Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Acceso gratuito a De Gruyter sólo este mes

Acabo de enter­arme y quería com­par­tir­lo con todos vosotros. Wal­ter de Gruyter, una de las edi­to­ri­ales académi­cas más impor­tantes de Ale­ma­nia, per­mite el libre acce­so a 49 bases de datos de diver­sos cam­pos cien­tí­fi­cos y humanís­ti­cos, lo cual es una noti­cia fan­tás­ti­ca para aque­l­los que quier­an con­sul­tar fuentes de tan recono­ci­do pres­ti­gio como poco cacareadas.

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«Cervantes Collection» — Cushing Memorial Library & Archives

En uno de mis paseos por la red me he encon­tra­do con la ‘Cer­vantes Col­lec­tion’ de la Cush­ing Memo­r­i­al Library & Archives de la Uni­ver­si­dad de Texas A&M, que pasa a com­ple­men­tar —ante todo por ampliación del arco tem­po­ral— el estu­pen­do Ban­co de Imá­genes de Don Qui­jote patrio.

Se tra­ta de una mag­ní­fi­ca colec­ción que alber­ga todas las imá­genes con­tenidas 1.151 doc­u­men­tos entre edi­ciones de época del Qui­jote y de tex­tos vaga o intrínse­ca­mente rela­ciona­dos con la obra, lo que le con­fiere un interés especí­fi­co a aque­l­los ocu­pa­dos en icono­grafía y, ante todo, en la tan intere­sante evolu­ción pic­tográ­fi­ca del ide­al caballeresco des­de el siglo XVI al XX.

Aquí os dejo una mín­i­ma mues­tra:

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Edi­ción Parisi­na de 1713. Lista com­ple­ta de graba­dos.

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Edi­ción Parisi­na de 1723. Ilus­tra­ciones dis­eñadas por Charles-Antoine Coypel y grabadas por Luis Suruge. Lista com­ple­ta de ilus­tra­ciones, aquí.

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1818-London-Cadell-01-011

1818-London-Cadell-01-005

Edi­ción Londi­nense de 1818. Todas las ilus­tra­ciones, aquí.

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1929-Maestricht-Leiter-01-024

Edi­ción Holan­desa (1929–1931). Ilus­tra­ciones de Her­mann Paul. Todas las ilus­tra­ciones de Don Qui­jote, aquí. Will, de A Jour­ney around my skull ha hecho una selec­ción y la ha subido a flickr.

Espero que os sea de util­i­dad o, al menos, un buen entreten­imien­to para la tarde del domin­go.

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Dart-Europe: El portal europeo de tesis en formato digital

Dart-Europe es el equiv­a­lente europeo al motor de búsque­da de Pro­quest para tesis doc­tor­ales real­izadas y defen­di­das en uni­ver­si­dades norteam­er­i­canas y cana­di­ens­es. Ha sido real­iza­da y pues­ta en fun­cionamien­to bajo los aus­pi­cios de LIBER (Ligue des Bib­lio­thèques Européenes de Recherche), que tam­bién está impli­ca­da en otros proyec­tos como Euro­peana, y está admin­istra­da por la Uni­ver­si­ty Col­lege de Lon­dres.

Se tra­ta de una platafor­ma que hacía tiem­po que era nece­saria. Aunque todavía no suple la con­sul­ta de catál­o­gos bib­li­ográ­fi­cos y la búsque­da en los ficheros de bib­liote­cas uni­ver­si­tarias, es un primer paso prom­ete­dor, y esto ya debería ser moti­vo de ale­gría para los inves­ti­gadores. Pero además, puede encon­trarse en su pági­na un amplio repos­i­to­rio de doc­u­mentación que infor­ma acer­ca del fun­cionamien­to, metas y prob­le­mas téc­ni­cos rela­ciona­dos con el proyec­to.

En prin­ci­pio, el por­tal se encar­ga de recoger los metadatos de tesis de doc­tor­a­do y de máster a través del pro­to­co­lo OAI-PMH, siem­pre que sean de libre acce­so y que puedan descar­garse, leerse y uti­lizarse libre­mente. Ya existe un amplio número de Uni­ver­si­dades que par­tic­i­pan en el proyec­to apor­tan­do sus bases de datos; la incor­po­ración de nuevas enti­dades es libre, así que si leéis esto des­de una Uni­ver­si­dad euro­pea que no aparece en la lista, sería una estu­pen­da idea pon­erse en con­tac­to con vues­tra bib­liote­ca y ani­mar­los, si es que no lo están hacien­do ya, a for­mar parte de la platafor­ma.

Para empezar una búsque­da, sólo tenéis que pin­char en la ima­gen bajo esta línea:

Dart-Europe

Como siem­pre, espero que os sea de util­i­dad.

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Revista de Literatura se pasa al entorno digital

Acabo de recibir la noti­cia a través de correo elec­tróni­co de que Revista de Lit­er­atu­ra ha comen­za­do el pro­ce­so de dig­i­tal­iza­do de todos sus números des­de 1952, año en que el Con­se­jo Supe­ri­or de Inves­ti­ga­ciones Cien­tí­fi­cas comen­zó a pub­li­car­la.

Se tra­ta de una muy bue­na noti­cia. En mi opinión es de las pocas pub­li­ca­ciones del cam­po que ha man­tenido siem­pre el cri­te­rio de exce­len­cia por enci­ma de todos los demás, entre otras cosas gra­cias al tra­ba­jo de un equipo edi­to­r­i­al ejem­plar.

Portada de "Revista de Literatura"

Podéis encon­trar los números que de momen­to están disponibles (2001–2005; volúmenes 63 al 67) en el sigu­iente enlace, poco a poco irán actu­al­izán­do­lo con el resto.

Espero que os sea de util­i­dad.

Pd. Quiero agrade­cer la abun­dante can­ti­dad de corre­os elec­tróni­cos que me han lle­ga­do durante los últi­mos meses, los comen­tar­ios y el aumen­to ince­sante de las suscrip­ciones al blog. Tan­ta aten­ción merecía una respues­ta ya hace tiem­po: Fic­ta elo­quen­tia no ha ter­mi­na­do su recor­ri­do, sino que volverá pron­to con una expli­cación exten­sa de los motivos de la ausen­cia y con mucho mate­r­i­al nue­vo.

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Bruto


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Bus­to de Lucio Junio Bru­to en el Museo Capi­toli­no

“Cuan­do Bru­to y los hijos de Tar­quinio con­sul­taron al orácu­lo de Apo­lo en Delfos, la respues­ta fue que el poder supre­mo pertenecería al hom­bre que, tras su regre­so, primero besara a su madre. Bru­to fue el úni­co que com­prendió: al desem­bar­car de su nave simuló caer y besó la tier­ra, y así se hizo con el poder supre­mo.

Los siete reyes de Roma habían sido Rómu­lo, Numa Pom­pilio, Tulio Hos­tilio, Anco Mar­cio, Tar­quinio Prisco, Servio Tulio y Tar­quinio Sober­bio. A la muerte de Rómu­lo, el sena­do gob­ernó durante un año medi­ante decu­ri­ae, “gru­pos de diez,” sis­tema molesto que prop­i­ció que comen­zara la búsque­da de un rey. Al no encon­trarse nadie ade­cua­do en la ciu­dad, cobró fuerza la bue­na fama de Pom­pilio, que vivía en Cures, ciu­dad de los sabi­nos, y que tras tratos con los emba­jadores acep­tó el poder supre­mo y brindó la fero­ci­dad de un pueblo guer­rero a los ritos sagra­dos. Dicen que tenía el pelo cano des­de la infan­cia.”

Segun­do Mitó­grafo Vat­i­cano.

El iPad como objeto cultural y como objeto de consumo

La noti­cia tec­nológ­i­ca del día: Apple aca­ba de lan­zar un nue­vo pro­duc­to denom­i­na­do iPad. El tér­mi­no ‘pro­duc­to’ lo uti­li­zo a propósi­to y pre­tendo con él explicar por qué la recep­ción en Inter­net no ha sido espe­cial­mente cál­i­da.

El prob­le­ma ha sido la fal­ta de un con­tex­to, tan­to para tirios como para troy­anos. En el caso de los usuar­ios fieles a la mar­ca, las expec­ta­ti­vas habían lle­ga­do a un gra­do de des­bor­damien­to a través de rumores que hacían imposi­ble que ningún obje­to real cumpli­era con una masa informe de car­ac­terís­ti­cas que no para­ba de cre­cer. Jun­to a ello, Apple ha ido en con­tra de una de sus premisas en la creación de pro­duc­tos infor­máti­cos de con­sumo: pre­sen­ta un obje­to para la recep­ción pasi­va de pro­duc­tos cul­tur­ales cuan­do la línea de la empre­sa había con­sis­ti­do tradi­cional­mente en insi­s­tir en una poten­cial capaci­dad de creación de una man­era ráp­i­da y sen­cil­la. Y esto, como es evi­dente, ha des­colo­ca­do a muchos. En el caso de quienes nun­ca han tenido relación con la mar­ca, las reac­ciones fueron sim­i­lares a las que hubo con el iPhone: críti­ca de pre­cios, suma­da a críti­ca de un sis­tema propi­etario, etc.; una amplia may­oría de ellos tiene, dos años después, un iPod tác­til o el telé­fono móvil de la mar­ca.


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Sin embar­go, lo que puede percibirse como un fal­lo de la empre­sa a la hora de sat­is­fac­er las necesi­dades de los usuar­ios, o de cumplir con sus expec­ta­ti­vas, admite una lec­tura dis­tin­ta. Apple ha opta­do por el sen­ti­do común y por hac­er un ejer­ci­cio reflex­i­vo a par­tir del que reed­u­car al usuario, movimien­to que por su carác­ter insól­i­to merece al menos una reflex­ión. El iPad no es una com­puta­do­ra que per­mi­ta redac­tar una tesis, com­pon­er músi­ca, reto­car fotografías de man­era pro­fe­sion­al o edi­tar vídeos en HD; sino que sirve para dis­fru­tar de todo ello. El con­cep­to que hay detrás es quiénes somos y cómo apor­ta­mos val­or a lo que con­sum­i­mos, de ahí la posi­bil­i­dad mane­jarse y dis­tribuir lo que ten­emos en nue­stro ter­mi­nal en todas las redes sociales. El iPad no podía ser la piedra filoso­fal de la infor­máti­ca de con­sumo porque ya lo es cualquier orde­nador con cier­ta poten­cia; había que bus­car un espa­cio dis­tin­to para dar sig­nifi­ca­do a todo lo que con­sum­i­mos. Como tal, va dirigi­do a los usuar­ios que nece­si­tan un ter­mi­nal para moverse por redes sociales, para revis­ar doc­u­men­tos que lo requier­an, para leer libros ya escritos, etc.

En resumen, el iPad no alude al usuario cre­ati­vo o a aquel que nece­si­ta hac­er cosas con una com­puta­do­ra, sino que se plantea a ese mis­mo usuario, o al con­sum­i­dor pasi­vo, como ente recep­tor —de ahí la insis­ten­cia en las redes sociales, la redis­tribu­ción de la apli­cación de correo elec­tróni­co, etc.— y como críti­co y difu­sor de los mis­mos. Por tan­to, una idea de creación no solo para aque­l­los con inqui­etudes, sino para los inter­nau­tas como comu­nidad glob­al.



Creo que el iPad será un éxi­to porque tiende la mano al amplio reg­istro de usuar­ios que todavía miran con rece­lo, o usan de una man­era vaga e impre­cisa, sus orde­nadores y su conex­ión a Inter­net. Pien­so en usuar­ios que no nece­si­tan la com­ple­ji­dad de un orde­nador per­son­al para con­fig­u­rar su cuen­ta de face­book, que no saben qué es flickr, que no quiere nave­g­ar de man­era errante por pági­nas web, sino que requieren pun­tos de ref­er­en­cia per­fec­ta­mente situ­a­dos en Inter­net —coor­de­nadas que podríamos denom­i­nar como main­stream dig­i­tal—. Lo que Apple ha hecho es pare­ci­do a lo que el ZX Spec­trum, el Com­modore 64 o el Ami­ga hicieron en la déca­da de los 80 para mi gen­eración: ha pen­sa­do en un ter­mi­nal domés­ti­co que no requiere ningún conocimien­to pre­vio para dis­fru­tar ple­na­mente del ocio dig­i­tal y de los pro­to­co­los de inter­ac­ción social que ofrece Inter­net.

Gestión de tiempo y de espacio.

Detrás de ello, hay un estu­dio serio de mod­e­los de mer­ca­do y de expan­sión hacia un enorme con­jun­to de usuar­ios poten­ciales. Pero hay además una con­sid­eración impor­tante de uno de los grandes temas del dis­eño apli­ca­do a la infor­máti­ca: la gestión de los espa­cios de tra­ba­jo y de ocio. Apple ha pen­sa­do en cómo dis­tribuimos ambos espa­cios en la inter­ac­ción con nues­tras com­puta­do­ras y ha crea­do un obje­to que responde al ocio de una man­era más pre­cisa que un portátil o un sobreme­sa, ha apli­ca­do la división de las dos grandes cor­ri­entes de uso de com­putación dividién­dolas en dos espa­cios clara­mente delim­i­ta­dos. Y eso tiene dos claras lec­turas: la primera es que aque­l­los que como yo nos pasamos el día delante de nue­stros portátiles y mez­clam­os ocio con tra­ba­jo nos ha ofre­ci­do una delim­itación físi­ca de los mis­mos, dan­do un con­tex­to a un obje­to nue­vo —aquí las pal­abras de Jobs no pare­cen exager­adas— que hace todo lo que se puede hac­er con un orde­nador que no es estric­ta­mente pro­duc­ti­vo. Esta división per­mite pen­sar de una man­era mucho más lóg­i­ca nues­tra relación con los orde­nadores y mate­ri­al­iza una nece­saria división con­cep­tu­al. Apple ha crea­do, me parece, un espa­cio nece­sario.

No es que el iPad per­mi­ta hac­er cosas impens­ables en otro apara­to, sino que ayu­da a dis­tribuir los con­cep­tos en dis­tin­tos tipos de obje­tos, y eso es enorme­mente impor­tante para todo tipo de usuar­ios.

Incorporación de nuevos usuarios y relectura de Internet.

El iPad, tal y como yo lo veo, es jus­ta­mente lo con­trario a una her­ramien­ta de tra­ba­jo. Es una her­ramien­ta de pro­cras­ti­nación, que la alien­ta y que la evi­ta al con­ver­tir­lo —a él en vez de a nues­tra com­puta­do­ra— en su instru­men­to. Cumple, a su vez, con todas las premisas y atiende a todo el aban­i­co de ocio en Inter­net, per­mi­tien­do acced­er a una amplia masa de población a las redes sociales aunque carez­can de cuen­ta en ellas. Pien­so por ejem­p­lo en la gen­eración que aho­ra cuen­ta con 50 años. Su relación con la com­putación ha sido, en su may­or parte, una relación lab­o­ral en la que había que usar el correo elec­tróni­co y quizás dos o tres apli­ca­ciones especí­fi­cas. No nave­g­an por Inter­net, no leen blogs por suscrip­ción a RSS y no hacen cosas que para el arco de población entre 15 y 35 años son bási­cas.

Jobs pre­sen­tó el iPad sen­ta­do en un sil­lón con una mesil­la al lado. No es un obje­to para las ofic­i­nas, nadie pre­tenderá escribir tex­tos exten­sos —aunque cier­tos com­ple­men­tos lo per­mi­tan— en él. Cier­ta­mente se puede usar iWork, nues­tra galería de fotos, etc., pero tal y como yo lo veo, para hac­er prue­bas de con­cep­to, para revis­ar fuera del escrito­rio y fuera del despa­cho algunos tra­ba­jos que hemos pro­duci­do allí, de una man­era casu­al y sin com­pli­ca­ciones de inter­faz. Vis­to así, inclu­so la imposi­bil­i­dad de realizar varias tar­eas simultánea­mente parece una ven­ta­ja.

La lectura de libros electrónicos.

Apple reveals iBookstore and app for the iPad -- Engadget.jpgUna de las apli­ca­ciones que Apple pre­sen­tó para su nue­vo dis­pos­i­ti­vo fue fue iBooks. Un soft­ware de lec­tura de libros en for­ma­to .epub. Y aquí de nue­vo se plantea de man­era evi­dente lo que quería decir antes. Apple ha pre­tendi­do crear una expe­ri­en­cia estéti­ca de lec­tura. Ha obvi­a­do la tin­ta elec­tróni­ca —todavía no es su momen­to— y ha inten­ta­do crear la expe­ri­en­cia más agrad­able y sim­i­lar a la lec­tura en papel, no ha repro­duci­do las cual­i­dades físi­cas del papel, sino la ‘inter­faz de la lec­tura’. Para ello ha saque­a­do sin piedad dos apli­ca­ciones de cier­ta fama: Deli­cious library para la creación de anaque­les vir­tuales donde alma­ce­nar libros y Clas­sics para repro­ducir el pro­ce­so de lec­tura.

De nue­vo, esto ha pro­duci­do críti­cas por parte de los poten­ciales clientes: cómo se leerá un pdf, por qué pan­talla con retroi­lu­mi­nación y no tin­ta elec­tróni­ca, etc. Y volve­mos con ello al con­cep­to que hay detrás del dis­pos­i­ti­vo: no se tra­ta de que no se pue­da leer un pdf, que se puede, sino de que algún desar­rol­lador cree una apli­cación que repi­ense la man­era que ten­emos de tratar con for­matos que no per­miten un reescal­a­do como el tex­to plano. Eso lle­gará más pron­to que tarde. Se tra­ta de que uno pue­da acced­er a fic­ción y ensayo de man­era direc­ta en su ter­mi­nal, que pue­da leer­los y dis­fru­tar de la lec­tura como un plac­er estéti­co, no como un tra­ba­jo.

A mí, que me dedi­co —por hor­ri­ble que suene— a leer de man­era pro­fe­sion­al, no me resul­ta prác­ti­co. Y no lo es porque la premisa es que no lo sea, no se ha pen­sa­do en el dis­pos­i­ti­vo para eso y, más impor­tante aún, el iPad no es un lec­tor de libros elec­tróni­cos, aunque pue­da cumplir con ese cometi­do.

La AppStore y la creación de ecosistemas para los usuarios.

Una de las cosas real­mente atrayentes del iPad es cómo Apple ha crea­do una inter­faz y un con­jun­to de apli­ca­ciones bási­cas para los usuar­ios. La com­pañía nos ha mostra­do cómo ve al usuario medio de Inter­net y, des­de mi pun­to de vista, la radi­ografía les ha sali­do impeca­ble.

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Eso no impli­ca que cada usuario pue­da hac­er del dis­pos­i­ti­vo lo que quiera medi­ante apli­ca­ciones de ter­ceros. Por ejem­p­lo, el iPad puede ser una her­ramien­ta muy intere­sante para aque­l­los que estén preparan­do una tesis o un libro si se cuen­ta con el mis­mo gestor bib­li­ográ­fi­co que tiene en su com­puta­do­ra que per­mi­ta leer bib­li­ografía en pdf y ano­tar­la y mar­car­la para que luego sea sin­croniza­da y con un edi­tor de tex­tos bási­co que le per­mi­ta hac­er pequeñas cor­rec­ciones en otro ámbito que no sea la mesa de tra­ba­jo, y con un dis­pos­i­ti­vo fácil­mente trans­portable, ligero y energéti­ca­mente efi­ciente.

Lo mis­mo es aplic­a­ble a aque­l­los pro­fe­sion­ales de la fotografía que deban revis­ar una enorme can­ti­dad de fotografías, el dis­pos­i­ti­vo per­mite mar­car y detec­tar posi­bles prob­le­mas tan­to en el momen­to de pre como de pre­pro­duc­ción, prob­le­mas que a veces podrán solu­cionarse con una apli­cación lig­era de retoque fotográ­fi­co en el dis­pos­i­ti­vo y a veces requerirán enviarse al cen­tro de tra­ba­jo para una revisión pos­te­ri­or.

Como cierre, me parece que lo que hoy ha pre­sen­ta­do hoy es una man­i­festación sin­cera de nue­stros hábitos como usuar­ios, dán­dole puer­ta de entra­da a muchos más que todavía descono­cen Inter­net. La for­ma en la que lo ha hecho me parece intere­sante y que­da por ver cuál será la recep­ción del dis­pos­i­ti­vo. Si mi lec­tura es acer­ta­da, Steve Jobs podrá jac­tarse de haber rein­ven­ta­do la infor­máti­ca de con­sumo.

El iPad define de una man­era pre­cisa qué es un usuario de Inter­net actu­al, cuáles son sus necesi­dades, y cómo inter­ac­túa con su medio. En ese sen­ti­do, servirá en unos años para com­pren­der cómo veíamos Inter­net y que tipo de expec­ta­ti­vas teníamos —en tér­mi­nos gen­erales— a la hora de valer­nos de la red como medio comu­nica­ti­vo.

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