Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

Blogs, universidad, humanidades y redes sociales

Parta­mos del tópi­co: Inter­net con­tiene cada vez más infor­ma­ción. Infini­ta­mente más, de hecho, de lo que cualquiera hubiera podi­do sospechar cuan­do todo esto empezó. Se nos comenta­ba por entonces que Inter­net cam­biaría el mun­do, aunque no se sabía muy bien cómo. Para quienes estu­vi­mos por aquí des­de el prin­ci­pio —aho­ra resul­ta que ya no somos “nativos dig­i­tales”, algo que pre­fiero no ser, si supone una lam­en­ta­ble pér­di­da de per­spec­ti­va históri­ca—, Labyrinth era uno de esos sitios que demostra­ban que Inter­net sería una her­ramien­ta impre­scindible. Despier­ta una son­risa ver aho­ra por dónde ha ido la red des­de 1994 y darse cuen­ta de que la ampliación de sus con­tenidos no hubiera tenido sen­ti­do sin el “giro social” que aho­ra la sus­ten­ta.

La mis­ión de los blogs y de las redes sociales es tan com­ple­ja y polié­dri­ca como uno quiera. Algunos las usan para suplir la soledad real con la socia­bil­i­dad vir­tu­al, otros para dar a cono­cer sus proyec­tos, otros para ten­er un espa­cio vis­i­ble en la red y así has­ta el infini­to. Pero hay algo en común a todos ellos: por ínfi­mos que sean, siem­pre debe haber con­tenidos.

A raíz de mi entra­da ded­i­ca­da a la Filología His­páni­ca, he dis­cu­ti­do con algunos cole­gas la razón de ten­er un blog; una dis­cusión para­lela, por cier­to, a otra con­ver­sación en mar­cha en el blog de un buen ami­go: Jon Beasley Mur­ray. Muchos com­pañeros insis­ten en que es una pér­di­da de tiem­po, dicen: «el tiem­po que inviertes en tu blog, es tiem­po que le restas a inves­ti­gar o a escribir pub­li­ca­ciones académi­cas». Y no les fal­ta razón, claro. Escribir un blog es un con­sumo de tiem­po y de energía con­sid­er­able, por mal que uno lo haga. Hay, sin embar­go, al menos una bue­na razón para tomarse la moles­tia: la creación de vín­cu­los entre con­tenidos que de otra man­era estarían per­di­dos en un caos informe. En este sen­ti­do, la escrit­u­ra puede con­ver­tirse en una mez­cla de eru­di­ción, archivís­ti­ca, his­to­ria y divul­gación muy atrac­ti­va.

Mapa de Internet - 15 de enero de 2006Les comenta­ba a estos cole­gas y ami­gos, que todos los libros que cono­cen, todas las rela­ciones que alber­ga su ilus­tre cabeza dejarán de exi­s­tir si no saben vert­er­las en Inter­net. Los libros que muchos amamos, los libros de mae­stros como Tof­fanin, Huizin­ga, Cur­tius, Yates, Garin, Kris­teller, Momigliano, Bak­tin y un inabar­ca­ble etcétera, son archivos de tex­to huér­fanos. Son tex­tos muer­tos. Nadie, o casi nadie, los ha eti­que­ta­do; nadie, sal­vo otros tex­tos que nacen tam­bién muer­tos, habla de ellos. Los nativos dig­i­tales no saben que exis­ten. Los his­to­ri­adores en gen­er­al, y los his­to­ri­adores de la cul­tura en par­tic­u­lar, deberían “perder más el tiem­po” reen­lazan­do esos con­tenidos den­tro de Inter­net, que algún día con­for­mará nues­tra his­to­ria y será nue­stro lega­do. Deses­ti­mar esta tarea es igno­rar la razón últi­ma de la pro­fe­sión. No están eti­que­tan­do y resum­ien­do el con­tenido en twine, deli­cious o mag­no­lia (q. e. p. d.); no están expli­can­do su impor­tan­cia y sus nex­os de conex­ión con otros con­tenidos en entradas de blogs, en la Wikipedia, en Free­base o en Knol; no están pre­sen­tán­do­los —a ami­gos y famil­ia, por ejem­p­lo— en sitios como face­book, tuen­ti, frien­feed; no están tro­ceán­do­los en twit­ter o dejan­do que los des­menuzen en menéame; etc. No bas­ta con subir con­tenidos a Inter­net. Hay tan­ta infor­ma­ción, en real­i­dad, que hac­er­lo sólo es el primer jalón del pro­ce­so, por más que la obsti­nación quiera con­fundir­lo con el pro­ce­so mis­mo.

Es posi­ble que de aquí en diez años, sal­vo los blogs —a pesar de su con­tin­uo esta­do ter­mi­nal— ninguno de esos nom­bres suene de nada. Alguien escribirá una entra­da igual que esta, y hablará de face­book o de twit­ter como yo acabo de hablar de Labyrinth. Ponién­donos bor­gianos, quizás sea yo mis­mo en este sitio o en otro com­ple­ta­mente dis­tin­to.

Se men­cionó tam­bién durante la con­ver­sación la cal­i­dad de los blogs: «no es una escrit­u­ra seria», coin­cidían. Estu­pid­ez, fal­ta de sen­ti­do del humor y de humil­dad, miedo al ries­go y a la exper­i­mentación es algo que por des­gra­cia sobra en el mun­do de la his­to­ria académi­ca. Mien­tras nosotros, que ten­emos años de for­ma­ción a nues­tras espal­das que han paga­do con sus impuestos los padres y abue­los de los nativos dig­i­tales, sig­amos pro­te­gién­donos tras las insti­tu­ciones y sus estrate­gias, mien­tras sig­amos de algu­na man­era ocul­tan­do —y no es fuerte el tér­mi­no— nues­tras inqui­etudes, intere­ses y gus­tos al mun­do, mere­cer­e­mos el ostracis­mo al que la sociedad nos con­de­na. Aho­ra mis­mo Inter­net es un mun­do sin explo­rar para la pro­fe­sión y no por fal­ta de mate­ri­ales. ¿Hay que men­cionar Euro­peana, Inter­net Archive, la Bib­liote­ca Nacional de Fran­cia o la British Library? Hace cin­cuen­ta años nue­stros mae­stros iban en pro­ce­sión a estos sitios a apren­der para después com­par­tir­lo con alum­nos y cole­gas. La pre­gun­ta jus­ta sería: ¿si estas insti­tu­ciones están aquí, dónde esta­mos nosotros exac­ta­mente?

En el mun­do de la inco­heren­cia más abso­lu­ta, la acad­e­mia se ded­i­ca aho­ra a recor­rer estos sitios des­de su ter­mi­nal para vol­car su con­tenido de nue­vo a papel. Tan­to se ha instau­ra­do la prédi­ca de que las humanidades sir­ven para for­mar la con­cien­cia críti­ca, que la con­cien­cia críti­ca —y el sen­ti­do común— parece haberse queda­do atrofi­a­da. Tam­bién se alzan voces en con­tra de la Uni­ver­si­dad como insti­tu­ción, pero nadie parece recor­dar ya la Uni­ver­si­dad como idea. ¿Por qué es minori­taria la pub­li­cación abier­ta de inves­ti­ga­ciones en Inter­net? ¿No se tra­ta de que la may­or parte de la gente acce­da a los con­tenidos? ¿No se tra­ta de hac­er que la cul­tura llegue al may­or número de per­sonas? ¿No se tra­ta de ayu­dar a enten­der y, en el diál­o­go, que nos ayu­den a enten­der mejor? Hace mucho tiem­po, y lo digo con tono amar­go, que este espíritu per­vive en los menos, y que­da en los más pros­ti­tu­i­do al ser­vi­cio de otro tipo de intere­ses bas­tante más mezquinos.

Hubo un tiem­po en que todo tex­to escrito era un acto de amor, no solo a la sabiduría, sino tam­bién al otro; cualquier escritor conoce mejor que nadie la ambiva­len­cia entre dis­frute, dolor y frus­tración que puede escon­der­se tras cada golpe de tecla. Una eti­mología muy sim­ple: ama­teur. Fue gra­cioso hablan­do con estos cole­gas que men­cionaran ama­teur, que no es lo mis­mo que afi­ciona­do, con cier­to des­pre­cio. Expon­erse y quer­er dar sal­i­da a tus inqui­etudes parece que despro­fe­sion­al­iza, cuan­do debiera alabarse. En la sociedad com­pet­i­ti­va y estúp­i­da en que vivi­mos ser divul­ga­ti­vo se con­funde —en no pocas oca­siones a mala fe— con saber menos, cuan­do lo que con­ll­e­va es saber más: comu­nicar, entre otras cosas. No tiene sen­ti­do dar a un lec­tor cuarenta ref­er­en­cias bib­li­ográ­fi­cas en cada entra­da. La escrit­u­ra debe man­ten­er un equi­lib­rio entre la infor­ma­ción que tienes y que merece la pena, y tus neu­ro­sis y trau­mas; si se pierde este pun­to de arranque uno ya no comu­ni­ca, diva­ga.

Manuel M. Almei­da tiene una frase en el encabeza­do de su blog, que reza “… al prin­ci­pio era el post”; me gus­taría que mis cole­gas vier­an Inter­net y la blo­gos­fera como el prin­ci­pio de algo. Releía hoy un libro clási­co (1 y 2) de Remi­gio Sab­ba­di­ni —Le scop­erte dei cod­i­ci lati­ni e gre­ci ne’ sec­oli 14 e 15— ded­i­ca­do a los motivos que impi­dieron a Europa olvi­dar su lega­do clási­co. Coluc­cio Salu­tati, Leonar­do Bruni, Pog­gio Brac­ci­oli­ni y tan­tos otros —nom­bres, me temo, oscuros sal­vo para el espe­cial­ista— recor­rieron las bib­liote­cas monás­ti­cas del con­ti­nente que habían per­maneci­do calladas durante sig­los, un silen­cio recrea­do magis­tral­mente por Umber­to Eco. Sin saber­lo, esta­ban preparan­do mate­ri­ales que ali­men­ta­rían a un nue­vo inven­to, la imprenta, que cam­biaría de modo rad­i­cal el acce­so a la infor­ma­ción en toda Europa. Quince años después de Labyrinth se nos comien­za a hac­er tarde. Y me ape­na que tal can­ti­dad de gente mucho más vál­i­da y capaz que yo no quiera ver la mar­avil­losa época que ten­emos por delante.

Quizás, solo quizás, “galopar” hoy por las regiones de Inter­net a la búsque­da de estos tesoros, y expli­car­le a quien ten­ga ganas de saber qué encier­ran, sea nues­tra mis­ión más impor­tante.

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  1. espiaruso

    más razón que un san­to.
    has­ta enterrar(nos) en el mar.

  2. Hom­bre, Hugo, hacía años que no sabía de ti. Tam­poco quiero que esto se lea como un ataque sal­va­je a mis cole­gas, amo mi (nues­tra) pro­fe­sión y por eso me duele ver que las cosas no se están hacien­do todo lo bien que se debiera para que per­vi­va… En fin, qué te voy a con­tar, ya hace mucho tiem­po que nos tomamos algún que otro café hablan­do del tema. A ver si me man­das un email y me cuen­tas qué tal todo. Un abra­zo.

  3. Jon

    Además de todo lo que dices, añadiría el uso de los blogs para la pro­duc­ción de nuevas ideas en for­ma com­par­ti­da. Un estu­dio de caso de tal pro­ce­so podría ser las dis­cu­siones en torno al así llam­do “real­is­mo espec­u­la­ti­vo.” Y vease este comen­tario por parte de uno de los pro­tag­o­nistas de este debate:

    ‘Con­ti­nen­tal phi­los­o­phy,’ I’m afraid, is in a fair­ly deca­dent state at the moment, though I know some will be annoyed to hear me say it. The offi­cial doc­tor­al pro­grams are most­ly out of date. To get up to speed with what’s real­ly hap­pen­ing, you’ll have to get it from blogs and from house par­ties.”

    Exagera un poco, pero hay algo allí.

  4. Tiene su parte de razón, pero yo tam­poco miti­fi­caría Lon­dres, ni en gen­er­al, Europa.

    Hay un ‘tic’ que me parece espe­cial­mente molesto en este tipo de dis­cur­sos: esa especie de mitología par­tic­u­lar que ten­emos por los lugares donde supues­ta­mente pasan las cosas, donde se crea lo orig­i­nal y lo nue­vo, donde se mar­ca la ten­den­cia y se fija la moda. Para mí siem­pre ha sido una mues­tra de debil­i­dad men­tal y, sobre todo, un sín­toma de la mer­can­tilización más bur­da y super­fi­cial de la pro­fe­sión.

    El otro argu­men­to, que me parece que se con­tradice con lo ante­ri­or, sí me intere­sa. Si algo nos ofrece Inter­net es descen­tral­ización —— por más que las uni­ver­si­dades y cen­tros de inves­ti­gación quier­an rein­ven­tar la rue­da y, com­pren­si­ble­mente, cen­tralizar su activi­dad en Inter­net. La red gen­era un val­or aña­di­do en la con­ver­sación y una dinámi­ca que no existía en el mun­do académi­co, y me parece muy salud­able. Yo leo una entra­da tuya, escri­bo otra, la comen­ta­mos, me llevas a otra más y todo se hace de una man­era públi­ca y trans­par­ente. Ganan los lec­tores, ganamos tú, yo y el tipo del blog al que me remites.

    Siem­pre me ha intere­sa­do que todo el pro­ce­so de gen­eración de colab­o­ra­ciones, ideas e inves­ti­gación sea lo más públi­co posi­ble. La cuestión sería plantearse si esto seguiría sien­do factible si los blogs académi­cos dejaran de ser un fenó­meno minori­tario —si mul­ti­pli­camos el pro­ce­so por cuarenta o cin­cuen­ta blogs con sus entradas diarias, por ejem­p­lo—; a mí me parece que sí, que existe una dinámi­ca social que reg­u­la la rel­e­van­cia de unos sobre otros, una dinámi­ca cuya sin­ceri­dad es bru­tal a todos los efec­tos, y que nos lib­era en algu­na medi­da a los “pro­fe­sion­ales” de ser juez y parte.

    He vis­to hoy en tu blog que ya has tenido 100.000 vis­i­tas, que es una cifra extra­or­di­nar­ia. Lo que el número dice es que hay un interés legí­ti­mo por lo que cuen­tas; no solo te vis­i­tan cole­gas y alum­nos, hay algo más. A eso me refer­ía cuan­do decía que los blogs expo­nen de una man­era mucho más direc­ta quién eres y cuál es el interés real —no condi­ciona­do ni lim­i­ta­do a la insti­tu­ción o al cam­po— de tu activi­dad. Y a muchos cole­gas no les intere­sa eso, algo que aunque no com­par­ta, por des­gra­cia, entien­do demasi­a­do bien.

    En fin, Jon, paro ya. Espero que sig­amos leyén­donos y con­ver­san­do como has­ta aho­ra. Te agradez­co mucho la visi­ta, el enlace y el comen­tario. Un abra­zo.

  5. Un int­elec­tu­al que pierde toda conex­ión con la real­i­dad es inútil a la sociedad. Si dedicaramos todo el tiem­po a inves­ti­gar para saber cada vez más sobre un tema cada vez más espe­cial­iza­do, ter­mi­naríamos sabién­do­lo todo sobre prác­ti­ca­mente nada. Si nue­stro públi­co se limi­ta a nue­stros cole­gas, cor­re­mos ries­go de perder toda rel­e­van­cia. Creo que lejos de restar­le a tu tra­ba­jo académi­co, escribir un blog con­tribuirá a enrique­cer­lo. Pero eso ya lo sabés. Nosotros, tus lec­tores, estare­mos agrade­ci­dos si con­tin­uas con tu blog.

  6. DAVID ALEJADRO

    Muy respetable la opin­ion que teng­amos, por ahi dicen que no podemos dar lo que no ten­emos, pero mas sin embar­go he apren­di­do que cada viven­cia diaria depende de nosotros, es decir la aut­o­crit­i­ca y el conocimien­to de uno mis­mo, el vaso medio vacío o medio lleno, y siem­pre pre­fiero ver­lo medio lleno puesto que aho­ra agradez­co que des­de mi per­sona puedo con­t­a­m­i­nar de una for­ma pos­i­ti­va a los demás, a veces es fácil señalar cuan­do des­de nues­tra casa empieza la sociedad y es ahi en donde puedo influir, recal­co que primero, en la sociedad y mas en lo espir­i­tu­al.

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