La pre­gun­ta la hace John Markoff en el New York Times, en una cruza­da que ya comen­zó hace tiem­po y que tuvo su eco en el País hace un par de meses. Esta nue­va colum­na sigue en la mis­ma línea que la ante­ri­or, pero su exposi­ción va tan en con­tra de lo que es Inter­net para muchos de nosotros que dan ganas de respon­der­le que NO a gri­tos, más aún con la argu­mentación que se hal­la al fon­do de sus ideas. Sin embar­go, a la vista de los vaivenes que ha habido en torno a la red durante los últi­mos tiem­pos —del mod­e­lo Sarkozy a las medi­das impop­u­lares del min­istro Moli­na, pasan­do por los inten­tos de reg­u­lación con­tra la piratería en el Reino Unido y muchos más movimien­tos ya cono­ci­dos— quizás sea momen­to de respon­der pun­to por pun­to a la colum­na de Markoff. Quizás sea tiem­po porque su dis­cur­so no sigue por la mis­ma direc­ción que los ante­ri­ores —crim­i­nalizar a los inter­nau­tas—, sino por la más sutil vía de “pro­te­ger­los”.

Cono­ce­mos demasi­a­do bien, por des­gra­cia, que los argu­men­tos de este tipo fun­cio­nan y ya hemos vis­to en numerosas oca­siones que per­siguen en el fon­do es la elim­i­nación de lib­er­tades y la pri­vación de dere­chos a la búsque­da del ben­efi­cio de deter­mi­na­dos cen­tros de poder. Las premisas de Markoff son engañosas porque per­vierten una real­i­dad, la del Inter­net, has­ta con­ver­tir­la en algo com­ple­ta­mente per­ver­so y peli­groso. El obje­ti­vo, como siem­pre en estos casos, es la igno­ran­cia de la may­or parte de la población: solo puede temerse aque­l­lo que no se conoce.


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Me he per­mi­ti­do tra­ducir una amplia por­ción de la colum­na de Markoff para dis­cu­tir breve­mente sus pun­tos de vista. Creo que sus argu­men­tos ya los hemos oído todos más de una vez; pero veo con pre­ocu­pación que des­de medios supues­ta­mente abier­tos y de izquier­das como el New York Times se publiquen estas “cosas”, porque suele ser un buen indi­cio de que una nue­va cam­paña para ate­morizar a la sociedad está en mar­cha y, des­de luego, no atiende al interés común, sino al par­tic­u­lar. Me dejo de preám­bu­los y paso a glosar las pal­abras de Markoff.

> A qué se pare­cería una nue­va Inter­net es todavía obje­to de un amplio debate, pero una alter­na­ti­va sería, en efec­to, crear una “comu­nidad val­la­da” donde los usuar­ios renun­cia­rían a su anon­i­ma­to y a cier­tas lib­er­tades a cam­bio de seguri­dad. Hoy esa es la real­i­dad para un amplio número de usuar­ios de cor­po­ra­ciones y de insti­tu­ciones guber­na­men­tales. A medi­da que una red nue­va y más segu­ra se acep­ta de man­era gen­er­al, la Inter­net actu­al acabaría como el vecin­dario peli­groso del cibere­s­pa­cio. Entrarías a tu propia cuen­ta y ries­go y estarías aler­ta todo el tiem­po que pasaras allí.

El dis­cur­so fun­ciona bajo premisas retóri­c­as muy bási­cas. Expone en primer lugar los peli­gros del uso de la Inter­net actu­al para luego dar voz al final de cada argu­men­to a los “pequeños” per­os que pudier­an exi­s­tir. Se tra­ta de un men­saje poderoso no porque vaya dirigi­do a aque­l­los que entien­den en algu­na medi­da el fun­cionamien­to de Inter­net, sino pre­cisa­mente porque remite al usuario común, aquel para quien el com­er­cio o el correo elec­tróni­co se hal­lan envuel­tos por un aura de fasci­nación y mis­te­rio. Solo un mín­i­mo de sen­ti­do común nos dice que cualquier fac­eta y activi­dad en la vida requiere un cier­to gra­do de pru­den­cia, inclu­so salir a com­prar el pan o darse una ducha; ningún gob­ier­no, por poderoso que sea, puede hac­er nada con­tra la estu­pid­ez y la incon­scien­cia indi­vid­ual, reg­ule como reg­ule. La prop­ues­ta de Markoff es en este pun­to per­ver­sa, habla de un mun­do que ya viv­en los usuar­ios cor­po­ra­tivos y miem­bros del gob­ier­no —recuérdese con qué ejem­p­los comen­zó la exposi­ción del prob­le­ma— porque de eso se tra­ta, de pon­er Inter­net en manos de cor­po­ra­ciones y de insti­tu­ciones guber­na­men­tales.

Pocas per­sonas cabales estarían dis­pues­tas a renun­ciar a sus dere­chos y a su intim­i­dad por un mun­do mejor, fun­da­men­tal­mente porque la proposi­ción inval­i­da el sil­o­gis­mo: ¿cómo puede ser que yo, un ciu­dadano hon­ra­do, deba renun­ciar a mis dere­chos para for­t­ale­cer un esta­do de dere­cho? ¿Cómo puede ser que deba ced­er mi lib­er­tad para coar­tar la del que delinque? Cualquiera sabe que se tra­ta de una lóg­i­ca impa­ra­ble y acu­mu­la­ti­va donde es imposi­ble pon­er un límite, y ced­er ese poder a un Esta­do —el que sea— no con­ll­e­va la restric­ción par­cial de las lib­er­tades, sino la cesión incondi­cional ante cualquier tipo de con­tin­gen­cia: el mod­e­lo de Inter­net que pro­pone Markoff no per­mite en ningún momen­to recu­per­ar la lib­er­tad cedi­da —lo que sería un esta­do de excep­ción—, sino renun­ciar a ella incondi­cional­mente y ad eter­num.

> […] A finales del año pasa­do, un soft­ware mali­cioso que se cree que fue lan­za­do por una ban­da crim­i­nal del Este de Europa apare­ció de pron­to tras fran­quear las mejores ciberde­fen­sas del mun­do. Cono­ci­do como Corn­fick­er, infec­tó ráp­i­da­mente más de 12 mil­lones de com­puta­do­ras, saque­an­do des­de el sis­tema oper­a­ti­vo de un orde­nador de una sala de opera­ciones de Inglater­ra has­ta la red de orde­nadores del ejérci­to francés.

> «Si estás bus­can­do un Pearl Har­bor dig­i­tal, aho­ra ten­emos a los bar­cos japone­ses dirigién­dose hacia nosotros en el hor­i­zonte», dijo recien­te­mente Rick Wes­son, el direc­tor en jefe de Sup­port Intel­li­gence, una com­pañía de con­sult­ing infor­máti­co.

La estrate­gia argu­men­ta­ti­va se mueve, como fue habit­u­al tras el 11 de sep­tiem­bre, con un salto de niv­el y de par­a­dig­ma. Es cier­to que han aumen­ta­do los crímenes en Inter­net, pero está claro que tam­bién ha aumen­ta­do expo­nen­cial­mente el número de usuar­ios de la red al igual que los deli­tos en el mun­do real. La pre­ven­ción repre­si­va, con lim­itación de lib­er­tades para agre­sores y víc­ti­mas es una respues­ta fácil —y vie­ja como el mun­do— que ben­e­fi­cia la acu­mu­lación de poder en unas pocas manos, pero no se ocu­pa de los ver­daderos motivos del prob­le­ma: hac­er­lo nun­ca ha sido, ni será, rentable. Nadie dis­cute que el acce­so a las com­puta­do­ras del ejérci­to francés o de un hos­pi­tal del Reino Unido es un grave prob­le­ma e indi­ca que ambas insti­tu­ciones debier­an regirse por una prác­ti­ca —encriptación, redes cer­radas o lo que se quiera— más estric­ta y lim­i­ta­da que el usuario medio; la estrate­gia de inver­tir el argu­men­to —si ellos han caí­do, qué no podría pasarte a ti— apela a un instin­to pri­mario, el de pro­tec­ción, pero no se dirige a la respues­ta más sim­ple: el ejérci­to francés y el sis­tema san­i­tario británi­co deben inver­tir en seguri­dad.

> De hecho, muchos inves­ti­gadores de seguri­dad infor­máti­ca ven las casi dos décadas de esfuer­zos para “parc­hear” la red actu­al como algo para­le­lo a la línea de Mag­inot en defen­sa […]. El error de cen­trarse en muros de con­tención dig­i­tal sóli­dos es que una vez que se sal­van, el ata­cante tiene acce­so a todos los datos sen­si­bles que se encuen­tran tras ellos. “Duro por fuera, pero con un cen­tro mas­ca­ble” es lo que muchos inves­ti­gadores de seguri­dad infor­máti­ca vet­er­a­nos pien­san de tales estrate­gias.

> La idea con­siste en lev­an­tar una nue­va Inter­net con seguri­dad mejo­ra­da y las capaci­dades para sopor­tar una nue­va gen­eración de apli­ca­ciones de Inter­net que todavía no han sido inven­tadas, así como para hac­er algu­nas cosas que la red actu­al hace mal, como por ejem­p­lo per­mi­tir el acce­so de usuar­ios móviles.

Si la red ha proba­do algo es su capaci­dad de evolu­ción y la posi­bil­i­dad de crear pro­to­co­los nuevos; otra cosa es que este­mos hablan­do de los “datos sen­si­bles” que mane­jan insti­tu­ciones guber­na­men­tales o empre­sas pri­vadas, cuya pri­vaci­dad se quiere defend­er a cos­ta de la nues­tra. La excusa es una poten­cial fuente de abu­so que la ciu­dadanía no debiera estar dis­pues­ta a asumir: uno no cede esa infor­ma­ción ni a un par­tido políti­co ni a un gob­ier­no insti­tu­i­do, la cede a un cuer­po amor­fo y cam­biante como el Esta­do. Aún si el pre­supuesto partiera de las mejores inten­ciones, quienes más tienen que perder son los ciu­dadanos, a los que una vez más se les exige un pea­je que aten­ta con­tra los ide­ales de jus­ti­cia y equidad.


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> El proyec­to Clean Slate de Stan­ford no resolverá por sí mis­mo todos los prob­le­mas prin­ci­pales de seguri­dad de Inter­net, pero proveerá a los dis­eñadores de soft­ware y hard­ware de un con­jun­to de her­ramien­tas que harán de la seguri­dad una parte más inte­gral de la red y, en últi­ma instan­cia, darán a aque­l­los que hacen cumplir la ley vías mucho más efec­ti­vas para perseguir a los crim­i­nales en el cibere­s­pa­cio. Eso solo sería dis­ua­si­vo. […] Los inge­nieros de Stan­ford dicen que tienen la mis­ión de “rein­ven­tar Inter­net”. Argu­men­tan que su nue­va estrate­gia está pen­san­da para per­mi­tir que las nuevas ideas sur­jan de una man­era evo­lu­ti­va, hacien­do posi­ble trasladar el trá­fi­co de datos sin prob­le­ma a un nue­vo mun­do en red. Al igual que la Inter­net actu­al, la nue­va red no ten­drá un pun­to de con­trol cen­tral­iza­do ni ningu­na orga­ni­zación la coman­dará.

Por supuesto que no, no será nece­sario porque los mecan­is­mos de con­trol ya estarán insta­l­a­dos de par­ti­da en la red. Como bien se ha expuesto en otro sitio, Clean Slate no elim­i­na las posi­bles puer­tas traseras para crim­i­nales infor­máti­cos, sino que obliga a todo inter­nau­ta a insta­lar por defec­to una que per­mi­ta a un extraño la posi­bil­i­dad de acced­er a nue­stro orde­nador y con nue­stro bene­plác­i­to. El vig­i­lante, nue­stro guardia, no sólo con­tro­lará los movimien­tos de los usuar­ios, sino que sabrá qué hace­mos, qué nos intere­sa, qué bus­camos y qué necesi­dades ten­emos, es indifer­ente si somos crim­i­nales o no. Las hipotéti­cas ven­ta­jas derivadas de ello, si es que algu­na hay, no com­pen­san en abso­lu­to el poder que se le con­cede a enti­dades guber­na­men­tales y, por azares del des­ti­no, a cor­po­ra­ciones. En otras pal­abras, quien ten­ga acce­so a esa infor­ma­ción ten­drá acce­so a la vida de cualquier per­sona, e Inter­net se con­ver­tirá en un panóp­ti­co.

Si el Esta­do quiere cuidar de sus ciu­dadanos y pro­te­ger­los del deli­to, que los eduque en hábitos salud­ables que los hagan poco sus­cep­ti­bles de ser ata­ca­dos por ciberdelin­cuentes. Uti­lizar un sis­tema oper­a­ti­vo basa­do en UNIX, hac­er­lo des­de una cuen­ta de usuario sin priv­i­le­gios de admin­istrador, encrip­tar las comu­ni­ca­ciones o nave­g­ar a través de un proxy son algu­nas de ellas. En fin, si el Esta­do quiere ser un padre, que al menos sea uno bueno: que eduque a sus hijos con vol­un­tad de que en un futuro sean inde­pen­di­entes y sep­an defend­er­se por sí mis­mos, que no los atrape en una relación de depen­den­cia eter­na e incondi­cional.

> Una red más segu­ra es aque­l­la que ofre­cería casi con total seguri­dad menor anon­i­ma­to y pri­vaci­dad. Prob­a­ble­mente sea este el gran pun­to de con­flic­to para los dis­eñadores de la nue­va Inter­net. Una idea, por ejem­p­lo, sería solic­i­tar el equiv­a­lente de un per­miso de con­ducir para per­mi­tir que alguien se conecte a una red públi­ca. Pero esto va en con­tra el ethos lib­er­tario tan pro­fun­da­mente defen­di­do de Inter­net.

> Facil­i­tar la iden­ti­dad seguiría sien­do mar­cada­mente difi­cul­toso en un mun­do donde es tan sen­cil­lo hac­erse con un orde­nador ajeno a medio mun­do de dis­tan­cia y oper­ar con él como si fuera el tuyo pro­pio. Mien­tras esto sea así, con­stru­ir un sis­tema com­ple­ta­mente fiable seguirá sien­do imposi­ble.

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