Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Categoría: chalcographica (Página 1 de 2)

Athanasius Kircher: Turris Babel (1679)

En 1679, el polí­grafo y eru­di­to jesui­ta —«el hom­bre que lo sabía todo»— Athana­sius Kircher (1602–1680), pub­li­ca en Ams­ter­dam su estu­dio sobre la Torre de Babel. La obra cumple con todos los tópi­cos que se le exigía a un genio enci­clopédi­co como Kircher durante el Bar­ro­co: un fuerte y detal­la­do carác­ter descrip­ti­vo, capaci­dad para sin­te­ti­zar y armo­nizar autori­dades —el cen­tro del asun­to es San Agustín— y un cier­to tono cien­tí­fi­co en el análi­sis de las lenguas y, ante todo, a sus teorías sobre la lengua orig­i­nar­ia o adáni­ca.

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«Cervantes Collection» — Cushing Memorial Library & Archives

En uno de mis paseos por la red me he encon­tra­do con la ‘Cer­vantes Col­lec­tion’ de la Cush­ing Memo­r­i­al Library & Archives de la Uni­ver­si­dad de Texas A&M, que pasa a com­ple­men­tar —ante todo por ampliación del arco tem­po­ral— el estu­pen­do Ban­co de Imá­genes de Don Qui­jote patrio.

Se tra­ta de una mag­ní­fi­ca colec­ción que alber­ga todas las imá­genes con­tenidas 1.151 doc­u­men­tos entre edi­ciones de época del Qui­jote y de tex­tos vaga o intrínse­ca­mente rela­ciona­dos con la obra, lo que le con­fiere un interés especí­fi­co a aque­l­los ocu­pa­dos en icono­grafía y, ante todo, en la tan intere­sante evolu­ción pic­tográ­fi­ca del ide­al caballeresco des­de el siglo XVI al XX.

Aquí os dejo una mín­i­ma mues­tra:

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Edi­ción Parisi­na de 1713. Lista com­ple­ta de graba­dos.

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Edi­ción Parisi­na de 1723. Ilus­tra­ciones dis­eñadas por Charles-Antoine Coypel y grabadas por Luis Suruge. Lista com­ple­ta de ilus­tra­ciones, aquí.

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1818-London-Cadell-01-011

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Edi­ción Londi­nense de 1818. Todas las ilus­tra­ciones, aquí.

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Edi­ción Holan­desa (1929–1931). Ilus­tra­ciones de Her­mann Paul. Todas las ilus­tra­ciones de Don Qui­jote, aquí. Will, de A Jour­ney around my skull ha hecho una selec­ción y la ha subido a flickr.

Espero que os sea de util­i­dad o, al menos, un buen entreten­imien­to para la tarde del domin­go.

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Andrea Pozzo y la perspectiva

Uno de mis pin­tores favoritos del bar­ro­co es andrea poz­zo. Reconoz­co que no goza de la fama de Car­avag­gio, ni de Lodovi­co, Agosti­no y Anni­bale Car­raci, ni de Rubens, ni de tan­tos otros, y prob­a­ble­mente no la merece. A pesar de esto, Poz­zo siem­pre me ha intere­sa­do por dos razones: por sus reflex­iones acer­ca del teatro como un espa­cio con unas car­ac­terís­ti­cas y unas necesi­dades especí­fi­cas —sobre lo que me ocu­paré en la sigu­iente entra­da— y por ser un autor con unas pre­ocu­pa­ciones fun­da­men­tal­mente rena­cen­tis­tas al que le tocó vivir a medi­a­dos del siglo XVII.

Poz­zo ha pasa­do a la his­to­ria de la pin­tu­ra, mere­ci­da­mente, por su dominio del fres­co y su capaci­dad para crear per­spec­ti­vas hiper­re­al­is­tas sobre super­fi­cies planas. Den­tro de sus obras más impor­tantes —pin­chad sobre los vín­cu­los para ver­las sin salir de esta pági­na— se encuen­tran la bóve­da, el fres­co de la apo­teo­sis y la cúpu­la de la Igle­sia de San Igna­cio en Roma o la cúpu­la y los fres­cos de la Igle­sia jesui­ta de Viena. En ellas la influ­en­cia de la obra Andrea Man­teg­na es evi­dente, si bien Poz­zo supera con mucho al mae­stro. Sobre su obra pic­tóri­ca y sobre su vida no me que­da más que recomen­daros la wikipedia y la breve selec­ción bib­li­ográ­fi­ca que añadiré al pie de la entra­da.

Pero hoy no os trai­go obras pic­tóri­c­as, sino a las ilus­tra­ciones del úni­co libro que Poz­zo pub­licó. La Per­spec­ti­va pic­to­rum atque archi­tec­to­rumPer­spec­ti­va para pin­tores y arqui­tec­tos, forzan­do un poco el gen­i­ti­vo— gozó de enorme fama des­de la primera edi­ción del primer vol­u­men (1693) y del segun­do (1698). La perte­nen­cia de Poz­zo a la orden de los jesuitas favore­ció sin duda su tra­duc­ción a numerosos idiomas y las con­tin­uas edi­ciones durante los dos sig­los sigu­ientes. De hecho, la obra de Poz­zo se con­vir­tió en una ref­er­en­cia en Europa has­ta bien entra­do el siglo XIX en mate­ria de per­spec­ti­va y fue estu­di­a­da tan­to en cen­tros donde se forma­ba a artis­tas como en escue­las de arqui­tec­tura. Lo intere­sante del libro es que Poz­zo jamás llevó a la prác­ti­ca ninguno de sus dis­eños, si bien algu­nas de sus ideas se mate­ri­alizaron bien pron­to en la igle­sia romana de San Apol­linare y la igle­sia jesui­ta de San Francesco Save­rio (1700–1702) en Tren­to.

Quizás mi fasci­nación proviene de que Poz­zo no se planteara edi­ficar nada con­tenido en los más de 200 graba­dos que com­po­nen la obra; como en segui­da veréis, los obje­tos son suma­mente detal­la­dos, e impre­siona com­pro­bar cómo se parte del con­cep­to más bási­co has­ta desar­rol­lar cada una de las partes y pon­er­las en su con­tex­to, todo bajo la obser­vación estric­ta de la per­spec­ti­va. Espero que las dis­frutéis:

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La selec­ción de ilus­tra­ciones que acabáis de ver ha sido extraí­da del tomo primero de la edi­ción bil­ingüe (alemán — latín) de 1709. Las imá­genes han sido recor­tadas y enderezadas, se ha aumen­ta­do la luz y la defini­ción y se han elim­i­na­do algu­nas man­chas cuan­do ha sido posi­ble. El primer y el segun­do vol­u­men están disponibles en la bib­liote­ca de la Ruprecht-Karls-Uni­ver­sität de Hei­del­berg. Y tenéis la opción de descar­gar ambos volúmenes en pdf.

Si os intere­sa la figu­ra de Poz­zo, su relación con los jesuitas, sus ref­er­en­cias, su influ­en­cia y sus ideas sobre arqui­tec­tura y teatro, podréis encon­trar una bue­na aprox­i­mación en las sigu­ientes entradas bib­li­ográ­fi­cas:

* Ogden, Dun­bar H, The Ital­ian Baroque Stage: Doc­u­ments by Giulio Troili, Andrea Poz­zo, Fer­di­nan­do Gal­lie-Bibi­ena, Bal­das­sare Orsi­ni. Trans­lat­ed with Comen­tary, Berke­ley: Uni­ver­si­ty of Cal­i­for­nia Press, 1978.
* Blunt, Antho­ny, «Two Archi­tec­tur­al Draw­ings by Andrea Poz­zo», Mas­ter Draw­ings XX: 1 (1982), pp. 22–75.
* De Feo, Vit­to­rio y Vit­to­rio Mar­tinel­ly, Andrea Poz­zo, Firen­ze: Elec­ta, 1996.
* Fil­ip­pi, Ele­na, L’arte del­la prospet­ti­va. L’opera e l’insegnamento di Andrea Poz­zo e Fer­di­nan­do Gal­li Bibi­ena in Piemonte, Firen­ze: Leo S. Olsch­ki, 2002.

Tam­bién podéis acced­er a parte de su obra pic­tóri­ca en Inter­net. No os quiero cansar con una lista exten­sa de hiper­vín­cu­los, encon­traréis la amplia may­oría de los que os daría en esta entra­da de la Art­cy­clo­pe­dia.

Como siem­pre, dejo a vues­tra dis­posi­ción los comen­tar­ios para que­jas, dudas, sug­eren­cias y aporta­ciones. Y sigo ani­man­do a aque­l­los que no estáis suscritos a este blog a que lo hagáis para recibir cómoda­mente sus actu­al­iza­ciones en vue­stro lec­tor de RSS o en vue­stro correo elec­tróni­co.

Los amores de Aristóteles y Filis

Sillar de la Iglesia de Montbenoît representando a Aristóteles y Filis

Aquamanile – Aristotle Ridden by Phyllis (1975.1.1416)  - The Metropolitan Museum of Art

Aristóteles y Filis - Grabador anónimo (M. R.) - Alemania, siglo XV

Aristóteles y Filis - Círculo de Baccio Baldini (mediados del siglo XV)

Aristóteles y Filis - Grabado del Holandés Jan de Beer - Finales del siglo XV

Aristóteles y Filis - Maestro del Gabinete de Estampas de Amsterdam (ca. 1485)

Aristóteles y Filis - Maestro Grabador M. Z. (1500-3)

Aristóteles y Filis - Hans Baldung Grien (1484-1545)

Filis galopando sobre Aristóteles - Hans Burgkmair el Viejo (ca.1519)

Aristóteles y Filis - Jan Sadeler (ca. 1587-1593)

Henri d’andeli redac­ta a comien­zos del siglo xiii su lai d’aristote, una his­to­ria cómi­ca y obsce­na sobre el filó­so­fo que gozará de cier­ta for­tu­na en el imag­i­nario occi­den­tal. El lay, el género escogi­do por d’Andeli, era una nar­ración cor­ta de carác­ter humorís­ti­co y de car­ga eróti­ca y burlesca que gozó de enorme pop­u­lar­i­dad en las cortes anglo-nor­man­das medievales y que desem­peñaría un papel impor­tante todavía en los nov­el­li­ni de Ser­cam­bi y de Boc­cac­cio, o en los cuen­tos de Chaucer.

La nar­ración ver­si­fi­ca­da de d’Andeli tiene un argu­men­to muy sim­ple: Aristóte­les ha acom­paña­do a Ale­jan­dro Mag­no en su expe­di­ción a la India, donde el rey se ha enam­ora­do de una joven y bel­la corte­sana. Aristóte­les le recomien­da como su pre­cep­tor que aban­done la com­pañía de Fil­is, al impedirle prepararse para el ejer­ci­cio de la vir­tud y las respon­s­abil­i­dades del gob­ier­no. La corte­sana, enter­a­da del con­se­jo del filó­so­fo prom­ete ven­gan­za. Una mañana, la joven comien­za a bailar de man­era sen­su­al y a can­tar can­ciones de amor en el jardín con­tiguo al estu­dio de Aristóte­les. La belleza de su can­to hacen que el filó­so­fo sien­ta un ardi­ente deseo por la joven y abra su ven­tana para poder ver­la y requerir sus ser­vi­cios. Ella, prepara­da para la prop­ues­ta, prom­ete sacia­r­lo con una úni­ca condi­ción: debe fin­gir ser un cabal­lo y dejar­la mon­tar sobre su espal­da mien­tras la pasea por el jardín. Aristóte­les con­siente. En el momen­to en que está cumplien­do el capri­cho de la het­aira, Ale­jan­dro los ve des­de una altura supe­ri­or del castil­lo y exige a su mae­stro un expli­cación. La respues­ta es clara: si un viejo como él se ha vis­to enreda­do en tal situación por causa del amor, qué no le pasaría a un joven inex­per­to como Ale­jan­dro, he ahí la razón de pre­venir­lo con­tra el deseo eróti­co, que ni atiende a edad, ni a rep­utación, ni a conocimien­to. Ale­jan­dro, com­placido con la respues­ta, per­dona a su mae­stro, y que­da libre para reunirse con su ami­ga sin recibir ningún tipo de repri­men­da.

La obra cobró notable pop­u­lar­i­dad des­de su primera lec­tura en corte y sus ver­sos fueron imi­ta­dos, repeti­dos y vari­a­dos. Nos han lle­ga­do cin­co ver­siones man­u­scritas del lay, aunque ningu­na es sat­is­fac­to­ria y ofre­cen, además, cier­tas varia­ciones argu­men­tales. El éxi­to de la obra debió de ser grande, puesto que la Igle­sia —cuya doc­t­ri­na per­manecía por entonces fuerte­mente lig­a­da a las enseñan­zas del Are­opagi­ta— tomo car­tas en el asun­to. Jacques de Vit­ry, a la sazón obis­po de Acre y futuro car­de­nal de Tus­cu­lum, redac­tó una nue­va ver­sión de la his­to­ria donde elim­inó cualquier tipo de aspiración lit­er­aria y a la que cargó de un fuerte con­tenido moral y trascen­dente. Fil­is ya no es una corte­sana, sino la esposa de Ale­jan­dro, y engaña al príncipe con el filó­so­fo, desa­tan­do con ello el sec­u­lar mecan­is­mo que alude a la per­fidia y la mal­dad de las mujeres. Para Vit­ry, solo hay una morale­ja que extraer de la his­to­ria: la úni­ca filosofía vál­i­da es aque­l­la que prepara para la muerte.

Sin embar­go, la his­to­ria de Aristóte­les y Fil­is demostrará mucha may­or longev­i­dad en su ver­tiente icono­grá­fi­ca, que la memo­ria de Jacques de Vit­ry o Hen­ri d’Andeli en la cul­tura lit­er­aria euro­pea. Seguir el recor­ri­do de las rep­re­senta­ciones de la fábu­la nos lle­va por caminos bien difer­entes. El tra­ba­jo del orfebre, del eban­ista o el grabador le dan al obje­to artís­ti­co una sig­nifi­ca­do más amplio, tan­to ante nue­stros ojos como ante los de nue­stros antepasa­dos.

Quizás en ninguno de ellos como en el mis­te­rioso mae­stro grabador alemán de prin­ci­p­ios del siglo XVI cono­ci­do por las siglas M. Z. se con­ju­gan de man­era más per­fec­ta las lec­ciones de Vit­ry: solo nos han queda­do de él los graba­dos de un Arte de bien morir todavía por iden­ti­ficar y otro ded­i­ca­do a nue­stro tema. Pero la icono­grafía expre­sa algo pro­fun­do que tra­sciende la relación más o menos feliz con la fuente lit­er­aria: habla de la humil­lación de la filosofía frente a la belleza, el some­timien­to de la racional­i­dad por la ani­mal­i­dad, la ren­di­ción de la vejez a la juven­tud, la vic­to­ria del vicio sobre la vir­tud, etcétera.

En todos estos sig­nifi­ca­dos entre­laza­dos, la mujer per­manece ais­la­da de la humanidad y de la razón, ani­mal­iza al hom­bre y rinde a la evi­den­cia de la carne cualquier ejer­ci­cio de abstrac­ción. Si Aristóte­les —la asce­sis, la razón y la vida espec­u­la­ti­va— que­da someti­do y espolea­do por el deseo, la het­aira —la car­nal­i­dad, la irra­cional­i­dad y la vida veg­e­ta­ti­va— se limi­ta a un obje­to o a un mero mecan­is­mo nat­ur­al. Así, en la his­to­ria de los amores de Fil­is y Aristóte­les, la lec­ción últi­ma es que en un sis­tema de val­ores estáti­co y patri­ar­cal, aunque se genere una inver­sión paródi­ca del estatu­to de sus com­po­nentes, en el mis­mo pro­ce­so de inter­pretación y recep­ción se refor­mu­la de man­era más potente, si cabe, el sis­tema que ha sido inver­tido. Quiero decir, el reba­jamien­to a la ani­mal­i­dad del hom­bre lle­va implíc­i­to un reba­jamien­to abso­lu­to de la mujer, rep­re­sen­tan­do la fábu­la un sis­tema de equiv­a­len­cias que nun­ca es evi­dente. Y exac­ta­mente lo mis­mo puede decirse de su lec­tura sado­ma­so­quista.

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Muchos blogs ya han recogi­do la his­to­ria, así que dejo aquí un pequeño lis­ta­do de algunos de ellos que amplían mi tex­to con más fuentes, ver­siones o mate­r­i­al grá­fi­co: el café de oca­ta, Phi­lalethe, Tru­ci­oli Savonese o Il tem­po dell’ombra. Tam­bién me he per­mi­ti­do subir a mi servi­dor una edi­ción libre de dere­chos de copia: Hen­ri d’Andeli, Le lai d’Aristote, ed. A. Héron, Rouen: Imprimerie Léon Gy, 1901, descar­gad­la y echa­dle un vis­ta­zo si os intere­sa. Las imá­genes de la entra­da provienen de diver­sos sitios: el British Muse­um, flickr (Ana Sudani y Paul Lowry), The Met­ro­pol­i­tan Muse­um of Art (New York), Orazio Centaro’s Art Images on the Web (Ocaiw), Ciu­dad de la Pin­tu­ra y Art­Net; y estaría enorme­mente agrade­ci­do si alguien me pudiera hac­er lle­gar el graba­do que Albrecht Dür­er le dedicó al tema.

Si leéis ital­iano, el sigu­iente artícu­lo de Luisa Crus­var sobre la icono­grafía de Aristóte­les y Fil­is es muy recomend­able: «Il sapi­ente vin­to d’amore: Fil­lide cav­al­ca Aris­totele. For­tu­na e sug­ges­tioni di un tema icono­grafi­co dal Tar­do Medio­e­vo all’Epoca Sig­no­rile», Atti e Mem­o­rie del­la Soci­età Istri­ana di Arche­olo­gia e Sto­ria Patria CVI:1 (2006), pp. 73–102. Tam­bién tenéis en red una con­fer­en­cia muy instruc­ti­va de Ayers Bagley: «Study & Love: Aristotle’s Fall».

Como siem­pre, dejo a vues­tra dis­posi­ción los comen­tar­ios para que­jas, dudas, sug­eren­cias y aporta­ciones. Y sigo ani­man­do a aque­l­los que no estáis suscritos a este blog a que lo hagáis para recibir cómoda­mente sus actu­al­iza­ciones en vue­stro lec­tor de RSS o en vue­stro correo elec­tróni­co.

La extraña vida de Johannes Valerius

En el extraño lon­dres de finales del siglo xvii hubo un per­son­aje de enorme fama tan­to por su deformi­dad físi­ca como por sus curiosas habil­i­dades. Johannes Valerius había naci­do sin bra­zos en la Ale­ma­nia de 1667. Tan­to entonces como aho­ra, esto hubiera supuesto lle­var una vida enorme­mente lim­i­ta­da y com­ple­ja, pero Valerius demostró des­de su infan­cia una gran capaci­dad para adap­tarse a sus cir­cun­stan­cias y sor­pren­der al mun­do con su habil­i­dad no solo para realizar por sí mis­mo las tar­eas más cotid­i­anas, sino tam­bién otras mucho más atípi­cas.

Durante el siglo XVI habían pro­lif­er­a­do en toda Europa his­to­rias de mon­stru­os que servían para mar­car o anun­ciar deter­mi­na­dos even­tos políti­cos, guer­ras, desas­tres, etcétera. Inclu­so se fundó una cien­cia espe­cial­iza­da en la adiv­inación y el análi­sis de estos acon­tec­imien­tos aten­di­en­do a estos prodi­gios y deformi­dades, y se llamó Ter­ato­scopia. Sin embar­go, pocas prue­bas nos han lle­ga­do, sal­vo la rumor­ología pop­u­lar y los trata­dos mis­mos sobre estos acon­tec­imien­tos y prodi­gios, de su exis­ten­cia. El siglo XVII y XVIII europeo sí parece haberse encon­tra­do, sin embar­go, con la pres­en­cia real de algunos mon­stru­os y prodi­gios que ha sido proba­da de man­era fea­ciente. Y den­tro de este grupo se sitúa Johannes Valerius.


Efigie de John Valerius

Los “mon­stru­os” del siglo XVII tienen una nat­u­raleza bien dis­tin­ta de los rena­cen­tis­tas. Se tra­ta de un grupo de per­son­ajes más o menos amplio que podían encon­trarse en dis­tin­tas exhibi­ciones en toda Europa y que lle­ga­ban a alcan­zar una fama notable y bue­nas ganan­cias. Prob­a­ble­mente esto fue lo que ani­mó a un Valerius de 31 años a trasladarse a Lon­dres, donde residió durante bas­tante años hacien­do alarde de sus habil­i­dades prodi­giosas. Den­tro de ellas las había más típi­cas, como el dominio de varias lenguas, pat­ri­mo­nio que poseían entre muchos otros la niña sin pies de Bohemia o el chico sin pier­nas de Viena. Frente a ellos, Valerius era capaz de escribir en cin­co lenguas val­ién­dose indis­tin­ta­mente de uno u otro pie, lo que lla­maría la aten­ción de Ralph Thores­by, de la Roy­al Soci­ety, que en 1709 recogería mues­tras de estos escritos, y que en 1710 iría a vis­i­tar a otro alemán de 40 años, Hans Valery, fal­to de ambos bra­zos pero capaz de escribir dis­tin­tas caligrafías val­ién­dose de sus pies o su boca.[^1]

John Valerius escribiendo

Valerius, sin embar­go, demostra­ba una habil­i­dad sor­pren­dente para lle­var una vida nor­mal e, inclu­so, dom­ina­ba muchos ámbitos reser­va­dos a la aris­toc­ra­cia: no solo era capaz de vestirse val­ién­dose de sus pier­nas; de afeitarse, calarse el som­brero o jugar a las car­tas con sus pies o de beber sin ayu­darse de ningu­na parte de su cuer­po; disponía tam­bién de una notable pun­tería con las armas de fuego y era un hábil espadachín, como podéis obser­var en las imá­genes sigu­ientes.

Valerius disparando un rifle

John Valerius usando la espada

Quizás fuer­an estas habil­i­dades, y el car­iño y admiración del públi­co londi­nense, los que lle­varan a Valerius a man­i­fes­tar su deseo de servir a la Coro­na ingle­sa, como repe­tiría en una de sus últi­mas exhibi­ciones en París, en 1714. En ese mis­mo año —el 12 de Diciem­bre— James Paris aún daba fe de sus muy diver­sas cualidades.[^2]

Sabe­mos que jamás logró su propósi­to y sobre estas fechas se pierde la pista de la vida de nue­stro per­son­aje. Sin embar­go, Valerius ha per­maneci­do arraiga­do en la cul­tura ingle­sa ya en vida. Den­nis Todd ha encon­tra­do la influ­en­cia de la figu­ra de Valerius en las descrip­ciones de cier­tas habil­i­dades físi­cas de los per­son­ajes de Los via­jes de Gul­liv­er, y en pleno siglo XIX, la figu­ra de Valerius seguía apare­cien­do men­ciona­da por Charles Dick­ens.

Para el lugar de los “mon­stru­os” en la cul­tura ilustra­da y las curiosas rela­ciones que mantienen con muy dis­tin­tos ámbitos de la lit­er­atu­ra, la filosofía o el arte, es muy recomend­able la mono­grafía de Den­nis Todd Imag­in­ing Mon­sters: Mis­cre­ations of the Self in Eigh­teenth-cen­tu­ry Eng­land (Chica­go: Uni­ver­si­ty of Chica­go Press, 1995). Las imá­genes que acom­pañan a esta entra­da pertenecen al British Muse­um y están suje­tas a copy­right.

[^1]:

S. Pen­der, «In the Bodyshop: Human Exhi­bi­tion in Ear­ly Mod­ern Eng­land», en Helen Deutsch y Felic­i­ty Nuss­baum en su “Defects”: Engen­der­ing the Mod­ern Body, Ann Arbor: Uni­ver­si­ty of Michi­gan Press, 1999, p. 102.

[^2]:

J. S. Thomp­son, Mys­tery and Lore of Mon­sters, Lon­don: Williams & Nor­gate, 1930, pp. 58–59.

Lucifer Renascens o representaciones renacentistas del diablo

Hay una enorme can­ti­dad de graba­dos y dibu­jos que rep­re­sen­tan al dia­blo, al demo­nio, a lucifer —como queráis— durante el renacimien­to. Como lle­vo un tiem­po colec­cionán­do­los, me ha pare­ci­do un buen momen­to para dejaros aquí algunos de ellos. Como siem­pre, para ver las imá­genes a un tamaño más grande o para recor­rerlas en alta res­olu­ción sin ayu­daros del tex­to, lo úni­co que tenéis que hac­er es pin­char en ellas. Los comen­tar­ios y descrip­ciones de las mis­mas van en el encabeza­do y no al final.

Podemos comen­zar con el graba­do sobre el Apoc­alip­sis que a finales del siglo XV real­izó Albrecht Dür­er. En la ima­gen podéis ver en la esquina infe­ri­or izquier­da a un ángel que enca­de­na a Lucifer, en la parte supe­ri­or, otro ángel enseña a San Juan una ciu­dad que rep­re­sen­ta la nue­va Jerusalem. La ima­gen for­ma parte de una serie que Durero real­izó entre 1497 y 1498 sobre el tema.


Albrecht Dürer - Apocalipsis (1498-1499)

La sigu­iente ima­gen fue real­iza­da por un grabador anón­i­mo e impre­sa por Dirk Jacob­sz en 1525. Rep­re­sen­ta la tentación de Cristo. El demo­nio aparece rep­re­sen­ta­do con alas de ángel, rabo y ore­jas pun­ti­agu­das.


Dirk Jacobsz - La tentación de Cristo (1525)

La rep­re­sentación del dia­blo sirvió en numerosas oca­siones, como ver­e­mos, para ilus­trar cues­tiones políti­cas. En esta ima­gen, aparece la igle­sia celes­tial protes­tante con­fronta­da con la igle­sia católi­ca ter­re­na. Dos sac­er­dotes protes­tantes y sus respec­ti­vas con­gre­ga­ciones apare­cen rodeadas de nubes en primer plano. Al fon­do, el Anti­cristo se encuen­tra en su trono rodea­do por cléri­gos. El graba­do for­ma parte de una serie de 48 que fueron prepara­dos para acom­pañar la tra­duc­ción que Loren­zo Agrí­co­la había real­iza­do del Comen­tario al Apoc­alip­sis de Sebas­t­ian Mey­er. Está data­da en 1548 y su impre­sor fue Matthias Gerung.


Matthias Gerung - La iglesia católica terrena y la protestante celestial

La sigu­iente ima­gen es una revisión del graba­do de Dür­er que hemos vis­to más arri­ba. En esta apare­cen dos ánge­les enca­de­nan­do a sendos dia­b­los y la Nue­va Jerusalem de fon­do. Es el graba­do número 21 de una serie real­iza­da entre 1546 y 1555 por Jean Duvet para ilus­trar el Apoc­alip­sis (en este caso, el capí­tu­lo XX).


Jean Duvet - Apocalipsis XX

Duvet tam­bién imprim­ió en 1555 una ima­gen fuera de esta serie que rep­re­senta­ba la rev­elación de San Juan Evan­ge­lista. En el cen­tro de la ima­gen puede verse al Evan­ge­lista tenien­do una rev­elación, con un libro con la primera línea de su evan­ge­lio sobre sus pier­nas. A sus pies se encuen­tra el dia­blo cayen­do a un foso. A la mis­ma altura, a los lados, apare­cen rep­re­sen­ta­dos los otros tres evan­ge­lis­tas. En la parte supe­ri­or la Trinidad. El dia­blo aparece rep­re­sen­ta­do como una ser­pi­ente ala­da y con gar­ras.


J. Duvet - La Revelación de San Juan Evangelista

Entre 1544 y 1558, Matthias Gerung imprim­ió una serie de graba­dos para ilus­trar La vida del Anti­cristo, en 1565 se les añadirían orna­men­tos y tex­tos a las imá­genes de los que pre­scindo aquí. Gerung imprim­ió prác­ti­ca­mente al mis­mo tiem­po que esta serie otra que ilus­tra­ba el Apoc­alip­sis; com­ple­ta­mente inde­pen­di­ente. Reco­jo dos imá­genes espe­cial­mente intere­santes. La primera de ellas es el nacimien­to del Anti­cristo. Aparece en el cen­tro de la ima­gen, sen­ta­da en un trono, una par­turi­en­ta con la cabeza cubier­ta y enseñan­do los pechos, de su vagi­na sale un dia­blo y un bebe entre lla­mas, dos mujeres la asis­ten a ambos lados y una comadrona agar­ra al niño, mien­tras que el dia­blo sale por sí mis­mo. A la derecha de la ima­gen vemos a dos comadronas soste­nien­do a otro recien naci­do, una de ellas lo ama­man­ta sobre un brasero. El trono rep­re­sen­ta el poder regio, sigu­ien­do de algu­na man­era el tex­to del Apoc­alip­sis.


Matthias Gerung - El nacimiento del anticristo (vida del anticristo - serie)

La segun­da ima­gen de esta serie que he escogi­do es el bautismo del Anti­cristo. En clara clave reformista, el Anti­cristo lle­va en su cabeza una tiara papal. Se encuen­tra rodea­do por un grupo de demo­ni­os vesti­dos como sac­er­dotes y mon­jas. La pila bautismal está en lla­mas y el sac­er­dote que real­iza la cer­e­mo­nia tiene ore­jas de bur­ro, pier­nas con alas y gar­ras y sostiene un nerdiludi­um o tabla de backgam­mon (sin bro­mas) que sim­boliza a la igle­sia angli­cana.


Matthias Gerung - El Bautismo del Anticristo (vida del Anticristo - Serie)

Los sigu­ientes dos graba­dos que os trai­go fueron real­iza­dos en 1584 y 1585 por Marten de Vos, impre­sos por Hierony­mus Wier­ix y pub­li­ca­dos en las pren­sas de Jus­tus Sadel­er. El moti­vo de ambos es el mis­mo: el vencimien­to del dia­blo. Pero es intere­sante cómo el mis­mo grabador rep­re­sen­ta de dos man­eras tan dis­tin­tas al dia­blo. En la primera ima­gen ten­emos a San Miguel pisan­do la cola del demo­nio que per­manece en el sue­lo. Se tra­ta de un ángel con cola de ser­pi­ente. Por supuesto, la rep­re­sentación depende direc­ta­mente del Apoc­alíp­sis: “Hubo un gran com­bate en los cie­los. Miguel y sus ánge­les lucharon con­tra el Dragón. Tam­bién el Dragón y sus ánge­les com­bat­ieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arro­ja­do el Dragón, la Ser­pi­ente antigua, el lla­ma­do Dia­blo y Satanás, el seduc­tor del mun­do entero; fue arro­ja­do a la tier­ra y sus ánge­les con él.” (Apoc­alip­sis XII: 7–9)


Marten de Voos - San Miguel vence a Satán

La segun­da ima­gen de Marten de Vos es la de Cristo ven­cien­do al Dia­blo. En este caso, en lugar del híbri­do entre ángel y ser­pi­ente nos encon­tramos la rep­re­sentación más tradi­cional del demo­nio. Cristo per­manece con la cruz sobre él, en señal de su cru­ci­fix­ión como reden­ción de los peca­dos de la Cris­tian­dad, como refle­jo del vencimien­to del peca­do orig­i­nal, al lado del Dia­blo se encuen­tra una ser­pi­ente mor­di­en­do una man­zana. A la vez, el Dia­blo aparece rep­re­sen­ta­do con una calav­era que rep­re­sen­ta la vida mor­tal y su vencimien­to.


Marten de Vos - Cristo venciendo a Satán

El dia­blo, por supuesto, tam­bién tiene una inter­ven­ción direc­ta en la vida cotid­i­ana. Un buen ejem­p­lo, y a la vez un alarde de imag­i­nación cre­ati­va, se encuen­tra en las tres imá­genes que Hen­drik Goltz­ius dedicó al tema del mat­ri­mo­nio (1595). En la ima­gen ded­i­ca­da al mat­ri­mo­nio de con­ve­nien­cia, quien ofi­cia el enlace es Satanás. Aquí aparece refle­ja­do con patas de cabra, gar­ras de águila en vez de manos, pechos de mujer, cuer­nos y una capucha que le cubre la cabeza.


Matrimonio oficiado por Satán (Tres clases de matrimonios - serie)

En el mis­mo año que Goltz­ius real­iza su graba­do, un viejo cono­ci­do nue­stro, Theodor de Bry, real­iza su alfa­beto, el New Kun­stlich­es Alpha­bet, en la línea de los alfa­betos fig­u­ra­tivos del Renacimien­to. Como es lógi­co, De Bry ded­i­ca la letra A, por ser prin­ci­pio de todo, al Géne­sis. En ella podéis ver cómo aparece Eva —a vues­tra derecha, por si hay dudas— entre­gan­do la man­zana a Adán y el dia­blo en la parte supe­ri­or —con ros­tro de mujer— sigu­ien­do la línea icono­grá­fi­ca que vimos en el primer graba­do de Marten de Vos.


Nova Alphati effictio

De fecha y grabador descono­ci­dos, aunque real­iza­do prob­a­ble­mente entre 1590 y 1604 es el graba­do que acom­pañó al A Con­cent of Scrip­ture de Hugh Broughton. En la ima­gen puede verse a una mujer coro­n­a­da rep­re­sen­tan­do a Roma que galopa sobre una bes­tia de siete cabezas que rep­re­sen­ta al Impe­rio y con otra bes­tia de siete cabezas a la izquier­da que rep­re­sen­ta a Satán. El papa está rep­re­sen­ta­do por un ani­mal deba­jo de ellos y a la izquiera puede verse un gran insec­to coro­n­a­do rep­re­sen­tan­do al papa. Al pie de la ima­gen se lee: “The empire of Rome, that cru­ci­fied our Lorde and serveth Satan in might and Hypocrisy is pic­tured thus in God’s worde”.


The empire of Rome, that crucified our Lorde and serveth Satan in might and hypocrisy, is pictured thus in Gods worde

Además de todos los graba­dos que hemos vis­to, cir­cun­scritos al ámbito de lo moral, a la sim­bología pro­pa­gandís­ti­ca o a la rep­re­sentación bíbli­ca, tam­bién hay en el Renacimien­to rep­re­senta­ciones mon­stru­osas de Lucifer sin ningún tipo de car­ga adi­cional, sal­vo la recreación en lo hor­ren­do. El mejor ejem­p­lo es el cono­ci­do graba­do de Lodovi­co Cigoli, real­iza­do ya en el siglo XVII. Aquí Lucifer está rep­re­sen­ta­do como un ser mon­stru­oso de tres cabezas y tres pares de alas, sumergi­do has­ta el pecho en un lago devo­ran­do almas. El Lucifer tricé­fa­lo recuer­da a la Ale­goría de la Pru­den­cia de Tiziano.


Lucifer - Lodovico Cigolli

La ima­gen del Lucifer devo­ran­do almas tiene una exten­sísi­ma tradi­ción, que arran­ca prác­ti­ca­mente en los comien­zos de la Edad Media. Podéis ver otra ima­gen pare­ci­da a la ante­ri­or, vin­cu­la­da a la rep­re­sentación de los siete peca­dos cap­i­tales en el graba­do que Andrea de Cione real­izó en la déca­da de los 60 del siglo XV:


Andrea di Cione - Lucifer

No puedo cer­rar la colec­ción sin referirme a una serie que se encuen­tra den­tro de mis favoritas. Se tra­ta de las ilus­tra­ciones que acom­pañaron a la edi­ción de 1674 del Par­adise Lost de Mil­ton. Fueron impre­sas por Hen­drik Eland y son autén­ti­cas obras de arte. Solo pon­dré tres de ellas.


El diablo a las puertas del pecado (Ilustración para el Paradise Lost)


Hendrik Eland, El diablo frente a Cristo (Ilustración para el Paradise Lost)


Hendrick Eland - El diablo en los Infiernos (Ilustración para el Paradise Lost)

Espero que dis­frutéis tan­to las imá­genes como lo hago yo. Por cier­to, que el copy­right de todas ellas pertenece al British Muse­um. Dejo a vues­tra dis­posi­ción, como siem­pre, el aparta­do de comen­tar­ios para que hagáis vues­tras recomen­da­ciones, añadáis más imá­genes y recur­sos sobre el tema o comen­téis lo que os ven­ga en gana.

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