El libro digital, España y el modelo americano

by Jorge Ledo on enero 5, 2010 · 12 comments

in notas

Se ha levantado la polvareda, como era previsible, con respecto al libro digital en españa y a la penosa situación de las editoriales patrias con respecto a él. Me refiero ante todo a la polémica en Twitter y a la airada entrada de Mi mesa cojea al respecto, así como la entrada de Econectados a la que llego por Error500: todo indica que las editoriales han optado por el inmovilismo como sucedió con las discográficas hace una década, con la diferencia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tecnológico y los usuarios ya tienen a su disposición todos los medios para la creación de plataformas de contenidos que pueden ser colmadas de material en muy poco tiempo.1 Se confunde quien piensa, sin embargo, que los editores españoles no conocen el mercado, saben bien que ese “quietismo” es la actitud más inteligente a seguir ahora, porque basta que suplan las infumables versiones en formato .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cotejadas— en .epub, .pdf o derivados para que pasen a engrosar el catálogo de libros piratas —y quien sepa algo de historia del libro, sabe que es término que ni pintado—, solamente aportando pérdidas en un cambio de plataforma que es, por otro lado, inevitable.


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Imagen bajo licencia Creative Commons: “My Kindle 2 now works sideways”, de jc.westbrook

Es cierto que el impacto de los lectores de libros electrónicos en España no es comparable al estadounidense, como también es cierto que las editoriales españolas ya deberían estar preparadas para la convivencia del mercado del papel y del digital. Nuestras editoriales podían haber tenido la vista suficiente como para lanzar best-sellers y clásicos anotados y preparados para estudiantes americanos y británicos de español —que los hay a expuertas—, algo que aún puede ser un buen campo de pruebas para ellas y les puede aportar importantes beneficios a largo plazo. Como sea, lo que plantean las entradas mencionadas más arriba es que las editoriales van a seguir el ejemplo de las discográficas, que nos han presentado un ciclo de pérdidas enorme —y no quiero discutirlo aquí— hasta encontrarse paulatinamente con un equilibrio entre lo que los usuarios demandan y las distribuidoras están dispuestas a ofrecer. Pero la realidad es que el mercado de libro cuenta con unos rasgos que, bien aprovechados, pueden llevarlo por derroteros distintos.

En primer lugar, el mercado de la música tiene poco o nada que ver con el mercado del libro. Mientras que escuchar música en un iPod o en un ordenador con una buena salida de sonido tiene poco de distinto a hacerlo en un equipo de alta fidelidad —que me perdonen los melómanos—, leer un libro en soporte digital tiene mucho de distinto al soporte en papel. Hay, claro, ventajas y desventajas. Para una persona como yo, que se dedica a los libros —a leerlos y a intentar escribirlos—, la ventaja de poder buscar una información concreta en cualquier momento parece de ciencia ficción, y el ahorro de tiempo es considerable. Claro que esto no significa que yo pueda producir más o mejor, sino que sencillamente tengo una comodidad añadida a la revisión de mis notas de lectura. El problema que yo le veo a los ebooks en el ámbito académico —lo he comentado más veces— es el formato: los académicos necesitamos saber el año de edición, la editorial y el lugar, el número de página, y demás cosas que el ebook se salta a la torera, para ayudar a nuestros lectores a encontrar las referencias que mencionamos y para que nuestros lectores nos espeten a su vez referencias que nos contradigan. Perder esta manera, o no aportar una nueva, de referenciado es inaceptable y un error a todas luces, maxime cuando es fácilmente subsanable.2 No cuesta imaginar un momento en un futuro —lejano o cercano— en que los libros académicos se publiquen únicamente en formato digital y estén plagados de hipervínculos para acceder de manera directa a fuentes que antes se mencionaban, sí, y que en un acto de fe, también, teníamos que dar por buenas. Llegados a ese punto, el ebook mostrará su potencial como una herramienta de estudio sin parangón en la historia del libro, y creo que todos debemos congratularnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escritura de un blog ayuda mucho —por eso se lo recomiendo a mis colegas— y para lo que creo que sería deseable un entrenamiento específico en los programas de doctorado actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mundo de la música y el mundo del libro no son iguales y me gustaría ser un poco más claro al respecto. Mientras que es prácticamente innegable que todo el mundo escucha y escuchaba música y quien más o quien menos tiene en su casa un generoso catálogo de CDs o mp3, en el caso de los libros es difícilmente negable aquella cantinela impenitente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabriola fantástica que establece una equiparación entre lectura y compra de un volumen que, gracias a esos sitios legendarios llamados bibliotecas, sería más que discutible. Leer un libro no requiere las mismas destrezas que oír un disco o ver una película, y hay lectores, probablemente los más abnegados, fieles y tenaces, que buscan cosas distintas a la literatura de consumo, que desde el siglo XVIII es la que ha dado réditos a las editoriales. Es evidente que estas no van a poder evitar que Zafón, Rowling, Reverte, Marías, King, Clancy y demás jarca sean pirateados de manera inmisericorde, como ya lo llevan siendo desde hace lustros; sin embargo, las editoriales juegan con una baza que el mundo de la música no pudo explotar, que es el de su fondo editorial. Aquí la historia cambia, y mucho, porque estamos hablando de libros desaparecidos que todavía pueden prestar un enorme rendimiento económico con una inversión mínima, puesto que ya están escritos. Hablamos, en definitiva, de un arco temporal que va del tiempo de vida útil de un libro en los anaqueles de cualquier librería —soy generoso y obvio el comercio de libros—, entre uno y cinco años, a la duración de los derechos de explotación de la obra o, mutatis mutandis de su traducción, que dependiendo del país puede ocupar unos generosos sesenta años. Ahí es nada.

La nebulosa aquí es en realidad mayor, puesto que antiguas editoriales que cerraron sus puertas hace tiempo —pienso en Editora Nacional, una tragedia— vendieron o malvendieron los derechos de su fondo a algún oscuro —o luminoso, preclaro— editor que ha decidido dejar esas colecciones durmiendo el sueño de los justos. Un escaneo, un ocr concienciudo, una cuidadosa corrección —para adecuarse al original, no con afán de mejorarlo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maquetación conservando tipo, cuerpo, paginación y demás y voilá, uno verá que distribuyendo el archivo por unos 8 euros va a encontrarse con que unos 2.000 profesores universitarios desperdigados por el mundo —es un decir— y un generoso número de estudiantes, si aquéllos se animan a incorporar el texto en sus cursos, se comprarán el libro de marras de la colección. Pongamos otros 1.000 alumnos y ya estamos en 3.000, que multiplicado da la friolera de 24.000 euros, algo que partiendo de la nula producción de beneficios actual haría que al mundo de los editores les tuviera que aparecer el símbolo del euro centelleando en sus pupilas. No te cuento si nos ofrecieran la Biblioteca de visionarios, heterodoxos y marginados, las obras completas de Julio Caro Baroja, las de Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Dámaso Alonso, o los magnificos estudios de José Deleito y Piñuela a un precio especial de lanzamiento.

William Morris - ejemplo de página impresaMenciono esto porque sí hay cosas que un editor puede aprender del mundo del disco: remasterizar obras clásicas y casi perdidas. Aquí Google Books, con su falta de cuidado y amor por el texto y por su renderizado, junto a su pobre sistema de búsquedas, ha dejado una vía abierta para los editores en el sentido clásico: aquellos que amaban el libro como objeto además de como contenido. Las opciones del libro electrónico deben dar la opción de volver a transmitir ese amor, de reeducar estéticamente al público. Uno puede hacer un trabajo de maquetado y composición siguiendo el original pero puede ofrecer anexa una versión ampliada a la que adjuntar apéndices que permitan un lectura actualizada —para eso valemos los historiadores, los filósofos, los filólogos y demás razas de Mordor—, la incorporación de materiales de difícil acceso hace cuarenta años y hoy a un click de distancia, objetos gráficos y audiovisuales, etc. Creo que cuando Apple —siento mencionar al santo de mi devoción— anunció la creación de iTunes LP estaba pensando en una fórmula que a ellos les ha ido bastante bien, y que podría adaptarse de la siguiente manera al mundo del libro digital: es cierto que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pululando por la red, pero hay una manera de presentar los contenidos y unos contenidos determinados que solo pueden ser organizados por el editor que posee los derechos de más obras, es necesario crear objetos de arte que nadie quiera piratear, tanto por la plataforma en la que se ven como por las ventajas inherentes que conlleva su compra. Y creo que todo ello debería ser excitante por el reto que supone para el mercado editorial. No ha habido un momento con mayores posibilidades creativas para escritores, diseñadores y creadores de contenido desde las prensas de William Morris y las obras que pueden producirse llevarían la experiencia de la lectura y del aprendizaje a un nuevo nivel. Aquí la pericia del editor en la selección de los textos para sus colecciones, y el trabajo que durante años la editorial ha realizado escogiendo con mimo sus títulos se verá enormemente recompensados. Espero que la plataforma que Apple prepara esté a la altura de dichas posibilidades experimentales y, de ser así, que no queden estas en lo anecdótico.

La entrada de Mi mesa cojea mencionada al principio de este texto incide en un hecho distinto al que yo comento, al enfocarse primordialmente a la literatura de consumo. He tenido la posibilidad de utilizar un Kindle y un Nook estos días y, sinceramente, no es la experiencia de lectura que busco, ni lo que espero para cambiarme de papel a un dispositivo nuevo. Además de las razones anteriormente aducidas, tengo claro que no voy a utilizar un lector de libros electrónicos donde su estética —y me refiero a cuestiones tipográficas, de caja y demás cosas que no tienen por qué preocupar a todo el mundo— es como poco aberrante. Pero la crítica de Jose A. Pérez es acertada, las editoriales deberían tener unos contenidos a la espera de soporte, y no al contrario, si el soporte adelanta a los contenidos y las preocupaciones por el libro como tal son mínimas —uno no sabe qué traducción, qué edición y con qué garantías la está leyendo— en un amplio espectro de lectores, las editoriales van a sufrir con sus títulos tradicionalmente más rentables. Quizás sea el momento de un cambio en el paradigma tradicional del mercado librario, que decía que los réditos obtenidos de las obras más vendidas servían para publicar las obras realmente importantes y de calidad, quizás el paso al libro electrónico permita que las editoriales ofrezcan a su público, a precios competitivos, obras raras y hermosas y que sean estás las que permitan no su supervivencia, sino una nueva edad dorada. Por soñar, que no quede.

actualización: Al hilo del debate algunos blogs han publicado algunas entradas de tanto interés ligeramente anteriores a esta o posteriores. Hago aquí una pequeña lista aproximativa de algunas de las que me han llamado más la atención:



  1. No deja de sorprenderme leer algunas de las perlas de la entrada de Econectados —«Dime un libro y lo encuentro en Google gratis», «lo siento por los libreros, pero van a desaparecer rápidamente», «los libreros están amenazando a las editoriales con quitar sus libros de la vista si venden libros electrónicos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley española que obliga a vender el libro a un precio único para proteger a las librerías pequeñas. Lo siento, pero aquí debe haber libertad; y ahora mismo en este terreno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísimas [sic.] librerías cerrarán, lo siento por los libreros tradicionales pero así es la digitalización que hace más accesible todo. Podremos leer en segundos cualquier libro estemos donde estemos», etc.— que, como en el caso de la música, demuestran un desconocimiento absoluto de lo que es un editor, un productor musical, un librero, por no ir ya directamente a un texto cuidado, una traducción con garantías, etc. No seré yo quien defienda modelos de mercado caducos ni los abundantes abusos que hay en los precios de la música y los libros, pero comienza a ser exasperante la total falta de conocimiento en los defensores del todogratisahorayporquesí de lo que conlleva diseñar una colección de libros o de discos y lo que hay detrás de producirlos con el cuidado necesario. 

  2. Incluso por el número de palabra en el texto. 

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1 fesja enero 5, 2010 a las 4:59 am

hola jorge,

Si hubieses leído más entradas más allá del post en cuestión verás que para nada estoy a favor del todo gratis. Te recomiendo que leas unos cuantos artículos anteriores para ver que creo que hay que pagar por los libros y por las películas; pero el problema es que no dan la oportunidad de hacerlo en el mundo online.

Puede que no conozca tan a fondo el mundo editorial como tú, pero sí se que los libreros se llevan un margen muy importante del libro; también sé que la ley de los precios mínimos del libro debe ser casi única en el mundo y eso es debido a las presiones de los libreros porque temen lo que va a venir; que haya competencia de verdad. No tiene sentido un precio mínimo, tiene sentido un precio de mercado que al principio sea mayor y luego se desinfle.

Veo que tampoco has leído mis comentarios en mi artículo a todas las personas que escribieron. Si lo hubieras hecho verías que sí creo que los editores y los libreros pueden traer novedades y pueden vivir incluso mejor que ahora; pero que deben cambiar, y que la opción de enterrar la cabeza que aquí no pasa nada si no subimos los ebooks a Internet no es válida.

Espero que leas todo, y debatamos de nuevo si es acertada tu crítica o no.

gracias

javier

2 Santi enero 5, 2010 a las 5:25 am

¡Hola, Jorge! Lo primero, me alegro de que la polémica te haya animado a volver a escribir en el blog, que lo tenías muy abandonado, ¿eh?

Por supuesto que estoy de acuerdo en la mayoría de las cosas que comentas: la necesidad de ediciones de calidad, los problemas de las digitalizaciones de Google, la necesidad de trasladar a lo digital todo lo que hemos aprendido durante siglos de editar textos…

PERO, al contrario de lo que tú comentas, como deseo final, me temo que este tipo de ediciones van a seguir siendo una minoría, frente a los grandes best-sellers tipo Dan Brown y Zafón (que son los que están tirando del carro en el caso americano, obviamente). De hecho, a los lectores medios me temo que aspectos como la anotación, la tipografía o la disposición del texto se la traen bastante al pairo, lo que quieren es un texto plano legible con el que poder pasarse unas horas delante del ebook.

Y no te voy a engañar: yo como filólogo estoy deseando tener a mi disposición obras clásicas bien editadas y con la mayor calidad (de texto e imagen) posible; pero como lector, lo que estoy deseando es tener el catálogo de Compactos Anagrama, de Ediciones Acantilado o de Tusquets en formato digital, y a precios más asequibles que en papel, para que me compense comprarme un ereader. Y en estos casos no necesito ni una edición especialmente cuidada -quiero decir, del mismo nivel que las equivalentes en papel- ni grandes alardes tecnológicos: solo una plataforma de distribución (si no lo quieren hacer las mismas editoriales, tendrán que ser las librerías virtuales) donde poder acceder a estos libros.

Sinceramente, yo empecé el año bastante animado, porque había oído que para marzo o abril de este año se anunciaba la creación de los primeros catálogos importantes de libros electrónicos por parte de las grandes editoriales; pero desde entonces, me da la impresión de que las editoriales están lanzando globos sonda para advertirnos de que no van a hacer un esfuerzo inmediato por hacerse con el mercado del libro electrónico -quizás porque piensan que, como en conjunto tienen el monopolio del negocio editorial en España, nadie se les puede adelantar- . Lo cual me parece bastante triste.
Mira las respuestas que dan en este artículo a la pregunta “¿Despegará al fin el e-book?”: críticas al soporte -que en otros mercados ya ha demostrado que, con sus limitaciones y sus errores, es perfectamente viable; negar la realidad (“el ebook todavía no ha despegado”, lo cual es cierto si se refiere a que no ha superado al libro impreso, pero no si se refiere a que se ha hecho un hueco en el mercado del libro) y directamente salirse por la tangente, reclamando unas obras multimedia que, sinceramente, no creo que sea lo que reclama el público lector (que parece querer que el ereader sea al mismo tiempo una televisión).

En fin, que me da pena que España, que es un país con un músculo editorial importante, no haya sabido incorporarse (no ahora, sino hace ya uno o dos años) al futuro del libro.

3 eulez enero 6, 2010 a las 5:03 am

Bueno, hay muchas cosas que comentar. Sobre las editoriales, se producen auténticos timos con los autores y con los traductores. Prácticamente no ven nada de lo que cobran estas. Incluso venden los derechos para publicar en otros países y de eso el autor no cobra prácticamente nada.

Sobre el libro electrónico, le queda mucho camino por recorrer. Todavía son en escala de grises, lentos, incómodos, sin notas y no táctiles (salvo en los modelos más caros). Ya irán sacando modelos mejores porque hay mucha demanda. Las editoriales tendrán que reconvertirse y me parece que va a pasar exactamente lo mismo que con las discográficas. Solo tendrán futuro las ediciones de lujo, algo que será una ventaja con respecto a la música. Al fin y al cabo, la gente sigue regalando libros.

Sobre el rollo académico, en mi caso, necesitaría un lector adecuado para artículos en formato A4 y a doble columna y que permitiese hacer anotaciones, algo que no he encontrado a un precio asequible. Al menos en ciencias, ya desde mediados de los 90 todo el mundo emplea los pdfs y solo nos falta tener un lector bueno para dejar de gastar papel a lo imbécil al imprimir artículo de los cuales solo suele interesar un par de cosas.

4 Jorge Ledo enero 10, 2010 a las 10:23 am

@Javier: Nunca encontrarás en este sitio ningún ataque personal, y si así has leído mis palabras entonces falta mía: nada más lejos de mi intención que afirmar nada sobre tu carácter, querencias u opinión acerca de la distribución legal o alegal de textos en red. Criticaba sencillamente el tono de los comentarios citados, donde me parece —y lo sigue haciendo— que eres muy injusto con colectivos como los editores o los libreros. Una cosa es criticar los movimientos de los editores y su gestión en el desarrollo de una plataforma digital y otra bien distinta proponer que es un avance que los libros de las editoriales aparezcan en formato digital en la red por terceros, que me parece que es la afirmación de J. A. Pérez y la tuya.

Uno no puede decir que estaría dispuesto a pagar por libros electrónicos, pero como las editoriales no se animan, pues recurre a reproducciones realizadas por terceros de los textos. El argumento es falaz, porque una empresa —a menos que sea pública, y con una generosa lista de peros— no es un organismo democrático en el que sus clientes opinan sobre la gestión de la misma: es una entidad privada con ánimo de lucro que gestiona sus recursos como le da la real gana, y si no se adapta a los tiempos perecerá; pero yo no voy a defender que el golpe de gracia le venga dado por que se saqueen sus títulos.

Todas las editoriales europeas, salvo honrosas excepciones, están siendo muy cautas en el paso al libro electrónico. Sucede en Alemania, en Francia, en el Reino Unido y, quizás en mayor grado, en Italia y España. El resultado de las honrosas excepciones que han dado el paso —pienso ahora en editoriales académicas como Oxford, Cambridge, Brill, etc.— ha sido el siguiente: todas sus colecciones digitales han sido sistemáticamente pirateadas, de arriba a abajo, y sin piedad. Es por ello que entiendo la cautela de los editores y me parece que la crítica de cuatro usuarios que ya están descargando títulos no distribuidos por las editoriales son a lo último a lo que tendrían que atender. Por cierto, que como bien te han dicho en los comentarios a tu entrada, hay varios proyectos de editoriales potentes para este año de empezar a abrir camino al libro electrónico.

Hace tiempo escribí en este sitio una entrada hablando sobre la compra de libros electrónicos por vía legal y si la encuentras verás que defendía el escaneo de la copia comprada en papel como una opción mucho mejor que un ebook que el DRM hacía imposible de usar. Está claro que las editoriales tienen que encontrar una vía para proteger sus obras, como está claro que algo tiene que cambiar en la manera de pensar de muchos usuarios de Internet que no consideran que tengan que ser clientes por el simple hecho de que la empresa no ofrece lo que quieren de la manera en que lo quieren y, sobre todo, cuando lo quieren; máxime cuando esos mismos usuarios consideran un derecho el disfrute por otras vías —llamémoslas alternativas— de los productos de esa empresa. El proceso desde que el escritor tiene la idea hasta que el libro está en la librería es largo y tedioso, y entran en él muchas más personas de las que en principio pudiera parecer. Así que me parece de risa cuando leo que esto será el auge de autores independientes y demás, cuando sé que perder a scouts, editores, correctores de estilo, lectores de pruebas, diseñadores, maquetadores, impresores y, sí, libreros, conllevaría una caída terrible en la calidad de los textos que leemos: solo tienes que echar un vistazo a los periódicos españoles de hace diez años y los de ahora para darte cuenta de qué ha supuesto la eliminación de editores y correctores de las plantillas, y lo que nos queda todavía.

De la misma manera, las colecciones de una editorial son lo que definen a la editorial misma y lo que le da un sentido a la producción de títulos. Si me preguntas, yo estaría encantado de tener a mi disposición el catálogo completo de Fondo de Cultura Económica, de Crítica, de Ariel, de Taurus, de Alianza, de Anagrama, de Quaderns Crema y del Acantilado, por poner varios ejemplos. Y mi encanto no se derivaría únicamente de la calidad de los textos —sobrada—, sino de que esos textos han sido seleccionados, traducidos o encargados por editores que sabían lo que estaban haciendo, y que tenían una grado de exigencia suficiente para que yo supiera que ese libro que estaba comprando había sido mimado y había seguido una serie de pasos antes de estar en la calle. Pensar que cualquiera puede hacer un libro, o pensar que los libros como los conocemos los hace un tipo solo, rodeado de velas y calaveras en una cueva, es ser terriblemente ingenuo, en el mejor de los casos, o un demagogo de tomo y lomo.

Por supuesto que hay políticas editoriales con las que no comulgo ni comulgaré. Libros que están sumamente sobrevalorados y que rondan el precio de los 200 euros por volumen, que son necesarios para mi trabajo o que me gusta tener para mi disfrute. Pero entiendo tres cosas: la primera es que son tiradas muy cortas, la segunda que del montante total de copias un 90% serán adquiridas por bibliotecas y, el tercero, que es una empresa dirigida por gente, con empleados a los que les gusta comer y tener una casa, la que se arriesga a publicar cosas que quizás nadie más está dispuesto a llevar adelante. Y sí, muchas de esas obras no se publicarían de ninguna forma si esa editorial no estuviera detrás; aquí que cada uno se engañe como quiera.

Lo que dices de los libreros, que temen lo que se viene por delante; pues evidentemente, estamos hablando de los trabajos y del medio de vida de mucha gente. Que presionan, perfecto: pueden y deben hacerlo. Un buen librero para mí vale mucho, y quien no haya tenido la fortuna de cruzarse con uno, pensará que son dispensadores de libros y que su tarea es como la de Amazon o Abebooks, o como la de los dependientes de la fnac, pero no es así. Y sinceramente, que nadie vaya a tener la suerte que yo tuve de pasarme media adolescencia en dos librerías con buenos libreros hojeando, leyendo, hablando y discutiendo me parece una auténtica desgracia. Lamentablemente, aquí no puedo aludir a la ley de mercado, es algo un poco más complejo que todo eso, algo que me da la impresión de que solo quien ama los libros —no el bestseller del mes o el nuevo cacharro del año— puede comprender.

He leído con atención los comentarios a tu entrada, y qué quieres que te diga, me parece que ceder a las presiones de los harrypotterianos y los danbrownianos, que no tienen ni pajolera idea de cómo funciona el mundo del libro y que no entienden que es un ecosistema muy frágil me parece sociológicamente interesante, pero no va a los problemas de fondo. Sobre todo cuando se arrogan el papel de un colectivo que tiene la capacidad de presionar pero no aceptan que los colectivos —que son además quienes producen y distribuyen lo que quieren consumir— que te he mencionado antes lo hagan. Como diría el otro: “que lean”, y si hay suerte y leen más, dentro de 20 años se preguntarán cómo es que no hay un título sobre esto o sobre lo otro, qué pasó con colecciones que antes sí había, qué fue de líneas editoriales como estas o aquellas, cómo es posible que el texto esté mal escrito, peor equilibrado, que tenga repeticiones donde no debería haberlas, y un larguísimo etcétera. Al final, que nadie se confunda, siempre perderá el lector, no el librero o el editor.

Una cosa es cierta, el esquema está siendo el mismo que en el caso de las discográficas, aquí todo el mundo nos salió empresario de fin de semana y cada cual es capaz de hacer sus cuentas y que le cuadren, como mi tocayo en uno de tus comentarios. Por cierto, que este año se hayan vendido más ebooks que libros en papel en Amazon solo indica una cosa: que la gente está en una espiral de consumismo tan marcada como para invertir en un archivo de texto cuyo formato no se sabe cuánto dudara, en un sistema protegido por DRM, que además controla cada una de las lecturas que uno hace y donde la empresa subsidiaria del producto es capaz de borrar del Kindle lo que le dé la real gana. Sin duda, los idiotas son más susceptibles de comprar por comprar, sin plantearse estas “menudencias” y creer dar , además, pretendidas lecciones que en el fondo no dicen absolutamente nada.

Las actitudes pueriles que van de la exigencia a la amenaza solo empeoran las cosas. Si las editoriales se lo están tomando con calma, entonces es el momento de que la gente diga qué quiere, es decir, que plantee cómo quiere los textos, qué le gustaría ver en ellos, cómo debería ser un título que ya tienen en papel para adquirirlo de nuevo, etc. Y yo echo mucho de menos esos debates productivos que hubiera habido no hace tanto tiempo, antes de que la gente se volviera loca por el cacharro y se hubiera cegado con un síndrome de Diógenes digital. Ese tipo de ideas constructivas sí pueden ser útiles al editor, y parece, por la entrada de Mi mesa cojea, tienen un oído —o un ojo— puesto en Internet. Creo que la pregunta sería: ¿cómo evito que mi libro sea pirateado sin molestar a mis clientes con un DRM? Y la única respuesta que he leído en tu blog ha sido un “ah, es inevitable, Internet es imparable”. Como comprenderás, para un empresario del que dependen familias enteras esa no es una respuesta convincente.

@Santi: ¡Me alegro de que te alegre! No ha sido tanto la polémica como un poco, muy poco, más de tiempo libre. Por supuesto que las ediciones fuertes van a seguir siendo los grandes bestsellers, pero también las más pirateadas. Es en el ámbito de la literatura especializada el que, en principio, será menos proclive a esos problemas. Por eso decía que es una muy buena oportunidad para revitalizar títulos que, como sabes, tienen un mercado potencial importante.

Lo que comentas de que quieres texto plano sin alardes, eso es evidente, pero también las editoriales saben que es lo más fácil de copiar. Me parece que una buena opción sería considerar las obras como aplicaciones informáticas, es decir, con una importante cantidad de factores que las vinculen a los dispositivos —por tanto, que no puedan leerse en el ordenador y que requieran comprar el chisme—, que ofrezcan una experiencia de lectura radicalmente nueva —sumada a una austera de tinta electrónica para una simple lectura— y que se actualicen con correcciones, nuevos vínculos a otros textos, ampliaciones, etc. Si el contenido es de calidad, entonces creo que habría una buena opción de hacer cosas muy interesantes que antes, por la limitación del papel, eran impensables.

Sobre lo de España, como le decía a Javier, es un problema del mercado europeo en general, y creo que no está del todo mal no querer ceder a Amazon como gran distribuidor y crear uno propio en el que pueda usarse el Kindle. Lo otro es hacer que el mercado editorial y las empresas norteamericanas —Google Books está ahí también— se queden con el pastel de la distribución de libros electrónicos y la venta de lectores.

@Eulez: A pesar de lo dicho en la entrada y en esta respuesta, yo no voy a defender que las editoriales son hermanas de la caridad lideradas por santos hombres únicamente preocupados por la transmisión de conocimiento y que no exploten y puteen hasta la médula a traductores y correctores. Quizás una de las cosas buenas del mercado del libro electrónico es que estos grupos puedan ofrecer sus servicios a través de empresas tanto a editoriales como a autores independientes.

A mí me pasa como a ti. Para el trabajo los lectores de ebooks todavía tienen un software muy deficiente y tal y como está el panorama yo no necesito un lector de .epubs, quiero un lector de pdfs que me permita trabajar como lo hago con papel, y que le añada alguna que otra ventaja. Me gustaría A4, me interesaría especialmente que mi programa de gestión bibliográfica funcionara en él —por eso esperaré por Apple, y porque me convenza lo que haya hecho—, que pudiera anotar y marcar una versión y que guardara el original limpio también, y que me permitiera suscribirme a las veintitantas publicaciones que tengo leer. Ahí ya tendrían a un cliente feliz.


Gracias a todos por pasar y comentar, y perdonad que haya sido tan prolijo.

5 Fernando enero 12, 2010 a las 10:00 am
6 Claudia enero 15, 2010 a las 9:56 pm

Felicidades, primero a Jorge por empezar un debate tan variado y estimulante con su primera entrada, sensata y equilibrada, desde una posición matizada y lejos de maniqueísmos, ni en un sentido ni en el otro. Luego, en segundo lugar agradecer también las aportaciones de los demás usuarios, que han dejado ciertos artículos de la prensa digital que han aparecido sobre este tema a la altura del vacuo betún.

Por mi parte, añadir que espero fervientemente que el próximo 26 de enero Apple no sólo lance su modelo de lector electrónico, sino también su modelo de negocio, como hizo con iTunes, porque sino la cadena de valor del libro (y me refiero a los correctores, editores de mesa, traductores, autores y demás elaboradores silenciosos del libro) se irá al garete, y no hablo de ricos y cresos editores ni de escritores de a cien mil ejemplares. En mi modesta opinión, el problema del libro electrónico vs. el libro de papel es la piratería digital, no el progreso ni la versatilidad de uno u otro soporte.

7 Jorge Ledo enero 17, 2010 a las 8:41 pm

Gracias, Claudia, aunque no entiendo muy bien qué quieres decir con eso de la primera entrada (imagino que será en mucho tiempo).

Yo también estoy a la espera de que Apple lance algo importante. Cuando lo haga con un nuevo formato para textos electrónicos será el momento en que habrá que empezar a plantearse un cambio serio en la manera de escribir, publicar y componer los textos, y espero que sea algo abierto y asequible para cualquier interesado en el libro como objeto y como concepto. Veremos…

8 Claudia enero 18, 2010 a las 4:25 am

Hola Jorge. Releyendo mi mensaje, compruebo que no está formulado con claridad: me refería a que me gustó mucho la entrada (post) original que ha motivado el subsiguiente intercambio de mensajes y aportaciones.

Y si, todos esperando a ver qué nos propone Apple…

9 Nicolas Solop diciembre 12, 2013 a las 8:20 am

Muy buen artículo. Habrá que ver como evolucionó la tendencia de los lectores de libros electrónicos tanto en España como en América Latina. Es claramente visible que en los últimos tres años los autores independientes lograron un espacio que antes no tenían y eso ya de por si es bueno!.

Saludos desde Argentina.
Nicolás

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