Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

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Ken Robinson — Do Schools Kill Creativity?


El vídeo que os trai­go hoy es una pequeña con­fer­en­cia que Ken Robin­son dio hace un par de años para Ted Talks, uno de esos sitios en Inter­net que cualquier per­sona intere­sa­da en edu­cación, inno­vación, cre­ativi­dad, tec­nología y mil temas más debería con­sul­tar de vez en cuan­do.

Robin­son es un exper­to en cre­ativi­dad, que no es lo mis­mo —si no, no estaría en este sitio— que ser un ped­a­gogo: ayu­da a la gente a pen­sar y a desar­rol­lar sus cual­i­dades innatas, les ayu­da a encon­trar un camino para per­fec­cionar sus capaci­dades. Me exten­dería más, porque el per­son­aje lo merece, pero tenéis sufi­ciente infor­ma­ción en la Wikipedia sobre él y su tra­ba­jo.

La prop­ues­ta de Robin­son sobre la cre­ativi­dad que vais a ver es intere­sante, como tam­bién es fasci­nante su capaci­dad para trans­mi­tir con­tenidos de una man­era sim­ple, atrac­ti­va y diver­ti­da. No me gus­ta comen­tar los vídeos cuan­do se expli­can por sí mis­mos, solo digo que aque­l­los que lle­va­mos una vida en el mun­do académi­co deberíamos tomar algu­na que otra nota.

Si veis el vídeo y os parece intere­sante, haced uso de los comen­tar­ios. Me encan­tará saber vue­stro pun­to de vista acer­ca de sus prop­ues­tas y exponeros el mío.

Grafton

Quizás no tiene el mejor acen­to en latín del mun­do, es innegable que hace años —tras su biografía int­elec­tu­al sobre Joseph Scaliger, tras su impre­sio­n­ante libro sobre Alber­ti, tras su diá­fana sín­te­sis con Lisa Jar­dine sobre la edu­cación y las artes lib­erales en el Renacimien­to— que es una de las fig­uras más rel­e­vantes de la his­to­ri­ografía inter­na­cional; lo mejor, no obstante, de Grafton es su man­era de expre­sar con­tenidos com­ple­jos como si fue­sen las cosas más sen­cil­las del mun­do, y con gra­cia. Sólo por eso los que tra­ba­jamos en his­to­ria int­elec­tu­al rena­cen­tista deberíamos lev­an­tar­le un mon­u­men­to. Si tenéis un momen­to, pasaos por iTune­sU y encon­traréis algu­nas con­fer­en­cias suyas que real­mente mere­cen la pena.

Passional Christi und Antichristi (1521)

El movimien­to reformista y el mun­do de la pági­na impre­sa han ido lig­a­dos des­de sus orí­genes, algo que difer­en­cia a la Refor­ma del resto de movimien­tos het­ero­dox­os o heréti­cos de prin­ci­p­ios de la Edad Mod­er­na. La pop­u­lar­ización de su men­saje a través de los “medios de masas” —val­ga el salto con­cep­tu­al— de la época ini­cia una de las car­ac­terís­ti­cas más duraderas de la prax­is políti­ca occi­den­tal: la coor­di­nación de men­saje, ide­ología y acción medi­ante mod­os están­dares de pro­duc­ción cul­tur­al e infor­ma­ti­va.

Los pro­duc­tos pro­pa­gandís­ti­cos crea­d­os por la Refor­ma se div­i­den en dos ámbitos bien delim­i­ta­dos. Por un lado, las bib­lias en vul­gar, pro­fusa­mente ilustradas con graba­dos y, por otro, plie­gos suel­tos o pequeños libros donde las imá­genes sir­ven para situ­ar el movimien­to tan­to en sus coor­de­nadas doc­tri­nales, como en su relación con el papa­do y otras instan­cias políti­cas. Hoy os trai­go un doc­u­men­to que desta­ca, pre­cisa­mente, por com­bi­nar ambas ten­den­cias.

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Lucas Cranach el viejo com­pu­so 13 graba­dos a prin­ci­p­ios de la segun­da déca­da del siglo XVI para ilus­trar el con­traste entre la acti­tud de Cristo con el com­por­tamien­to de la curia romana y, prin­ci­pal­mente, el Papa. Para ello, Cranach se inspiró en ilus­tra­ciones de la Bib­lia con­tra­stan­do cada una de ellas con la ima­gen que la Refor­ma quería pro­mover del papa­do. La obra se llamó Pas­sion­al Christi und Antichristi.

El tex­to fue pub­li­ca­do en las pren­sas de Wit­ten­berg en 1521. La labor real­iza­da por Cranach había sido hon­rosa, y habit­u­al, para artis­tas de la tal­la de Albrecht Durero o Hans Hol­bein. Sin embar­go, Cranach va a impon­er el mod­e­lo por defec­to para la icono­grafía reformista con ella y con la ilus­tra­ciones para el Sep­tem­bertes­ta­ment (1522) de Lutero. La obra ofrece —den­tro de su carác­ter menor— una breve sín­te­sis de los mecan­is­mos que los reformis­tas emplearon para difundir su men­saje. El primero y más impor­tante de todos, es la sim­pli­ci­dad del carác­ter de Cristo, y el segun­do se hal­la deriva­do de él: expon­er de la man­era más direc­ta, clara e ilus­tra­ti­va la oposi­ción exis­tente entre el men­saje de Cristo y el de los herederos de la cát­e­dra de Pedro. Por enci­ma del uso del alemán —que facili­ta no solo la lec­tura a un públi­co más amplio, sino que otro públi­co aún may­or ile­tra­do pue­da seguir­la con facil­i­dad—, se encuen­tra el hecho de la icono­grafía: no es pre­ciso saber leer para acced­er al con­tenido de la obra, ni tam­poco es nece­sario un intér­prete.

La obra es un ejer­ci­cio de explo­ración de los límites del obje­to impre­so. Lo que más pesa en él no es el tex­to, sino aque­l­lo que lo tra­sciende casi de man­era inmedi­a­ta: oral­i­dad y rep­re­sentación sim­bóli­ca. En él se encuen­tran los orí­genes de la pren­sa escri­ta y de las hojas volan­deras que comen­z­a­ban a infor­mar a europeos de los acon­tec­imien­tos en el con­ti­nente, pero tam­bién reside ahí la esen­cia oral de la lit­er­atu­ra rena­cen­tista, que tra­sciende sus lim­ita­ciones para for­mu­lar nuevos moldes comu­nica­tivos y ámbitos de expre­sión híbri­dos.

Las imá­genes están sacadas del Archi­vo dig­i­tal de la Pitts The­ol­o­gy Library. Aunque la Richard Kessler Ref­or­ma­tion Col­lec­tion es muy lim­i­ta­da, os recomien­do la visi­ta si estáis intere­sa­dos en icono­grafía reformista.

Para aque­l­los intere­sa­dos en el Pas­sion­al, pueden encon­trarse edi­ciones dig­i­tal­izadas de la obra en otros lugares de Inter­net, por ejem­p­lo, en The Roy­al Library. Hay artícu­los divul­ga­tivos aquí y aquí.

Para un enfoque más académi­co, pueden verse, como intro­duc­ción:

* R. Stöber (2000), «Mar­tin Luthers Pas­sion­al Christi und Antichristi. Ein Plä­doy­er für die his­torisch-sys­tem­a­tis­che Kom­mu­nika­tion­swis­senschaft», Pub­lizis­tik XLV:1, pp. 1–19.
* L. Palmer Wan­del (2007), «The Ref­or­ma­tion and the Visu­al Arts», en Po-Chia Hsia, R., The Cam­bridge His­to­ry of Chris­tian­i­ty. Vol­ume 6. Reform and Expan­sion 1500–1600, Cam­bridge — New York: Cam­bridge Uni­ver­si­ty Press, esp. pp. 353–358.

16th Fraker Conference — “Defacing the Limits”

Acabo de asi­s­tir a la 16th frak­er con­fer­ence en la uni­ver­si­dad de michi­gan, y debo decir que es uno de los con­gre­sos de los que guar­do más gra­to recuer­do, en parte por las con­fer­en­cias ple­nar­ias de altísi­mo niv­el de eduar­do cada­va (prince­ton uni­ver­si­ty), bruno bosteels (cor­nell uni­ver­si­ty) y alain badiou (école nor­male supérieur), en parte por la cal­i­dad de las con­fer­en­cias del resto de par­tic­i­pantes y en parte por el tra­ba­jo de los orga­ni­zadores, que han hecho que los dos días fuer­an muy agrad­ables.

Rack­ham Audi­to­ri­um (para ver­la más grande, pin­cha en ella)

Eduar­do Cada­va abrió el ciclo con un taller sobre Ben­jamin en torno a la idea de repro­duc­ción para gener­ar un ámbito críti­co en torno al estu­dio de la cul­tura visu­al y de su prin­ci­pal interés: el estu­dio de la fotografía. Su con­fer­en­cia fue igual­mente mag­ní­fi­ca. Pos­te­ri­or­mente hubo una serie de con­fer­en­cias de dis­tin­tos temas —los límites de la lit­er­atu­ra; cues­tiones de género; espa­cio, prox­im­i­dad y género; la ciu­dad como espa­cio políti­co; los límites del poder, des­de la sub­je­tivi­dad, como el dere­cho y la biopolíti­ca o la his­to­ria de lati­noaméri­ca—. Yo di una pequeña con­fer­en­cia sobre las rela­ciones entre la idea de ciu­dad y de comu­ni­cación a prin­ci­p­ios del Renacimien­to como fun­dación de la oposi­ción entre el ide­al repub­li­cano e impe­r­i­al durante la Edad Media.

Bruno Bosteels, Alain Badiou y Eduar­do Cada­va (para ver­la más grande, pin­cha en ella)

El cierre fue de lujo, con una mesa redon­da en la que par­tic­i­paron Badiou, Cada­va y Bosteels y tres rep­re­sen­tantes de la Uni­ver­si­ty of Michi­gan. Pos­te­ri­or­mente Bosteels dio una con­fer­en­cia intro­duc­to­ria al pen­samien­to de Badiou y, tras ella, el filó­so­fo políti­co francés cer­ró con otra con­fer­en­cia acer­ca de la redefini­ción del con­cep­to políti­co del comu­nis­mo, y el establec­imien­to de una dinámi­ca históri­ca en torno a la prax­is y a la teoría del con­cep­to. Con­fer­en­cia en la línea de sus últi­mas inter­ven­ciones en este tipo de foros.

Alain Badiou (para ver­la más grande, pin­cha en ella)

En fin, un fin de sem­ana de tra­ba­jo inten­so, con un mon­tón de apuntes y de ano­ta­ciones y la sen­sación de la can­ti­dad y cal­i­dad de inves­ti­gadores en cam­pos tan dis­tin­tos como los expuestos. He ahí el moti­vo de no haber escrito un par de días, y de que esta entra­da no esté todo lo bien redac­ta­da que quisiera.

Las fotos que podéis ver en la entra­da son algu­nas de las que he toma­do durante el con­gre­so. Hay algu­nas más que iré subi­en­do próx­i­ma­mente a mi cuen­ta de flickr, o tam­bién podéis ir a la galería que he habil­i­ta­do aquí.

¿Hará la recesión descender el precio del libro digital?

El libro dig­i­tal todavía tiene un largo camino para impon­erse al libro en papel. las ven­ta­jas del primero en com­para­ción del segun­do son muchas, pero los lec­tores no aca­ban de for­marse una idea de cómo uti­lizar el for­ma­to dig­i­tal. para los inves­ti­gadores, sin embar­go, las ven­ta­jas son claras: una enorme facil­i­dad para cam­biar de ubi­cación bib­liote­cas enteras, posi­bil­i­dad de búsquedas cruzadas, apli­cación de fil­tros, mar­cas bib­li­ográ­fi­cas, orga­ni­zación en bases de datos, etc. hay sin embar­go un prob­le­ma bas­tante claro en el mun­do del libro dig­i­tal legal suje­to a dere­cho de explotación: el pre­cio. Acabo de leer una entra­da en Medi­a­bistro acer­ca de cómo está afectan­do la cri­sis al mun­do edi­to­r­i­al. Como su mis­mo autor afirma­ba en otro lugar, el mer­ca­do del libro y de las revis­tas en papel ha sufri­do mucho y las ven­tas están cayen­do en pic­a­do, y con ello, se echa el cierre a numerosas pub­li­ca­ciones que parecían dis­fru­tar de sol­ven­cia y solidez.

Jun­to a esta situación, y a los prob­le­mas rela­ciona­dos con la adaptación de los usuar­ios al libro dig­i­tal, hay otros fac­tores —económi­cos— que han influ­i­do en su esca­so rendimien­to en el mer­ca­do: el DRM y el pre­cio. Hace poco que me com­pré en un famoso por­tal de Inter­net dos libros —uno de Peter Burke y otro de Jen­nifer Richards—, el pre­cio de ambos era lig­era­mente infe­ri­or al pre­cio en papel, pero las desven­ta­jas eran muchas. La primera de ellas, no podía leer­lo en todos mis orde­nadores; la segun­da, sólo podía imprim­ir a bajísi­ma cal­i­dad 20 pági­nas al mes; la ter­cera, debía uti­lizar Adobe Dig­i­tal Edi­tions para leer­los. El caso es que este soft­ware y MacOSX no se lle­van demasi­a­do bien, de man­era que me he gas­ta­do más de 50$ en algo que ni siquiera puedo con­sul­tar.

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En la entra­da cita­da más arri­ba, el autor men­ciona­ba que sería esper­a­ble que con la cri­sis el pre­cio de los libros dig­i­tales bajara; sin embar­go, que se hagan más ase­quibles —es decir, que su pre­cio baje de man­era notable con respec­to a un libro impre­so— no sig­nifi­ca que se hagan más usables. El pre­cio debería ser infini­ta­mente más bajo sim­ple­mente porque estos libros pre­sen­tan muchas más desven­ta­jas de uso. Los libros dig­i­tales que pueden encon­trarse en Inter­net, en este sitio o, por qué no decir­lo, en servi­dores peer to peer no solo son mucho más usables, abier­tos y cómo­d­os, sino que no requieren un tedioso pro­ce­so de descar­ga, reg­istro y mails con­tin­u­os con ser­vi­cio al cliente.

Mien­tras esto siga sien­do así, no se me ocurre ningún moti­vo por el que acon­se­jar la com­pra de ebooks. Siem­pre será más cómo­do com­prar­los en papel y hac­erse con un escán­er.

Google Books: el proyecto y el mercado

La noti­cia de la sem­ana en inter­net ha sido, sin duda, el pago de 125 mil­lones de dólares que Google ha prometi­do al con­sor­cio de edi­tores norteam­er­i­canos. Hace un par de meses ya me había referi­do al proyec­to de Google Books, pero creo per­ti­nente comen­tar el movimien­to a la vista de la impor­tan­cia que ten­drá para nues­tra relación con el conocimien­to en unos años. No se tra­ta de una mate­ria que ocupe úni­ca­mente a los inves­ti­gadores, sino a cualquiera mín­i­ma­mente intere­sa­do en la lec­tura.

1. El proyecto histórico

a pesar de las defi­cien­cias de algu­nas de las repro­duc­ciones de Google Books, no cabe duda de que es el proyec­to más impor­tante, con difer­en­cia, de trasla­do de un soporte a otro en la his­to­ria de la cul­tura. Y la difer­en­cia reside tan­to en el vol­u­men de la infor­ma­ción, como en su paso de un soporte físi­co a uno vir­tu­al. Expon­er­lo sí es una impre­cisión poéti­ca: la pal­abra escri­ta, des­de tiem­pos de Sócrates, siem­pre ha sufri­do el estig­ma de la vir­tu­al­i­dad, pero tam­bién la ben­di­ción de ser per­durable.

Existe otra difer­en­cia no menos rel­e­vante: la ambi­ción. El trasla­do de la cul­tura man­u­scri­ta a la cul­tura impre­sa for­ma parte de un pro­ce­so históri­co aún inacaba­do, casi 550 años después de su comien­zo; y no cabe duda de que en cada trasla­do se pier­den cosas, inevitable­mente. La cuestión es que Google se ha prop­uesto dig­i­talizar todo en el pla­zo de diez años. Habrá que pre­gun­tarse si esta trans­for­ma­ción rad­i­cal de soporte impli­cará un cam­bio igual­mente para aque­l­los que escriben o aspi­ran a escribir libros, y si todos los pasos tradi­cionales en la creación de un tex­to se con­ser­varán o desa­pare­cerán.

Está por verse si el cam­bio de soporte con­ll­e­vará un cam­bio en la prác­ti­ca de la lec­tura y de la escrit­u­ra, puesto que todavía esta­mos en los primeros pasos de un pro­ce­so que dista mucho de haberse nat­u­ral­iza­do. Y des­de luego, la elec­ción de Google para dig­i­talizar sus tex­tos es dis­cutible des­de var­ios pun­tos de vista. Si acud­i­mos de nue­vo al paso de la for­ma man­u­scri­ta a la for­ma de los tipos móviles y sobre todo a la his­to­ria de los primeros impre­sores, ver­e­mos que fue una tarea hecha con enorme mimo, y tal vez el escanea­do, el proce­sa­do OCR y la creación de archivos pdf no sea la for­ma más ele­gante, ni la más efi­ciente. Leía esta sem­ana una colum­na que aludía al prob­le­ma con algunos ejem­p­los ilus­tra­tivos: el for­ma­to dig­i­tal es infini­ta­mente más pere­cedero que el soporte físi­co. En cada paso del pro­ce­so de trasla­do se pierde infor­ma­ción, y la posi­bil­i­dad de que se cor­rompa es infini­ta­mente supe­ri­or. Cuan­do a finales del siglo XV se pro­du­jo la ver­dadera con­frontación entre la cul­tura de los escribas y la cul­tura de los tipos móviles, la gran ven­ta­ja de estos últi­mos era el tiem­po ahor­ra­do en la impre­sión, aunque se perdía el arte man­u­al —el aura en pal­abras de Ben­jamin o la dig­nità del tex­to, en pal­abras de Ves­pasiano da Bis­tic­ci, uno de los pro­duc­tores más famosos de man­u­scritos en la Flo­ren­cia de la época— la caí­da del pre­cio del libro y su alcance a un nue­vo grupo de com­pradores se amplió de modo geométri­co, al igual que los errores. En aquel momen­to ten­er una ver­sión más o menos fidedigna de un tex­to dependía tan­to del tes­ti­mo­nio que el copista tuviera ante sí como de su propia peri­cia y capaci­dad, con la imprenta, el sim­ple error de un cajista con­den­a­ba a tiradas de 500 o de mil ejem­plares.

Aho­ra la cuestión no residirá en prob­le­mas de tran­scrip­ción, sino en prob­le­mas de lec­tura de la máquina (OCR) y en prob­le­mas no tan­to de alma­ce­namien­to y copia de seguri­dad, como de longev­i­dad de los for­matos elegi­dos para sopor­tar los tex­tos. A sim­ple vista, un pdf de 40, 80 ó 120 megas no parece el soporte del futuro. Hubiera sido preferi­ble, e infini­ta­mente más cos­toso, recu­per­ar los tex­tos medi­ante OCR y cote­jo con el orig­i­nal, adap­tar­los a un for­ma­to como el tex­to puroLaTeX hubiera sido una mag­ní­fi­ca opción y un intere­san­tísi­mo proyec­to de colab­o­ración entre pro­gra­madores e his­to­ri­adores de la cul­tura del libro— y man­ten­er la maque­tación orig­i­nal de los mis­mos. Infini­ta­mente más cos­toso, sí, pero hubiera gen­er­a­do unos doc­u­men­tos no solo más duraderos, sino menos volu­mi­nosos, y con una opción de búsque­da real y pre­cisa al 100%.

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Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “More Old Books…”, de guldfinsken

2. La empresa y el mercado

vayamos a la noti­cia tal y como fue pub­li­ca­da en el blog de Google. En ella se puede encon­trar una clara vocación com­er­cial que, quizás, no había apare­ci­do en man­i­festa­ciones pre­vias del proyec­to. Como se sabe, Google empezó su tra­ba­jo de dig­i­tal­ización a par­tir de un acuer­do con Har­vard, Stan­ford, la Bib­liote­ca Públi­ca de Nue­va York, Michi­gan y Oxford. Por aquel entonces se lan­z­a­ban las cam­panas al vue­lo pen­san­do que el proyec­to sig­nifi­caría la aper­tu­ra de toda la lit­er­atu­ra exis­tente sobre cualquier mate­ria al alcance de un golpe de ratón. Y las cosas pare­cen haber cam­bi­a­do de raíz con este acuer­do.

Es cier­to, como dijo Kevin Kel­ly en una colum­na ya clási­ca, que el proyec­to de Google cumple con un anh­elo que se remon­ta a la fun­dación de la Bib­liote­ca de Ale­jan­dría, y hace inclu­so palide­cer a aquel sueño si ten­emos en cuen­ta el vol­u­men de infor­ma­ción y la acce­si­bil­i­dad que prometía… Sen­cil­la­mente se inter­pu­so la economía de mer­ca­do.

Google ha tenido que enfrentarse con una can­ti­dad no des­pre­cia­ble de casas edi­to­ri­ales por su proyec­to. Los dere­chos de autor, como tales, for­man parte indis­ol­u­ble de la cul­tura impre­sa, de la repro­duc­ción mecáni­ca, y parece que este trasvase, defin­i­ti­va­mente, va a ten­er que car­gar con ellos. La impre­sión que me ha dado tras leer el comu­ni­ca­do de Google es que el proyec­to se con­ver­tirá defin­i­ti­va­mente en algo más pare­ci­do a lo que es la tien­da de iTunes para la músi­ca o la Get­ty­im­ages para los archivos de ima­gen: un nue­vo dis­tribuidor glob­al de con­tenidos. Ya pasa­ba esto con el ser­vi­cio de PODPrint on Demand o Impre­sión bajo deman­da— que Google lle­va un tiem­po imple­men­tan­do. Pero este ser­vi­cio era útil para sosten­er el proyec­to y era una opción que Google daba a aque­l­los que querían acced­er a una copia impre­sa de mate­ri­ales descat­a­lo­ga­dos, man­te­nien­do siem­pre la opción gra­tui­ta de lec­tura en pan­talla. El acuer­do de Google de esta sem­ana no va, des­de luego, en esta direc­ción. Aho­ra bien, sería erró­neo cul­par a Google de esto. La pre­sión de las casas edi­to­ri­ales ha ido dirigi­da a man­ten­er los dere­chos de explotación sobre sus fon­dos y google, como empre­sa que es, sabe que la úni­ca man­era de con­tin­uar sin tra­bas con el proyec­to y ten­er una bib­liote­ca real­mente exhaus­ti­va, requería pagar los dere­chos de autor.

Has­ta aquí ningún prob­le­ma, pero lo que tam­bién parece derivarse del comu­ni­ca­do de Google es la posi­bil­i­dad de que las casas edi­to­ri­ales exploten sus fon­dos a través de Google Books. Habrá que ver­lo, pero es más que prob­a­ble que ya no nos encon­tremos con los enlaces a ama­zon y a otras platafor­mas para com­prar el libro —que en muchos casos ya no se encuen­tra ni de segun­da mano—, sino que el ser­vi­cio POD se extien­da a las edi­to­ri­ales con­vir­tien­do a google en una segun­da inter­me­di­aria. El nego­cio es redon­do para ambas, por un parte, Google accede a una cuo­ta de mer­ca­do y de ingre­sos que le esta­ba veda­da, y por otra, las casas edi­to­ri­ales pueden explotar de man­era real su catál­o­go durante el perío­do de vigen­cia de los dere­chos de autor, y esto últi­mo sin gas­tar nada en infraestruc­tura para la impre­sión de libros.

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Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “Print­ing Press”, de Thomas Hawk

3. La impresión, el mercado y la autoedición

afir­mar que con esto ganan las empre­sas y pierde el lec­tor es equiv­o­ca­do, por supuesto. Los que ten­emos for­ma­ción académi­ca y escribi­mos con­sul­tan­do numerosas fuentes descat­a­lo­gadas o de difí­cil acce­so esta­mos de enhorabue­na. Unos más que otros. Puesto que estoy en la Uni­ver­si­dad de Michi­gan este año, veré con suerte cómo se desen­vuelve Google Books de man­era gra­tui­ta, puesto que el acuer­do con­tem­pla que los archivos par­tic­i­pantes dis­fruten de este priv­i­le­gio, mien­tras que otras uni­ver­si­dades podrán suscribirse al ser­vi­cio como a día de hoy hacen con JSTOR, Ebsco, Chad­wick, Met­aL­ib y tan­tas otras empre­sas ded­i­cadas a la dig­i­tal­ización de tex­tos académi­cos. La con­clusión es que la cul­tura, al menos la cul­tura de los últi­mos 70 años, nun­ca será gratis. Y esto puede provo­car el resen­timien­to de un amplio colec­ti­vo de int­elec­tuales que con­sid­er­an que Google se ha aprovecha­do de las bib­liote­cas de acce­so públi­co para com­er­cializarlas. Algo que se cues­tionó cuan­do se anun­ció el proyec­to y que se sospech­a­ba hace un año y medio, es, a estas alturas, más que evi­dente. No deja de sor­pren­derme que se cues­tione que Google se com­porte como una cor­po­ración cuan­do lo es, lo que me eno­ja es que la ini­cia­ti­va de Google ha sido rel­a­ti­va­mente bara­ta, y se está pagan­do el hecho de que los gob­ier­nos no se hayan ocu­pa­do de esta tarea deján­do­lo en manos de un grupo pri­va­do. Exac­ta­mente igual que sucede en España con las empre­sas de gestión de los dere­chos de autor.

Pero ya que esta es la nat­u­raleza del proyec­to y su for­mu­lación y capaci­dad supera con mucho a otros movimien­tos como Libr­ere­mo, Inter­net Archive o Euro­peana —muy dis­tin­tos los tres, quede claro—, veamos las ven­ta­jas. Google Books abre posi­bil­i­dades intere­santes para la autoedi­ción y para la com­er­cial­ización de libros. Esto no es sólo bueno para poten­ciar la super­viven­cia y la creación de pequeñas casas edi­to­ri­ales, sino para favore­cer la pres­en­cia de autores inde­pen­di­entes. Google Books cobra su sen­ti­do al rela­cionarlo con Knol.

Ambos movimien­tos están hacien­do una apues­ta por elim­i­nar la mediación de la edi­to­ri­ales al for­mar una comu­nidad de exper­tos que crea, comen­ta y cal­i­fi­ca su tra­ba­jo. Si se imple­men­tan las her­ramien­tas nece­sarias para la indexación de Google Books, es decir, si se eti­que­tan los tex­tos que con­tiene y se vin­cu­lan unos a otros, entonces será nece­sario crear a su vez nuevas her­ramien­tas de escrit­u­ra. Com­pon­er un libro académi­co, por ejem­p­lo, en un entorno fun­cional de Google Book Search, será una expe­ri­en­cia dis­tin­ta, tan­to en el cita­do y el ref­er­en­ci­a­do, como en la lec­tura, generan­do una inmedi­atez en la lec­tura y el cote­jo de las fuentes citadas sin prece­dente históri­co. Aquí el lec­tor podrá estable­cer parámet­ros obje­tivos de críti­ca sin más necesi­dad que el tex­to, los enlaces a otros tex­tos y un ter­mi­nal. Son algunos movimien­tos a los que sumar la plau­si­ble creación de her­ramien­tas de autoedi­ción que nos harán más inde­pen­di­entes de límites edi­to­ri­ales —nor­mas de pub­li­cación, límites de car­ac­teres, etc— a cam­bio de hac­er­nos com­ple­ta­mente depen­di­entes de Google. Habrá que ver cómo la empre­sa ges­tiona este pro­ce­so e, insis­to, sería con­ve­niente una inter­ven­ción a dis­tin­tos nive­les para mar­car muy clara­mente cier­tos límites.

Sobre la cuestión de la cal­i­dad de los tex­tos, sobre todo en el ámbito de humanidades, no me pararé aquí, puesto que pre­tendo escribir una entra­da en breve ded­i­ca­da a los nuevos mod­os de escrit­u­ra académi­ca y los nuevas posi­bil­i­dades de cal­i­fi­cación de mate­ri­ales según sus méri­tos y alcance.

Conclusión

Es pre­ocu­pante el cariz que va toman­do la nat­u­raleza de Google Book Search. En lugar de crear una bib­liote­ca uni­ver­sal de libre acce­so, parece que los movimien­tos con­ducen a pen­sar en la com­er­cial­ización del lega­do uni­ver­sal. No se tra­ta de un mar­co agrad­able, a pesar de las ven­ta­jas de un sis­tema cer­ra­do para la creación de nue­vo instru­men­tal cien­tí­fi­co y com­pos­i­ti­vo, como he expuesto más arri­ba. En breve ver­e­mos si proyec­tos públi­cos como Euro­peana pueden plantear una alter­na­ti­va seria a Google.

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Aún si puede resul­tar fasci­nante hablar del libro infini­to, esto es un blog y nece­sari­a­mente requiere que las entradas sean mucho menos exten­sas que la ante­ri­or. Si te ha intere­sa­do lo que he comen­ta­do aquí, quizás dis­frutes echán­dole un vis­ta­zo a esta lista de enlaces sobre el tema:

* Google Book Search Bib­li­og­ra­phy, de Charles W. Bai­ley Jr. La bib­li­ografía más com­ple­ta sobre el proyec­to.
* New chap­ter for Google Book Search. Google Blog
* What we learned from 1 mil­lion busi­ness­es in the cloud. La visión de Google acer­ca de la com­putación sobre Inter­net o cloud com­put­ing.
* Google, moteur de recherche ou moteur de nav­i­ga­tion?. TechCrunch
* What the Google book scan­ning deal means. The Ama­teur Human­ist.
* http://sanfordlevy.wordpress.com/2008/09/03/internet-research-and-the-writing-of-philosophy-essays/. Stan­ford Levy. Sobre la escrit­u­ra de filosofía —aunque aplic­a­ble a cualquier rama de las humanidades— en el nue­vo con­tex­to.
* What Shall It Prof­it A Man?. Sergei Lobanov-Ros­tovsky en The Keny­on Review o la lec­tura apoc­alíp­ti­ca.
* Great news about Google Book Search. Lisa Gold en su fan­tás­ti­co blog o la lec­tura opti­mista.
* Google law­suits set­tled. Bejamin Zim­mer, en Lenguage Log. Sobre otra de la ven­ta­jas: la posi­bil­i­dad de acced­er aho­ra a los libros descat­a­lo­ga­dos pero bajo dere­cho de explotación.

actu­al­iza­do (6/9/2008): Podéis ver en este enlace algu­nas de las respues­tas que el ser­vi­cio legal de Google le ha dado a Siva Vaid­hyanathan.

Me encan­taría cono­cer tu opinión sobre el anun­cio de Google de esta sem­ana, tus comen­tar­ios son impor­tantes para mejo­rar la infor­ma­ción aquí recogi­da.

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