Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Libre acceso a todas las revistas matemáticas de Taylor & Francis

Parece que mis lec­tores ded­i­ca­dos a la cien­cia están de enhorabue­na este mes. Si no había sido bas­tante la noti­cia de la que me hice eco hace unos días sobre la aper­tu­ra de los archivos de la Roy­al Soci­ety, me encuen­tro hoy al hojear algu­nas bases de datos que Tay­lor & Fran­cis ofre­cen durante este mes de enero libre acce­so a todos los artícu­los de todas sus revis­tas sobre matemáti­cas, que podéis con­sul­tar sim­ple­mente pin­chan­do en la ima­gen que acom­paña a esta entra­da.


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Recor­dad que el rega­lo tiene fecha de caduci­dad y que quedan unos esca­sos cin­co días para que expire. Aque­l­los que tengáis la posi­bil­i­dad de haceros eco de la noti­cia para que un may­or número de gente se aproveche de las ven­ta­jas, por favor, haced­lo.

Sé que a algunos de vosotros os será de enorme util­i­dad.

Recomien­do a aque­l­los que todavía no están suscritos a Fic­ta elo­quen­tia que lo hagan a través del lec­tor RSS de su gus­to o que reciban las actu­al­iza­ciones en su correo elec­tróni­co

Tipografías clásicas para el siglo XXI: The Fell Type

Iginio Mari­ni será un nom­bre oscuro inclu­so para aque­l­los ded­i­ca­dos al mun­do de la tipografía y del dis­eño grá­fi­co. Sin embar­go, ha crea­do uno de los pro­gra­mas más pre­cisos para el inter­letra­je (kern­ing) automáti­co de tipos dig­i­tales: iKern. Este pro­gra­ma ha servi­do para rematar algu­nas de las tipografías dig­i­tales más pop­u­lares de los últi­mos tiem­pos, entre ellas algu­nas de Jos Buiv­en­ga —Anivers, Cal­lu­na, Museo Sans, etc.—, Molotro —Mino­type—, etcétera.

Pero Iginio no solo se ded­i­ca a la creación de soft­ware para mar­car las cor­re­spon­den­cias y el espa­ci­a­do per­fec­to entre car­ac­teres, sino que tiene una pasión especí­fi­ca por las tipografías antiguas, y es ese el moti­vo prin­ci­pal para dedi­car­le esta entra­da.


The Fell Types modern revival fonts realized by Igino Marini using iKern.jpg

Algunos de vosotros ya sabéis lo que me gus­tan las tipografías históri­c­as y el interés que despier­ta en mí su adaptación al mun­do dig­i­tal. Iginio se dedicó a la con­ver­sión a for­ma­to dig­i­tal de las fuentes que sirvieron para la fun­dación de las Pren­sas de Oxford allá por el siglo XVII y que reciben el nom­bre de quien super­visó el tra­ba­jo, el decano de la Christ Church, el Vice-Can­ciller de la Uni­ver­si­dad de Oxford y obis­po, John Fell (1625–1686). La pre­ocu­pación de Fell por la com­posi­ción y el dis­eño era tal que decidió encar­gar la tarea a mae­stros holan­deses en vez de dejar­las en manos de los ingle­ses, que con­sid­er­a­ba como padres de todo tipo de aber­ra­ciones tipográ­fi­cas. Y los tipó­grafos holan­deses tenían a su vez en mente un mod­e­lo claro: los car­ac­teres de civil­ité de Robert Granjon, que pre­tendían ser una respues­ta france­sa al pre­do­minio ital­iano en el dis­eño de romanas.[^1]

Durante poco más del primer siglo de las pren­sas de Oxford, las tipografías Fell sirvieron para la com­posi­ción de todos los títu­los com­puestos en ellas, para quedar pos­te­ri­or­mente rel­e­gadas a edi­ciones de lujo y tiradas muy limitadas.[^2] En el pro­ce­so de refundi­ción de los tipos, Iginio se val­ió de tres mono­grafías, dos de Stan­ley Mor­ri­son y de una de Horace Hart,[^3] a la búsque­da de un sis­tema que le per­mi­tiera recon­stru­ir­los como hom­e­na­je y, al tiem­po, como adaptación a las necesi­dades actuales.

El archi­vo que estáis a pun­to de descar­gar con­tiene:

* La romana y la itáli­ca ingle­sas. Las romanas y las ver­sales fueron cor­tadas por Cristof­fel van Dijck y las itáli­cas por Robert Granjon. John Fell las adquir­ió en 1672. Deben ser impre­sas a 13,5 pun­tos para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el mod­e­lo orig­i­nal.


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* Los tipos de De Walper­gen. Que se com­po­nen de la triple pica (cícero), cor­ta­do por Peter de Walper­gen y adquiri­do en 1686. Debe ser impre­so a 48 pun­tos para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el mod­e­lo orig­i­nal.


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* El “French Canon”. Cor­ta­do por Peter de Walper­gen y adquiri­do tam­bién en 1686. Debe ser impre­so a 39 pun­tos para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el mod­e­lo orig­i­nal.


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* Doble Pica (cícero). Cor­ta­do por Peter de Walper­gen y adquiri­do en 1684. Debe ser impre­so a 21 pun­tos para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el mod­e­lo orig­i­nal.


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* “Great Primer”. Cor­ta­do por Peter de Walper­gen y adquiri­do tam­bién en 1684. Debe ser impre­so a 21 pun­tos para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el mod­e­lo orig­i­nal.


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* “De Walpergen’s Pica”. Cor­ta­do por Peter de Walper­gen y adquiri­do en 1692. Debe ser impre­so a 12,5 pun­tos para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el mod­e­lo orig­i­nal.


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* A lo que se suman los fleu­rons y ele­men­tos dec­o­ra­tivos. Son cortes fun­da­men­tal­mente de Robert Granjon. El archi­vo 1 debe imprim­irse a 25 pun­tos y el archi­vo 2 a 17,5 para una cor­re­spon­den­cia exac­ta con el tipo orig­i­nal.


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Podéis acced­er de man­era gra­tui­ta —aunque acep­tan dona­ciones— a los archivos en estos dos enlaces:

* Open­type.
* True­Type.

La licen­cia obliga a citar la proce­den­cia en aque­l­las pub­li­ca­ciones en que la util­icéis.

Para más infor­ma­ción en Inter­net:

* A Brief His­to­ry of the Fell Types, de Iginio Mari­ni;
* John Fell and the His­to­ry of Book, pub­li­ca­do por el Cen­tre for Ear­ly Mod­ern Stud­ies (Oxford Uni­ver­si­ty);
* Hyp­som­e­try, un blog com­ple­ta­mente com­puesto con la tipografía Fell;
* En 12on14 tenéis un intere­sante exper­i­men­to de Wal­ton Mendel­son, que lle­va a cabo una recon­struc­ción fac­sim­i­lar de la edi­ción de 1684 de la Utopia de Thomas More usan­do la dig­i­tal­ización de Mari­ni. Podéis encar­gar­lo aquí y en este enlace ver una com­par­a­ti­va entre la edi­ción orig­i­nal y la recon­struc­ción dig­i­tal.
* Podéis encon­trar en la breve his­to­ria de la tipografía de la Wikipedia una sucin­ta ref­er­en­cia a los Fell Types.
* Hoe­fler & Frere-Jones tam­bién tienen una ver­sión com­er­cial —mucho más lim­i­ta­da que la de Mari­ni— en su pági­na web.

[^1]:

Stan­ley Mor­ri­son (1967), John Fell, The Uni­ver­si­ty Press and the ‘Fell” Types , Oxford: Oxford Uni­ver­si­ty Press, pp. 139–42; id. (1973), A Tal­ly of Types, Cam­bridge: Cam­bridge Uni­ver­si­ty Press, p. 71.

[^2]:

Sobre la res­ur­rec­ción del tipo solo me que­da recomen­dar uno de los mejores libros sobre his­to­ria de la tipografía que he leí­do: Mar­tin Ould (2000), The Fell Revival; Describ­ing The Cast­ing Of The Fell Types At The Uni­ver­si­ty Press, Oxford, And Their Use By The Press And Oth­ers Since 1864, The Old School Press.

[^3]:

Stan­ley Mor­ri­son (1951), The Roman Ital­ic & Black Let­ter bequeathed to Uni­ver­si­ty of Oxford by Dr. John Fell, Oxford: Oxford Uni­ver­si­ty Press; id. (1967), John Fell, The Uni­ver­si­ty Press and the ‘Fell” Types , Oxford: Oxford Uni­ver­si­ty Press; Horace Hart (1970), Notes on a Cen­tu­ry of Typog­ra­phy at the Uni­ver­si­ty Press Oxford, 1693–1794, Oxford: The Claren­don Press.

Royal Society Digital Journal Archive

Esta es una breve entra­da ded­i­ca­da a todos los lec­tores de este blog que tienen un cier­to interés, o se ded­i­can pro­fe­sion­al­mente, a la cien­cia. La Roy­al Soci­ety ha puesto a dis­posi­ción de todos los inter­nau­tas la total­i­dad de su colec­ción, unos 65.000 archivos. El archi­vo no suele estar acce­si­ble en las bases de datos dig­i­tales de las bib­liote­cas uni­ver­si­tarias a causa del ele­va­do pre­cio de la suscrip­ción, así que es una bue­na opor­tu­nidad para con­sul­tar­lo y para hac­erse con aque­l­los doc­u­men­tos que más os intere­sen.

Para entrar en la pági­na donde encon­traréis todo, sólo tenéis que pin­char en la ima­gen de la vie­ja maes­tra de escuela que se encuen­tra al pie de este pár­rafo y bus­car este enlace, entre otros. Pin­chan­do en cada revista encon­traréis todos los números en pdf des­de su fun­dación, casi nada. Sólo hay una pega: lle­van disponibles des­de el 23 de noviem­bre del año pasa­do y el 28 de febrero de este año volverán a ser de acce­so restringi­do.

Clase de ciencias a Niños

A finales del año pasa­do la Roy­al Soci­ety ya nos había sor­pren­di­do con una utilísi­ma colec­ción de 60 tex­tos cien­tí­fi­cos de enorme impor­tan­cia históri­ca de los últi­mos tres sig­los y medio. Esta colec­ción, jun­to con la posi­bil­i­dad de recor­rer una línea tem­po­ral que hiciera todo más visu­al tuvo bas­tante eco en un abul­ta­do número de blogs, en redes sociales y en pren­sa en Inter­net.

Trailblazing. Three and a half century of Royal Society Publishing

Tan­ta alhara­ca en torno a los 60 tex­tos parece haber bor­ra­do el hecho de este otro mar­avil­loso rega­lo que nos lle­va hacien­do des­de hace casi dos meses la Roy­al Soci­ety y que yo me acabo de encon­trar aho­ra. Espero que para vosotros sea tam­bién un hal­laz­go y os ten­ga entretenidos —o sufrien­do por el estrés— durante meses, días u horas.

El libro digital, España y el modelo americano

Se ha lev­an­ta­do la polvare­da, como era pre­vis­i­ble, con respec­to al libro dig­i­tal en españa y a la penosa situación de las edi­to­ri­ales patrias con respec­to a él. Me refiero ante todo a la polémi­ca en Twit­ter y a la aira­da entra­da de Mi mesa cojea al respec­to, así como la entra­da de Econec­ta­dos a la que llego por Error500: todo indi­ca que las edi­to­ri­ales han opta­do por el inmovil­is­mo como sucedió con las discográ­fi­cas hace una déca­da, con la difer­en­cia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tec­nológi­co y los usuar­ios ya tienen a su dis­posi­ción todos los medios para la creación de platafor­mas de con­tenidos que pueden ser col­madas de mate­r­i­al en muy poco tiempo.[^1] Se con­funde quien pien­sa, sin embar­go, que los edi­tores españoles no cono­cen el mer­ca­do, saben bien que ese “qui­etismo” es la acti­tud más inteligente a seguir aho­ra, porque bas­ta que suplan las infum­ables ver­siones en for­ma­to .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cote­jadas— en .epub, .pdf o deriva­dos para que pasen a engrosar el catál­o­go de libros piratas —y quien sepa algo de his­to­ria del libro, sabe que es tér­mi­no que ni pin­ta­do—, sola­mente apor­tan­do pér­di­das en un cam­bio de platafor­ma que es, por otro lado, inevitable.

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Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “My Kin­dle 2 now works side­ways”, de jc.westbrook

Es cier­to que el impacto de los lec­tores de libros elec­tróni­cos en España no es com­pa­ra­ble al esta­dounidense, como tam­bién es cier­to que las edi­to­ri­ales españo­las ya deberían estar preparadas para la con­viven­cia del mer­ca­do del papel y del dig­i­tal. Nues­tras edi­to­ri­ales podían haber tenido la vista sufi­ciente como para lan­zar best-sell­ers y clási­cos ano­ta­dos y prepara­dos para estu­di­antes amer­i­canos y británi­cos de español —que los hay a expuer­tas—, algo que aún puede ser un buen cam­po de prue­bas para ellas y les puede apor­tar impor­tantes ben­efi­cios a largo pla­zo. Como sea, lo que plantean las entradas men­cionadas más arri­ba es que las edi­to­ri­ales van a seguir el ejem­p­lo de las discográ­fi­cas, que nos han pre­sen­ta­do un ciclo de pér­di­das enorme —y no quiero dis­cu­tir­lo aquí— has­ta encon­trarse pau­lati­na­mente con un equi­lib­rio entre lo que los usuar­ios deman­dan y las dis­tribuido­ras están dis­pues­tas a ofre­cer. Pero la real­i­dad es que el mer­ca­do de libro cuen­ta con unos ras­gos que, bien aprovecha­dos, pueden lle­var­lo por der­roteros dis­tin­tos.

En primer lugar, el mer­ca­do de la músi­ca tiene poco o nada que ver con el mer­ca­do del libro. Mien­tras que escuchar músi­ca en un iPod o en un orde­nador con una bue­na sal­i­da de sonido tiene poco de dis­tin­to a hac­er­lo en un equipo de alta fidel­i­dad —que me per­do­nen los meló­manos—, leer un libro en soporte dig­i­tal tiene mucho de dis­tin­to al soporte en papel. Hay, claro, ven­ta­jas y desven­ta­jas. Para una per­sona como yo, que se ded­i­ca a los libros —a leer­los y a inten­tar escribir­los—, la ven­ta­ja de poder bus­car una infor­ma­ción conc­re­ta en cualquier momen­to parece de cien­cia fic­ción, y el ahor­ro de tiem­po es con­sid­er­able. Claro que esto no sig­nifi­ca que yo pue­da pro­ducir más o mejor, sino que sen­cil­la­mente ten­go una como­di­dad aña­di­da a la revisión de mis notas de lec­tura. El prob­le­ma que yo le veo a los ebooks en el ámbito académi­co —lo he comen­ta­do más veces— es el for­ma­to: los académi­cos nece­si­ta­mos saber el año de edi­ción, la edi­to­r­i­al y el lugar, el número de pági­na, y demás cosas que el ebook se salta a la tor­era, para ayu­dar a nue­stros lec­tores a encon­trar las ref­er­en­cias que men­cionamos y para que nue­stros lec­tores nos espe­ten a su vez ref­er­en­cias que nos con­tr­a­di­gan. Perder esta man­era, o no apor­tar una nue­va, de ref­er­en­ci­a­do es ina­cept­able y un error a todas luces, maxime cuan­do es fácil­mente subsanable.[^2] No cues­ta imag­i­nar un momen­to en un futuro —lejano o cer­cano— en que los libros académi­cos se publiquen úni­ca­mente en for­ma­to dig­i­tal y estén pla­ga­dos de hiper­vín­cu­los para acced­er de man­era direc­ta a fuentes que antes se men­ciona­ban, sí, y que en un acto de fe, tam­bién, teníamos que dar por bue­nas. Lle­ga­dos a ese pun­to, el ebook mostrará su poten­cial como una her­ramien­ta de estu­dio sin parangón en la his­to­ria del libro, y creo que todos debe­mos con­grat­u­larnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escrit­u­ra de un blog ayu­da mucho —por eso se lo recomien­do a mis cole­gas— y para lo que creo que sería deseable un entre­namien­to especí­fi­co en los pro­gra­mas de doc­tor­a­do actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mun­do de la músi­ca y el mun­do del libro no son iguales y me gus­taría ser un poco más claro al respec­to. Mien­tras que es prác­ti­ca­mente innegable que todo el mun­do escucha y escuch­a­ba músi­ca y quien más o quien menos tiene en su casa un gen­eroso catál­o­go de CDs o mp3, en el caso de los libros es difí­cil­mente negable aque­l­la can­ti­nela impen­i­tente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabri­o­la fan­tás­ti­ca que establece una equiparación entre lec­tura y com­pra de un vol­u­men que, gra­cias a esos sitios leg­en­dar­ios lla­ma­dos bib­liote­cas, sería más que dis­cutible. Leer un libro no requiere las mis­mas destrezas que oír un dis­co o ver una pelícu­la, y hay lec­tores, prob­a­ble­mente los más abne­ga­dos, fieles y tenaces, que bus­can cosas dis­tin­tas a la lit­er­atu­ra de con­sumo, que des­de el siglo XVIII es la que ha dado rédi­tos a las edi­to­ri­ales. Es evi­dente que estas no van a poder evi­tar que Zafón, Rowl­ing, Reverte, Marías, King, Clan­cy y demás jar­ca sean piratea­d­os de man­era inmis­eri­corde, como ya lo lle­van sien­do des­de hace lus­tros; sin embar­go, las edi­to­ri­ales jue­gan con una baza que el mun­do de la músi­ca no pudo explotar, que es el de su fon­do edi­to­r­i­al. Aquí la his­to­ria cam­bia, y mucho, porque esta­mos hablan­do de libros desa­pare­ci­dos que todavía pueden prestar un enorme rendimien­to económi­co con una inver­sión mín­i­ma, puesto que ya están escritos. Hablam­os, en defin­i­ti­va, de un arco tem­po­ral que va del tiem­po de vida útil de un libro en los anaque­les de cualquier libr­ería —soy gen­eroso y obvio el com­er­cio de libros—, entre uno y cin­co años, a la duración de los dere­chos de explotación de la obra o, mutatis mutan­dis de su tra­duc­ción, que depen­di­en­do del país puede ocu­par unos gen­erosos sesen­ta años. Ahí es nada.

La neb­u­losa aquí es en real­i­dad may­or, puesto que antiguas edi­to­ri­ales que cer­raron sus puer­tas hace tiem­po —pien­so en Edi­to­ra Nacional, una trage­dia— vendieron o mal­vendieron los dere­chos de su fon­do a algún oscuro —o lumi­noso, preclaro— edi­tor que ha deci­di­do dejar esas colec­ciones dur­mien­do el sueño de los jus­tos. Un esca­neo, un ocr con­cien­ci­u­do, una cuida­dosa cor­rec­ción —para ade­cuarse al orig­i­nal, no con afán de mejo­rar­lo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maque­tación con­ser­van­do tipo, cuer­po, pag­i­nación y demás y voilá, uno verá que dis­tribuyen­do el archi­vo por unos 8 euros va a encon­trarse con que unos 2.000 pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios des­perdi­ga­dos por el mun­do —es un decir— y un gen­eroso número de estu­di­antes, si aquél­los se ani­man a incor­po­rar el tex­to en sus cur­sos, se com­prarán el libro de mar­ras de la colec­ción. Pong­amos otros 1.000 alum­nos y ya esta­mos en 3.000, que mul­ti­pli­ca­do da la friol­era de 24.000 euros, algo que par­tien­do de la nula pro­duc­ción de ben­efi­cios actu­al haría que al mun­do de los edi­tores les tuviera que apare­cer el sím­bo­lo del euro cen­tel­le­an­do en sus pupi­las. No te cuen­to si nos ofrecier­an la Bib­liote­ca de vision­ar­ios, het­ero­dox­os y mar­gin­a­dos, las obras com­ple­tas de Julio Caro Baro­ja, las de Marceli­no Menén­dez Pelayo, Ramón Menén­dez Pidal, Dáma­so Alon­so, o los mag­nifi­cos estu­dios de José Deleito y Piñuela a un pre­cio espe­cial de lan­za­mien­to.

William Morris - ejemplo de página impresaMen­ciono esto porque sí hay cosas que un edi­tor puede apren­der del mun­do del dis­co: remas­teri­zar obras clási­cas y casi per­di­das. Aquí Google Books, con su fal­ta de cuida­do y amor por el tex­to y por su ren­der­iza­do, jun­to a su pobre sis­tema de búsquedas, ha deja­do una vía abier­ta para los edi­tores en el sen­ti­do clási­co: aque­l­los que ama­ban el libro como obje­to además de como con­tenido. Las opciones del libro elec­tróni­co deben dar la opción de volver a trans­mi­tir ese amor, de reed­u­car estéti­ca­mente al públi­co. Uno puede hac­er un tra­ba­jo de maque­ta­do y com­posi­ción sigu­ien­do el orig­i­nal pero puede ofre­cer anexa una ver­sión ampli­a­da a la que adjun­tar apéndices que per­mi­tan un lec­tura actu­al­iza­da —para eso vale­mos los his­to­ri­adores, los filó­so­fos, los filól­o­gos y demás razas de Mor­dor—, la incor­po­ración de mate­ri­ales de difí­cil acce­so hace cuarenta años y hoy a un click de dis­tan­cia, obje­tos grá­fi­cos y audio­vi­suales, etc. Creo que cuan­do Apple —sien­to men­cionar al san­to de mi devo­ción— anun­ció la creación de iTunes LP esta­ba pen­san­do en una fór­mu­la que a ellos les ha ido bas­tante bien, y que podría adap­tarse de la sigu­iente man­era al mun­do del libro dig­i­tal: es cier­to que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pul­u­lan­do por la red, pero hay una man­era de pre­sen­tar los con­tenidos y unos con­tenidos deter­mi­na­dos que solo pueden ser orga­ni­za­dos por el edi­tor que posee los dere­chos de más obras, es nece­sario crear obje­tos de arte que nadie quiera piratear, tan­to por la platafor­ma en la que se ven como por las ven­ta­jas inher­entes que con­ll­e­va su com­pra. Y creo que todo ello debería ser exci­tante por el reto que supone para el mer­ca­do edi­to­r­i­al. No ha habido un momen­to con may­ores posi­bil­i­dades cre­ati­vas para escritores, dis­eñadores y creadores de con­tenido des­de las pren­sas de William Mor­ris y las obras que pueden pro­ducirse lle­varían la expe­ri­en­cia de la lec­tura y del apren­diza­je a un nue­vo niv­el. Aquí la peri­cia del edi­tor en la selec­ción de los tex­tos para sus colec­ciones, y el tra­ba­jo que durante años la edi­to­r­i­al ha real­iza­do esco­gien­do con mimo sus títu­los se verá enorme­mente rec­om­pen­sa­dos. Espero que la platafor­ma que Apple prepara esté a la altura de dichas posi­bil­i­dades exper­i­men­tales y, de ser así, que no que­den estas en lo anecdóti­co.

La entra­da de Mi mesa cojea men­ciona­da al prin­ci­pio de este tex­to incide en un hecho dis­tin­to al que yo comen­to, al enfo­carse pri­mor­dial­mente a la lit­er­atu­ra de con­sumo. He tenido la posi­bil­i­dad de uti­lizar un Kin­dle y un Nook estos días y, sin­ce­ra­mente, no es la expe­ri­en­cia de lec­tura que bus­co, ni lo que espero para cam­biarme de papel a un dis­pos­i­ti­vo nue­vo. Además de las razones ante­ri­or­mente aduci­das, ten­go claro que no voy a uti­lizar un lec­tor de libros elec­tróni­cos donde su estéti­ca —y me refiero a cues­tiones tipográ­fi­cas, de caja y demás cosas que no tienen por qué pre­ocu­par a todo el mun­do— es como poco aber­rante. Pero la críti­ca de Jose A. Pérez es acer­ta­da, las edi­to­ri­ales deberían ten­er unos con­tenidos a la espera de soporte, y no al con­trario, si el soporte ade­lan­ta a los con­tenidos y las pre­ocu­pa­ciones por el libro como tal son mín­i­mas —uno no sabe qué tra­duc­ción, qué edi­ción y con qué garan­tías la está leyen­do— en un amplio espec­tro de lec­tores, las edi­to­ri­ales van a sufrir con sus títu­los tradi­cional­mente más renta­bles. Quizás sea el momen­to de un cam­bio en el par­a­dig­ma tradi­cional del mer­ca­do librario, que decía que los rédi­tos obtenidos de las obras más ven­di­das servían para pub­licar las obras real­mente impor­tantes y de cal­i­dad, quizás el paso al libro elec­tróni­co per­mi­ta que las edi­to­ri­ales ofrez­can a su públi­co, a pre­cios com­pet­i­tivos, obras raras y her­mosas y que sean estás las que per­mi­tan no su super­viven­cia, sino una nue­va edad dora­da. Por soñar, que no quede.

actu­al­ización: Al hilo del debate algunos blogs han pub­li­ca­do algu­nas entradas de tan­to interés lig­era­mente ante­ri­ores a esta o pos­te­ri­ores. Hago aquí una pequeña lista aprox­i­ma­ti­va de algu­nas de las que me han lla­ma­do más la aten­ción:

* “El miedo a la copia ile­gal deja pasar una opor­tu­nidad de nego­cio con los e-books en España”, en Madrid Pro­gre­sista. Comen­tar­ios en Menéame.
* “Su Bib­lia, seño­ra min­is­tra”, de Blogu­ion­istas. Con una intere­sante apre­ciación de un edi­tor sobre los dere­chos de autor y de explotación de las obras descat­a­lo­gadas.
* De nue­vo sobre los títu­los descat­a­lo­ga­dos, podéis ver esta entra­da de The Pub­lic Domain y los comen­tar­ios en castel­lano en menéame, que dan una bue­na idea de las pos­turas, opin­iones y acti­tudes más difun­di­das en torno al libro dig­i­tal.
* El anteproyec­to de ley de economía sostenibleaquí des­de la pági­na del min­is­te­rio— ofrece bas­tantes respues­tas, de las que muchas son clara­mente anti­con­sti­tu­cionales, a aque­l­los que se pre­ocu­pen por cual será el nue­vo panora­ma en la creación, dis­frute y difusión de copias dig­i­tales por la red. Tenéis artícu­los de opinión al respec­to, en un tono muy sim­i­lar, en Del dere­cho y las nor­mas, Enrique Dans, Merode­an­do, La aldea irre­ductible, Interi­uris, Ver­sus y Error 500.
* “El mun­do edi­to­r­i­al dis­cute cómo con­tro­lar la piratería en el ‘e-book’”, Pedro Val­lín, en La Van­guardia.

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[^1]:
No deja de sor­pren­derme leer algu­nas de las per­las de la entra­da de Econec­ta­dos —«Dime un libro y lo encuen­tro en Google gratis», «lo sien­to por los libreros, pero van a desa­pare­cer ráp­i­da­mente», «los libreros están ame­nazan­do a las edi­to­ri­ales con quitar sus libros de la vista si venden libros elec­tróni­cos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley españo­la que obliga a vender el libro a un pre­cio úni­co para pro­te­ger a las libr­erías pequeñas. Lo sien­to, pero aquí debe haber lib­er­tad; y aho­ra mis­mo en este ter­reno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísi­mas [sic.] libr­erías cer­rarán, lo sien­to por los libreros tradi­cionales pero así es la dig­i­tal­ización que hace más acce­si­ble todo. Podremos leer en segun­dos cualquier libro este­mos donde este­mos», etc.— que, como en el caso de la músi­ca, demues­tran un desconocimien­to abso­lu­to de lo que es un edi­tor, un pro­duc­tor musi­cal, un librero, por no ir ya direc­ta­mente a un tex­to cuida­do, una tra­duc­ción con garan­tías, etc. No seré yo quien defien­da mod­e­los de mer­ca­do caducos ni los abun­dantes abu­sos que hay en los pre­cios de la músi­ca y los libros, pero comien­za a ser exas­per­ante la total fal­ta de conocimien­to en los defen­sores del todograti­sa­ho­ray­porquesí de lo que con­ll­e­va dis­eñar una colec­ción de libros o de dis­cos y lo que hay detrás de pro­ducir­los con el cuida­do nece­sario.

[^2]:
Inclu­so por el número de pal­abra en el tex­to.

La ciencia española no necesita tijeras

Me ha sali­do la bilis un par de veces mien­tras escribía esta entra­da y ambas he repeti­do mi mantra: ⌘+a+⌫. Me hubiera gus­ta­do hablar de cuál creo yo que es el ver­dadero prob­le­ma de la Uni­ver­si­dad y de la Inves­ti­gación españo­las, pero la situación aho­ra mis­mo es lo sufi­cien­te­mente grave para que me olvide de mis propias con­vic­ciones e intente apo­yar una causa que con­sidero noble y jus­ta. Javi Peláez ha sido muy claro: nos ha pedi­do una razón a cada uno de nosotros por la que jamás debería reducirse la inver­sión estatal en Inves­ti­gación y Desar­rol­lo.

Tras pen­sar detenida­mente en aque­l­las que con­sidero obvias y que deberían estar en la cabeza de cualquier per­sona de bien —el dra­ma humano y famil­iar, la pér­di­da de puestos de tra­ba­jo, la necesi­dad de mod­ern­izar un país que siem­pre está en la cuer­da flo­ja en mate­ria de inno­vación y apli­cación de tec­nologías pun­teras,…— doy una razón que me parece esen­cial y que no he vis­to en ningu­na parte: sólo con una autén­ti­ca y com­pro­meti­da inver­sión de cap­i­tal exi­s­tiría una hipotéti­ca posi­bil­i­dad de refor­mar la Uni­ver­si­dad españo­la de una man­era rad­i­cal y autén­ti­ca.

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Sé, seño­ra Min­is­tra, que tal vez sea más un aci­cate para el recorte —«¡Oh, Beato sil­lón!»— que para cumplir aque­l­lo a lo que se com­pro­metió con nosotros, con quienes votaron en las urnas y quienes refren­daron la decisión propia o aje­na de ele­gir­los para diri­gir el país. Escuche con aten­ción a una per­sona que sabe que no es nadie para dar con­se­jos: invier­tan todo lo posi­ble en inves­ti­gación si quieren que algún día España aban­done los reinos de Taifas, pelee y luche por aque­l­los cien­tí­fi­cos —y hablo de los cien­tí­fi­cos de ver­dad— hon­ra­dos que aman a su país tan­to como para quedarse en él a sufrir y a mendi­gar inver­siones, y luche y pelee por atraer a otros que están en cen­tros extran­jeros de enorme pres­ti­gio. Y una últi­ma cosa, aunque sé que esto es incom­pren­si­ble en nue­stro país: ayude al aban­dono del cor­ti­jo y haga un plan decente de una vez —y no me refiero a las rota­ciones boloñe­sas, pre­cisa­mente— para que en España se con­trat­en inves­ti­gadores extran­jeros. Voy más allá, para que haya un más amplio y gen­eroso número de pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios extran­jeros y, agár­rese, cat­e­dráti­cos. Quizás le suene a locu­ra, pero en el puñetero fút­bol tiene un buen ejem­p­lo de cómo hac­er­lo.

Podéis ver una descrip­ción de la ini­cia­ti­va en el blog de javi Peláez y la lista de blogs que nos hemos unido a ella aquí, en el momen­to de acabar esta entra­da hay 686 razones, ahí es nada.

Leszek Kolakowski (1927–2009)

Hoy hace exac­ta­mente una sem­ana que murió Leszek Kolakows­ki y, como mues­tra de que la pren­sa no rinde jus­ti­cia a algunos ni en sus obit­u­ar­ios, yo acabo de enter­arme esta tarde mien­tras leía una anéc­do­ta de las muchas pro­tag­on­i­zadas por el mae­stro en The Chica­go Blog. Para muchos de los lec­tores sobrarán pre­senta­ciones, pero para a aque­l­los a quienes no se les haya con­ce­di­do el rega­lo de la lec­tura de cualquiera de sus obras, les dejo aquí una breve sem­blan­za que otro grande, Tony Judt, le dedicó el año pasa­do en un libro que merece como poco una lec­tura —Reap­praisals. Reflec­tions on the for­got­ten Twen­ti­eth Cen­tu­ry (New York: The Pen­guin Press, 2008, pp. 129–30). La sem­blan­za de Kolakows­ki reza como sigue:

Kolakowski.png “Leszek Kolakows­ki es un filó­so­fo pola­co. Pero no parece demasi­a­do acer­ta­do —o sufi­ciente— describir­lo así. Como Czes­law Milosz y otros antes que él, Kolakows­ki for­jó su car­rera int­elec­tu­al y políti­ca en oposi­ción a cier­tos ras­gos de raigam­blre pro­fun­da en la cul­tura pola­ca tradi­cional: cler­i­cal­is­mo, chovin­is­mo, anti-semi­tismo. Oblig­a­do a aban­donar su tier­ra natal en 1968, Kolakows­ki nun­ca podría volver a casa ni ser pub­li­ca­do en ella: entre 1968 y 1981 su nom­bre se encon­tra­ba en el índice pola­co de autores pro­hibidos, y la may­or parte de la obra por la que es cono­ci­do hoy fue escri­ta y gran parte de la obra por la que mejor se le conoce hoy fue escri­ta y pub­li­ca­da en el extran­jero.

En el exilio, Kolakows­ki vivió prin­ci­pal­mente en Inglater­ra, donde fue Fel­low del All Souls Col­lege, Oxford, des­de 1970. Pero, como explicó en una entre­vista el año pasa­do, Gran Bre­taña es una isla; Oxford es una isla den­tro de Gran Bre­taña; All Souls (un Col­lege sin estu­di­antes) es una isla den­tro de Oxford y el Dr. Leszek Kolakows­ki es una isla en All Souls, una “isla cuá­dru­ple”. Hubo en un tiem­po, de hecho, lugar en la vida cul­tur­al británi­ca para los int­elec­tuales emi­gra­dos de Rusia y Europa Cen­tral —piéns­ese en Lud­wig Wittgen­stein, Arthur Koestler o Isa­iah Berlin. Pero un filó­so­fo católi­co, antiguo marx­ista y pola­co es más exóti­co y, a pesar de su reconocimien­to inter­na­cional, Leszek Kolakows­ki es ampli­a­mente descono­ci­do —y curiosa­mente menos­pre­ci­a­do— en su tier­ra adop­ti­va.

En otros lugares, sin embar­go, es famoso. Como muchos int­elec­tuales cen­troeu­ropeos de su gen­eración, Kolakows­ki es polí­glota —con tan­ta o may­or facil­i­dad en ruso, francés y alemán como en pola­co y en su inglés de adop­ción— y ha recibido reconocimien­tos y abun­dantes pre­mios en Italia, Ale­ma­nia y Fran­cia prin­ci­pal­mente. En los Esta­dos Unidos, donde Kolakows­ki enseño durante muchos años en el Com­mit­tee on Social Thought de la Uni­ver­si­dad de Chica­go, sus logros han sido gen­erosa­mente recono­ci­dos, cul­mi­nan­do en 2003 con el Pre­mio Kluge de la Bib­liote­ca del Con­gre­so, otor­ga­do por los logros de una vida en aque­l­los cam­pos de inves­ti­gación —las humanidades prin­ci­pal­mente— para los que no hay Pre­mio Nobel. Pero Kolakows­ki, que en más de una ocasión ha declar­a­do sen­tirse en París como en casa, no es más amer­i­cano que inglés. Quizás deba pen­sarse en él como el últi­mo ciu­dadano ilus­tre de la Repúbli­ca de las Letras del siglo XX.

En la may­or parte de sus país­es de adop­ción, Leszek Kolakows­ki es mejor cono­ci­do —y en algunos úni­ca­mente cono­ci­do— por Main Cur­rents of Marx­ism, su excep­cional his­to­ria en tres volúmenes del marx­is­mo: pub­li­ca­da en pola­co (en París) en 1976, en Inglater­ra por Oxford Uni­ver­si­ty Press dos años despues, y reim­pre­sa aho­ra en un volú­men úni­co por Nor­ton en los Esta­dos Unidos. Sin duda así debe ser: Main Cur­rents es un mon­u­men­to de la eru­di­ción mod­er­na en el cam­po de las humanidades. Pero hay cier­ta ironía en su pre­em­i­nen­cia entre el resto de los escrits de Kolakows­ki, al ser su autor cualquier cosa excep­to un “Marxól­o­go”. Es un filó­so­fo, un his­to­ri­ador de la filosofía y un pen­sador católi­co. Pasó años estu­dian­do las sec­tas y here­jías cris­tianas alto­mod­er­nas y durante más de últi­mo cuar­to del siglo pasa­do se dedicón a la his­to­ria de la religión y la filosofía en Europa y lo que podría ser descrito de la mejor man­era como espec­u­la­ciones filosó­fi­co-teológ­i­cas.”

Sobre la muerte de Kolakows­ki podéis encon­trar más infor­ma­ción en los sigu­ientes enlaces:

* The Chica­go Blog.
* The Tele­graph.
* Letras Libres.
* La Ter­cera.
* La Cope.

Hay una bue­na galería de fotos, de donde proce­den la que se adjun­ta a esta entra­da, aquí. Otra brevísi­ma biografía en inglés puede leerse aquí. Una bib­li­ografía que dista de ser com­pre­hen­si­va puede encon­trarse en esta entra­da de la Wikipedia ingle­sa, a la que pueden sumarse las fuentes pri­marias citadas en este doc­u­men­to y en este otro, de Cos­ma Shal­izi. Si alguno conoce un lis­ta­do real­mente com­ple­to, que se pon­ga en con­tac­to con­mi­go y lo añadi­re­mos a esta pági­na.

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