Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

El libro digital, España y el modelo americano

Se ha lev­an­ta­do la polvare­da, como era pre­vis­i­ble, con respec­to al libro dig­i­tal en españa y a la penosa situación de las edi­to­ri­ales patrias con respec­to a él. Me refiero ante todo a la polémi­ca en Twit­ter y a la aira­da entra­da de Mi mesa cojea al respec­to, así como la entra­da de Econec­ta­dos a la que llego por Error500: todo indi­ca que las edi­to­ri­ales han opta­do por el inmovil­is­mo como sucedió con las discográ­fi­cas hace una déca­da, con la difer­en­cia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tec­nológi­co y los usuar­ios ya tienen a su dis­posi­ción todos los medios para la creación de platafor­mas de con­tenidos que pueden ser col­madas de mate­r­i­al en muy poco tiempo.[^1] Se con­funde quien pien­sa, sin embar­go, que los edi­tores españoles no cono­cen el mer­ca­do, saben bien que ese “qui­etismo” es la acti­tud más inteligente a seguir aho­ra, porque bas­ta que suplan las infum­ables ver­siones en for­ma­to .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cote­jadas— en .epub, .pdf o deriva­dos para que pasen a engrosar el catál­o­go de libros piratas —y quien sepa algo de his­to­ria del libro, sabe que es tér­mi­no que ni pin­ta­do—, sola­mente apor­tan­do pér­di­das en un cam­bio de platafor­ma que es, por otro lado, inevitable.

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Ima­gen bajo licen­cia Cre­ative Com­mons: “My Kin­dle 2 now works side­ways”, de jc.westbrook

Es cier­to que el impacto de los lec­tores de libros elec­tróni­cos en España no es com­pa­ra­ble al esta­dounidense, como tam­bién es cier­to que las edi­to­ri­ales españo­las ya deberían estar preparadas para la con­viven­cia del mer­ca­do del papel y del dig­i­tal. Nues­tras edi­to­ri­ales podían haber tenido la vista sufi­ciente como para lan­zar best-sell­ers y clási­cos ano­ta­dos y prepara­dos para estu­di­antes amer­i­canos y británi­cos de español —que los hay a expuer­tas—, algo que aún puede ser un buen cam­po de prue­bas para ellas y les puede apor­tar impor­tantes ben­efi­cios a largo pla­zo. Como sea, lo que plantean las entradas men­cionadas más arri­ba es que las edi­to­ri­ales van a seguir el ejem­p­lo de las discográ­fi­cas, que nos han pre­sen­ta­do un ciclo de pér­di­das enorme —y no quiero dis­cu­tir­lo aquí— has­ta encon­trarse pau­lati­na­mente con un equi­lib­rio entre lo que los usuar­ios deman­dan y las dis­tribuido­ras están dis­pues­tas a ofre­cer. Pero la real­i­dad es que el mer­ca­do de libro cuen­ta con unos ras­gos que, bien aprovecha­dos, pueden lle­var­lo por der­roteros dis­tin­tos.

En primer lugar, el mer­ca­do de la músi­ca tiene poco o nada que ver con el mer­ca­do del libro. Mien­tras que escuchar músi­ca en un iPod o en un orde­nador con una bue­na sal­i­da de sonido tiene poco de dis­tin­to a hac­er­lo en un equipo de alta fidel­i­dad —que me per­do­nen los meló­manos—, leer un libro en soporte dig­i­tal tiene mucho de dis­tin­to al soporte en papel. Hay, claro, ven­ta­jas y desven­ta­jas. Para una per­sona como yo, que se ded­i­ca a los libros —a leer­los y a inten­tar escribir­los—, la ven­ta­ja de poder bus­car una infor­ma­ción conc­re­ta en cualquier momen­to parece de cien­cia fic­ción, y el ahor­ro de tiem­po es con­sid­er­able. Claro que esto no sig­nifi­ca que yo pue­da pro­ducir más o mejor, sino que sen­cil­la­mente ten­go una como­di­dad aña­di­da a la revisión de mis notas de lec­tura. El prob­le­ma que yo le veo a los ebooks en el ámbito académi­co —lo he comen­ta­do más veces— es el for­ma­to: los académi­cos nece­si­ta­mos saber el año de edi­ción, la edi­to­r­i­al y el lugar, el número de pági­na, y demás cosas que el ebook se salta a la tor­era, para ayu­dar a nue­stros lec­tores a encon­trar las ref­er­en­cias que men­cionamos y para que nue­stros lec­tores nos espe­ten a su vez ref­er­en­cias que nos con­tr­a­di­gan. Perder esta man­era, o no apor­tar una nue­va, de ref­er­en­ci­a­do es ina­cept­able y un error a todas luces, maxime cuan­do es fácil­mente subsanable.[^2] No cues­ta imag­i­nar un momen­to en un futuro —lejano o cer­cano— en que los libros académi­cos se publiquen úni­ca­mente en for­ma­to dig­i­tal y estén pla­ga­dos de hiper­vín­cu­los para acced­er de man­era direc­ta a fuentes que antes se men­ciona­ban, sí, y que en un acto de fe, tam­bién, teníamos que dar por bue­nas. Lle­ga­dos a ese pun­to, el ebook mostrará su poten­cial como una her­ramien­ta de estu­dio sin parangón en la his­to­ria del libro, y creo que todos debe­mos con­grat­u­larnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escrit­u­ra de un blog ayu­da mucho —por eso se lo recomien­do a mis cole­gas— y para lo que creo que sería deseable un entre­namien­to especí­fi­co en los pro­gra­mas de doc­tor­a­do actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mun­do de la músi­ca y el mun­do del libro no son iguales y me gus­taría ser un poco más claro al respec­to. Mien­tras que es prác­ti­ca­mente innegable que todo el mun­do escucha y escuch­a­ba músi­ca y quien más o quien menos tiene en su casa un gen­eroso catál­o­go de CDs o mp3, en el caso de los libros es difí­cil­mente negable aque­l­la can­ti­nela impen­i­tente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabri­o­la fan­tás­ti­ca que establece una equiparación entre lec­tura y com­pra de un vol­u­men que, gra­cias a esos sitios leg­en­dar­ios lla­ma­dos bib­liote­cas, sería más que dis­cutible. Leer un libro no requiere las mis­mas destrezas que oír un dis­co o ver una pelícu­la, y hay lec­tores, prob­a­ble­mente los más abne­ga­dos, fieles y tenaces, que bus­can cosas dis­tin­tas a la lit­er­atu­ra de con­sumo, que des­de el siglo XVIII es la que ha dado rédi­tos a las edi­to­ri­ales. Es evi­dente que estas no van a poder evi­tar que Zafón, Rowl­ing, Reverte, Marías, King, Clan­cy y demás jar­ca sean piratea­d­os de man­era inmis­eri­corde, como ya lo lle­van sien­do des­de hace lus­tros; sin embar­go, las edi­to­ri­ales jue­gan con una baza que el mun­do de la músi­ca no pudo explotar, que es el de su fon­do edi­to­r­i­al. Aquí la his­to­ria cam­bia, y mucho, porque esta­mos hablan­do de libros desa­pare­ci­dos que todavía pueden prestar un enorme rendimien­to económi­co con una inver­sión mín­i­ma, puesto que ya están escritos. Hablam­os, en defin­i­ti­va, de un arco tem­po­ral que va del tiem­po de vida útil de un libro en los anaque­les de cualquier libr­ería —soy gen­eroso y obvio el com­er­cio de libros—, entre uno y cin­co años, a la duración de los dere­chos de explotación de la obra o, mutatis mutan­dis de su tra­duc­ción, que depen­di­en­do del país puede ocu­par unos gen­erosos sesen­ta años. Ahí es nada.

La neb­u­losa aquí es en real­i­dad may­or, puesto que antiguas edi­to­ri­ales que cer­raron sus puer­tas hace tiem­po —pien­so en Edi­to­ra Nacional, una trage­dia— vendieron o mal­vendieron los dere­chos de su fon­do a algún oscuro —o lumi­noso, preclaro— edi­tor que ha deci­di­do dejar esas colec­ciones dur­mien­do el sueño de los jus­tos. Un esca­neo, un ocr con­cien­ci­u­do, una cuida­dosa cor­rec­ción —para ade­cuarse al orig­i­nal, no con afán de mejo­rar­lo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maque­tación con­ser­van­do tipo, cuer­po, pag­i­nación y demás y voilá, uno verá que dis­tribuyen­do el archi­vo por unos 8 euros va a encon­trarse con que unos 2.000 pro­fe­sores uni­ver­si­tar­ios des­perdi­ga­dos por el mun­do —es un decir— y un gen­eroso número de estu­di­antes, si aquél­los se ani­man a incor­po­rar el tex­to en sus cur­sos, se com­prarán el libro de mar­ras de la colec­ción. Pong­amos otros 1.000 alum­nos y ya esta­mos en 3.000, que mul­ti­pli­ca­do da la friol­era de 24.000 euros, algo que par­tien­do de la nula pro­duc­ción de ben­efi­cios actu­al haría que al mun­do de los edi­tores les tuviera que apare­cer el sím­bo­lo del euro cen­tel­le­an­do en sus pupi­las. No te cuen­to si nos ofrecier­an la Bib­liote­ca de vision­ar­ios, het­ero­dox­os y mar­gin­a­dos, las obras com­ple­tas de Julio Caro Baro­ja, las de Marceli­no Menén­dez Pelayo, Ramón Menén­dez Pidal, Dáma­so Alon­so, o los mag­nifi­cos estu­dios de José Deleito y Piñuela a un pre­cio espe­cial de lan­za­mien­to.

William Morris - ejemplo de página impresaMen­ciono esto porque sí hay cosas que un edi­tor puede apren­der del mun­do del dis­co: remas­teri­zar obras clási­cas y casi per­di­das. Aquí Google Books, con su fal­ta de cuida­do y amor por el tex­to y por su ren­der­iza­do, jun­to a su pobre sis­tema de búsquedas, ha deja­do una vía abier­ta para los edi­tores en el sen­ti­do clási­co: aque­l­los que ama­ban el libro como obje­to además de como con­tenido. Las opciones del libro elec­tróni­co deben dar la opción de volver a trans­mi­tir ese amor, de reed­u­car estéti­ca­mente al públi­co. Uno puede hac­er un tra­ba­jo de maque­ta­do y com­posi­ción sigu­ien­do el orig­i­nal pero puede ofre­cer anexa una ver­sión ampli­a­da a la que adjun­tar apéndices que per­mi­tan un lec­tura actu­al­iza­da —para eso vale­mos los his­to­ri­adores, los filó­so­fos, los filól­o­gos y demás razas de Mor­dor—, la incor­po­ración de mate­ri­ales de difí­cil acce­so hace cuarenta años y hoy a un click de dis­tan­cia, obje­tos grá­fi­cos y audio­vi­suales, etc. Creo que cuan­do Apple —sien­to men­cionar al san­to de mi devo­ción— anun­ció la creación de iTunes LP esta­ba pen­san­do en una fór­mu­la que a ellos les ha ido bas­tante bien, y que podría adap­tarse de la sigu­iente man­era al mun­do del libro dig­i­tal: es cier­to que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pul­u­lan­do por la red, pero hay una man­era de pre­sen­tar los con­tenidos y unos con­tenidos deter­mi­na­dos que solo pueden ser orga­ni­za­dos por el edi­tor que posee los dere­chos de más obras, es nece­sario crear obje­tos de arte que nadie quiera piratear, tan­to por la platafor­ma en la que se ven como por las ven­ta­jas inher­entes que con­ll­e­va su com­pra. Y creo que todo ello debería ser exci­tante por el reto que supone para el mer­ca­do edi­to­r­i­al. No ha habido un momen­to con may­ores posi­bil­i­dades cre­ati­vas para escritores, dis­eñadores y creadores de con­tenido des­de las pren­sas de William Mor­ris y las obras que pueden pro­ducirse lle­varían la expe­ri­en­cia de la lec­tura y del apren­diza­je a un nue­vo niv­el. Aquí la peri­cia del edi­tor en la selec­ción de los tex­tos para sus colec­ciones, y el tra­ba­jo que durante años la edi­to­r­i­al ha real­iza­do esco­gien­do con mimo sus títu­los se verá enorme­mente rec­om­pen­sa­dos. Espero que la platafor­ma que Apple prepara esté a la altura de dichas posi­bil­i­dades exper­i­men­tales y, de ser así, que no que­den estas en lo anecdóti­co.

La entra­da de Mi mesa cojea men­ciona­da al prin­ci­pio de este tex­to incide en un hecho dis­tin­to al que yo comen­to, al enfo­carse pri­mor­dial­mente a la lit­er­atu­ra de con­sumo. He tenido la posi­bil­i­dad de uti­lizar un Kin­dle y un Nook estos días y, sin­ce­ra­mente, no es la expe­ri­en­cia de lec­tura que bus­co, ni lo que espero para cam­biarme de papel a un dis­pos­i­ti­vo nue­vo. Además de las razones ante­ri­or­mente aduci­das, ten­go claro que no voy a uti­lizar un lec­tor de libros elec­tróni­cos donde su estéti­ca —y me refiero a cues­tiones tipográ­fi­cas, de caja y demás cosas que no tienen por qué pre­ocu­par a todo el mun­do— es como poco aber­rante. Pero la críti­ca de Jose A. Pérez es acer­ta­da, las edi­to­ri­ales deberían ten­er unos con­tenidos a la espera de soporte, y no al con­trario, si el soporte ade­lan­ta a los con­tenidos y las pre­ocu­pa­ciones por el libro como tal son mín­i­mas —uno no sabe qué tra­duc­ción, qué edi­ción y con qué garan­tías la está leyen­do— en un amplio espec­tro de lec­tores, las edi­to­ri­ales van a sufrir con sus títu­los tradi­cional­mente más renta­bles. Quizás sea el momen­to de un cam­bio en el par­a­dig­ma tradi­cional del mer­ca­do librario, que decía que los rédi­tos obtenidos de las obras más ven­di­das servían para pub­licar las obras real­mente impor­tantes y de cal­i­dad, quizás el paso al libro elec­tróni­co per­mi­ta que las edi­to­ri­ales ofrez­can a su públi­co, a pre­cios com­pet­i­tivos, obras raras y her­mosas y que sean estás las que per­mi­tan no su super­viven­cia, sino una nue­va edad dora­da. Por soñar, que no quede.

actu­al­ización: Al hilo del debate algunos blogs han pub­li­ca­do algu­nas entradas de tan­to interés lig­era­mente ante­ri­ores a esta o pos­te­ri­ores. Hago aquí una pequeña lista aprox­i­ma­ti­va de algu­nas de las que me han lla­ma­do más la aten­ción:

* “El miedo a la copia ile­gal deja pasar una opor­tu­nidad de nego­cio con los e-books en España”, en Madrid Pro­gre­sista. Comen­tar­ios en Menéame.
* “Su Bib­lia, seño­ra min­is­tra”, de Blogu­ion­istas. Con una intere­sante apre­ciación de un edi­tor sobre los dere­chos de autor y de explotación de las obras descat­a­lo­gadas.
* De nue­vo sobre los títu­los descat­a­lo­ga­dos, podéis ver esta entra­da de The Pub­lic Domain y los comen­tar­ios en castel­lano en menéame, que dan una bue­na idea de las pos­turas, opin­iones y acti­tudes más difun­di­das en torno al libro dig­i­tal.
* El anteproyec­to de ley de economía sostenibleaquí des­de la pági­na del min­is­te­rio— ofrece bas­tantes respues­tas, de las que muchas son clara­mente anti­con­sti­tu­cionales, a aque­l­los que se pre­ocu­pen por cual será el nue­vo panora­ma en la creación, dis­frute y difusión de copias dig­i­tales por la red. Tenéis artícu­los de opinión al respec­to, en un tono muy sim­i­lar, en Del dere­cho y las nor­mas, Enrique Dans, Merode­an­do, La aldea irre­ductible, Interi­uris, Ver­sus y Error 500.
* “El mun­do edi­to­r­i­al dis­cute cómo con­tro­lar la piratería en el ‘e-book’”, Pedro Val­lín, en La Van­guardia.

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[^1]:
No deja de sor­pren­derme leer algu­nas de las per­las de la entra­da de Econec­ta­dos —«Dime un libro y lo encuen­tro en Google gratis», «lo sien­to por los libreros, pero van a desa­pare­cer ráp­i­da­mente», «los libreros están ame­nazan­do a las edi­to­ri­ales con quitar sus libros de la vista si venden libros elec­tróni­cos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley españo­la que obliga a vender el libro a un pre­cio úni­co para pro­te­ger a las libr­erías pequeñas. Lo sien­to, pero aquí debe haber lib­er­tad; y aho­ra mis­mo en este ter­reno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísi­mas [sic.] libr­erías cer­rarán, lo sien­to por los libreros tradi­cionales pero así es la dig­i­tal­ización que hace más acce­si­ble todo. Podremos leer en segun­dos cualquier libro este­mos donde este­mos», etc.— que, como en el caso de la músi­ca, demues­tran un desconocimien­to abso­lu­to de lo que es un edi­tor, un pro­duc­tor musi­cal, un librero, por no ir ya direc­ta­mente a un tex­to cuida­do, una tra­duc­ción con garan­tías, etc. No seré yo quien defien­da mod­e­los de mer­ca­do caducos ni los abun­dantes abu­sos que hay en los pre­cios de la músi­ca y los libros, pero comien­za a ser exas­per­ante la total fal­ta de conocimien­to en los defen­sores del todograti­sa­ho­ray­porquesí de lo que con­ll­e­va dis­eñar una colec­ción de libros o de dis­cos y lo que hay detrás de pro­ducir­los con el cuida­do nece­sario.

[^2]:
Inclu­so por el número de pal­abra en el tex­to.

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  1. hola jorge,

    Si hubieses leí­do más entradas más allá del post en cuestión verás que para nada estoy a favor del todo gratis. Te recomien­do que leas unos cuan­tos artícu­los ante­ri­ores para ver que creo que hay que pagar por los libros y por las pelícu­las; pero el prob­le­ma es que no dan la opor­tu­nidad de hac­er­lo en el mun­do online.

    Puede que no conoz­ca tan a fon­do el mun­do edi­to­r­i­al como tú, pero sí se que los libreros se lle­van un mar­gen muy impor­tante del libro; tam­bién sé que la ley de los pre­cios mín­i­mos del libro debe ser casi úni­ca en el mun­do y eso es debido a las pre­siones de los libreros porque temen lo que va a venir; que haya com­pe­ten­cia de ver­dad. No tiene sen­ti­do un pre­cio mín­i­mo, tiene sen­ti­do un pre­cio de mer­ca­do que al prin­ci­pio sea may­or y luego se desin­fle.

    Veo que tam­poco has leí­do mis comen­tar­ios en mi artícu­lo a todas las per­sonas que escri­bieron. Si lo hubieras hecho verías que sí creo que los edi­tores y los libreros pueden traer novedades y pueden vivir inclu­so mejor que aho­ra; pero que deben cam­biar, y que la opción de enter­rar la cabeza que aquí no pasa nada si no subi­mos los ebooks a Inter­net no es vál­i­da.

    Espero que leas todo, y debata­mos de nue­vo si es acer­ta­da tu críti­ca o no.

    gra­cias

    javier

  2. ¡Hola, Jorge! Lo primero, me ale­gro de que la polémi­ca te haya ani­ma­do a volver a escribir en el blog, que lo tenías muy aban­don­a­do, ¿eh?

    Por supuesto que estoy de acuer­do en la may­oría de las cosas que comen­tas: la necesi­dad de edi­ciones de cal­i­dad, los prob­le­mas de las dig­i­tal­iza­ciones de Google, la necesi­dad de trasladar a lo dig­i­tal todo lo que hemos apren­di­do durante sig­los de edi­tar tex­tos…

    PERO, al con­trario de lo que tú comen­tas, como deseo final, me temo que este tipo de edi­ciones van a seguir sien­do una minoría, frente a los grandes best-sell­ers tipo Dan Brown y Zafón (que son los que están tiran­do del car­ro en el caso amer­i­cano, obvi­a­mente). De hecho, a los lec­tores medios me temo que aspec­tos como la ano­tación, la tipografía o la dis­posi­ción del tex­to se la traen bas­tante al pairo, lo que quieren es un tex­to plano leg­i­ble con el que poder pasarse unas horas delante del ebook.

    Y no te voy a engañar: yo como filól­o­go estoy dese­an­do ten­er a mi dis­posi­ción obras clási­cas bien edi­tadas y con la may­or cal­i­dad (de tex­to e ima­gen) posi­ble; pero como lec­tor, lo que estoy dese­an­do es ten­er el catál­o­go de Com­pactos Ana­gra­ma, de Edi­ciones Acan­ti­la­do o de Tus­quets en for­ma­to dig­i­tal, y a pre­cios más ase­quibles que en papel, para que me com­pense com­prarme un eread­er. Y en estos casos no nece­si­to ni una edi­ción espe­cial­mente cuida­da -quiero decir, del mis­mo niv­el que las equiv­a­lentes en papel- ni grandes alardes tec­nológi­cos: solo una platafor­ma de dis­tribu­ción (si no lo quieren hac­er las mis­mas edi­to­ri­ales, ten­drán que ser las libr­erías vir­tuales) donde poder acced­er a estos libros.

    Sin­ce­ra­mente, yo empecé el año bas­tante ani­ma­do, porque había oído que para mar­zo o abril de este año se anun­cia­ba la creación de los primeros catál­o­gos impor­tantes de libros elec­tróni­cos por parte de las grandes edi­to­ri­ales; pero des­de entonces, me da la impre­sión de que las edi­to­ri­ales están lan­zan­do glo­bos son­da para adver­tirnos de que no van a hac­er un esfuer­zo inmedi­a­to por hac­erse con el mer­ca­do del libro elec­tróni­co -quizás porque pien­san que, como en con­jun­to tienen el monop­o­lio del nego­cio edi­to­r­i­al en España, nadie se les puede ade­lan­tar- . Lo cual me parece bas­tante triste.
    Mira las respues­tas que dan en este artícu­lo a la pre­gun­ta “¿Despe­gará al fin el e-book?”: críti­cas al soporte -que en otros mer­ca­dos ya ha demostra­do que, con sus lim­ita­ciones y sus errores, es per­fec­ta­mente viable; negar la real­i­dad (“el ebook todavía no ha despe­ga­do”, lo cual es cier­to si se refiere a que no ha super­a­do al libro impre­so, pero no si se refiere a que se ha hecho un hue­co en el mer­ca­do del libro) y direc­ta­mente salirse por la tan­gente, recla­man­do unas obras mul­ti­me­dia que, sin­ce­ra­mente, no creo que sea lo que recla­ma el públi­co lec­tor (que parece quer­er que el eread­er sea al mis­mo tiem­po una tele­visión).

    En fin, que me da pena que España, que es un país con un mús­cu­lo edi­to­r­i­al impor­tante, no haya sabido incor­po­rarse (no aho­ra, sino hace ya uno o dos años) al futuro del libro.

  3. Bueno, hay muchas cosas que comen­tar. Sobre las edi­to­ri­ales, se pro­ducen autén­ti­cos tim­os con los autores y con los tra­duc­tores. Prác­ti­ca­mente no ven nada de lo que cobran estas. Inclu­so venden los dere­chos para pub­licar en otros país­es y de eso el autor no cobra prác­ti­ca­mente nada.

    Sobre el libro elec­tróni­co, le que­da mucho camino por recor­rer. Todavía son en escala de gris­es, lentos, incó­mo­d­os, sin notas y no tác­tiles (sal­vo en los mod­e­los más caros). Ya irán sacan­do mod­e­los mejores porque hay mucha deman­da. Las edi­to­ri­ales ten­drán que recon­ver­tirse y me parece que va a pasar exac­ta­mente lo mis­mo que con las discográ­fi­cas. Solo ten­drán futuro las edi­ciones de lujo, algo que será una ven­ta­ja con respec­to a la músi­ca. Al fin y al cabo, la gente sigue rega­lan­do libros.

    Sobre el rol­lo académi­co, en mi caso, nece­si­taría un lec­tor ade­cua­do para artícu­los en for­ma­to A4 y a doble colum­na y que per­mi­tiese hac­er ano­ta­ciones, algo que no he encon­tra­do a un pre­cio ase­quible. Al menos en cien­cias, ya des­de medi­a­dos de los 90 todo el mun­do emplea los pdfs y solo nos fal­ta ten­er un lec­tor bueno para dejar de gas­tar papel a lo imbé­cil al imprim­ir artícu­lo de los cuales solo suele intere­sar un par de cosas.

  4. @Javier: Nun­ca encon­trarás en este sitio ningún ataque per­son­al, y si así has leí­do mis pal­abras entonces fal­ta mía: nada más lejos de mi inten­ción que afir­mar nada sobre tu carác­ter, queren­cias u opinión acer­ca de la dis­tribu­ción legal o ale­gal de tex­tos en red. Crit­i­ca­ba sen­cil­la­mente el tono de los comen­tar­ios cita­dos, donde me parece —y lo sigue hacien­do— que eres muy injus­to con colec­tivos como los edi­tores o los libreros. Una cosa es criticar los movimien­tos de los edi­tores y su gestión en el desar­rol­lo de una platafor­ma dig­i­tal y otra bien dis­tin­ta pro­pon­er que es un avance que los libros de las edi­to­ri­ales aparez­can en for­ma­to dig­i­tal en la red por ter­ceros, que me parece que es la afir­ma­ción de J. A. Pérez y la tuya.

    Uno no puede decir que estaría dis­puesto a pagar por libros elec­tróni­cos, pero como las edi­to­ri­ales no se ani­man, pues recurre a repro­duc­ciones real­izadas por ter­ceros de los tex­tos. El argu­men­to es falaz, porque una empre­sa —a menos que sea públi­ca, y con una gen­erosa lista de per­os— no es un organ­is­mo democráti­co en el que sus clientes opinan sobre la gestión de la mis­ma: es una enti­dad pri­va­da con áni­mo de lucro que ges­tiona sus recur­sos como le da la real gana, y si no se adap­ta a los tiem­pos pere­cerá; pero yo no voy a defend­er que el golpe de gra­cia le ven­ga dado por que se saque­en sus títu­los.

    Todas las edi­to­ri­ales euro­peas, sal­vo hon­rosas excep­ciones, están sien­do muy cau­tas en el paso al libro elec­tróni­co. Sucede en Ale­ma­nia, en Fran­cia, en el Reino Unido y, quizás en may­or gra­do, en Italia y España. El resul­ta­do de las hon­rosas excep­ciones que han dado el paso —pien­so aho­ra en edi­to­ri­ales académi­cas como Oxford, Cam­bridge, Brill, etc.— ha sido el sigu­iente: todas sus colec­ciones dig­i­tales han sido sis­temáti­ca­mente pirateadas, de arri­ba a aba­jo, y sin piedad. Es por ello que entien­do la cautela de los edi­tores y me parece que la críti­ca de cua­tro usuar­ios que ya están descar­gan­do títu­los no dis­tribui­dos por las edi­to­ri­ales son a lo últi­mo a lo que ten­drían que aten­der. Por cier­to, que como bien te han dicho en los comen­tar­ios a tu entra­da, hay var­ios proyec­tos de edi­to­ri­ales potentes para este año de empezar a abrir camino al libro elec­tróni­co.

    Hace tiem­po escribí en este sitio una entra­da hablan­do sobre la com­pra de libros elec­tróni­cos por vía legal y si la encuen­tras verás que defendía el esca­neo de la copia com­pra­da en papel como una opción mucho mejor que un ebook que el DRM hacía imposi­ble de usar. Está claro que las edi­to­ri­ales tienen que encon­trar una vía para pro­te­ger sus obras, como está claro que algo tiene que cam­biar en la man­era de pen­sar de muchos usuar­ios de Inter­net que no con­sid­er­an que ten­gan que ser clientes por el sim­ple hecho de que la empre­sa no ofrece lo que quieren de la man­era en que lo quieren y, sobre todo, cuan­do lo quieren; máxime cuan­do esos mis­mos usuar­ios con­sid­er­an un dere­cho el dis­frute por otras vías —llamé­moslas alter­na­ti­vas— de los pro­duc­tos de esa empre­sa. El pro­ce­so des­de que el escritor tiene la idea has­ta que el libro está en la libr­ería es largo y tedioso, y entran en él muchas más per­sonas de las que en prin­ci­pio pudiera pare­cer. Así que me parece de risa cuan­do leo que esto será el auge de autores inde­pen­di­entes y demás, cuan­do sé que perder a scouts, edi­tores, cor­rec­tores de esti­lo, lec­tores de prue­bas, dis­eñadores, maque­ta­dores, impre­sores y, sí, libreros, con­ll­e­varía una caí­da ter­ri­ble en la cal­i­dad de los tex­tos que leemos: solo tienes que echar un vis­ta­zo a los per­iódi­cos españoles de hace diez años y los de aho­ra para darte cuen­ta de qué ha supuesto la elim­i­nación de edi­tores y cor­rec­tores de las plan­til­las, y lo que nos que­da todavía.

    De la mis­ma man­era, las colec­ciones de una edi­to­r­i­al son lo que definen a la edi­to­r­i­al mis­ma y lo que le da un sen­ti­do a la pro­duc­ción de títu­los. Si me pre­gun­tas, yo estaría encan­ta­do de ten­er a mi dis­posi­ción el catál­o­go com­ple­to de Fon­do de Cul­tura Económi­ca, de Críti­ca, de Ariel, de Tau­rus, de Alian­za, de Ana­gra­ma, de Quaderns Cre­ma y del Acan­ti­la­do, por pon­er var­ios ejem­p­los. Y mi encan­to no se derivaría úni­ca­mente de la cal­i­dad de los tex­tos —sobra­da—, sino de que esos tex­tos han sido selec­ciona­dos, tra­duci­dos o encar­ga­dos por edi­tores que sabían lo que esta­ban hacien­do, y que tenían una gra­do de exi­gen­cia sufi­ciente para que yo supiera que ese libro que esta­ba com­pran­do había sido mima­do y había segui­do una serie de pasos antes de estar en la calle. Pen­sar que cualquiera puede hac­er un libro, o pen­sar que los libros como los cono­ce­mos los hace un tipo solo, rodea­do de velas y calav­eras en una cue­va, es ser ter­ri­ble­mente ingen­uo, en el mejor de los casos, o un dem­a­gogo de tomo y lomo.

    Por supuesto que hay políti­cas edi­to­ri­ales con las que no comul­go ni comul­garé. Libros que están suma­mente sobreval­o­rados y que ron­dan el pre­cio de los 200 euros por vol­u­men, que son nece­sar­ios para mi tra­ba­jo o que me gus­ta ten­er para mi dis­frute. Pero entien­do tres cosas: la primera es que son tiradas muy cor­tas, la segun­da que del mon­tante total de copias un 90% serán adquiri­das por bib­liote­cas y, el ter­cero, que es una empre­sa dirigi­da por gente, con emplea­d­os a los que les gus­ta com­er y ten­er una casa, la que se arries­ga a pub­licar cosas que quizás nadie más está dis­puesto a lle­var ade­lante. Y sí, muchas de esas obras no se pub­li­carían de ningu­na for­ma si esa edi­to­r­i­al no estu­viera detrás; aquí que cada uno se engañe como quiera.

    Lo que dices de los libreros, que temen lo que se viene por delante; pues evi­den­te­mente, esta­mos hablan­do de los tra­ba­jos y del medio de vida de mucha gente. Que pre­sio­n­an, per­fec­to: pueden y deben hac­er­lo. Un buen librero para mí vale mucho, y quien no haya tenido la for­tu­na de cruzarse con uno, pen­sará que son dis­pen­sadores de libros y que su tarea es como la de Ama­zon o Abe­books, o como la de los depen­di­entes de la fnac, pero no es así. Y sin­ce­ra­mente, que nadie vaya a ten­er la suerte que yo tuve de pasarme media ado­les­cen­cia en dos libr­erías con buenos libreros hoje­an­do, leyen­do, hablan­do y dis­cutien­do me parece una autén­ti­ca des­gra­cia. Lam­en­ta­ble­mente, aquí no puedo aludir a la ley de mer­ca­do, es algo un poco más com­ple­jo que todo eso, algo que me da la impre­sión de que solo quien ama los libros —no el best­seller del mes o el nue­vo cachar­ro del año— puede com­pren­der.

    He leí­do con aten­ción los comen­tar­ios a tu entra­da, y qué quieres que te diga, me parece que ced­er a las pre­siones de los har­ry­pot­te­ri­anos y los dan­brow­n­i­anos, que no tienen ni pajol­era idea de cómo fun­ciona el mun­do del libro y que no entien­den que es un eco­sis­tema muy frágil me parece soci­ológi­ca­mente intere­sante, pero no va a los prob­le­mas de fon­do. Sobre todo cuan­do se arro­gan el papel de un colec­ti­vo que tiene la capaci­dad de pre­sion­ar pero no acep­tan que los colec­tivos —que son además quienes pro­ducen y dis­tribuyen lo que quieren con­sumir— que te he men­ciona­do antes lo hagan. Como diría el otro: “que lean”, y si hay suerte y leen más, den­tro de 20 años se pre­gun­tarán cómo es que no hay un títu­lo sobre esto o sobre lo otro, qué pasó con colec­ciones que antes sí había, qué fue de líneas edi­to­ri­ales como estas o aque­l­las, cómo es posi­ble que el tex­to esté mal escrito, peor equi­li­bra­do, que ten­ga repeti­ciones donde no debería haber­las, y un larguísi­mo etcétera. Al final, que nadie se con­fun­da, siem­pre perderá el lec­tor, no el librero o el edi­tor.

    Una cosa es cier­ta, el esque­ma está sien­do el mis­mo que en el caso de las discográ­fi­cas, aquí todo el mun­do nos sal­ió empre­sario de fin de sem­ana y cada cual es capaz de hac­er sus cuen­tas y que le cua­dren, como mi tocayo en uno de tus comen­tar­ios. Por cier­to, que este año se hayan ven­di­do más ebooks que libros en papel en Ama­zon solo indi­ca una cosa: que la gente está en una espi­ral de con­sum­is­mo tan mar­ca­da como para inver­tir en un archi­vo de tex­to cuyo for­ma­to no se sabe cuán­to dudara, en un sis­tema pro­te­gi­do por DRM, que además con­tro­la cada una de las lec­turas que uno hace y donde la empre­sa sub­sidiaria del pro­duc­to es capaz de bor­rar del Kin­dle lo que le dé la real gana. Sin duda, los idio­tas son más sus­cep­ti­bles de com­prar por com­prar, sin plantearse estas “menuden­cias” y creer dar , además, pre­tendi­das lec­ciones que en el fon­do no dicen abso­lu­ta­mente nada.

    Las acti­tudes pueriles que van de la exi­gen­cia a la ame­naza solo empe­o­ran las cosas. Si las edi­to­ri­ales se lo están toman­do con cal­ma, entonces es el momen­to de que la gente diga qué quiere, es decir, que plantee cómo quiere los tex­tos, qué le gus­taría ver en ellos, cómo debería ser un títu­lo que ya tienen en papel para adquirir­lo de nue­vo, etc. Y yo echo mucho de menos esos debates pro­duc­tivos que hubiera habido no hace tan­to tiem­po, antes de que la gente se volviera loca por el cachar­ro y se hubiera cega­do con un sín­drome de Dió­genes dig­i­tal. Ese tipo de ideas con­struc­ti­vas sí pueden ser útiles al edi­tor, y parece, por la entra­da de Mi mesa cojea, tienen un oído —o un ojo— puesto en Inter­net. Creo que la pre­gun­ta sería: ¿cómo evi­to que mi libro sea piratea­do sin molestar a mis clientes con un DRM? Y la úni­ca respues­ta que he leí­do en tu blog ha sido un “ah, es inevitable, Inter­net es impa­ra­ble”. Como com­pren­derás, para un empre­sario del que depen­den famil­ias enteras esa no es una respues­ta con­vin­cente.

    @Santi: ¡Me ale­gro de que te ale­gre! No ha sido tan­to la polémi­ca como un poco, muy poco, más de tiem­po libre. Por supuesto que las edi­ciones fuertes van a seguir sien­do los grandes best­sellers, pero tam­bién las más pirateadas. Es en el ámbito de la lit­er­atu­ra espe­cial­iza­da el que, en prin­ci­pio, será menos pro­clive a esos prob­le­mas. Por eso decía que es una muy bue­na opor­tu­nidad para revi­talizar títu­los que, como sabes, tienen un mer­ca­do poten­cial impor­tante.

    Lo que comen­tas de que quieres tex­to plano sin alardes, eso es evi­dente, pero tam­bién las edi­to­ri­ales saben que es lo más fácil de copi­ar. Me parece que una bue­na opción sería con­sid­er­ar las obras como apli­ca­ciones infor­máti­cas, es decir, con una impor­tante can­ti­dad de fac­tores que las vin­culen a los dis­pos­i­tivos —por tan­to, que no puedan leerse en el orde­nador y que requier­an com­prar el chisme—, que ofrez­can una expe­ri­en­cia de lec­tura rad­i­cal­mente nue­va —suma­da a una austera de tin­ta elec­tróni­ca para una sim­ple lec­tura— y que se actu­al­i­cen con cor­rec­ciones, nuevos vín­cu­los a otros tex­tos, amplia­ciones, etc. Si el con­tenido es de cal­i­dad, entonces creo que habría una bue­na opción de hac­er cosas muy intere­santes que antes, por la lim­itación del papel, eran impens­ables.

    Sobre lo de España, como le decía a Javier, es un prob­le­ma del mer­ca­do europeo en gen­er­al, y creo que no está del todo mal no quer­er ced­er a Ama­zon como gran dis­tribuidor y crear uno pro­pio en el que pue­da usarse el Kin­dle. Lo otro es hac­er que el mer­ca­do edi­to­r­i­al y las empre­sas norteam­er­i­canas —Google Books está ahí tam­bién— se que­den con el pas­tel de la dis­tribu­ción de libros elec­tróni­cos y la ven­ta de lec­tores.

    @Eulez: A pesar de lo dicho en la entra­da y en esta respues­ta, yo no voy a defend­er que las edi­to­ri­ales son her­manas de la cari­dad lid­er­adas por san­tos hom­bres úni­ca­mente pre­ocu­pa­dos por la trans­misión de conocimien­to y que no exploten y puteen has­ta la médu­la a tra­duc­tores y cor­rec­tores. Quizás una de las cosas bue­nas del mer­ca­do del libro elec­tróni­co es que estos gru­pos puedan ofre­cer sus ser­vi­cios a través de empre­sas tan­to a edi­to­ri­ales como a autores inde­pen­di­entes.

    A mí me pasa como a ti. Para el tra­ba­jo los lec­tores de ebooks todavía tienen un soft­ware muy defi­ciente y tal y como está el panora­ma yo no nece­si­to un lec­tor de .epubs, quiero un lec­tor de pdfs que me per­mi­ta tra­ba­jar como lo hago con papel, y que le aña­da algu­na que otra ven­ta­ja. Me gus­taría A4, me intere­saría espe­cial­mente que mi pro­gra­ma de gestión bib­li­ográ­fi­ca fun­cionara en él —por eso esper­aré por Apple, y porque me con­ven­za lo que haya hecho—, que pudiera ano­tar y mar­car una ver­sión y que guardara el orig­i­nal limpio tam­bién, y que me per­mi­tiera suscribirme a las vein­ti­tan­tas pub­li­ca­ciones que ten­go leer. Ahí ya ten­drían a un cliente feliz.


    Gra­cias a todos por pasar y comen­tar, y per­don­ad que haya sido tan pro­li­jo.

  5. Feli­ci­dades, primero a Jorge por empezar un debate tan vari­a­do y estim­u­lante con su primera entra­da, sen­sa­ta y equi­li­bra­da, des­de una posi­ción mati­za­da y lejos de maniqueís­mos, ni en un sen­ti­do ni en el otro. Luego, en segun­do lugar agrade­cer tam­bién las aporta­ciones de los demás usuar­ios, que han deja­do cier­tos artícu­los de la pren­sa dig­i­tal que han apare­ci­do sobre este tema a la altura del vac­uo betún.

    Por mi parte, añadir que espero fer­vien­te­mente que el próx­i­mo 26 de enero Apple no sólo lance su mod­e­lo de lec­tor elec­tróni­co, sino tam­bién su mod­e­lo de nego­cio, como hizo con iTunes, porque sino la cade­na de val­or del libro (y me refiero a los cor­rec­tores, edi­tores de mesa, tra­duc­tores, autores y demás elab­o­radores silen­ciosos del libro) se irá al garete, y no hablo de ricos y cre­sos edi­tores ni de escritores de a cien mil ejem­plares. En mi mod­es­ta opinión, el prob­le­ma del libro elec­tróni­co vs. el libro de papel es la piratería dig­i­tal, no el pro­gre­so ni la ver­sa­til­i­dad de uno u otro soporte.

  6. Gra­cias, Clau­dia, aunque no entien­do muy bien qué quieres decir con eso de la primera entra­da (imag­i­no que será en mucho tiem­po).

    Yo tam­bién estoy a la espera de que Apple lance algo impor­tante. Cuan­do lo haga con un nue­vo for­ma­to para tex­tos elec­tróni­cos será el momen­to en que habrá que empezar a plantearse un cam­bio serio en la man­era de escribir, pub­licar y com­pon­er los tex­tos, y espero que sea algo abier­to y ase­quible para cualquier intere­sa­do en el libro como obje­to y como con­cep­to. Ver­e­mos…

  7. Hola Jorge. Releyen­do mi men­saje, com­prue­bo que no está for­mu­la­do con clar­i­dad: me refer­ía a que me gustó mucho la entra­da (post) orig­i­nal que ha moti­va­do el sub­sigu­iente inter­cam­bio de men­sajes y aporta­ciones.

    Y si, todos esperan­do a ver qué nos pro­pone Apple…

  8. Muy buen artícu­lo. Habrá que ver como evolu­cionó la ten­den­cia de los lec­tores de libros elec­tróni­cos tan­to en España como en Améri­ca Lati­na. Es clara­mente vis­i­ble que en los últi­mos tres años los autores inde­pen­di­entes lograron un espa­cio que antes no tenían y eso ya de por si es bueno!.

    Salu­dos des­de Argenti­na.
    Nicolás

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