Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Categoría: notas (Página 3 de 3)

Criminales del copyright

Tanto para aque­l­los que no estén famil­iar­iza­dos con la red de blogs his­pana, como para quienes no se ded­i­can a hur­gar en la blo­gos­fera con cier­ta fre­cuen­cia, quizás el nom­bre de Enrique Dans no les sug­iera nada. Sin embar­go, como par­to de que las almas cán­di­das que entran en este lugar invierten su tiem­po en otras cosas, hoy me gus­taría dedi­car­le una entra­da.

Enrique Dans, con más de 42.000 suscrip­tores en su blog, es uno de los blog­gers más influyentes en la red his­pana. ¿A qué se debe su éxi­to? Fun­da­men­tal­mente a los temas que toca —tec­nológi­cos, económi­cos y sobre chismes elec­tróni­cos—, que refle­jan los intere­ses del públi­co may­ori­tario de este tipo de medio; adereza­do esto con un pun­ti­to con­tes­tatario que raya lo pre­vis­i­ble, pero que gus­ta mucho a los lec­tores. Reconoz­co que lle­vo un tiem­po suscrito a su blog, y en oca­siones lo leo des­de la per­ple­ji­dad o, sen­cil­la­mente, des­de el desacuer­do; pero hay que recono­cer­le que es un buen comu­ni­cador que com­prende el medio en que se mueve y el públi­co para el que escribe, y eso, para quien visi­ta una cier­ta can­ti­dad de blogs a lo largo de día, es una rara y pre­ciosa cual­i­dad.

Si a estas alturas me pre­gun­taran, con razón, ¿y qué? Yo les con­tes­taría que me he leí­do la colum­na de Enrique Dans de hoy, que ded­i­ca a un tema que ya se empieza a repe­tir de man­era macha­cona: la vol­un­tad de los artis­tas y pro­mo­tores de que se con­ce­da a los provee­dores de Inter­net (ISPs) la fac­ul­tad para con­tro­lar a sus usuar­ios. Ya se sabe la his­to­ria, se envían has­ta tres adver­ten­cias por la descar­ga de mate­ri­ales suje­tos a copy­right, para, a la cuar­ta, pri­var­les de su conex­ión; es decir, el mod­e­lo Sarkozy.

Dragged Image 1.png

Esto, en el caso español, resul­ta un tan­to chocante: los españoles lle­va­mos pagan­do un tiem­po el omi­noso canon dig­i­tal —con el que, por cues­tiones de sen­ti­do común, no comul­go— que se car­ga al pre­cio de cualquier soporte sus­cep­ti­ble de alma­ce­nar mate­r­i­al dig­i­tal; algo que en prin­ci­pio, debería per­mi­tirnos copi­ar y dis­tribuir cualquier obra reg­istra­da libre­mente, inclu­so aunque no teng­amos el dere­cho para hac­er­lo. El caso es que aho­ra se nos quiere impon­er un con­trol extra, además de pagar por lo “ya roba­do” a los posee­dores legales del copy­right. Nadie va a dis­cu­tir que el argu­men­to hace aguas por todas partes, y que se tra­ta de un abu­so en toda regla. Y de ahí que Dans, jun­to con una amplia rep­re­sentación de la blo­gos­fera, hayan reac­ciona­do de man­era aira­da, pro­ponien­do que todos copiemos, que todos dis­tribuyamos y demás.

Y aquí ten­go que dis­en­tir muy a mi pesar. La reac­ción aira­da es com­pren­si­ble, y a veces es bueno ejercer el dere­cho al pata­leo; como es igual­mente evi­dente de que la copia de un mate­r­i­al que no nos pertenece, que no hemos com­pra­do, para su pos­te­ri­or dis­tribu­ción no es un deli­to en España. Pero esto no quiere decir que no sea moral­mente reprob­a­ble. Tan­to Enrique Dans como la recua que lo secun­da entona en este pun­to un can­to sobre la lib­er­tad de la cul­tura, ento­nan en oca­siones —a modo de pas­tiche inconexo— las bon­dades de los con­tenidos bajo licen­cia Cre­ative Com­mons o con códi­go abier­to (Open Source). La cuestión sería pre­gun­tarse cuán­tos de ellos gen­er­an por sí mis­mo con­tenidos que el resto con­sumiría y vicev­er­sa.

Yo no ten­go ningún prob­le­ma en que lim­iten mi acce­so a mate­ri­ales suje­tos a copy­right porque, sen­cil­la­mente, responde a un mecan­is­mo de legal­i­dad —ante la ley todos somos iguales— que hay que respetar: el con­cede a un creador, un his­to­ri­ador, un artista el dere­cho a cobrar un suel­do por el tra­ba­jo que real­iza; al igual que al inver­sor que apoya con su dinero la creación de esa obra. Esto, para cualquier per­sona cabal, es algo muy razon­able. Está claro que tam­poco estoy a favor de que ningún provee­dor de Inter­net o de tele­fonía con­t­role mi activi­dad en Inter­net; y esto no es porque yo ten­ga nada que ocul­tar, sino pre­cisa­mente al con­trario, porque nun­ca he sido un exhibi­cionista, y menos sin pre­vio avi­so.

Lle­ga­dos a este pun­to, es cuan­do me parece que las cosas se ponen com­pli­cadas, porque ten­emos dos dere­chos indis­cutibles en clara con­tra­posi­ción: el dere­cho a la pri­vaci­dad de las tele­co­mu­ni­ca­ciones y el dere­cho a percibir hon­o­rar­ios por una mer­cancía. La medi­da de Dans, jun­to con la de tan­tos otros redac­tores de blogs es bien sen­cil­la: descar­gad, copi­ad, com­par­tid… La respues­ta más fácil, más irre­spon­s­able y, evi­den­te­mente, la que más gus­ta leer. Mien­tras tan­to, uno sigue con los ojos puestos en Google Books, en Inter­net Archive y en tan­tos otros lugares donde se des­blo­quean mate­ri­ales que han per­di­do los dere­chos de explotación, y después echo un vis­ta­zo a la blo­gos­fera y —sal­vo algu­nas hon­rosas excep­ciones— un silen­cio abso­lu­to. Es más, jun­to con el silen­cio, la fal­ta total de conocimien­to y de uso de esas fuentes.

Lle­ga­dos a este pun­to, digo, a uno le da por pen­sar que quizás los que alu­den al dere­cho de copia, a la lib­er­tad de la cul­tur­al, son el fon­do unos román­ti­cos, unos ver­daderos adalides del dere­cho de las masas —sí, sí, porque pien­san en masas— a ilus­trarse, porque quieren cam­biar el mun­do y, muy socráti­cos, pien­san que el mal se cura con el conocimien­to. Esto es lo que se dice uno y entonces, por curiosi­dad, va a echarle un vis­ta­zo a la lista de lo más descar­ga­do del emule, sólo por curiosi­dad. Y se encuen­tra con esto:

emule-los más descargados.png

Claro, se le cae el alma a los pies, resul­ta que la amplia may­oría de usuar­ios del emule lo emplean para bajar los con­tenidos que las propias multi­na­cionales a las que ata­can cre­an para el públi­co. Y aquí la solu­ción no pasa por sacarse una foto con cara de pre­so, ni por entonar una pseu­do-aren­ga; sino que es un pro­ce­so largo que impli­ca que la gente empiece a com­par­tir cul­tura que escape a los cir­cuitos may­ori­tar­ios de dis­tribu­ción de la cul­tura, y que com­pre aque­l­los pro­duc­tos bajo copy­right que con­sidere que lo mere­cen. Nadie hace ningún favor a la cul­tura, ni ningún favor a la lib­er­tad en Inter­net, descargán­dose mate­ri­ales como los de la lista de arri­ba o sus deriva­dos, más bien al con­trario.

El arte de la conversación

Como algunos de mis lec­tores saben, me he acaba­do espe­cial­izan­do en las teorías de la con­ver­sación y de la comu­ni­cación durante entre finales de la Edad Media y prin­ci­p­ios de la Mod­ernidad —casi nada, que dirán algunos—. Y el caso es que me ha hecho mucha gra­cia encon­trarme con el grá­fi­co que adjun­to a esta entra­da, porque en una ocasión no muy lejana, alguien me pre­gun­tó con bas­tante buen cri­te­rio si nues­tra idea sobre la con­ver­sación y la comu­ni­cación era la mis­ma que durante el siglo XVI. Aquí, como buen gal­lego, es nece­sario respon­der: “depende”, y como puede verse en la grá­fi­ca que adjun­to, la sim­ple real­i­dad comu­nica­ti­va de Inter­net es de una com­ple­ji­dad real­mente her­mosa. Si queréis ver la ima­gen más grande, sólo tenéis que pin­char en ella.

The Conversation. The Art of Listening, Learning and sharing.

Vía Mash­able, que a su vez la saca de aquí.

Digitalizando todos los libros del mundo

He leí­do con suma aten­ción el artícu­lo que Jean-Claude Gué­don ha escrito como répli­ca a otro artícu­lo que mi admi­ra­do Robert Darn­ton escribió en The New York Review of Books hace un mes y medio.

Darn­ton alaba­ba de man­era opti­mista las ven­ta­jas que tiene la dig­i­tal­ización de libros en la actu­al­i­dad, y cómo el proyec­to de Google Books con­ducirá a nue­vo modo de inves­ti­gar, deter­mi­na­do por el acce­so inmedi­a­to a la infor­ma­ción; giro este, sólo equipara­ble al que supu­so la gen­er­al­ización de la imprenta en Europa durante la segun­da mitad del siglo XV y comien­zos del siglo XVI. En sus propias pal­abras:

In 2006 Google signed agree­ments with five great research libraries—the New York Pub­lic, Har­vard, Michi­gan, Stan­ford, and Oxford’s Bodleian—to dig­i­tize their books. Books in copy­right posed a prob­lem, which soon was com­pound­ed by law­suits from pub­lish­ers and authors. But putting that aside, the Google pro­pos­al seemed to offer a way to make all book learn­ing avail­able to all peo­ple, or at least those priv­i­leged enough to have access to the World Wide Web. It promised to be the ulti­mate stage in the democ­ra­ti­za­tion of knowl­edge set in motion by the inven­tion of writ­ing, the codex, mov­able type, and the Inter­net.

Como Darn­ton sug­iere en otro lugar del artícu­lo, su acer­camien­to al proyec­to de Google es el de un entu­si­as­ta, un eru­di­to, un his­to­ri­ador de la cul­tura, que com­prende las difi­cul­tades de su ofi­cio y que ve las posi­bil­i­dades de ahor­ro de tiem­po y de recur­sos tan­to para el inves­ti­gador como para la per­sona intere­sa­da por la cul­tura. Has­ta aquí nue­stro entu­si­as­mo es com­par­tido. Sin embar­go, Gué­don pone de man­i­fiesto var­ios aspec­tos que pare­cen escapárse­le a Darn­ton:

* El modo en que Google limi­ta el libre uso de esos tex­tos.
* El modo en que Google se con­vierte en medi­ador nece­sario entre el obje­to cul­tur­al y el lec­tor.

A mí, como usuario con una pro­fun­da con­vic­ción sobre las bon­dades de los tex­tos dig­i­tales —y con una bib­liote­ca dig­i­tal propia que comien­za a ser la pesadil­la de cualquier dis­co duro— me intere­sa espe­cial­mente la primera. Pero Gué­don argu­men­ta de modo con­vin­cente la indis­ol­u­bil­i­dad de ambas.

Cuan­do uno accede a Google Books y pasa allí una tarde, aca­ba lle­gan­do a la con­clusión de que se tra­ta de un espa­cio mal pen­sa­do. Digo esto porque a mí se me ocur­ren bas­tantes más cosas que hac­er con los libros que las que se me per­miten. La primera de ellas es realizar búsquedas cruzadas medi­ante oper­adores booleanos en un con­jun­to de tex­tos que yo eli­ja, la segun­da es com­pro­bar las ocur­ren­cias de un con­jun­to deter­mi­na­do de fór­mu­las tex­tuales para iden­ti­ficar esti­los, fuentes y demás, y así un largo etcétera. Es evi­dente, como bien expli­ca Gué­don, que Google nece­si­ta lim­i­tar el acce­so y el tratamien­to de los libros en orden a pro­te­ger su “mod­e­lo de nego­cio”, y es evi­dente que el lec­tor que no hace de la lec­tura y del análi­sis tex­tu­al su tra­ba­jo ape­nas notará esta difer­en­cia a la hora de acced­er a los libros.

Aquí entramos en otro prob­le­ma impor­tante: exis­ten lec­tores intere­sa­dos en muchos de los temas que ocu­pan a los his­to­ri­adores; pero son pocos los que pueden aprox­i­marse a ellos con cier­ta desen­voltura —¿y quién lo hace?, en real­i­dad— a ellos. El tra­ba­jo del his­to­ri­ador es describir, expon­er, sin­te­ti­zar los datos de modo claro para que la inter­pretación pos­te­ri­or de los mis­mos alber­gue un mín­i­mo interés para el lec­tor cul­to; de no ser así, su tra­ba­jo habrá de rein­ter­pre­tarse o quedar rel­e­ga­do al olvi­do.

GoogleBooks

Prob­a­ble­mente todos los libros del mun­do acaben por dig­i­talizarse, y ello trans­for­mará indud­able­mente nue­stro modo de rela­cionar­los con el libro, la infor­ma­ción y la his­to­ria. En un futuro quizás no muy lejano, el tra­ba­jo de los pro­fe­sores de humanidades estará mucho más cen­tra­do en enseñar cómo ges­tionar los con­tenidos que en los con­tenidos mis­mos, o sen­cil­la­mente desa­pare­cerá. Esto plantea nuevos retos: el giro en el mod­e­lo educa­ti­vo, si las estruc­turas más escle­ro­ti­zadas del sis­tema lo per­miten, va a ser rad­i­cal. Aquí es fun­da­men­tal alla­nar el camino no al cam­bio, y sí a la dura batal­la por man­ten­er el sen­ti­do de toda esa masa informe. Está en juego, en el fon­do, el modo en que el pen­samien­to occi­den­tal se rela­ciona con su his­to­ria y, val­ga la redun­dan­cia, con la his­to­ria de su pen­samien­to. Si nos preparamos para el cam­bio, ver­e­mos estu­dios que durante el siglo pasa­do eran impens­ables por ambi­ciosos y com­ple­jos; si no, el hecho de ten­er dig­i­tal­iza­dos todos los libros del mun­do prob­a­ble­mente solo sig­nifique una excusa para la desapari­ción de la memo­ria y de las ende­bles rela­ciones que hemos crea­do entre ellos durante sig­los. Del mis­mo modo, cam­biará el hábito de lec­tura y de análi­sis con él. Aho­ra bien, para que esto suce­da es pre­ciso que se creen las her­ramien­tas nece­sarias y se com­pren­dan de modo claro las vías para sim­pli­ficar o com­plicar infini­ta­mente la con­sul­ta de tex­tos y demás mate­ri­ales.

Google limi­ta estas posi­bil­i­dades, parado­jas de los nuevos tiem­pos, al ofre­cer­los. Su papel como medi­ador, como señala Gué­don, hace que las mis­mas bib­liote­cas con las que tra­ba­ja no puedan explo­rar el autén­ti­co poten­cial de una inmen­sa bib­liote­ca dig­i­tal. Suma­do a esto, el tra­ba­jo de dig­i­tal­ización de Google es un tan­to mediocre en oca­siones, no solo por lo que toca a la cal­i­dad de la res­olu­ción, sino a errores de bul­to en repeti­ción y omisión de pági­nas, como señal­a­ba Robert B. Towsend en otro artícu­lo que —de momento[^1]— es de ref­er­en­cia sobre el par­tic­u­lar, o tam­bién las ref­er­en­cias en xml, bib­tex y demás, que son un 90% de las veces erróneas.

Hay ini­cia­ti­vas que pre­tenden cam­biar esta situación con muy diver­sos logros. En esta entra­da sólo haré ref­er­en­cia a dos de ellas como mod­e­los dis­tin­tos de tra­ba­jo y de per­spec­ti­vas:

* Por una parte, The Euro­pean Library, un proyec­to que tiene como meta a largo pla­zo dig­i­talizar todos los doc­u­men­tos del viejo con­ti­nente y que sin embar­go tiene todo el aspec­to de ir a la deri­va pre­cisa­mente porque no com­prende, como le pasa a Gal­li­ca —inclu­i­da en ésta—, que no bas­ta con la pres­en­cia de imá­genes mon­tadas en un pdf, si no ofre­cen un tex­to que pue­da ser ras­trea­do.

* Por otra, The Inter­net Archive, que últi­ma­mente se está con­vir­tien­do en mi repos­i­to­rio favorito por varias razones: la primera es que se tra­ta de una platafor­ma libre y abier­ta, donde hay tex­tos dig­i­tal­iza­dos por multi­na­cionales como microsoft, por enti­dades y archivos públi­cos, por usuar­ios par­tic­u­lares, y for­man un gran colec­ti­vo con un interés con­tin­uo por mejo­rar la cal­i­dad de sus con­tenidos y ampli­ar­la. The Inter­net Archive no se limi­ta a hac­er aco­pio de tex­tos, sino que alber­ga con­tenidos de todo tipo, que o bien han per­di­do sus dere­chos de copia pri­va­da, o bien han sido crea­d­os bajo una licen­cia Cre­ative Com­mons, o bien han sido don­a­dos por sus autores o por casas edi­to­ri­ales que poseían los dere­chos. Lo bueno de Inter­net Archive es que tiene detrás una comu­nidad muy críti­ca y muy acti­va, un grupo amplio y prepara­do de comis­ar­ios (cura­tors) que se encar­gan de revis­ar, reseñar y recomen­dar los con­tenidos.

Por supuesto, ningu­na de las dos real­iza la tarea que he men­ciona­do ante­ri­or­mente, inclu­so Google Books sigue sien­do supe­ri­or en posi­bil­i­dades de búsque­da. Pero me parece que Inter­net Archive cuen­ta con un fac­tor que va a ser esen­cial en el futuro de la lec­tura y el estu­dio en Inter­net: la creación de una comu­nidad críti­ca y espe­cial­iza­da en torno a esos con­tenidos. Se tra­ta una de las dos piezas, sien­do la otra la creación de instru­men­tal semán­ti­co y rela­cional ade­cua­do, esen­ciales para que las bib­liote­cas vir­tuales no cor­ran la suerte de las bib­liote­cas tridi­men­sion­ales. Y a mí me fasci­na la idea de con­ver­tirme en bib­liote­cario, aunque sea un bib­liote­cario modesto y acha­coso, de este mun­do vir­tu­al.

**********

Algunas lecturas de interés para una postura coherente hacia Google Books:

* Google Books vs. Bison, de Mark J. Lud­wig y Mar­garet R. Wells. Estu­pen­do artícu­lo de The Library Jour­nal escrito des­de el pun­to de vista de doc­u­men­tal­is­tas y bib­liote­car­ios, que con­trastan el uso de Google Books con el sis­tema de infor­ma­ción bib­li­ográ­fi­ca de la Uni­ver­si­dad de Buf­fa­lo (BISON), los resul­ta­dos del análi­sis derivan en la der­ro­ta abso­lu­ta de Bison ante el gigante de Sil­i­con Val­ley. Las con­clu­siones, me parece, las cor­rec­tas: tenien­do en cuen­ta el pro­gre­so en la dig­i­tal­ización de fon­dos enormes, la car­rera ya está per­di­da en cuan­to a la creación de más doc­u­men­tos, pero la creación de ser­vi­cios en torno a los archivos es el que ofrece un cam­po ilim­i­ta­do de posi­bil­i­dades, a la vez que prác­ti­ca­mente desier­to por el momen­to.

* Para los ataques de dis­tin­tos gru­pos edi­to­ri­ales Europeos y algu­nas de sus insti­tu­ciones con­tra Google Books, puede verse lo que ha pasa­do en Fran­cia (1, 2, 3 y 4) o en Ale­ma­nia. Y, por con­traste, todo (1, 2 y 3) lo que ha pasa­do en España.

* Para las bon­dades de Google Books den­tro del ámbito académi­co —fuera de artícu­los de opinión como el men­ciona­do de Darn­ton—, puede entrarse con buen pie vía el análi­sis que Gre­go­ry Crane le dedicó al auge de las bases tex­tuales en inter­net hace un par de años y a las ideas de Tim O’Reilly sobre las necesi­dades de com­putar toda la masa bib­li­ográ­fi­ca que apor­ta el repos­i­to­rio y algunos ejem­p­los de cómo serían mod­e­los bási­cos de análi­sis. Está claro que tam­bién puede acud­irse a este recorte del doc­u­men­tal «El mun­do según Google» que habla de Google Books:

* Por últi­mo, me que­da hac­er ref­er­en­cia a la lista de recur­sos para la inves­ti­gación en Inter­net que Antho­ny Grafton hizo en The New York­er hará cosa de un año. Es a su vez una fenom­e­nal intro­duc­ción al uso de las bases de datos y las bib­liote­cas vir­tuales por oposi­ción a los archivos clási­cos.

[^1]:

Digo de momen­to porque el pro­pio Google Books tiene her­ramien­tas para señalar estos errores de modo que puedan ser sub­sana­dos y cor­regi­dos con cier­ta celeri­dad.

¿WordPress o drupal?

Cuan­do comencé a uti­lizar dru­pal, tan­to para este sitio web como para el del [Cen­tre for Mod­ern Thought](http://abdn.ac.uk/modern) la sor­pre­sa fue mayús­cu­la por la flex­i­bil­i­dad de la platafor­ma y las posi­bil­i­dades de pub­li­cación que ofrecía con respec­to a otras opciones disponibles en el mer­ca­do. Sin embar­go, tras ten­er un par de meses fun­cio­nan­do dru­pal me he encon­tra­do con un prob­le­ma que a muchos de vosotros os puede pare­cer de menor impor­tan­cia, pero que para mí la tiene, y mucho.

drupal-logo.png (PNG Imagen, 200x200 pixels)Dru­pal es un CMS muy flex­i­ble y te per­mite pub­licar en red casi todo lo imag­in­able, y de muchas man­eras, pero para un maniáti­co como yo en asun­tos tipográ­fi­cos y de dis­eño, dru­pal no ofrece un gran aban­i­co de temas, no dig­amos ya de temas estéti­ca­mente agrad­ables. Por otro lado ten­emos [wordpress](http://wordpress.com) o [movabletype](http://movabletype.com) que son platafor­mas con sol­era para la pub­li­cación de blogs, pero enorme­mente lim­i­tadas por lo que ocu­pa a pub­li­cación de tex­tos lar­gos, gestión de bib­li­ografía, incor­po­ración de foros o, si se me apu­ra, mane­jo de la infor­ma­ción con­teni­da en los sitios que sopor­tan. Sin embar­go, word­press y mov­able­type, con sus defi­cien­cias, ofre­cen una can­ti­dad de temas muy cuida­dos estéti­ca­mente que tal vez no per­mi­tan admin­is­trar la can­ti­dad de con­tenidos de dru­pal, pero sí orga­ni­zar­los de un modo mucho más atrac­ti­vo y limpio al lec­tor.

wordpress.pngHe tenido ambos aspec­tos en cuen­ta y he inten­ta­do reflex­ionar sobre qué sería lo más ade­cua­do para la can­ti­dad de tex­tos que estoy a pun­to de empezar a col­gar, y mien­tras que dru­pal me sigue pare­cien­do la opción más ade­cua­da, la exas­per­ante lenti­tud en el desar­rol­lo de temas, jun­to con mi fal­ta de pacien­cia para apren­der lo fun­da­men­tal para reto­car algo más que el CSS, lo con­vierten, pien­so, en una platafor­ma poco atrac­ti­va. Con­sid­er­a­do esto, está claro que todavía no ten­go mate­r­i­al sufi­ciente como para que sea exce­si­va­mente engor­roso mover todos los con­tenidos a una platafor­ma dis­tin­ta —no existe migración direc­ta entre dru­pal y word­press, por ejem­p­lo—, pero sí que es pesa­do man­ten­er los comen­tar­ios, cam­biar la fecha de las entradas, hac­erme con un tema que me con­ven­za —aho­ra mis­mo me encuen­tro entre [thesis](http://diythemes.com/thesis/), de Chris Pear­son y [Author’s grid](http://www.premiumwp.com/archive/2008/04/03/author’s-grid-wordpress-theme/) de Adii)— y habit­u­arme al cam­bio que supone word­press. En real­i­dad, lo que más me exas­pera es que quiero hac­er disponibles todos los artícu­los que ten­go en pren­sa o pub­li­ca­dos y me cues­ta imag­i­nar cómo hac­er­lo de man­era ele­gante en una platafor­ma como dru­pal, mien­tras que la veo más clara en word­press, a pesar de que sé que no es un gestor de con­tenidos pen­sa­do con ese fin. Otra cosa que me echa para atrás es que los temas que me gus­tan care­cen de tra­duc­ción castel­lana, y no sé has­ta qué pun­to sea difí­cil tra­ducir a mano todos los ele­men­tos de un plan­til­la para word­press.

En defin­i­ti­va, si tenéis la sen­sación de que esta pági­na web está un poco para­da se debe en parte a que estoy muy retrasa­do con un par de artícu­los que me han encar­ga­do y, ante todo, con la final­ización de mi tesis y, por otra, que me cues­ta seguir col­gan­do con­tenidos en un sitio que no sé si voy a seguir usan­do en los tér­mi­nos en que lo he mon­ta­do. Sería de enorme ayu­da que gente con may­or expe­ri­en­cia que la mía, o gente que se haya encon­tra­do con los mis­mos prob­le­mas y haya encon­tra­do una solu­ción, me diera algún con­se­jo u ori­entación. Les estaré enorme­mente agrade­ci­do.

Edi­to: Me he pasa­do a Word­Press, aho­ra mis­mo debo dejar­lo así, pero en cuan­to me empiece a hac­er con el entorno y sus posi­bil­i­dades prome­to hac­er una entra­da al respec­to.

Conferencias de la Fundación Juan March

Acabo de leer en [el País](http://www.elpais.com/articulo/cultura/Recuperar/voz/saber/elpepucul/20080604elpepucul_4/Tes) que la [Fun­dación Juan March](http://www.march.es/index.asp) aca­ba de pon­er a libre dis­posi­ción de los inter­nau­tas todas las con­fer­en­cias impar­tidas en su sede des­de 1975. No se tra­ta de un movimien­to banal, los con­fer­en­ciantes de la Fun­dación rep­re­sen­tan lo más grana­do de la cul­tura españo­la del perío­do, y ten­er­los a nues­tra dis­posi­ción, lis­tos a ser descar­ga­dos y oídos en nue­stros orde­nadores o en nue­stros repro­duc­tores de mp3 es una noti­cia estu­pen­da.

Por supuesto, este movimien­to de la Fun­dación se sitúa en la línea del movimien­to que numerosas uni­ver­si­dades amer­i­canas —entre ellas, Stan­ford, Prince­ton, Yale o Berke­ley— y últi­ma­mente [las británicas](http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/education/7431918.stm) han hecho en la tien­da de [iTunes](http://es.wikipedia.org/wiki/Apple_iTunes) per­mi­tien­do la descar­ga de una can­ti­dad rep­re­sen­ta­ti­va de con­fer­en­cias, tan­to en vídeo como en audio, de for­ma gra­tui­ta.

Podcast

Yo, por supuesto, ya me he descar­ga­do las que están disponibles de [Rafael Lapesa](http://www.march.es/conferencias/anteriores/index.asp?busqueda_simple=Rafael+Lapesa&activador_busqueda=Buscar), [Fer­nan­do Lázaro Carreter](http://www.march.es/conferencias/anteriores/index.asp?busqueda_simple=L%E1zaro+Carreter&activador_busqueda=Buscar) y [Fran­cis­co Rico](http://www.march.es/conferencias/anteriores/index.asp?busqueda_simple=Francisco+Rico&activador_busqueda=Buscar), pero hay muchas más intere­santes para el inves­ti­gador en cul­tura medieval y rena­cen­tista. Podéis encon­trar el bus­cador [aquí](http://www.march.es/conferencias/anteriores/index.asp)

Encyclopædia Britannica Online

Parece que estos días úni­ca­mente se me da por escribir acer­ca de recur­sos en Inter­net y bases de datos, pero lo cier­to es que el panora­ma ha esta­do un poco movi­do. Redac­to esta entra­da porque la sem­ana pasa­da me encon­tré con una situación en el blog de [Enrique Dans](http://www.enriquedans.com/2008/04/britannica-sigue-intentandolo.html) que yo mis­mo esta­ba sufrien­do, que era el retra­so de mi sub­scrip­ción a un nue­vo ser­vi­cio ofre­ci­do por la empre­sa, lla­ma­do [Bri­tan­ni­ca webshare](http://britannicanet.com/).

Como bien comenta­ba Enrique en su blog, los chicos de la *Enci­clo­pe­dia Británi­ca* se han dado cuen­ta de que los resul­ta­dos de búsque­da de su servi­dor en com­para­ción con los de la [Wikipedia](http://es.wikipedia.org/wiki/Portada) era ínfi­mos. Una de las muchas con­stat­a­ciones de que los mod­e­los de mer­ca­do en Inter­net no pasan ya por las suscrip­ciones online o por el pago men­su­al o anu­al de una cuo­ta —creo que la *Enci­clo­pe­dia Británi­ca* en con­cre­to, salía al año en unos 70 dólares—, sino por la creación de con­tenidos abier­tos y de fácil acce­so sostenidos o por la pub­li­ci­dad, o por una comu­nidad tan acti­va como la que tiene la ya men­ciona­da wikipedia.

britannicalogo
Subido con Skitch, de plasq

¿Qué es el ser­vi­cio [Bri­tan­ni­ca webshare](http://britannicanet.com/)? Es la man­era —poco orig­i­nal, en real­i­dad— que se le ha ocur­ri­do a la empre­sa para recor­tar algo la dis­tan­cia con su máx­i­mo com­peti­dor. Man­ten­drán los pre­cios para la sub­scrip­ción de par­tic­u­lares, pero a los que pub­li­camos en red o admin­is­tramos pági­nas, nos ofre­cen una sub­scrip­ción gra­tui­ta para que la use­mos sin restric­ciones y establez­camos vín­cu­los con ella. En su momen­to cubrí la sub­scrip­ción y me ha lle­ga­do una invitación a usar­la gratis durante un año, y la insis­ten­cia en todo el pro­ce­so sobre el año me hace sospechar que pasa­do este inten­tarán cobrar para el sigu­iente.

No creo que la use demasi­a­do. ¿Por qué? En primer lugar porque no voy a defend­er un con­tenido cer­ra­do frente a uno abier­to y públi­co, aunque está claro que si *Bri­tan­ni­ca* me ofrece un con­tenido mejor y más ade­cua­do sobre el tema que esté tratan­do, voy a estable­cer el vín­cu­lo cor­re­spon­di­ente. En segun­do lugar, a pesar de la fama que la *Ency­clopæ­dia Bri­tan­ni­ca* ha acu­mu­la­do con los años, muchos de sus artícu­los —sobre todo por lo que toca a la his­to­ria del Renacimien­to y de la Edad Media— nece­si­tan una seria revisión y remoza­mien­to de fuentes y ref­er­en­cias.

Por lo demás, me ha lle­ga­do la suscrip­ción y lle­vo usán­dola un par de horas. Su fun­cionamien­to, en una primera impre­sión, me ha decep­ciona­do bas­tante. No me gus­ta cómo ref­er­en­cia, no me gus­ta cómo indexa y no me gus­ta lo lenta que es. Me encan­taría ver el índice mucho más claro y no ten­er «efec­tos acordeón» por doquier, esto me dis­trae y no me per­mite pen­sar detenida­mente , por ejem­p­lo, si com­par­to la estruc­turación de la mate­ria que estoy con­sul­tan­do.

Debo recono­cer que nun­ca he sido un gran entu­si­as­ta del uso de Enci­clo­pe­dias —no se me verá gri­tan­do angus­ti­a­do por las noches que aparez­ca una Espasa online—. Creo que el desar­rol­lo de los con­tenidos pasa por la absor­ción de fuentes especí­fi­cas y por el rescate de muchas olvi­dadas. En ese sen­ti­do, tan­to la wikipedia como la *EB* tienen un serio prob­le­ma: con­ciben cualquier con­tenido históri­co como un con­tenido estáti­co. Entramos aquí en la dis­cusión acer­ca de lo que algunos lla­man el «[efec­to google](http://education.guardian.co.uk/librariesunleashed/story/0„2275375,00.html)», es decir, el uso para la fun­da­mentación de las enci­clo­pe­dias de los mate­ri­ales con­tenidos en el archi­mo­tor sin prestar aten­ción a otros motores de búsque­da académi­cos que se van implan­tan­do en las uni­ver­si­dades de medio mun­do.

La lucha con­tra el efec­to google es un fenó­meno que se ha comen­za­do a dar recien­te­mente en las uni­ver­si­dades británi­cas, en donde muchos de los docentes se han per­cata­do de que las gen­era­ciones que han cre­ci­do con Inter­net son inca­paces, lle­ga­do cier­to pun­to, de descar­tar una mala de una bue­na infor­ma­ción. Como me decía un alum­no hace tiem­po: «bas­ta que esté con­trasta­da y que con­tenga vín­cu­los sufi­cientes», y en real­i­dad no bas­ta. Existe un infini­to número de fuentes de infor­ma­ción que dis­tan mucho de estar disponibles en Inter­net. Algu­nas de ellas, aunque ya dig­i­tal­izadas e index­adas, se encuen­tran en sitios que requieren un acce­so pre­vio pago o insti­tu­cional: me refiero ante todo a [Jstor](http://www.jstor.org), [Archives Hub](http://www.archiveshub.ac.uk), [Blackwell](http://www.blackwell-sinergy.com), [Ingenta](http://www.ingentaconnect.com/), [Swetswise](https://www.swetswise.com/) o [Peri­od­i­cals Index Online](http://pio.chadwyck.co.uk), sólo por men­cionar algu­nas en el ámbito anglosajón e impor­tantes para el ámbito de las humanidades. El acce­so cer­ra­do no es, sin embar­go, el may­or prob­le­ma, hay otros de may­or mag­ni­tud que supo­nen una gran difi­cul­tad a la hora de edu­car a la gente en el uso de estas her­ramien­tas:

1. *No están cen­tral­izadas*. Pre­cisa­mente por su carác­ter cer­ra­do y com­er­cial no per­mite una búsque­da cen­tral­iza­da de todas ellas, a pesar de motores como [Scopus](http://www.scopus.com/scopus/home.url) y de incia­ti­vas muy de mi agra­do como [CiteUlike](http://www.citeulike.org/), sus capaci­dades de búsque­da no son de rel­e­van­cia todavía

1. *Sus repos­i­to­rios no están com­ple­tos*. No existe la base de datos per­fec­ta, pero todas ellas tienen caren­cias que son difí­cil­mente sub­san­ables. Jstor está en inglés, de modo que obvia prác­ti­ca­mente cualquier revista escri­ta en otra lengua —parece que aho­ra ya empiezan a añadir algu­nas—, y en casos ital­ianos o france­ses, pasa exac­ta­mente lo mis­mo. La evolu­ción de una dis­ci­plina, y más cuan­do esta es históri­ca, no puede ser mono­lingüe.

1. *Es imposi­ble realizar búsquedas semán­ti­cas*. De momen­to, las búsquedas en tales motores sólo per­miten realizar búsquedas medi­ante pal­abras clave —i. e., “autor”, “títu­lo”, “resumen”, “tex­to com­ple­to”—, lo que com­pli­ca enorme­mente bus­car en dis­tin­tos idiomas, o bus­car por prob­le­mas que no pueden suje­tarse a un puña­do de pal­abras. Este prob­le­ma me ha ido con­vir­tien­do con el paso del tiem­po en una cada vez may­or detrac­tor del uso de pdfs dig­i­tal­iza­dos en red, pero esa es otra his­to­ria de la que me ocu­paré, como cor­re­sponde, en otra entra­da.

1. *Dónde están los libros*. El últi­mo prob­le­ma es que este tipo de motores no sue­len incluir libros:

>* Exis­ten, es cier­to, ini­cia­ti­vas como [Questia](http://www.questia.com/) que per­miten bus­car en artícu­los, libros, entradas enci­clopédi­cas y demás. Su pre­cio no es exce­si­vo y ofre­cen algu­nas obras que o son difí­ciles de encon­trar o exce­si­va­mente caras. [Tay­lor & Francis](http://www.ebookstore.tandf.co.uk/html/index.asp) ofre­cen crear para el usuario una especie de “super­li­bro” con todos los artícu­los, capí­tu­los y libros com­ple­tos que nece­sites, una idea intere­sante, aunque bien pen­sa­do, quién quiere un pdf de 26.000 pági­nas.

>* Por supuesto que todos esta­mos a la espera de [Google Scholar](http://scholar.google.com/) y su dig­i­tal­ización de todos los libros jamás pub­li­ca­dos, jun­to con [Google Books](http://books.google.es/), pero de momen­to los resul­ta­dos no entran en lo esper­a­do.

En defin­i­ti­va, de momen­to ten­dremos que seguir uti­lizan­do todos estos motores y un puña­do más, seguir yen­do a la bib­liote­ca, recur­rien­do a prés­ta­mos inter­bib­liote­car­ios eter­nos, com­prar libros en [abebooks](http://www.abebooks.com/) y esper­ar que llegue un día en que cuan­do alguien deci­da hac­er una tesis, la recopi­lación de la infor­ma­ción se haga por Inter­net en un par de sim­ples pasos…

Volvien­do al tema de par­ti­da, en caso de que ten­ga nuevas impre­siones acer­ca de la *Ency­clopæ­dia Bri­tan­ni­ca* las iré aña­di­en­do en comen­tar­ios a esta mis­ma noti­cia.

Página 3 de 3

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén