Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Elogio del escriba

En 1971, en la Universidad de Illinois at Urbana-Champaign, un joven de 23 años decidió sentarse frente al teclado de una computadora. Era el 5 de julio y en su mochila había una copia de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que le habían regalado el día anterior. Fue precisamente el 4 de julio, el primer día que la Universidad le había permitido acceder a un flamante Xerox Sigma V sin restricciones de tiempo. El joven, halagado por el privilegio e intimidado por el desembolso económico de la Institución, ya había tomado la decisión de hacer que su trabajo con la máquina revirtiera en beneficio de la comunidad.

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«No sería mala idea», pensó tal vez, «transcribir el texto, de manera que cualquiera que acceda a nuestra red pueda leerlo, de hecho, podría enviarse por correo electrónico a todos los terminales». Su mente empezó a volar. ¿Era descabellado plantearse que, al igual que había sucedido con el automóvil en los 30, con el frigorífico en los 40, con el televisor en los 50, llegara un momento en que las computadoras fueran un electrodoméstico más? Si esto sucediera sería lógico que se acompañara de un abaratamiento de los soportes magnéticos para copiar la información o, quién sabe, si había terminales en universidades de costa este y oeste conectadas a Arpanet, ¿no cabía pensar en un futuro donde esas computadoras domésticas también estuvieran conectadas entre sí?.

Michael comenzó a teclear en el terminal de uno de los primeros 15 nodos de lo que hoy en día conocemos como Internet.

…We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty, and the pursuit of Happiness…

Ese mismo día acabó la transcripción añadiéndole el conjunto de instrucciones para ser enviada como correo electrónico, algo que finalmente no consiguió. Hizo dos copias en dos discos del tamaño de una fiambrera, cada uno de ellos costaba 1.500 dólares, y una copia en papel. Escribió un mensaje en lo que mucho después se convertiría en el grupo «comp.gen» de Usenet, donde anunciaba la disponibilidad del archivo y prometía que lo enviarían a quien lo solicitara. Ese documento, encapsulado como un archivo de texto, sería el primer libro electrónico de la historia.

Michael transcribiría en los siguientes 15 años 313 libros, palabra a palabra, y con cada pulsación animaba a más entusiastas —estudiantes y profesores; colaboradores de toda laya más adelante— a sumar sus esfuerzos a la tarea, que bautizaría como Proyecto Gutenberg. A mediados de la década de los 90, con el apoyo económico de la Universidad Carnegie Mellon, una colección —modestísima para nosotros, pero sin parangón para la época— cobraba popularidad en Internet.

El 6 de septiembre de 2011, el día de su muerte, Michael S. Hart deja como legado para cualquiera que tenga acceso a un terminal más de 31.000 libros. Aunque el lema del proyecto siempre fue «acabar con la ignorancia y el analfabetismo», nunca consideró que su primer gesto y los esfuerzos posteriores tuvieran en sí mismos ningún valor, afirmó siempre que fue una buena idea que pudo llevar a cabo por una suma de circunstancias propicias. En el momento en que escribo estas líneas, parece evidente que aquel joven que tecleaba desde un teletipo no desempeñó ningún papel de trascedencia en la evolución tecnológica que nos ha traído hasta aquí y, sin embargo, su manera de interpretar los balbuceos de la nueva tecnología, su aproximación ética y equitativa con respecto a la transmisión de las ideas, lo convierten en el último escriba, en el padre del libro electrónico, y en uno de los pioneros de la defensa de la cultura libre en Internet.

Descanse en paz.


Para más información sobre Hart, sobre su papel en la historia del libro electrónico y sus ideas acerca del copyright y del uso ético de Internet, pueden verse los siguientes enlaces:

Leszek Kolakowski (1927-2009)

Hoy hace exactamente una semana que murió Leszek Kolakowski y, como muestra de que la prensa no rinde justicia a algunos ni en sus obituarios, yo acabo de enterarme esta tarde mientras leía una anécdota de las muchas protagonizadas por el maestro en The Chicago Blog. Para muchos de los lectores sobrarán presentaciones, pero para a aquellos a quienes no se les haya concedido el regalo de la lectura de cualquiera de sus obras, les dejo aquí una breve semblanza que otro grande, Tony Judt, le dedicó el año pasado en un libro que merece como poco una lectura —Reappraisals. Reflections on the forgotten Twentieth Century (New York: The Penguin Press, 2008, pp. 129-30). La semblanza de Kolakowski reza como sigue:

Kolakowski.png “Leszek Kolakowski es un filósofo polaco. Pero no parece demasiado acertado —o suficiente— describirlo así. Como Czeslaw Milosz y otros antes que él, Kolakowski forjó su carrera intelectual y política en oposición a ciertos rasgos de raigamblre profunda en la cultura polaca tradicional: clericalismo, chovinismo, anti-semitismo. Obligado a abandonar su tierra natal en 1968, Kolakowski nunca podría volver a casa ni ser publicado en ella: entre 1968 y 1981 su nombre se encontraba en el índice polaco de autores prohibidos, y la mayor parte de la obra por la que es conocido hoy fue escrita y gran parte de la obra por la que mejor se le conoce hoy fue escrita y publicada en el extranjero.

En el exilio, Kolakowski vivió principalmente en Inglaterra, donde fue Fellow del All Souls College, Oxford, desde 1970. Pero, como explicó en una entrevista el año pasado, Gran Bretaña es una isla; Oxford es una isla dentro de Gran Bretaña; All Souls (un College sin estudiantes) es una isla dentro de Oxford y el Dr. Leszek Kolakowski es una isla en All Souls, una “isla cuádruple”. Hubo en un tiempo, de hecho, lugar en la vida cultural británica para los intelectuales emigrados de Rusia y Europa Central —piénsese en Ludwig Wittgenstein, Arthur Koestler o Isaiah Berlin. Pero un filósofo católico, antiguo marxista y polaco es más exótico y, a pesar de su reconocimiento internacional, Leszek Kolakowski es ampliamente desconocido —y curiosamente menospreciado— en su tierra adoptiva.

En otros lugares, sin embargo, es famoso. Como muchos intelectuales centroeuropeos de su generación, Kolakowski es políglota —con tanta o mayor facilidad en ruso, francés y alemán como en polaco y en su inglés de adopción— y ha recibido reconocimientos y abundantes premios en Italia, Alemania y Francia principalmente. En los Estados Unidos, donde Kolakowski enseño durante muchos años en el Committee on Social Thought de la Universidad de Chicago, sus logros han sido generosamente reconocidos, culminando en 2003 con el Premio Kluge de la Biblioteca del Congreso, otorgado por los logros de una vida en aquellos campos de investigación —las humanidades principalmente— para los que no hay Premio Nobel. Pero Kolakowski, que en más de una ocasión ha declarado sentirse en París como en casa, no es más americano que inglés. Quizás deba pensarse en él como el último ciudadano ilustre de la República de las Letras del siglo XX.

En la mayor parte de sus países de adopción, Leszek Kolakowski es mejor conocido —y en algunos únicamente conocido— por Main Currents of Marxism, su excepcional historia en tres volúmenes del marxismo: publicada en polaco (en París) en 1976, en Inglaterra por Oxford University Press dos años despues, y reimpresa ahora en un volúmen único por Norton en los Estados Unidos. Sin duda así debe ser: Main Currents es un monumento de la erudición moderna en el campo de las humanidades. Pero hay cierta ironía en su preeminencia entre el resto de los escrits de Kolakowski, al ser su autor cualquier cosa excepto un “Marxólogo”. Es un filósofo, un historiador de la filosofía y un pensador católico. Pasó años estudiando las sectas y herejías cristianas altomodernas y durante más de último cuarto del siglo pasado se dedicón a la historia de la religión y la filosofía en Europa y lo que podría ser descrito de la mejor manera como especulaciones filosófico-teológicas.”

Sobre la muerte de Kolakowski podéis encontrar más información en los siguientes enlaces:

Hay una buena galería de fotos, de donde proceden la que se adjunta a esta entrada, aquí. Otra brevísima biografía en inglés puede leerse aquí. Una bibliografía que dista de ser comprehensiva puede encontrarse en esta entrada de la Wikipedia inglesa, a la que pueden sumarse las fuentes primarias citadas en este documento y en este otro, de Cosma Shalizi. Si alguno conoce un listado realmente completo, que se ponga en contacto conmigo y lo añadiremos a esta página.

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