Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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A Confession of a Personal Inconsistency

Let me end with the con­fes­sion of a per­son­al incon­sis­ten­cy: I was trained almost forty years ago in the two then out­stand­ing Euro­pean cen­tres for the study of art his­to­ry, in Vien­na and Berlin. But I soon real­ized that my spe­cif­ic gifts would not make me into a real art his­to­ri­an who would write a biog­ra­phy of Raphael or Cézanne. Thus I have become a vagrant, a wan­der­er through the muse­ums and libraries of Europe, at times a labour­er till­ing the soil on the bor­der­strip between art his­to­ry, Lit­er­a­ture, sci­ence and reli­gion, and I must con­fess that I almost always enjoyed this life and am still enjoy­ing it very much. I wish that one or oth­er of you would, not exact­ly fol­low my pecu­liar exam­ple, but take up art his­to­ry as your life’s busi­ness.

Fritz Saxl, “Why Art His­to­ry? (Roy­al Hol­loway Col­lege, March 1948)” en Lec­tures, Lon­don: The War­burg Insti­tute, Uni­ver­si­ty of Lon­don, 1957, I, p. 357.

Bruto


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Bus­to de Lucio Junio Bru­to en el Museo Capi­toli­no

“Cuan­do Bru­to y los hijos de Tar­quinio con­sul­taron al orácu­lo de Apo­lo en Delfos, la respues­ta fue que el poder supre­mo pertenecería al hom­bre que, tras su regre­so, primero besara a su madre. Bru­to fue el úni­co que com­prendió: al desem­bar­car de su nave simuló caer y besó la tier­ra, y así se hizo con el poder supre­mo.

Los siete reyes de Roma habían sido Rómu­lo, Numa Pom­pilio, Tulio Hos­tilio, Anco Mar­cio, Tar­quinio Prisco, Servio Tulio y Tar­quinio Sober­bio. A la muerte de Rómu­lo, el sena­do gob­ernó durante un año medi­ante decu­ri­ae, “gru­pos de diez,” sis­tema molesto que prop­i­ció que comen­zara la búsque­da de un rey. Al no encon­trarse nadie ade­cua­do en la ciu­dad, cobró fuerza la bue­na fama de Pom­pilio, que vivía en Cures, ciu­dad de los sabi­nos, y que tras tratos con los emba­jadores acep­tó el poder supre­mo y brindó la fero­ci­dad de un pueblo guer­rero a los ritos sagra­dos. Dicen que tenía el pelo cano des­de la infan­cia.”

Segun­do Mitó­grafo Vat­i­cano.

Los peligros de la red: ¿Es necesaria una nueva Internet?

La pre­gun­ta la hace John Markoff en el New York Times, en una cruza­da que ya comen­zó hace tiem­po y que tuvo su eco en el País hace un par de meses. Esta nue­va colum­na sigue en la mis­ma línea que la ante­ri­or, pero su exposi­ción va tan en con­tra de lo que es Inter­net para muchos de nosotros que dan ganas de respon­der­le que NO a gri­tos, más aún con la argu­mentación que se hal­la al fon­do de sus ideas. Sin embar­go, a la vista de los vaivenes que ha habido en torno a la red durante los últi­mos tiem­pos —del mod­e­lo Sarkozy a las medi­das impop­u­lares del min­istro Moli­na, pasan­do por los inten­tos de reg­u­lación con­tra la piratería en el Reino Unido y muchos más movimien­tos ya cono­ci­dos— quizás sea momen­to de respon­der pun­to por pun­to a la colum­na de Markoff. Quizás sea tiem­po porque su dis­cur­so no sigue por la mis­ma direc­ción que los ante­ri­ores —crim­i­nalizar a los inter­nau­tas—, sino por la más sutil vía de “pro­te­ger­los”.

Cono­ce­mos demasi­a­do bien, por des­gra­cia, que los argu­men­tos de este tipo fun­cio­nan y ya hemos vis­to en numerosas oca­siones que per­siguen en el fon­do es la elim­i­nación de lib­er­tades y la pri­vación de dere­chos a la búsque­da del ben­efi­cio de deter­mi­na­dos cen­tros de poder. Las premisas de Markoff son engañosas porque per­vierten una real­i­dad, la del Inter­net, has­ta con­ver­tir­la en algo com­ple­ta­mente per­ver­so y peli­groso. El obje­ti­vo, como siem­pre en estos casos, es la igno­ran­cia de la may­or parte de la población: solo puede temerse aque­l­lo que no se conoce.


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Me he per­mi­ti­do tra­ducir una amplia por­ción de la colum­na de Markoff para dis­cu­tir breve­mente sus pun­tos de vista. Creo que sus argu­men­tos ya los hemos oído todos más de una vez; pero veo con pre­ocu­pación que des­de medios supues­ta­mente abier­tos y de izquier­das como el New York Times se publiquen estas “cosas”, porque suele ser un buen indi­cio de que una nue­va cam­paña para ate­morizar a la sociedad está en mar­cha y, des­de luego, no atiende al interés común, sino al par­tic­u­lar. Me dejo de preám­bu­los y paso a glosar las pal­abras de Markoff.

> A qué se pare­cería una nue­va Inter­net es todavía obje­to de un amplio debate, pero una alter­na­ti­va sería, en efec­to, crear una “comu­nidad val­la­da” donde los usuar­ios renun­cia­rían a su anon­i­ma­to y a cier­tas lib­er­tades a cam­bio de seguri­dad. Hoy esa es la real­i­dad para un amplio número de usuar­ios de cor­po­ra­ciones y de insti­tu­ciones guber­na­men­tales. A medi­da que una red nue­va y más segu­ra se acep­ta de man­era gen­er­al, la Inter­net actu­al acabaría como el vecin­dario peli­groso del cibere­s­pa­cio. Entrarías a tu propia cuen­ta y ries­go y estarías aler­ta todo el tiem­po que pasaras allí.

El dis­cur­so fun­ciona bajo premisas retóri­c­as muy bási­cas. Expone en primer lugar los peli­gros del uso de la Inter­net actu­al para luego dar voz al final de cada argu­men­to a los “pequeños” per­os que pudier­an exi­s­tir. Se tra­ta de un men­saje poderoso no porque vaya dirigi­do a aque­l­los que entien­den en algu­na medi­da el fun­cionamien­to de Inter­net, sino pre­cisa­mente porque remite al usuario común, aquel para quien el com­er­cio o el correo elec­tróni­co se hal­lan envuel­tos por un aura de fasci­nación y mis­te­rio. Solo un mín­i­mo de sen­ti­do común nos dice que cualquier fac­eta y activi­dad en la vida requiere un cier­to gra­do de pru­den­cia, inclu­so salir a com­prar el pan o darse una ducha; ningún gob­ier­no, por poderoso que sea, puede hac­er nada con­tra la estu­pid­ez y la incon­scien­cia indi­vid­ual, reg­ule como reg­ule. La prop­ues­ta de Markoff es en este pun­to per­ver­sa, habla de un mun­do que ya viv­en los usuar­ios cor­po­ra­tivos y miem­bros del gob­ier­no —recuérdese con qué ejem­p­los comen­zó la exposi­ción del prob­le­ma— porque de eso se tra­ta, de pon­er Inter­net en manos de cor­po­ra­ciones y de insti­tu­ciones guber­na­men­tales.

Pocas per­sonas cabales estarían dis­pues­tas a renun­ciar a sus dere­chos y a su intim­i­dad por un mun­do mejor, fun­da­men­tal­mente porque la proposi­ción inval­i­da el sil­o­gis­mo: ¿cómo puede ser que yo, un ciu­dadano hon­ra­do, deba renun­ciar a mis dere­chos para for­t­ale­cer un esta­do de dere­cho? ¿Cómo puede ser que deba ced­er mi lib­er­tad para coar­tar la del que delinque? Cualquiera sabe que se tra­ta de una lóg­i­ca impa­ra­ble y acu­mu­la­ti­va donde es imposi­ble pon­er un límite, y ced­er ese poder a un Esta­do —el que sea— no con­ll­e­va la restric­ción par­cial de las lib­er­tades, sino la cesión incondi­cional ante cualquier tipo de con­tin­gen­cia: el mod­e­lo de Inter­net que pro­pone Markoff no per­mite en ningún momen­to recu­per­ar la lib­er­tad cedi­da —lo que sería un esta­do de excep­ción—, sino renun­ciar a ella incondi­cional­mente y ad eter­num.

> […] A finales del año pasa­do, un soft­ware mali­cioso que se cree que fue lan­za­do por una ban­da crim­i­nal del Este de Europa apare­ció de pron­to tras fran­quear las mejores ciberde­fen­sas del mun­do. Cono­ci­do como Corn­fick­er, infec­tó ráp­i­da­mente más de 12 mil­lones de com­puta­do­ras, saque­an­do des­de el sis­tema oper­a­ti­vo de un orde­nador de una sala de opera­ciones de Inglater­ra has­ta la red de orde­nadores del ejérci­to francés.

> «Si estás bus­can­do un Pearl Har­bor dig­i­tal, aho­ra ten­emos a los bar­cos japone­ses dirigién­dose hacia nosotros en el hor­i­zonte», dijo recien­te­mente Rick Wes­son, el direc­tor en jefe de Sup­port Intel­li­gence, una com­pañía de con­sult­ing infor­máti­co.

La estrate­gia argu­men­ta­ti­va se mueve, como fue habit­u­al tras el 11 de sep­tiem­bre, con un salto de niv­el y de par­a­dig­ma. Es cier­to que han aumen­ta­do los crímenes en Inter­net, pero está claro que tam­bién ha aumen­ta­do expo­nen­cial­mente el número de usuar­ios de la red al igual que los deli­tos en el mun­do real. La pre­ven­ción repre­si­va, con lim­itación de lib­er­tades para agre­sores y víc­ti­mas es una respues­ta fácil —y vie­ja como el mun­do— que ben­e­fi­cia la acu­mu­lación de poder en unas pocas manos, pero no se ocu­pa de los ver­daderos motivos del prob­le­ma: hac­er­lo nun­ca ha sido, ni será, rentable. Nadie dis­cute que el acce­so a las com­puta­do­ras del ejérci­to francés o de un hos­pi­tal del Reino Unido es un grave prob­le­ma e indi­ca que ambas insti­tu­ciones debier­an regirse por una prác­ti­ca —encriptación, redes cer­radas o lo que se quiera— más estric­ta y lim­i­ta­da que el usuario medio; la estrate­gia de inver­tir el argu­men­to —si ellos han caí­do, qué no podría pasarte a ti— apela a un instin­to pri­mario, el de pro­tec­ción, pero no se dirige a la respues­ta más sim­ple: el ejérci­to francés y el sis­tema san­i­tario británi­co deben inver­tir en seguri­dad.

> De hecho, muchos inves­ti­gadores de seguri­dad infor­máti­ca ven las casi dos décadas de esfuer­zos para “parc­hear” la red actu­al como algo para­le­lo a la línea de Mag­inot en defen­sa […]. El error de cen­trarse en muros de con­tención dig­i­tal sóli­dos es que una vez que se sal­van, el ata­cante tiene acce­so a todos los datos sen­si­bles que se encuen­tran tras ellos. “Duro por fuera, pero con un cen­tro mas­ca­ble” es lo que muchos inves­ti­gadores de seguri­dad infor­máti­ca vet­er­a­nos pien­san de tales estrate­gias.

> La idea con­siste en lev­an­tar una nue­va Inter­net con seguri­dad mejo­ra­da y las capaci­dades para sopor­tar una nue­va gen­eración de apli­ca­ciones de Inter­net que todavía no han sido inven­tadas, así como para hac­er algu­nas cosas que la red actu­al hace mal, como por ejem­p­lo per­mi­tir el acce­so de usuar­ios móviles.

Si la red ha proba­do algo es su capaci­dad de evolu­ción y la posi­bil­i­dad de crear pro­to­co­los nuevos; otra cosa es que este­mos hablan­do de los “datos sen­si­bles” que mane­jan insti­tu­ciones guber­na­men­tales o empre­sas pri­vadas, cuya pri­vaci­dad se quiere defend­er a cos­ta de la nues­tra. La excusa es una poten­cial fuente de abu­so que la ciu­dadanía no debiera estar dis­pues­ta a asumir: uno no cede esa infor­ma­ción ni a un par­tido políti­co ni a un gob­ier­no insti­tu­i­do, la cede a un cuer­po amor­fo y cam­biante como el Esta­do. Aún si el pre­supuesto partiera de las mejores inten­ciones, quienes más tienen que perder son los ciu­dadanos, a los que una vez más se les exige un pea­je que aten­ta con­tra los ide­ales de jus­ti­cia y equidad.


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> El proyec­to Clean Slate de Stan­ford no resolverá por sí mis­mo todos los prob­le­mas prin­ci­pales de seguri­dad de Inter­net, pero proveerá a los dis­eñadores de soft­ware y hard­ware de un con­jun­to de her­ramien­tas que harán de la seguri­dad una parte más inte­gral de la red y, en últi­ma instan­cia, darán a aque­l­los que hacen cumplir la ley vías mucho más efec­ti­vas para perseguir a los crim­i­nales en el cibere­s­pa­cio. Eso solo sería dis­ua­si­vo. […] Los inge­nieros de Stan­ford dicen que tienen la mis­ión de “rein­ven­tar Inter­net”. Argu­men­tan que su nue­va estrate­gia está pen­san­da para per­mi­tir que las nuevas ideas sur­jan de una man­era evo­lu­ti­va, hacien­do posi­ble trasladar el trá­fi­co de datos sin prob­le­ma a un nue­vo mun­do en red. Al igual que la Inter­net actu­al, la nue­va red no ten­drá un pun­to de con­trol cen­tral­iza­do ni ningu­na orga­ni­zación la coman­dará.

Por supuesto que no, no será nece­sario porque los mecan­is­mos de con­trol ya estarán insta­l­a­dos de par­ti­da en la red. Como bien se ha expuesto en otro sitio, Clean Slate no elim­i­na las posi­bles puer­tas traseras para crim­i­nales infor­máti­cos, sino que obliga a todo inter­nau­ta a insta­lar por defec­to una que per­mi­ta a un extraño la posi­bil­i­dad de acced­er a nue­stro orde­nador y con nue­stro bene­plác­i­to. El vig­i­lante, nue­stro guardia, no sólo con­tro­lará los movimien­tos de los usuar­ios, sino que sabrá qué hace­mos, qué nos intere­sa, qué bus­camos y qué necesi­dades ten­emos, es indifer­ente si somos crim­i­nales o no. Las hipotéti­cas ven­ta­jas derivadas de ello, si es que algu­na hay, no com­pen­san en abso­lu­to el poder que se le con­cede a enti­dades guber­na­men­tales y, por azares del des­ti­no, a cor­po­ra­ciones. En otras pal­abras, quien ten­ga acce­so a esa infor­ma­ción ten­drá acce­so a la vida de cualquier per­sona, e Inter­net se con­ver­tirá en un panóp­ti­co.

Si el Esta­do quiere cuidar de sus ciu­dadanos y pro­te­ger­los del deli­to, que los eduque en hábitos salud­ables que los hagan poco sus­cep­ti­bles de ser ata­ca­dos por ciberdelin­cuentes. Uti­lizar un sis­tema oper­a­ti­vo basa­do en UNIX, hac­er­lo des­de una cuen­ta de usuario sin priv­i­le­gios de admin­istrador, encrip­tar las comu­ni­ca­ciones o nave­g­ar a través de un proxy son algu­nas de ellas. En fin, si el Esta­do quiere ser un padre, que al menos sea uno bueno: que eduque a sus hijos con vol­un­tad de que en un futuro sean inde­pen­di­entes y sep­an defend­er­se por sí mis­mos, que no los atrape en una relación de depen­den­cia eter­na e incondi­cional.

> Una red más segu­ra es aque­l­la que ofre­cería casi con total seguri­dad menor anon­i­ma­to y pri­vaci­dad. Prob­a­ble­mente sea este el gran pun­to de con­flic­to para los dis­eñadores de la nue­va Inter­net. Una idea, por ejem­p­lo, sería solic­i­tar el equiv­a­lente de un per­miso de con­ducir para per­mi­tir que alguien se conecte a una red públi­ca. Pero esto va en con­tra el ethos lib­er­tario tan pro­fun­da­mente defen­di­do de Inter­net.

> Facil­i­tar la iden­ti­dad seguiría sien­do mar­cada­mente difi­cul­toso en un mun­do donde es tan sen­cil­lo hac­erse con un orde­nador ajeno a medio mun­do de dis­tan­cia y oper­ar con él como si fuera el tuyo pro­pio. Mien­tras esto sea así, con­stru­ir un sis­tema com­ple­ta­mente fiable seguirá sien­do imposi­ble.

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Google, Robert Darnton y la República de las Letras digital

Anaclet Pons ya había tra­duci­do la primera colum­na que Robert Darn­ton escribió para la New York Review of Books acer­ca de Google Books —mis impre­siones sobre ella podéis leer­las aquí— para incor­po­rar­la a un intere­sante mono­grá­fi­co de la revista Pasajes. Hoy ha subido a su muy recomend­able blog, Clio­nau­ta, la tra­duc­ción de la segun­da colum­na que Darn­ton le ha ded­i­ca­do al tema. En vista de las moles­tias que Ana­clet se toma por difundir las ideas de Darn­ton, me he deci­di­do a tra­ducir y pon­er a vues­tra dis­posi­ción la respues­ta que Paul N. Courant —his­to­ri­ador y econ­o­mista de la Uni­ver­si­dad de Michi­gan— le ha ded­i­ca­do a este tex­to. Courant la ha subido a su blog y la ha envi­a­do a la New York Review of Books.

Como sabéis, este año estoy en la Uni­ver­si­dad en la que Courant tra­ba­ja. Esta fue, jun­to con Har­vard, el primer cen­tro académi­co de Esta­dos Unidos que se tomó seri­amente la dig­i­tal­ización de su fon­do bib­li­ográ­fi­co, mucho antes de que Google existiera. Courant ha cono­ci­do de primera mano todo el pro­ce­so —tan­to el pre­vio a Google como el pos­te­ri­or— y ofrece en su tex­to un enfoque a medio camino entre la economía y la bib­liote­conomía que puede —y debe— servir para mati­zar el pes­imis­mo de la últi­ma colum­na de Darn­ton.

Frente a los tex­tos pre­vios en la New York Review of Books, esta colum­na ha sido redac­ta­da por un econ­o­mista que ha tenido car­gos de respon­s­abil­i­dad en la Bib­liote­ca de la Uni­ver­si­dad de Michi­gan, un entorno idó­neo para cono­cer el tra­ba­jo de Google, puesto que el gigante de Cal­i­for­nia tiene una de sus cen­trales en Ann Arbor. He numer­a­do los pár­rafos del tex­to de Courant para facil­i­tar su con­sul­ta, su cita y las ref­er­en­cias a él en los comen­tar­ios.


V. C. Vickers - The Google Book (1913)

1. Mi cole­ga y ami­go Robert Darn­ton es un his­to­ri­ador mar­avil­loso y un ele­gante escritor. Su visión utópi­ca de una infraestruc­tura dig­i­tal para una nue­va Repúbli­ca de las letrasGoogle and the Future of Books», New York Review of Books, 12 de enero de 2009) ele­va el espíritu. Sin embar­go, su idea acer­ca de que hubiera cualquier posi­bil­i­dad de que el Con­gre­so y la Bib­liote­ca del Con­gre­so pudier­an haber imple­men­ta­do esa visión en la déca­da de los noven­ta es una fan­tasía utópi­ca. A su vez, su pun­to de vista sobre el mun­do que podría emerg­er como resul­ta­do del vol­ca­do dig­i­tal de obras bajo dere­cho de autor es una fan­tasía dis­tópi­ca.

2. El Con­gre­so, al que Darn­ton imag­i­na invir­tien­do dinero y real­izan­do cam­bios de leg­is­lación que hubier­an hecho que las obras descat­a­lo­gadas aún suje­tas a dere­cho de copia —la vas­ta may­oría de tex­tos pub­li­ca­dos durante el siglo XX— estu­vier­an dig­i­tal­mente disponibles bajo unos tér­mi­nos razon­ables, jamás mostró interés alguno en lle­var a cabo algo por el esti­lo. Antes bien: aprobó la Dig­i­tal Mil­len­ni­um Copy­right Act y la Son­ny Bono Copy­right Term Exten­sion Act. (Después ven­dría la High­er Edu­ca­tion Oppor­tu­ni­ty Act, que obliga a las insti­tu­ciones académi­cas a vig­i­lar su ámbito elec­tróni­co a la búsque­da de vio­la­ciones de los dere­chos de copia). No es sor­pren­dente: los comités que escriben la ley de dere­chos de copia están dom­i­na­dos por rep­re­sen­tantes que cuidan de Hol­ly­wood y de otros que poseen los dere­chos. Su idea sobre la Repúbli­ca de las Letras es una donde todo el mun­do que algu­na vez ha leí­do, escucha­do o vis­to casi cualquier cosa debería pagar… cada vez que lo haga.

3. El Tri­bunal Supre­mo, que tuvo la opor­tu­nidad de lim­i­tar la exten­sión de un dere­cho de explotación ya demasi­a­do largo (como Darn­ton, creo que 14 años ren­ov­ables otros 14 es más que sufi­ciente para lograr los propósi­tos del dere­cho de copia), rehusó hac­er­lo (con solo dos votos en con­tra) en el caso de Eldred con­tra Ashcroft, sen­ten­ci­a­do en 2003. Al con­trario: reforzó la sen­ten­cia con leg­is­lación opues­ta a los prin­ci­p­ios fun­da­men­tales del dere­cho de copia rec­om­pen­san­do a autores que lle­van tiem­po muer­tos y previnien­do así que nue­stro lega­do cul­tur­al apareciera en el dominio públi­co.

4. Resum­ien­do, durante algo más que la últi­ma déca­da la políti­ca públi­ca ha sido con­sis­ten­te­mente peor que inútil para ayu­dar a hac­er la may­or parte de las obras del siglo XX sus­cep­ti­bles de búsque­da y uso bajo for­ma dig­i­tal. Esta es la alter­na­ti­va a la que debe­mos some­ter la eval­u­ación de Google Book Search y el acuer­do de Google con edi­tores y autores.

5. En primer lugar, debe­mos recor­dar que has­ta que Google anun­ció en 2004 que iba a dig­i­talizar las colec­ciones de algu­nas de las bib­liote­cas más grandes del mun­do, abso­lu­ta­mente nadie tenía un plan para una dig­i­tal­ización masi­va a la escala requeri­da. Bib­liote­cas bien dotadas, incluyen­do Har­vard y la Uni­ver­si­dad de Michi­gan, esta­ban embar­cadas en esfuer­zos de dig­i­tal­ización a un rit­mo menor de 10.000 volúmenes anuales. Google llevó la dis­cusión direc­ta­mente a dece­nas de miles de volúmenes por sem­ana e hizo factible la meta de dig­i­talizar (casi) todo. Ten­demos a pen­sar aho­ra que la dig­i­tal­ización masi­va es tarea fácil. Hace menos de cin­co años pen­sábamos que su cos­to la hacía imprac­ti­ca­ble.

6. El cen­tro de la fan­tasía dis­tópi­ca de Darn­ton sobre el acuer­do de Google deri­va direc­ta­mente de la per­spec­ti­va de que «Google dis­fru­tará de aque­l­lo que solo puede ser denom­i­na­do como un monop­o­lio […] de acce­so a la infor­ma­ción». Pero Google no goza de nada pare­ci­do a un monop­o­lio al acce­so de la infor­ma­ción en gen­er­al, ni a la infor­ma­ción que se encuen­tra en los libros que están suje­tos a los tér­mi­nos del acuer­do. Para empezar, y esto es un enorme ben­efi­cio públi­co por sí mis­mo, has­ta el 20% de los con­tenidos de los libros podrá leerse de man­era abier­ta por cualquiera que posea una conex­ión a Inter­net, y todo su con­tenido estará index­a­do y podrá ser someti­do a búsquedas. Más aún, Google está oblig­a­do a proveer el famil­iar link «encuén­tralo en una bib­liote­ca» en todos los libros que se ofre­cen en el pro­duc­to com­er­cial. Esto es, si tras leer el 20% de un libro un usuario quiere más y encuen­tra el pre­cio por el acce­so on-line exce­si­vo, se le mostrarán una lista de las bib­liote­cas que dispo­nen de un ejem­plar, pudi­en­do diri­girse a ellas o hac­er uso del prés­ta­mo inter­bib­liote­cario. Esto debili­ta de man­era clara el poder de mer­ca­do del pro­duc­to de Google. De hecho, es mucho mejor que la situación actu­al, donde los usuar­ios de Google Book Search solo puede leer frag­men­tos, no el 20% del libro, y des­de ahí deben decidir si han encon­tra­do lo que bus­ca­ban.

7. Darn­ton está tam­bién pre­ocu­pa­do por la posi­bil­i­dad de que Google peque de avari­cia gra­van­do los pre­cios, uti­lizan­do estrate­gias comunes en muchos edi­tores de lit­er­atu­ra cien­tí­fi­ca que con­ll­e­van un enorme coste para las bib­liote­cas académi­cas, sus uni­ver­si­dades y, al menos igual­mente impor­tante, para los usuar­ios poten­ciales que sen­cil­la­mente care­cen de acce­so a ellas. Sin embar­go, las car­ac­terís­ti­cas del mer­ca­do de los artícu­los de cien­cia y tec­nología son fun­da­men­tal­mente dis­tin­tas de las que cor­re­spon­den al vas­to cor­pus de lit­er­atu­ra descat­a­lo­ga­da que alber­gan las bib­liote­cas uni­vesi­tarias. Este con­sti­tuirá el grue­so de obras que Google venderá en lugar de los propi­etar­ios de los dere­chos de copia bajo el acuer­do de aven­imien­to. En la actu­al­i­dad, la pro­duc­ción de lit­er­atu­ra cien­tí­fi­ca requiere un acce­so inmedi­a­to y de cal­i­dad al resto de lit­er­atu­ra cien­tí­fi­ca que se está pro­ducien­do: uno no puede pub­licar, o con­seguir becas y ayu­das económi­cas sin un acce­so de estas car­ac­terís­ti­cas. Los edi­tores lo saben, y gra­van con­se­cuente­mente. Par­tic­u­lar­mente los pre­cios de los artícu­los indi­vid­uales son muy ele­va­dos, lo que apoya las licen­cias escan­dalosa­mente ele­vadas que pagan las uni­ver­si­dades por el acce­so a sus bases de datos. En el caso de Google, al haber muchas vías para el acce­so a la may­or parte de los libros que se venderán gra­cias al acuer­do, su pre­cio será segu­ra­mente jus­to y bajo, lo que con­ll­e­vará bajos pre­cios por las licen­cias de acce­so a su base de datos. De nue­vo, «encuén­tralo en una bib­liote­ca» empare­ja­do con una gen­erosa vista pre­via del títu­lo, no podría diferir más de la prác­ti­ca empre­sar­i­al de muchos edi­tores de revis­tas cien­tí­fi­cas, téc­ni­cas y médi­cas.

8. Hay otra razón para creer que los pre­cios no serán “injus­tos”: Google está mucho más intere­sa­da en hac­erse con públi­co para googlizar prác­ti­ca­mente todo que en hac­er dinero a través de ven­tas direc­tas. La man­era de atraer a la gente a la lit­er­atu­ra a través de Google es con­ver­tir­lo en un pro­ce­so sen­cil­lo y que com­pense a los lec­tores. Para las obras bajo dominio públi­co, Google ya provee libre acce­so y con­tin­uará hacién­do­lo. Para las obras suje­tas al acuer­do con las casas edi­to­ri­ales, parece que ofre­cerá una inter­faz bien dis­eña­da, la vista pre­via de un 20% de la obra y pre­cios razon­ables. Jun­to a ello, las bib­liote­cas que no se suscrib­an al pro­duc­to con­tarán con un ter­mi­nal con acce­so gra­tu­ito a su fon­do para el dis­frute de los usuar­ios. Esto aumen­ta el ben­efi­cio públi­co deriva­do del acuer­do tan­to por vía direc­ta como por per­mi­tir un canal de dis­tribu­ción que no requiere pago a Google ni a los dueños de los dere­chos de explotación.

9. El acuer­do dista de ser per­fec­to. La prác­ti­ca amer­i­cana de hac­er planes públi­cos medi­ante arbi­trio pri­va­do está muy lejos de ser per­fec­ta. Pero en ausen­cia del acuer­do —inclu­so si Google se ha impuesto sobre las deman­das de edi­tores y autores— no ten­dríamos la infraestruc­tura dig­i­tal que dé soporte a la Repúbli­ca de las Letras del siglo XXI. Ten­dríamos índices y frag­men­tos y no habría man­era de leer una can­ti­dad sus­tan­cial de cualquiera de los mil­lones de libros online en juego. El acuer­do nos da una vista pre­via de una vas­ta can­ti­dad de con­tenido, y la prome­sa de fácil acce­so al resto, y de esta man­era pro­mueve enorme­mente el bien públi­co.

10. Por supuesto, preferiría la bib­liote­ca uni­ver­sal; pero estoy bas­tante con­tento con la libr­ería uni­ver­sal. A fin de cuen­tas, las libr­erías son buenos sitios para leer libros y después decidir si com­prar­los o ir a la bib­liote­ca a leer algo más.

Paul N. Courant.

Nota: Esta car­ta rep­re­sen­ta mi pun­to de vista, y no el de la Uni­ver­si­dad de Michi­gan, ni el de ninguno de sus depar­ta­men­tos o bib­liote­cas.

Sumo los vín­cu­los a algu­nas de las ref­er­en­cias de Courant: Dig­i­tal Mil­len­ni­um Copy­right Act, Son­ny Bono Copy­right Term Exten­sion Act, High­er Edu­ca­tion Oppor­tu­ni­ty Act y Eldred con­tra Ashcroft. Espero que el tex­to os haya gus­ta­do tan­to como a mí y os ani­mo a que util­icéis los comen­tar­ios.

This is where we live — Aquí vivimos

This Is Where We Live, crea­do por 4th Estate y pub­li­ca­do en Vimeo.

Me acabo de encon­trar con este vídeo de 4th Estate en Swis­miss, el sitio al cuida­do de Tina Roth Eisen­berg. Me ha gus­ta­do tan­to el cor­to —os recomien­do ver­lo a pan­talla com­ple­ta— y me ha pare­ci­do tan fasci­nante todo el pro­ce­so de creación y fil­ma­do, que no he podi­do resi­s­tirme a pon­er­lo aquí. Si tenéis tiem­po, echa­dle un vis­ta­zo en HD en la pági­na de los creadores, merece la pena.

Las 20 razones que harán de 2009 el año del libro digital

La entra­da que estáis a pun­to de leer es una tra­duc­ción más o menos libre de un artícu­lo escrito por chris andrews y pub­li­ca­do el 1 de enero por gutemberg.com. No me gus­ta demasi­a­do repe­tir con­tenidos ya disponibles en la red, pero me parece que muchas las ideas que Andrews apor­ta al futuro del Ebook ya han sido tratadas en este blog y le dan a las entradas un poco más de coheren­cia.

La apues­ta de Andrews por 2009 como el año del ebook viene deriva­da de la con­ver­gen­cia de tec­nologías: has­ta hoy, el libro dig­i­tal no había dis­fru­ta­do de pres­en­cia en la red porque carecíamos de soportes que se esta­ban imple­men­tan­do, de estruc­turas de difusión, de con­tenidos dig­i­tal­iza­dos, etc. Todos estos aspec­tos se han ido desar­rol­lan­do de man­era más o menos inde­pen­di­ente, de modo que este año se pre­sen­ta como el momen­to apropi­a­do para que todas cobren coheren­cia y con­for­men una estruc­tura efi­ciente. Sobre todo en un momen­to en que los medios de papel impre­so requieren de nuevas estrate­gias para su desar­rol­lo. Vamos con sus prop­ues­tas:

1. los nuevos lec­tores de ebooks harán que los portátiles o los iphones parez­can viejos. En 2009 ver­e­mos apare­cer tec­nologías dig­i­tales y plás­ti­cos que nos traerán soportes más ligeros, duraderos, ver­sátiles y atrac­tivos. Estos soportes supon­drán un salto estéti­co con respec­to a los portátiles y los telé­fonos móviles en el mer­ca­do. No solo serán fácil­mente trans­porta­bles, sino idó­neos tam­bién para su uso en la ofic­i­na, en el hog­ar y, lo mejor de todo, en el café.

1. se ha alcan­za­do la masa críti­ca, aho­ra se tra­ta de cre­cer. El ebook read­er o soporte para libros dig­i­tales dis­fru­ta en este momen­to de unas ven­tas sim­i­lares a las que tuvo el iPod durante sus primeros dos años en el mer­ca­do. El iPod tardó dos años en alcan­zar el mil­lón de ven­tas. En el últi­mo año, aprox­i­mada­mente medio mil­lón de usuar­ios han com­pra­do un ebook read­er, y otro medio mil­lón se valen de soportes ya estable­ci­dos —prin­ci­pal­mente el iPod o el iPhone— para la lec­tura de libros dig­i­tales.

1. mil­lones de per­sonas acced­erán por primera vez a dis­pos­i­tivos con tin­ta dig­i­tal y les encan­tará. Menos de un 1% de los inter­nau­tas ha tenido acce­so de primera mano a tec­nologías basadas en tin­ta dig­i­tal, que hacen la lec­tura sus­tan­cial­mente más agrad­able. El prin­ci­pal dis­tribuidor de la nue­va tec­nología tras los lec­tores de libros dig­i­tales es una com­pañía lla­ma­da E Ink, y habrá un cam­bio rad­i­cal en la man­era de percibir el libro dig­i­tal una vez que los usuar­ios util­i­cen los soportes que imple­men­tan dicha tec­nología.

1. si hay algo que todo el mun­do quiere hoy en día, es como­di­dad. Los libros, tan­to en su soporte en papel como dig­i­tal, son un ali­men­to diges­ti­vo para cualquier mente: per­miten tomarse una pausa, pen­sar, recor­dar y reflex­ionar en cualquier lugar. Son esta­bles y per­son­ales. Tan­to si se está leyen­do Sid­dhar­ta por enési­ma vez como acce­di­en­do a un nue­vo libro de coci­na, los libros dig­i­tales ofre­cerán el con­fort apropi­a­do para aque­l­los con inqui­etudes int­elec­tuales.

1. ¿lo que quieras cuan­do quieras?, aho­ra es prác­ti­co. ¿Cualquier libro, a cualquier hora, en cualquier sitio? ¿Te hace fal­ta encon­trar un pasaje de Ali­cia en el país de las mar­avil­las para tus hijos en este mis­mo momen­to? ¿Qué tal leer algo de poesía antes de una pre­sentación con Pow­er­point? ¿Un capí­tu­lo para algu­na de tus clases? Las ven­ta­jas prác­ti­cas de los libros dig­i­tales super­arán el vín­cu­lo emo­cional con los libros tradi­cionales.

1. ¿quieres descar­gar una pelícu­la o 1000 libros dig­i­tales? Lle­va prác­ti­ca­mente el mis­mo tiem­po, ancho de ban­da y capaci­dad de alma­ce­namien­to descar­garse 1000 libros que una pelícu­la, lo mires por donde lo mires; lo que sig­nifi­ca que el cos­to de envío es bara­to, lo que nos ben­e­fi­cia a todos. No es nece­sario con­stru­ir nuevas infraestruc­turas. Aún cuan­do no hay garan­tía de que el libro dig­i­tal ten­ga menor pre­cio que el libro en papel, cabe al menos la esper­an­za.

1. inver­sores, el pre­cio de entra­da es todavía bajo, pero subirá. En un par de años, cuan­do la indus­tria del libro dig­i­tal esté más desar­rol­la­da, el cos­to para las com­pañías que quier­an entrar en el nego­cio será mucho más ele­va­do. 2009 es el año per­fec­to para toda clase de inver­sores, inclu­so para aque­l­los intere­sa­dos en proyec­tos de bajo ries­go que les per­mi­tan ten­er un papel en un mer­ca­do de rápi­do crec­imien­to.

1. un mil­lón de libros en tus manos: es la “otra inter­net”. La may­or parte de los libros han pasa­do por un pro­ce­so de creación rig­uroso des­de la idea has­ta su pub­li­cación. Cada uno de ellos alber­ga con­tenidos úni­cos en una for­ma uni­taria. Pien­sa en un mil­lón de libros dig­i­tales como en un mil­lón de pági­nas web, cada una de unas 200 pági­nas, donde cada pági­na es fácil­mente acce­si­ble: en su con­jun­to, todos estos libros dig­i­tales rep­re­sen­tan una enorme, y nue­va, fuente de infor­ma­ción.

1. el libro es solo un for­ma­to, al igual que un cd, un vhs o un dvd. Sí, nos encanta­ban los libre­tos en los elepés como nos encan­taron —reduci­dos— en los cedés, pero nos hemos libra­do de los elepés y, pron­to, de los cedés. El libro [impre­so] es sim­ple­mente una for­ma de dis­tribuir un con­tenido que ha per­vivi­do durante los últi­mos 500 años, pero en el fon­do está ahí para trans­mi­tir un con­tenido, algo que los libros dig­i­tales pueden hac­er de una man­era mucho más efi­ciente.

1. en una pal­abra: energía. El con­sumo energéti­co de un soporte para libros dig­i­tales es notable­mente menor que el de los orde­nadores portátiles o los telé­fonos móviles. Puedes leer durante un par de sem­anas de man­era con­tin­ua antes de ten­er que pre­ocu­parte de recar­gar tu ebook read­er, sim­ple­mente com­páralo con cualquiera de los dis­pos­i­tivos que aho­ra mis­mo llevas con­ti­go.

1. autores, edi­tores y dis­tribuidores se ben­e­fi­cian. Las com­pañías ya están pre­sen­tan­do informes del amplio mar­gen de ben­efi­cio del libro dig­i­tal con respec­to al libro tradi­cional. Hay muchos costes direc­tos impli­ca­dos en la creación de libros en papel —impre­sión, trans­porte, alma­ce­namien­to…— que desa­pare­cen con el ebook. Tam­bién están los cos­tos indi­rec­tos, todo el per­son­al que se requiere en su pro­duc­ción. El libro dig­i­tal elim­i­na cos­tos e inver­sión.

1. bus­car libros está bien, pero leer­los es mejor. Si quieres pasar el tiem­po cogien­do el coche, yen­do a la libr­ería y oje­an­do los estantes está bien; pero sé sin­cero acer­ca de lo que ese tiem­po con­ll­e­va: bus­car libros no es lo mis­mo que leer­los. Encon­trar el libro más rápi­do val­ién­dote de soft­ware para bus­car­lo y descar­gar­lo impli­ca pasar más tiem­po leyen­do, así de sim­ple.

1. una autén­ti­ca tec­nología ecológ­i­ca, aún sin pro­ponérse­lo. Aún si se ha habla­do mucho sobre tec­nologías que sal­van árboles, en su may­or parte ha sido eso, pal­abras. Hace unos 20 años, yo mis­mo ensalz­a­ba el CD-ROM como la tec­nología que salv­a­ba árboles, solo para com­pro­bar que a la gente que los usa­ba le gusta­ba imprim­ir pági­nas. Aho­ra, con la tin­ta dig­i­tal desar­rol­la­da para libros elec­tróni­cos, no hay necesi­dad de imprim­ir las pági­nas para una lec­tura más cómo­da, porque será más cómo­da y ven­ta­josa en el nue­vo soporte.

1. en una economía com­pet­i­ti­va, las empre­sas bus­carán entrar en el nego­cio del libro dig­i­tal. ¿Cuán­tas com­pañías se pre­gun­tan hoy en día qué mer­ca­dos son acce­si­bles y real­mente com­pet­i­tivos? Des­de las com­pañías que desar­rol­lan infor­máti­ca de con­sumo o tele­fonía móvil, pasan­do por soporte empre­sar­i­al, todas pueden recon­fig­u­rar sus tec­nologías para crear lec­tores de libros dig­i­tales, per­iféri­cos, soft­ware y ser­vi­cios. Eso sig­nifi­ca más inver­sión en libros dig­i­tales, y más opciones para los con­sum­i­dores.

1. pruéba­lo y estarás engan­cha­do. La primera vez que descar­gas uno de tus libros favoritos por wire­less a tu lec­tor de libros dig­i­tales pierdes menos de un min­u­to, y te garan­ti­zo que no será tu últi­ma vez. Es una expe­ri­en­cia sor­pren­dente estar leyen­do de repente un libro, quizás un nue­vo libro, o un libro que no has vis­to en cin­co años, de un modo tan sim­ple. Com­pra el libro, hazte un té, y el libro está sobre tu mesa.

1. el iphone y la nin­ten­do ds sacarán y darán pub­li­ci­dad inmedi­a­ta a los libros. Hay dis­pos­i­tivos en la actu­al­i­dad que no dispo­nen de ningu­na tec­nología rela­ciona­da con la tin­ta dig­i­tal, pero pueden ofre­cer a sus usuar­ios acce­so a libros de man­era instan­tánea. Aunque la como­di­dad de la lec­tura pue­da ser un incon­ve­niente, esto sirve no obstante para acer­car a mil­lones de per­sonas a la idea de que el acce­so a libros dig­i­tales es ven­ta­joso y factible.

1. la lucha por los dere­chos de propiedad: un prob­le­ma inex­is­tente en los ebooks. Por lo que respec­ta a la músi­ca y a las pelícu­las, hubo —y todavía hay— con­fronta­ciones encen­di­das rela­cionadas con los dere­chos de propiedad int­elec­tu­al. Los libros son mucho más claros en este sen­ti­do, son una propiedad int­elec­tu­al mucho más sim­ple con menos eslabones en la pro­duc­ción de la obra. Los libros por lo gen­er­al los escribe una per­sona, com­páralo con los equipos impli­ca­dos en la creación de pelícu­las o músi­ca.

1. la enorme can­ti­dad de ebooks gratis y disponibles. Hay cien­tos de miles de libros muy cono­ci­dos en dominio públi­co, acce­si­bles de man­era gra­tui­ta, inmedi­a­ta y legal. Mien­tras que rara­mente escuchamos músi­ca o vemos pelícu­la de hace más de 50 años, es un hecho que muchos libros clási­cos que nos encan­tan se escri­bieron hace mucho tiem­po, y aún tienen su encan­to y se les da uso. Pien­sa en Ali­cia de las Mar­avil­las o El arte de la guer­ra.

1. una nue­va gen­eración de autores inde­pen­di­entes apare­cerá. Escribir y edi­tar 200 pági­nas es un tra­ba­jo duro, ya sea en impre­so o en dig­i­tal. Sin embar­go, al igual que sucede en la músi­ca, la teoría es que hay buenos autores que han sido inca­paces de pub­licar a causa del sis­tema. Aho­ra pueden pub­licar de man­era inde­pen­di­ente un libro elec­tróni­co y con­seguir un amplio impacto con su obra por muy poco dinero. Aten­ción: al igual que en la músi­ca, inde­pen­di­ente no sig­nifi­ca “bueno”, sim­ple­mente es un nue­vo vehícu­lo para nuevas voces.

1. se tra­ta del con­tenido, estúpi­do. En real­i­dad el papel o el soporte dig­i­tal son medios de trans­misión. El libro trans­mite un men­saje exten­so —sea del tipo que sea— entre un autor y tú. No olvidemos esto. Cualquier cosa que te meta en el con­tenido de una man­era más dinámi­ca, efi­ciente e infor­ma­ti­va te ben­e­fi­cia­rá. En este aspec­to, los libros dig­i­tales tienen muy bue­na nota. Se tra­ta del con­tenido, estúpi­do.

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El tex­to de Andrews refle­ja sus ideas, que no tienen por qué cor­re­spon­der­se con mis pun­tos de vista. No estoy de acuer­do en su man­era un tan­to super­fi­cial de tratar algunos de los pun­tos, aunque sí con la línea gen­er­al de su prop­ues­ta. Sin embar­go, hay que hac­er una apre­ciación impor­tante de par­ti­da: el mer­ca­do del libro dig­i­tal en el ámbito anglosajón difiere enorme­mente del his­pano. La exposi­ción de Chris me ha intere­sa­do porque no con­vierte estas difer­en­cias en el meol­lo del asun­to, sino que es capaz de hac­er una prop­ues­ta enorme­mente atrac­ti­va para todo tipo de mer­ca­dos, aprovechan­do inclu­so ele­men­tos ya exis­tentes y tec­nologías pre­vias, lo cual abara­ta enorme­mente los costes y reduce sig­ni­fica­ti­va­mente la inver­sión. Tan­to los edi­tores, como los dis­eñadores y los autores españoles y lati­noamer­i­canos deberían tomar bue­na nota y con­sid­er­ar con seriedad el panora­ma prop­uesto. De él podrían salir proyec­tos refres­cant­es y prop­ues­tas lit­er­arias, grá­fi­cas y edi­to­ri­ales con un enorme poten­cial.

Por lo que toca al ámbito académi­co, el que me es más famil­iar, el libro dig­i­tal ten­dría enorme acogi­da entre estu­di­antes, inves­ti­gadores y docentes de prác­ti­ca­mente todas las dis­ci­plinas. Con la sim­ple imple­mentación de her­ramien­tas muy comunes, podrían ten­erse en un mis­mo dis­pos­i­ti­vo todos los libros, apuntes, artícu­los y demás mate­ri­ales de la car­rera o de la inves­ti­gación, sien­do de lec­tura, eti­que­ta­do, sub­raya­do y ano­ta­do enorme­mente fácil. A la vez, si las casas edi­to­ri­ales se deci­den de una vez a ade­cen­tar los pre­cios de los libros dig­i­tales, supon­drían un enorme ahor­ro para los estu­di­antes uni­ver­si­tar­ios, que podrían estar respal­da­dos, con el pago de una cuo­ta mín­i­ma, por las bib­liote­cas de sus respec­tivos cen­tros.

Cier­ro una entra­da ya demasi­a­do exten­sa, y os invi­to a que util­icéis los comen­tar­ios para mejo­rar­la y, sobre todo, para que pue­da cono­cer vue­stros pun­tos de vista sobre el tema, ampli­ar infor­ma­ción y enlaces y que charlemos un rato.

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