Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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La filología hispánica a la palestra

Los estu­dios sobre la lit­er­atu­ra his­páni­ca han pre­sen­ta­do tradi­cional­mente difer­en­cias tác­i­tas entre aque­l­los que se ocu­pan del Renacimien­to y quienes se ded­i­can a lo mod­er­no y con­tem­porá­neo. Sue­len ser los primeros muy dados a mane­jarse en sus clases con un cen­so más o menos cer­ra­do de autores y de temas, y rara vez con­tem­plan el dis­frute lit­er­ario como una razón legí­ti­ma para dedi­carse a su cam­po: creen en el val­or inmutable e intem­po­ral del clási­co rep­uta­do que cuen­ta con una larga tradi­ción a sus espal­das. Los segun­dos, bas­tante menos mira­dos en aque­l­lo de vari­ar, no sue­len lim­i­tarse a tratar obras de rel­a­ti­vo val­or lit­er­ario, para ocu­parse de temas que enlazan con otras esferas y movimien­tos int­elec­tuales y, lo que más me intere­sa sub­ra­yar hoy, para recomen­dar a sus alum­nos tex­tos que no pertenecen al ámbito del his­panis­mo.

Se tra­ta, sin duda, de una situación extraña: si hay una época pro­clive al estu­dio despre­jui­ci­a­do y ambi­cioso, que atien­da a dis­tin­tas “lit­er­at­uras nacionales”, dis­ci­plinas y tradi­ciones con­ver­gentes, es la nues­tra. Por des­gra­cia, la may­oría de mis cole­gas no sue­len ser par­tidar­ios de esa idea: pre­fieren dedi­carse a machacar a sus estu­di­antes con un canon fos­iliza­do de “grandes autores” áure­os y traer de vez en cuan­do a colación algún que otro tex­to secun­dario de digestión, si cabe, más pesa­da. Sus moti­va­ciones van de la desidia al desconocimien­to, pasan­do por la con­vic­ción de que un canon fija­do en el siglo XIX sigue respon­di­en­do a lo que hemos apren­di­do des­de entonces sobre la his­to­ria, la época, su cul­tura y sus cir­cun­stan­cias.

A ello se suma la ubicua querel­la en torno a la per­ti­nen­cia de la lit­er­atu­ra como mar­co para la enseñan­za de una cul­tura y una tradi­ción deter­mi­nadas. Se tra­ta de una dis­pu­ta bizan­ti­na que surge de vez en cuan­do, des­per­tan­do el incom­pren­si­ble apoyo de los más jóvenes y el repren­si­ble har­taz­go de los más vet­er­a­nos. Los orí­genes de la filología mod­er­na tienen su fuente en el Renacimien­to, y es bien difí­cil imag­i­nar que las fac­ul­tades de filología his­páni­ca actuales con­taran con el bene­plác­i­to de los padres de la dis­ci­plina. Petrar­ca, Guar­i­no de Verona, Pier Pao­lo Verg­e­rio, Eras­mo, Melanch­ton o Budé —por espi­gar un puña­do— coin­cidirían en que la uni­ver­si­dad actu­al se ha con­ver­tido en lo que en su tiem­po era una una escuela pri­maria: lo que se estu­dia es gramáti­ca.


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La gramáti­ca rena­cen­tista no solo com­prendía el estu­dio de la mor­fología y la sin­taxis —val­ga el anacro­nis­mo—, sino que se ocu­pa­ba a la vez de un acer­camien­to super­fi­cial a los autores infal­i­bles —los auc­tores octo— de quienes los alum­nos aprendían los rudi­men­tos de la lengua, esto es, la cor­rec­ción en el decir y la com­pren­sión lec­to­ra. Pos­te­ri­or­mente se ded­i­ca­ban a la retóri­ca, con la lec­tura e imitación de autores más com­pli­ca­dos, aprendían a escribir al arri­mo de los autores ópti­mos com­ponien­do temas diver­sos que habit­ual­mente se entre­saca­ban de los Ejer­ci­cios prepara­to­rios o Pro­gym­nas­ma­ta, una heren­cia pedagóg­i­ca de la antigüedad tardía. Después venía el apren­diza­je de la dialéc­ti­ca, es decir, se aban­don­a­ba la dis­cusión y la com­posi­ción retóri­ca, basa­da en la belleza del dis­cur­so y su capaci­dad para con­vencer a través de la vía emo­ti­va —pathos—, para acced­er a la argu­mentación de corte silogís­ti­co que perseguía la ver­dad. Esta últi­ma no sólo abría al estu­di­ante la vía de la arit­méti­ca, a la geometría, a la músi­ca y a la astronomía, sino que le con­cedía her­ramien­tas sufi­cientes para dis­cernir la validez de sus pro­pios razon­amien­tos y de los ajenos, preparán­do­lo para comen­zar a for­marse en leyes, en med­i­c­i­na, en his­to­ria o en teología.

En España, las fac­ul­tades de filología his­páni­ca se encuen­tran a día de hoy solo en el primer pel­daño de este sis­tema porque lo que se enseña es a leer, pero hay una pre­ocu­pación mucho menor por una for­ma­ción inte­gral que habrá de ser nece­saria si se quieren alum­nos capaces de com­pren­der el Renacimien­to, la Edad Media y el Bar­ro­co des­de una dimen­sión gen­er­al. Y en este caso lo mis­mo vale para los estu­di­antes que se decanten por la lit­er­atu­ra mod­er­na o con­tem­poránea: deberían dárse­les los rudi­men­tos para poder enfrentarse a la críti­ca cul­tur­al de una man­era mucho más efi­ciente y, ante todo, mucho más abier­ta y divul­ga­ti­va; en fin, enseñar­les a impon­erse el reg­i­men de la clar­i­dad que, por añe­jo que sea, será siem­pre pri­or­i­tario.

¿Qué lugar ocu­pa la lit­er­atu­ra en todo ello?, el que siem­pre ha deten­ta­do: un con­jun­to tex­tu­al más o menos exten­so que aspi­ra a mostrar la lengua como una arte­sanía, como una τέχνη que puede crear nuevos mun­dos, definir el pro­pio o reflex­ionar sobre cualquier aspec­to que merez­ca la pena pen­sarse. La cuestión reside en si la pre­pon­der­an­cia que se con­cede en las fac­ul­tades de filología tiene una cor­re­spon­den­cia históri­ca real. Y con esto no quiero aven­tu­rar que los filól­o­gos debier­an ser his­to­ri­adores —si se encar­gan de épocas pretéri­tas, y todas lo son, sobra el cal­i­fica­ti­vo—, sino que debier­an ser his­to­ri­adores cen­tra­dos en las tradi­ciones y las expre­siones tex­tuales. El cam­po es infini­to, pero si los filól­o­gos —y por el nom­bre alu­do a cualquier per­sona que tra­ba­ja en lit­er­atu­ra, no *solo* un lingüista, que parece ser su sen­ti­do en ultra­mar— quieren ten­er algún futuro, deben for­marse para leer tex­tos que nadie más lee, para dar­les una coheren­cia con­struyen­do un sen­ti­do en torno a ellos, para ser capaces de trans­mi­tir su impor­tan­cia y hac­er­lo de man­era per­cep­ti­ble para el resto de la sociedad. Su dominio de estos pro­ce­sos los con­vierte en mae­stros que edu­can a alum­nos y, más impor­tante, que atraen a dile­tantes.

En España, donde cada cual tiene una opinión par­tic­u­lar sobre qué es un filól­o­go —cuan­do sen­cil­la­mente es quien inten­ta com­pren­der una cul­tura a través de sus tex­tos, vuél­vase todo lo der­rid­i­ano que se quiera—, muchos entien­den que es el pro­fe­sion­al que osten­ta un conocimien­to más o menos téc­ni­co e históri­co de la lit­er­atu­ra. Otros, entre los que me cuen­to, pen­samos que su tarea es enseñar a leer y a enten­der a través de los tex­tos, cualquiera que sea su nat­u­raleza, un mar­co cul­tur­al y un peri­o­do históri­co deter­mi­na­dos. Se tra­ta de un con­jun­to de estrate­gias y pre­ven­ciones tan útiles para acer­carse, con la ori­entación ade­cua­da, a la cul­tura rena­cen­tista, como a la evolu­ción de Inter­net o a la Rev­olu­ción france­sa. Hablo, por tan­to, de una dis­ci­plina que enseña a orga­ni­zar y estruc­turar los conocimien­tos, a estable­cer vín­cu­los entre ellos, a hac­erse una com­posi­ción de lugar y a estable­cer juicios con cier­ta autori­dad.

Sea uno de cien­cias o de letras, de su padre o de su madre, lo quiera o no, es una activi­dad intu­iti­va que se real­iza de man­era cotid­i­ana, el peli­gro se da al enten­der que su recur­ren­cia la con­vierte un pro­ce­so nat­ur­al, cuan­do es un arte com­ple­jo y cru­el que con­de­na, si no se estu­dia, a caer eter­na­mente y de man­era inad­ver­ti­da en los mis­mos errores de per­cep­ción: nue­stros antepasa­dos rena­cen­tis­tas lo llam­a­ban bar­barie. La filología sen­cil­la­mente ofrece her­ramien­tas útiles para leer el mun­do. La frase es bel­la y no es mía; está, como casi todo, en los clási­cos.


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La enseñan­za de la lit­er­atu­ra —aho­ra bajo su acep­ción mod­er­na, es decir, líri­ca, nar­ra­ti­va y dra­ma— no es en sí mis­ma un val­or. Quiero decir, es bueno que la gente la lea, tan­to por los mod­e­los de expre­sión y por el goce estéti­co que apor­ta, como por el apren­diza­je históri­co y la capaci­dad cog­ni­ti­va que su prác­ti­ca con­ll­e­va. Aho­ra bien, dar­le un papel cen­tral cuan­do sal­vo aristócratas y pre­cep­tores dec­i­monóni­cos, cát­e­dros del siglo pasa­do o poet­as­tros de diver­so pela­je han hecho una vida de ello es no ya ridícu­lo, sino per­ni­cioso e irre­spon­s­able. Al con­trario, pen­sar que los tex­tos que no pertenecen a esta idea de la lit­er­atu­ra son un com­ple­men­to a su estu­dio, y encasil­lar­los como tales, es un insul­to a la inteligen­cia y una dis­tor­sión —incom­pren­si­ble­mente con­sen­sua­da— de una real­i­dad históri­ca a todas luces difer­ente. La tradi­ción a la que he remi­ti­do ante­ri­or­mente —el apren­diza­je de los rudi­men­tos de la cul­tura tex­tu­al como cimien­tos en la for­ma­ción del indi­vid­uo, y su pos­te­ri­or ascen­so en difi­cul­tad y vir­tu­o­sis­mo— era en el fon­do un acto que rendía trib­u­to a los muer­tos medi­ante la imitación, en un prin­ci­pio, pero con vis­tas a la emu­lación: la idea de pro­gre­so recorre vías más pro­fun­das y com­ple­jas que las que nor­mal­mente tien­den a sub­ra­yarse. Lo que vivi­mos hoy en día que­da, si a algo lle­ga, en una sen­cil­la pan­tomi­ma deriva­da por enési­ma vez de un roman­ti­cis­mo trasnocha­do.

Quisiera que no se me inter­pre­tara de man­era errónea o ses­ga­da. Cuan­do hablo de «leer el mun­do», me refiero tam­bién a leer el lengua­je que los refle­jos del mun­do hablan. El más trascen­den­tal y el más des­cuida­do sigue sien­do la infor­máti­ca. La man­era en que fun­ciona Inter­net, los mar­cos de relación real y con­cep­tu­al que establece, los movimien­tos sociales en torno a ella y su lengua­je —super­fi­cial y estruc­tur­al— debiera ser apren­di­da por los filól­o­gos porque, como los que escriben en esa var­iedad de lenguas saben mejor que yo, hoy más que nun­ca todo es tex­to y el códi­go, poesía.

Pero volva­mos al asun­to del his­panis­mo. Podemos sin­te­ti­zar la situación en dos aspec­tos prob­lemáti­cos: la desa­ten­ción de lo tex­tu­al —con la enorme com­ple­ji­dad que con­ll­e­va— como meol­lo de la pro­fe­sión y la per­ti­na­cia en enclaus­trarse en un can­tón lingüís­ti­co. La cosa no ten­dría demasi­a­da impor­tan­cia si no fuera por la enorme cri­sis que los estu­dios de letras habrán de enfrentar de man­era inmi­nente y por la tarea fun­da­men­tal de las fac­ul­tades de filología: for­mar a todo el cuer­po pro­fe­so­ral de lengua y lit­er­atu­ra de la enseñan­za secun­daria. Por tan­to, los filól­o­gos son los respon­s­ables últi­mos y son a quienes la sociedad con­cede la cus­to­dia de la lec­tura y la escrit­u­ra; y si no asumen esa car­ga de man­era respon­s­able, serán otros quienes tomen —mejor o peor— el rele­vo, ais­lán­do­los has­ta con­denar­los a su desapari­ción.

Estos prob­le­mas se extien­den a numerosos ámbitos; el papel desem­peña­do en cada uno de ellos puede pare­cer secun­dario a algunos y cen­tral a otros:

1. La lit­er­atu­ra en castel­lano, a pesar de la enorme impor­tan­cia del idioma en el mun­do, sigue desem­peñan­do un papel menor —o sub­al­ter­no— en el tra­ba­jo de los may­ores espe­cial­is­tas en lit­er­atu­ra del Renacimien­to o lit­er­atu­ra com­para­da.
2. Sal­vo escasas y hon­rosas excep­ciones, muy poca gente ded­i­ca­da al estu­dio de los Sig­los de Oro lee con cier­to cuida­do los tra­ba­jos cen­tra­dos en la lit­er­atu­ra euro­pea rena­cen­tista y, menos aún, inten­ta estable­cer pun­tos de diver­gen­cia y con­tac­to que la sitúen en un mar­co europeo históri­ca­mente real, y no en un absur­do metafísi­co deriva­do de muchas y muy vari­adas guer­ras de inde­pen­den­cia.
3. La for­ma­ción con que los alum­nos de secun­daria lle­gan a la uni­ver­si­dad es muy defi­ciente. Y esta mantiene un patrón que garan­ti­za que los inves­ti­gadores, mae­stros y divul­gadores del futuro vayan a ten­er que dedicar una con­sid­er­able can­ti­dad de tiem­po a adquirir los conocimien­tos nece­sar­ios para com­pren­der otras tradi­ciones. El común de ellos se dedi­cará, nat­u­ral­mente, a repe­tir un mod­e­lo que se retroal­i­men­ta de la mis­ma impos­tu­ra, ais­lando doble­mente —extra e intra­muros— a los espe­cial­is­tas.
4. El desconocimien­to prác­ti­ca­mente abso­lu­to del fun­cionamien­to de Inter­net sigue sien­do una caren­cia absur­da y ver­gonzosa en el cuer­po pro­fe­so­ral. Desa­ten­der­la no puede derivar después en que­jas sobre la cal­i­dad de la escrit­u­ra en la red, e insti­tu­cionalizarla sin prac­ti­car­la —he ahí el aspec­to más impor­tante del asun­to— deter­mi­nará prác­ti­cas educa­ti­vas igual­mente inútiles.
5. Si la filología his­páni­ca sigue ancla­da, en su expre­sión máx­i­ma den­tro de la jer­ar­quía académi­ca, en ser legataria de la tradi­ción enten­di­da de la peor de las man­eras: como inmovil­is­mo, no solo quedará toca­da de muerte la dis­ci­plina en sí, sino la ver­dadera tradi­ción y mis­ión que se les supone a los filól­o­gos: con­ser­var el sen­ti­do, o los sen­ti­dos de la pal­abra en la his­to­ria.

Me encan­tará cono­cer vues­tra opinión sobre el tema, tan­to de los que tenéis for­ma­ción de humanidades —filól­o­gos y no filól­o­gos— como de aque­l­los que tenéis for­ma­ción cien­tí­fi­ca. Siem­pre es un plac­er apren­der de vue­stros pun­tos de vista, así que servi­ros a gus­to de los comen­tar­ios.

El feed

Queri­dos lec­tores. Como algunos de vosotros sabéis, feed­burn­er pasó hace un tiem­po a for­mar parte de Google. A los que com­pro­bamos la salud de los feeds con él se nos ha insta­do a trasladar nues­tra cuen­ta a un servi­dor de Google. Por tan­to, ha cam­bi­a­do la direc­ción del feed y aunque todo debería fun­cionar sin prob­le­mas con la ante­ri­or, parece en que mi caso no ha sido así: he pasa­do de 70 suscrip­tores a 19 y creo que os he per­di­do a muchos de vosotros. Por tan­to, dejo aquí la nue­va direc­ción a la que debéis suscribiros. Tam­bién la he cam­bi­a­do en todos los ban­ners de la pági­na. Espero que todos podáis volver al redil pron­to. Dis­cul­pad las moles­tias.

Modern Language Association Annual Convention 2008

Mañana de madru­ga­da vue­lo a san fran­cis­co por motivos lab­o­rales. Pasaré una sem­ana en la ciu­dad y asi­s­tiré a la Con­ven­ción Anu­al de la Mod­ern Lan­guage Asso­ci­a­tion. No creo que esta sea mi últi­ma entra­da del año, pero acos­tum­bra­do como estoy a impre­vis­tos, quería desearos a todos unas felices fies­tas, inclu­so si entre vosotros hay ene­mi­gos acér­ri­mos de la Navi­dad.

Han sido seis meses un poco aje­trea­d­os y no he podi­do escribir con la fre­cuen­cia que hubiera queri­do. Muchas cosas han queda­do en el tin­tero. Ten­drá que ser en 2009, un año lleno de nuevos proyec­tos —espero— cuan­do muchas sor­pre­sas sal­gan a la luz en este blog y en otras platafor­mas vaga­mente rela­cionadas con él.


Golden Gate, por Slightlynorth

Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “The Gold­en Gate Bridge”, de Slight­ly­north.

Quiero agrade­cer a todos y a cada uno de los lec­tores el tiem­po que han inver­tido en leer las entradas, las moles­tias que se han toma­do en comen­tar aque­l­las que les han pare­ci­do intere­santes y los mails que he recibido con opin­iones, felic­ita­ciones y exabrup­tos por el sitio. Esta­mos a día 23 de diciem­bre —24 ya en España— y este blog, según Mint, ha sobrepasa­do solo este mes las 2300 entradas y los 1400 usuar­ios úni­cos, lo cual es un priv­i­le­gio para un proyec­to pequeño y modesto con una temáti­ca más que minori­taria.

Supon­go que no ten­go que recor­daros que si queréis recibir las actu­al­iza­ciones de esta pági­na podéis hac­er­lo medi­ante un ali­men­ta­dor de RSS o a través de vues­tra cuen­ta de correo elec­tróni­co. De nue­vo, gra­cias. Felices fies­tas.

Si eres legal…

Me acabo de enter­ar en el blog de eulez de una con­tra­cam­paña que se está desar­rol­lan­do en Inter­net a raíz de la que el Min­is­te­rio de Cul­tura Español lanzó hace unos días en con­tra los dere­chos del Inter­nau­ta. Para aque­l­los de vosotros que no viváis en España o no seáis españoles os pon­go mín­i­ma­mente en antecedentes.

En España es legal la descar­ga de con­tenidos pro­te­gi­dos con copy­right siem­pre que no sea con afán de lucro, sen­ten­cias judi­ciales así lo han señal­a­do en repeti­das oca­siones. Sin embar­go, el gob­ier­no español ha deci­di­do —con el bene­plác­i­to de César Anto­nio Moli­na, actu­al Min­istro de Cul­tura, y con ayu­da de las mentes preclaras que hacen brain­storm­ing en su cartera— crear una cam­paña en con­tra de lo que ellos denom­i­nan pira­teo. Des­de mi pun­to de vista, no es impor­tante si yo o cualquiera de los que nos hemos deci­di­do a apor­tar nue­stro gra­no de are­na para paliar el desmán esta­mos a favor o en con­tra de com­par­tir con­tenidos pro­te­gi­dos; se tra­ta de una batal­la en la que inclu­so quien no esté a favor de la copia legal debería inter­venir. ¿La razón? El poder políti­co no puede pasar por enci­ma del poder judi­cial —es pilar fun­da­men­tal del Esta­do de Dere­cho—, ni mucho menos ofre­cer al ciu­dadano una infor­ma­ción errónea —guste o no— con el afán de impon­er los intere­ses de un lob­by por enci­ma de lo moral­mente cor­rec­to, rozan­do lo aber­rante. Si no hay una seria reac­ción por parte de la ciu­dadanía en torno a este asun­to, tarde o tem­pra­no lo pagare­mos de dis­tin­tas man­eras, así nos lo repite a gri­tos la his­to­ria.

liberalitas o generosidad

Aquí inclu­so la moral, o las opciones per­son­ales de cada indi­vid­uo de cara al prob­le­ma, deben suped­i­tarse a una tarea cívi­ca de la que todos somos respon­s­ables. Cada uno ten­drá una idea par­tic­u­lar sobre el hecho de que se quiera apro­bar una ley en con­tra del inter­cam­bio de archivos en Inter­net, pero no puede alla­narse el camino de la man­era que se ha hecho. España es un país cuyo rég­i­men jurídi­co no se sostiene sobre jurispru­den­cia, pero en cualquier caso esta­mos hablan­do de una apli­cación estric­ta y repeti­da de la ley por muy dis­tin­tas instan­cias judiciales.[^1]

Al fon­do de todo el asun­to se hal­la el interés glob­al de multi­na­cionales ded­i­cadas al nego­cio de la cul­tura por crear una Inter­net que sir­va de platafor­ma para sus con­tenidos en vez de ser un espa­cio de libre acce­so, de libre difusión y donde la gestión sea neu­tral; los glo­bos son­da van lle­gan­do, claro. Tema que será mejor dejar a gente mucho más apta para su análi­sis que yo.

Pero vayamos a la prop­ues­ta. La idea es aplicar lo que en inglés se lla­ma google-bomb­ing, es decir, crear un hiper­vín­cu­lo con la frase de la cam­paña del Min­is­te­rio que diri­ja, en real­i­dad, a otra pági­na que expone la leg­is­lación vigente, ni más ni menos. Con ello se con­sigue que la infor­ma­ción ver­az se sitúe antes que la infor­ma­ción errónea, fal­sa y peli­grosa en Google. Es algo poéti­co en cier­to modo: los usuar­ios de Inter­net reestruc­turamos la rel­e­van­cia de la infor­ma­ción de una man­era democráti­ca y par­tic­i­pa­ti­va, sin ningún tipo de instan­cia que nos domes­tique. Vaya por tan­to mi enlace:

si eres legal

Y sí, por si quedan dudas, apo­yar al pobre y al oprim­i­do con­tra el poderoso, pen­sar en un mun­do más equi­li­bra­do y jus­to donde el hom­bre sea un ser dig­no capaz de dar lo mejor de sí mis­mo sin depen­der de su condi­ción social es una idea que arran­ca en el Renacimien­to. Algunos lo lla­man gen­erosi­dad —lib­er­al­i­tas— o cari­dad —char­i­tas—, y otros lo lla­mamos sim­ple­mente jus­ti­cia.

Puedes echar un vis­ta­zo a cómo la ini­cia­ti­va ya ha situ­a­do a la nue­va pági­na por enci­ma de la min­is­te­r­i­al bus­can­do “Si eres legal” en Google. Allí podrás ver cómo se han suma­do a la ini­cia­ti­va bar­ra­pun­to, Man­gas verdes, Montser­rat Boix, Pix­el y Dix­el, entre muchos otros.

[^1]:

Jun­to a ello se encuen­tran, por supuesto, otras aber­ra­ciones y abu­sos que no viene al caso tratar aquí. Sólo diré que España es uno de los pocos país­es donde una enti­dad pri­va­da, denom­i­na­da SGAESociedad Gen­er­al de Autores y Edi­tores— es capaz de cobrar un impuesto, lla­ma­do Canon dig­i­tal, denun­ciar a su anto­jo has­ta lle­gar al esper­pen­to, elim­i­nar con el bene­plác­i­to del Esta­do el prin­ci­pio de inocen­cia, y ges­tionar su recau­dación como una sociedad lim­i­ta­da, con los prob­le­mas que eso con­ll­e­va .

Monty Python, el rey Arturo y Miguel Ángel

Lo que os trai­go no es, evi­den­te­mente, un recur­so académi­co. Creo que se me per­donará que en un sitio serio como este, de vez en cuan­do me tome algu­na licen­cia, si no, no sería yo mis­mo. Hace unos días que Mon­ty Python ha abier­to un canal en youtube, y la ver­dad es que es del todo acon­se­jable. Os dejo con estos dos vídeos.

Aquí podéis encon­trar muchos más. Yo me he enter­a­do por Idle Spec­u­la­tions. Espero que os haya hecho son­reír. Feliz lunes.

Lisa Jardine — What is Left of Culture and Society

Lisa jar­dine es sin duda una de las grandes damas de la his­to­ria int­elec­tu­al de la europa alto­mod­er­na, además un ejem­p­lo viviente de has­ta qué gra­do de refi­namien­to, de conocimien­to y de gra­cia pueden lle­gar los estu­dios cul­tur­ales. Al igual que Skin­ner, le dedi­caré muchas entradas en este blog a lo largo del tiem­po; y al igual que Skin­ner en la ante­ri­or entra­da, de nue­vo, no he podi­do evi­tar pon­er aquí esta entre­vista que acabo de encon­trar en Youtube. Espero que la dis­frutéis tan­to como la he dis­fru­ta­do tan­to yo esta tarde, sobre todo porque pone bas­tante claro cuál es el papel políti­co del his­to­ri­ador. Espero que lo dis­frutéis.



Estaré encan­ta­do de escuchar vue­stros comen­tar­ios sobre el vídeo. En caso de que queráis hac­er ref­er­en­cias conc­re­tas a las obser­va­ciones de Jar­dine, la man­era más cómo­da de hac­er­lo es mar­can­do el min­u­ta­je antes de vue­stro comen­tario. Inten­taré escribir en esta entra­da un resumen de los con­tenidos en cuan­to ten­ga tiem­po.

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