a favor de que ningún provee­dor de Inter­net o de tele­fonía con­t­role mi activi­dad en Inter­net; y esto no es porque yo ten­ga nada que ocul­tar, sino pre­cisa­mente al con­trario, porque nun­ca he sido un exhibi­cionista, y menos sin pre­vio avi­so.

Lle­ga­dos a este pun­to, es cuan­do me parece que las cosas se ponen com­pli­cadas, porque ten­emos dos dere­chos indis­cutibles en clara con­tra­posi­ción: el dere­cho a la pri­vaci­dad de las tele­co­mu­ni­ca­ciones y el dere­cho a percibir hon­o­rar­ios por una mer­cancía. La medi­da de Dans, jun­to con la de tan­tos otros redac­tores de blogs es bien sen­cil­la: descar­gad, copi­ad, com­par­tid… La respues­ta más fácil, más irre­spon­s­able y, evi­den­te­mente, la que más gus­ta leer. Mien­tras tan­to, uno sigue con los ojos puestos en Google Books, en Inter­net Archive y en tan­tos otros lugares donde se des­blo­quean mate­ri­ales que han per­di­do los dere­chos de explotación, y después echo un vis­ta­zo a la blo­gos­fera y —sal­vo algu­nas hon­rosas excep­ciones— un silen­cio abso­lu­to. Es más, jun­to con el silen­cio, la fal­ta total de conocimien­to y de uso de esas fuentes.

Lle­ga­dos a este pun­to, digo, a uno le da por pen­sar que quizás los que alu­den al dere­cho de copia, a la lib­er­tad de la cul­tur­al, son el fon­do unos román­ti­cos, unos ver­daderos adalides del dere­cho de las masas —sí, sí, porque pien­san en masas— a ilus­trarse, porque quieren cam­biar el mun­do y, muy socráti­cos, pien­san que el mal se cura con el conocimien­to. Esto es lo que se dice uno y entonces, por curiosi­dad, va a echarle un vis­ta­zo a la lista de lo más descar­ga­do del emule, sólo por curiosi­dad. Y se encuen­tra con esto:

emule-los más descargados.png

Claro, se le cae el alma a los pies, resul­ta que la amplia may­oría de usuar­ios del emule lo emplean para bajar los con­tenidos que las propias multi­na­cionales a las que ata­can cre­an para el públi­co. Y aquí la solu­ción no pasa por sacarse una foto con cara de pre­so, ni por entonar una pseu­do-aren­ga; sino que es un pro­ce­so largo que impli­ca que la gente empiece a com­par­tir cul­tura que escape a los cir­cuitos may­ori­tar­ios de dis­tribu­ción de la cul­tura, y que com­pre aque­l­los pro­duc­tos bajo copy­right que con­sidere que lo mere­cen. Nadie hace ningún favor a la cul­tura, ni ningún favor a la lib­er­tad en Inter­net, descargán­dose mate­ri­ales como los de la lista de arri­ba o sus deriva­dos, más bien al con­trario.

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