Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

La filología hispánica a la palestra

Los estu­dios sobre la lit­er­atu­ra his­páni­ca han pre­sen­ta­do tradi­cional­mente difer­en­cias tác­i­tas entre aque­l­los que se ocu­pan del Renacimien­to y quienes se ded­i­can a lo mod­er­no y con­tem­porá­neo. Sue­len ser los primeros muy dados a mane­jarse en sus clases con un cen­so más o menos cer­ra­do de autores y de temas, y rara vez con­tem­plan el dis­frute lit­er­ario como una razón legí­ti­ma para dedi­carse a su cam­po: creen en el val­or inmutable e intem­po­ral del clási­co rep­uta­do que cuen­ta con una larga tradi­ción a sus espal­das. Los segun­dos, bas­tante menos mira­dos en aque­l­lo de vari­ar, no sue­len lim­i­tarse a tratar obras de rel­a­ti­vo val­or lit­er­ario, para ocu­parse de temas que enlazan con otras esferas y movimien­tos int­elec­tuales y, lo que más me intere­sa sub­ra­yar hoy, para recomen­dar a sus alum­nos tex­tos que no pertenecen al ámbito del his­panis­mo.

Se tra­ta, sin duda, de una situación extraña: si hay una época pro­clive al estu­dio despre­jui­ci­a­do y ambi­cioso, que atien­da a dis­tin­tas “lit­er­at­uras nacionales”, dis­ci­plinas y tradi­ciones con­ver­gentes, es la nues­tra. Por des­gra­cia, la may­oría de mis cole­gas no sue­len ser par­tidar­ios de esa idea: pre­fieren dedi­carse a machacar a sus estu­di­antes con un canon fos­iliza­do de “grandes autores” áure­os y traer de vez en cuan­do a colación algún que otro tex­to secun­dario de digestión, si cabe, más pesa­da. Sus moti­va­ciones van de la desidia al desconocimien­to, pasan­do por la con­vic­ción de que un canon fija­do en el siglo XIX sigue respon­di­en­do a lo que hemos apren­di­do des­de entonces sobre la his­to­ria, la época, su cul­tura y sus cir­cun­stan­cias.

A ello se suma la ubicua querel­la en torno a la per­ti­nen­cia de la lit­er­atu­ra como mar­co para la enseñan­za de una cul­tura y una tradi­ción deter­mi­nadas. Se tra­ta de una dis­pu­ta bizan­ti­na que surge de vez en cuan­do, des­per­tan­do el incom­pren­si­ble apoyo de los más jóvenes y el repren­si­ble har­taz­go de los más vet­er­a­nos. Los orí­genes de la filología mod­er­na tienen su fuente en el Renacimien­to, y es bien difí­cil imag­i­nar que las fac­ul­tades de filología his­páni­ca actuales con­taran con el bene­plác­i­to de los padres de la dis­ci­plina. Petrar­ca, Guar­i­no de Verona, Pier Pao­lo Verg­e­rio, Eras­mo, Melanch­ton o Budé —por espi­gar un puña­do— coin­cidirían en que la uni­ver­si­dad actu­al se ha con­ver­tido en lo que en su tiem­po era una una escuela pri­maria: lo que se estu­dia es gramáti­ca.


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La gramáti­ca rena­cen­tista no solo com­prendía el estu­dio de la mor­fología y la sin­taxis —val­ga el anacro­nis­mo—, sino que se ocu­pa­ba a la vez de un acer­camien­to super­fi­cial a los autores infal­i­bles —los auc­tores octo— de quienes los alum­nos aprendían los rudi­men­tos de la lengua, esto es, la cor­rec­ción en el decir y la com­pren­sión lec­to­ra. Pos­te­ri­or­mente se ded­i­ca­ban a la retóri­ca, con la lec­tura e imitación de autores más com­pli­ca­dos, aprendían a escribir al arri­mo de los autores ópti­mos com­ponien­do temas diver­sos que habit­ual­mente se entre­saca­ban de los Ejer­ci­cios prepara­to­rios o Pro­gym­nas­ma­ta, una heren­cia pedagóg­i­ca de la antigüedad tardía. Después venía el apren­diza­je de la dialéc­ti­ca, es decir, se aban­don­a­ba la dis­cusión y la com­posi­ción retóri­ca, basa­da en la belleza del dis­cur­so y su capaci­dad para con­vencer a través de la vía emo­ti­va —pathos—, para acced­er a la argu­mentación de corte silogís­ti­co que perseguía la ver­dad. Esta últi­ma no sólo abría al estu­di­ante la vía de la arit­méti­ca, a la geometría, a la músi­ca y a la astronomía, sino que le con­cedía her­ramien­tas sufi­cientes para dis­cernir la validez de sus pro­pios razon­amien­tos y de los ajenos, preparán­do­lo para comen­zar a for­marse en leyes, en med­i­c­i­na, en his­to­ria o en teología.

En España, las fac­ul­tades de filología his­páni­ca se encuen­tran a día de hoy solo en el primer pel­daño de este sis­tema porque lo que se enseña es a leer, pero hay una pre­ocu­pación mucho menor por una for­ma­ción inte­gral que habrá de ser nece­saria si se quieren alum­nos capaces de com­pren­der el Renacimien­to, la Edad Media y el Bar­ro­co des­de una dimen­sión gen­er­al. Y en este caso lo mis­mo vale para los estu­di­antes que se decanten por la lit­er­atu­ra mod­er­na o con­tem­poránea: deberían dárse­les los rudi­men­tos para poder enfrentarse a la críti­ca cul­tur­al de una man­era mucho más efi­ciente y, ante todo, mucho más abier­ta y divul­ga­ti­va; en fin, enseñar­les a impon­erse el reg­i­men de la clar­i­dad que, por añe­jo que sea, será siem­pre pri­or­i­tario.

¿Qué lugar ocu­pa la lit­er­atu­ra en todo ello?, el que siem­pre ha deten­ta­do: un con­jun­to tex­tu­al más o menos exten­so que aspi­ra a mostrar la lengua como una arte­sanía, como una τέχνη que puede crear nuevos mun­dos, definir el pro­pio o reflex­ionar sobre cualquier aspec­to que merez­ca la pena pen­sarse. La cuestión reside en si la pre­pon­der­an­cia que se con­cede en las fac­ul­tades de filología tiene una cor­re­spon­den­cia históri­ca real. Y con esto no quiero aven­tu­rar que los filól­o­gos debier­an ser his­to­ri­adores —si se encar­gan de épocas pretéri­tas, y todas lo son, sobra el cal­i­fica­ti­vo—, sino que debier­an ser his­to­ri­adores cen­tra­dos en las tradi­ciones y las expre­siones tex­tuales. El cam­po es infini­to, pero si los filól­o­gos —y por el nom­bre alu­do a cualquier per­sona que tra­ba­ja en lit­er­atu­ra, no *solo* un lingüista, que parece ser su sen­ti­do en ultra­mar— quieren ten­er algún futuro, deben for­marse para leer tex­tos que nadie más lee, para dar­les una coheren­cia con­struyen­do un sen­ti­do en torno a ellos, para ser capaces de trans­mi­tir su impor­tan­cia y hac­er­lo de man­era per­cep­ti­ble para el resto de la sociedad. Su dominio de estos pro­ce­sos los con­vierte en mae­stros que edu­can a alum­nos y, más impor­tante, que atraen a dile­tantes.

En España, donde cada cual tiene una opinión par­tic­u­lar sobre qué es un filól­o­go —cuan­do sen­cil­la­mente es quien inten­ta com­pren­der una cul­tura a través de sus tex­tos, vuél­vase todo lo der­rid­i­ano que se quiera—, muchos entien­den que es el pro­fe­sion­al que osten­ta un conocimien­to más o menos téc­ni­co e históri­co de la lit­er­atu­ra. Otros, entre los que me cuen­to, pen­samos que su tarea es enseñar a leer y a enten­der a través de los tex­tos, cualquiera que sea su nat­u­raleza, un mar­co cul­tur­al y un peri­o­do históri­co deter­mi­na­dos. Se tra­ta de un con­jun­to de estrate­gias y pre­ven­ciones tan útiles para acer­carse, con la ori­entación ade­cua­da, a la cul­tura rena­cen­tista, como a la evolu­ción de Inter­net o a la Rev­olu­ción france­sa. Hablo, por tan­to, de una dis­ci­plina que enseña a orga­ni­zar y estruc­turar los conocimien­tos, a estable­cer vín­cu­los entre ellos, a hac­erse una com­posi­ción de lugar y a estable­cer juicios con cier­ta autori­dad.

Sea uno de cien­cias o de letras, de su padre o de su madre, lo quiera o no, es una activi­dad intu­iti­va que se real­iza de man­era cotid­i­ana, el peli­gro se da al enten­der que su recur­ren­cia la con­vierte un pro­ce­so nat­ur­al, cuan­do es un arte com­ple­jo y cru­el que con­de­na, si no se estu­dia, a caer eter­na­mente y de man­era inad­ver­ti­da en los mis­mos errores de per­cep­ción: nue­stros antepasa­dos rena­cen­tis­tas lo llam­a­ban bar­barie. La filología sen­cil­la­mente ofrece her­ramien­tas útiles para leer el mun­do. La frase es bel­la y no es mía; está, como casi todo, en los clási­cos.


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La enseñan­za de la lit­er­atu­ra —aho­ra bajo su acep­ción mod­er­na, es decir, líri­ca, nar­ra­ti­va y dra­ma— no es en sí mis­ma un val­or. Quiero decir, es bueno que la gente la lea, tan­to por los mod­e­los de expre­sión y por el goce estéti­co que apor­ta, como por el apren­diza­je históri­co y la capaci­dad cog­ni­ti­va que su prác­ti­ca con­ll­e­va. Aho­ra bien, dar­le un papel cen­tral cuan­do sal­vo aristócratas y pre­cep­tores dec­i­monóni­cos, cát­e­dros del siglo pasa­do o poet­as­tros de diver­so pela­je han hecho una vida de ello es no ya ridícu­lo, sino per­ni­cioso e irre­spon­s­able. Al con­trario, pen­sar que los tex­tos que no pertenecen a esta idea de la lit­er­atu­ra son un com­ple­men­to a su estu­dio, y encasil­lar­los como tales, es un insul­to a la inteligen­cia y una dis­tor­sión —incom­pren­si­ble­mente con­sen­sua­da— de una real­i­dad históri­ca a todas luces difer­ente. La tradi­ción a la que he remi­ti­do ante­ri­or­mente —el apren­diza­je de los rudi­men­tos de la cul­tura tex­tu­al como cimien­tos en la for­ma­ción del indi­vid­uo, y su pos­te­ri­or ascen­so en difi­cul­tad y vir­tu­o­sis­mo— era en el fon­do un acto que rendía trib­u­to a los muer­tos medi­ante la imitación, en un prin­ci­pio, pero con vis­tas a la emu­lación: la idea de pro­gre­so recorre vías más pro­fun­das y com­ple­jas que las que nor­mal­mente tien­den a sub­ra­yarse. Lo que vivi­mos hoy en día que­da, si a algo lle­ga, en una sen­cil­la pan­tomi­ma deriva­da por enési­ma vez de un roman­ti­cis­mo trasnocha­do.

Quisiera que no se me inter­pre­tara de man­era errónea o ses­ga­da. Cuan­do hablo de «leer el mun­do», me refiero tam­bién a leer el lengua­je que los refle­jos del mun­do hablan. El más trascen­den­tal y el más des­cuida­do sigue sien­do la infor­máti­ca. La man­era en que fun­ciona Inter­net, los mar­cos de relación real y con­cep­tu­al que establece, los movimien­tos sociales en torno a ella y su lengua­je —super­fi­cial y estruc­tur­al— debiera ser apren­di­da por los filól­o­gos porque, como los que escriben en esa var­iedad de lenguas saben mejor que yo, hoy más que nun­ca todo es tex­to y el códi­go, poesía.

Pero volva­mos al asun­to del his­panis­mo. Podemos sin­te­ti­zar la situación en dos aspec­tos prob­lemáti­cos: la desa­ten­ción de lo tex­tu­al —con la enorme com­ple­ji­dad que con­ll­e­va— como meol­lo de la pro­fe­sión y la per­ti­na­cia en enclaus­trarse en un can­tón lingüís­ti­co. La cosa no ten­dría demasi­a­da impor­tan­cia si no fuera por la enorme cri­sis que los estu­dios de letras habrán de enfrentar de man­era inmi­nente y por la tarea fun­da­men­tal de las fac­ul­tades de filología: for­mar a todo el cuer­po pro­fe­so­ral de lengua y lit­er­atu­ra de la enseñan­za secun­daria. Por tan­to, los filól­o­gos son los respon­s­ables últi­mos y son a quienes la sociedad con­cede la cus­to­dia de la lec­tura y la escrit­u­ra; y si no asumen esa car­ga de man­era respon­s­able, serán otros quienes tomen —mejor o peor— el rele­vo, ais­lán­do­los has­ta con­denar­los a su desapari­ción.

Estos prob­le­mas se extien­den a numerosos ámbitos; el papel desem­peña­do en cada uno de ellos puede pare­cer secun­dario a algunos y cen­tral a otros:

1. La lit­er­atu­ra en castel­lano, a pesar de la enorme impor­tan­cia del idioma en el mun­do, sigue desem­peñan­do un papel menor —o sub­al­ter­no— en el tra­ba­jo de los may­ores espe­cial­is­tas en lit­er­atu­ra del Renacimien­to o lit­er­atu­ra com­para­da.
2. Sal­vo escasas y hon­rosas excep­ciones, muy poca gente ded­i­ca­da al estu­dio de los Sig­los de Oro lee con cier­to cuida­do los tra­ba­jos cen­tra­dos en la lit­er­atu­ra euro­pea rena­cen­tista y, menos aún, inten­ta estable­cer pun­tos de diver­gen­cia y con­tac­to que la sitúen en un mar­co europeo históri­ca­mente real, y no en un absur­do metafísi­co deriva­do de muchas y muy vari­adas guer­ras de inde­pen­den­cia.
3. La for­ma­ción con que los alum­nos de secun­daria lle­gan a la uni­ver­si­dad es muy defi­ciente. Y esta mantiene un patrón que garan­ti­za que los inves­ti­gadores, mae­stros y divul­gadores del futuro vayan a ten­er que dedicar una con­sid­er­able can­ti­dad de tiem­po a adquirir los conocimien­tos nece­sar­ios para com­pren­der otras tradi­ciones. El común de ellos se dedi­cará, nat­u­ral­mente, a repe­tir un mod­e­lo que se retroal­i­men­ta de la mis­ma impos­tu­ra, ais­lando doble­mente —extra e intra­muros— a los espe­cial­is­tas.
4. El desconocimien­to prác­ti­ca­mente abso­lu­to del fun­cionamien­to de Inter­net sigue sien­do una caren­cia absur­da y ver­gonzosa en el cuer­po pro­fe­so­ral. Desa­ten­der­la no puede derivar después en que­jas sobre la cal­i­dad de la escrit­u­ra en la red, e insti­tu­cionalizarla sin prac­ti­car­la —he ahí el aspec­to más impor­tante del asun­to— deter­mi­nará prác­ti­cas educa­ti­vas igual­mente inútiles.
5. Si la filología his­páni­ca sigue ancla­da, en su expre­sión máx­i­ma den­tro de la jer­ar­quía académi­ca, en ser legataria de la tradi­ción enten­di­da de la peor de las man­eras: como inmovil­is­mo, no solo quedará toca­da de muerte la dis­ci­plina en sí, sino la ver­dadera tradi­ción y mis­ión que se les supone a los filól­o­gos: con­ser­var el sen­ti­do, o los sen­ti­dos de la pal­abra en la his­to­ria.

Me encan­tará cono­cer vues­tra opinión sobre el tema, tan­to de los que tenéis for­ma­ción de humanidades —filól­o­gos y no filól­o­gos— como de aque­l­los que tenéis for­ma­ción cien­tí­fi­ca. Siem­pre es un plac­er apren­der de vue­stros pun­tos de vista, así que servi­ros a gus­to de los comen­tar­ios.

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  1. (Segun­do inten­to, que el primero se lo ha “tra­ga­do” el orde­nador)

    Bue­nas, Jorge, pues en gen­er­al estoy bas­tante de acuer­do con tu análi­sis de la situación de la filología his­páni­ca en España, con algu­nas mati­za­ciones.

    Creo, por ejem­p­lo, que hay que ten­er, en cuen­ta, como tú dices, el niv­el con el que lle­gan muchos de los alum­nos a la car­rera, y pen­sar tam­bién que den­tro del cam­po de la filología his­páni­ca se engloban per­files de estu­di­antes y futur­os pro­fe­sion­ales muy dis­tin­tos: futur­os lingüis­tas, críti­cos lit­er­ar­ios, edi­tores, cor­rec­tores de tex­to, y muchos pro­fe­sores de lengua y lit­er­atu­ra, además de algún que otro escritor. Para inten­tar respon­der a las necesi­dades de todos estos tipos de alum­no, la car­rera de filología debería incluir asig­nat­uras como filosofía, his­to­ria, lingüís­ti­ca gen­er­al, teoría de la lit­er­atu­ra, lenguas clási­cas, una o dos lenguas mod­er­nas, infor­máti­ca bási­ca, infor­máti­ca apli­ca­da a la edi­ción, his­to­ria de la lengua, lit­er­atu­ra com­para­da, además de sem­i­nar­ios especí­fi­cos sobre la lengua o lit­er­atu­ra de la filología elegi­da… Inten­tar esto en los 4 años que dura actual­mente la car­rera, y tenien­do en cuen­ta, una vez más, el pun­to de par­ti­da, es prob­a­ble­mente imposi­ble. ¿Solu­ción? Pues quizás, como creo que están hacien­do en algu­nas uni­ver­si­dades, uti­lizar los años del Gra­do para dar una for­ma­ción humanís­ti­ca lo más com­ple­ta y sól­i­da posi­ble, y dejar la espe­cial­ización para el niv­el de Pos­gra­do o Mas­ter, y más aún para el doc­tor­a­do.

    Dicho esto, estoy total­mente de acuer­do con­ti­go en que en gen­er­al la uni­ver­si­dad españo­la, al menos en lo que respec­ta a la filología his­páni­ca, es muy con­ser­vado­ra en cuan­to a sus méto­dos, con­tenidos y her­ramien­tas. No dudo que se estén pro­ducien­do cam­bios, y más que se pro­ducirán. Pero, por ejem­p­lo, si no han cam­bi­a­do mucho las cosas en los últi­mos dos años, todavía se con­sid­era a los enfo­ques del esti­lo de los “Estu­dios Cul­tur­ales” (y sus ramas derivadas: queer stud­ies, women stud­ies…) como una tomadu­ra de pelo, y en cam­bio no se cues­tiona en abso­lu­to la his­to­ria lit­er­aria tradi­cional como fuente de conocimien­to y méto­do de enseñan­za -algo que en el con­tex­to anglo-sajón, como sabes, resul­ta inimag­in­able-.

    Seamos opti­mis­tas: el hecho de que, como tú dices, se haya pro­duci­do una con­sid­er­able “diás­po­ra filológ­i­ca” puede ten­er tam­bién su lado pos­i­ti­vo: esa gen­eración de “jóvenes his­panistas” (wink, wink) que han proba­do y vis­to var­ios mod­e­los dis­tin­tos de uni­ver­si­dad, de filología, de docen­cia, y si algún día volve­mos a España y nos inte­gramos en su sis­tema educa­ti­vo, no digo que vayamos a sal­var­la ni a rev­olu­cionarla, pero seguro que ten­emos ideas nuevas que apor­tar a este respec­to.

  2. Ildef

    Vamos a ver ¿Real­mente creeis todo lo que decís sobre la filología his­pan­i­ca, la lengua y la lit­er­atu­ra? La ver­dad, creo que estu­di­ar filología, sea la que sea, es la may­or estu­pid­ez que puede hac­erse en la actu­al­i­dad. ¿Cómo es posi­ble que en una época de enorme desar­rol­lo cien­tí­fi­co tec­nológi­co, al menos en otros lugares, sig­amos creyen­do que con leer libros, escribir­los, leer poesía, enseñar lengua y lit­er­atu­ra somos impor­tantes? Sin­ce­ra­mente, soy de filología his­páni­ca, lle­vo años dan­do clases de lengua, lit­er­atu­ra y latín, y me sien­to un ver­dadero inútil. Mucha lit­er­atu­ra y ton­terías de esta pero cuan­do se me avería el coche, o el orde­nador, por mucho que le lea poesía no se pone en mar­cha solo. Si hay que pin­tar una pared hay que lla­mar a un pro­fe­sion­al y así con muchas otras cosas. Por tan­to, ¿Para qué coño vale la pena estu­di­ar letras?
    ¿Es que no os dais cuen­ta de que hace­mos el ridícu­lo¿ ¿Que la sociedad evolu­ciona y no nos tiene en cuen­ta? A la gran may­oría de la gente no le intere­sa el latín, ni la lit­er­atu­ra medieval ni la rena­cen­tista ni nada que se le parez­ca. Es lógi­co es abur­ri­da, pesa­da, obso­le­ta.
    Pero, claro, nadie lo dice ni lo reconoce. Seguimos creyen­do que somos mejores que los de cien­cia. A estos se les cree ton­tos que no tiene la cabeza amue­bla­da, que solo mane­jan fór­mu­las y números fri­a­mente. Pero , ami­go, gra­cias a esos genios de las mates, la fìsi­ca, la quími­ca ten­emos el mun­do que ten­emos hoy: coches, móviles, aviones, orde­nadores, cohetes espa­ciales, med­i­c­i­na etc. Si se les hubiera hecho caso a los int­elec­tuales aún estaríamos en las cav­er­nas.

  3. Cualquier dis­ci­plina tiene la impor­tan­cia que uno quiera dar­le. Dudo que nadie en este cuader­no de notas, inclu­i­do yo mis­mo, haya dicho que la filología es una labor que deba plantearse en tér­mi­nos de com­pe­ten­cia con las dis­ci­plinas téc­ni­cas o cien­tí­fi­cas: ni es su mis­ión, ni me parece ade­cua­do analizarla en esos tér­mi­nos.

    Dices que la enseñan­za de «lengua, lit­er­atu­ra y latín», a la que has ded­i­ca­do años, te hace sen­tirte como un «autén­ti­co inútil», y aludes en últi­ma instan­cia a que «hace­mos el ridícu­lo» porque, deduz­co, «seguimos pen­san­do que somos mejores que los de cien­cias». Me da la impre­sión, y cor­rígeme si me equiv­o­co, de que la moti­vación últi­ma de tu críti­ca no se encuen­tra en la nat­u­raleza de la dis­ci­plina, sino en las expec­ta­ti­vas adquiri­das des­de que entraste en la fac­ul­tad de filología, com­par­tidas —en el mejor de los casos— por tus pro­fe­sores, y que no han hal­la­do un refuer­zo pos­i­ti­vo en tus alum­nos —y la pos­tu­ra social may­ori­taria de la que tus alum­nos son mues­tra—, que no com­parten, ni están dis­puestos a admi­tir, tus mis­mos pre­supuestos.

    A la gran may­oría de la gente no le intere­sa el latín, ni la lit­er­atu­ra medieval ni la rena­cen­tista ni nada que se le parez­ca. Es lógi­co es abur­ri­da, pesa­da, obso­le­ta. Pero, claro, nadie lo dice ni lo reconoce.

    Conoz­co a un amplio número de pro­fe­sion­ales ded­i­ca­dos a dis­ci­plinas cien­tí­fi­cas —muchos de mis ami­gos lo son y unos cuan­tos cole­gas— y te sor­pren­dería saber has­ta qué pun­to sue­nan tus pal­abras pare­ci­das a las suyas cuan­do se refieren a la con­sid­eración gen­er­al de sus estu­dios y sus tra­ba­jos, por no men­cionar a quienes se encar­gan de reparar tu coche y tu orde­nador cuan­do se averían, o de pin­tarte la casa. No se tra­ta de qué es más o menos útil, porque en últi­ma instan­cia, todos los que dis­eñan y pro­ducen tec­nología hablan entre sí, se comu­ni­can, y cuan­to mejor sea esa comu­ni­cación —te sor­pren­dería ver la impor­tan­cia que se le con­cede en muchas com­pañías pun­teras ded­i­cadas a ello— tan­to mejor serán los dis­eños y los pro­duc­tos que se cre­an: toda mejo­ra téc­ni­ca, toda empre­sa colec­ti­va, por humilde que sea, requiere un uso ade­cua­do del lengua­je. Y ese es tu tra­ba­jo, tan lim­i­ta­do o ambi­cioso como lo quieras plantear.

    Con respec­to al carác­ter obso­le­to de la lit­er­atu­ra medieval o rena­cen­tista —y aho­ra me per­mi­tirás que ter­gi­verse tus pal­abras enten­di­en­do lit­er­atu­ra como los clási­cos—, poco o nada ten­go que obje­tar: si mis alum­nos tuvier­an que decidir entre ver un puña­do de pelícu­las con sus ami­gos en el cine o tomarse el arduo tra­ba­jo de apren­der latín sufi­ciente para leer las Mis­celáneas de Poliziano, está claro que ganaría la primera opción. El caso es que la capaci­dad para apre­ciar las obras de Poliziano —no se me ocur­ría nada más «abur­ri­do, pesa­do y obso­le­to»— puede enseñarse, pero encon­trar los nex­os entre Poliziano y la cul­tura de su época, ver la belleza y la ard­ua tarea que reside en su escrit­u­ra, el afán de superación que hay en cada pár­rafo y ser con­sciente, en últi­ma instan­cia, de su cir­cun­stan­cia históri­ca, las difi­cul­tades inher­entes a su empre­sa y sus efec­tos, y que eso te estim­ule para seguir pro­fun­dizan­do —sin util­i­dad aparente— en ello es un rega­lo reser­va­do a unos pocos. En su mis­mo ejer­ci­cio reside la per­fec­ción de un arte.

    Nun­ca he defen­di­do la ociosi­dad o la fal­ta de sen­ti­do de los estu­dios humanís­ti­cos, creo que la razón últi­ma de ese interés legí­ti­mo y voca­cional por épocas pretéri­tas y libros oscuros es trans­for­mar­lo en algo con sen­ti­do que allane el camino a quienes ten­gan una vocación sim­i­lar a la tuya, o que faciliten la vida a aque­l­los con la edu­cación sufi­ciente para intere­sarse por la cul­tura que les define. Lo decía Richard de Bury en el Philoby­blon, lo repe­tiría de una man­era exquisi­ta Borges, y entre ellos una recua casi infini­ta de autores: la util­i­dad de los libros no reside en su novedad, o en asen­tar un nue­vo pel­daño en la escala que con­duce a la sabiduría, sino en su capaci­dad para recu­per­ar y actu­alizar conocimien­tos ya antigu­os que, de no reg­is­trarse ad infini­tum, caerían irre­me­di­a­ble­mente en el olvi­do.

    Que val­ga poco ante argu­men­tos falaces no lo hace menos cier­to, cualquiera que haya leí­do aunque sea un úni­co libro es un depósi­to de la memo­ria colec­ti­va, y eso tiene una enorme valía, y más en estos tiem­pos. Esta idea per­manece en el hom­bre des­de mucho antes de Home­ro has­ta Faren­heit 451 —tan cacarea­da en algunos foros— y esper­e­mos que per­manez­ca entre nosotros porque sigue sien­do igual de nece­saria. No vale nada ten­er acce­so a todos los libros sin un sen­ti­do que los ordene, y tu tarea como filól­o­go es encon­trar la mejor nar­ra­ti­va, la más com­ple­ta, la más atrac­ti­va, para que ese sen­ti­do —tan per­son­al o uni­ver­sal como se quiera— per­manez­ca.

    Existe una pal­abra en latín con un sig­nifi­ca­do mar­avil­loso durante el Renacimien­to: sodal­i­tas. Como sabrás mejor que yo, se refiere a la iden­ti­fi­cación con un colec­ti­vo por motivos vari­a­dos —pro­fe­sion­ales, reli­giosos, int­elec­tuales—. Los human­istas fun­daron sodal­i­tates, que esta­ban for­madas por gente que apre­cia­ba la cul­tura clási­ca, que veía un val­or en ella, y que quería pro­fun­dizar en sus mis­te­rios. Si has escrito un comen­tario en esta pági­na es, claro está, gra­cias a Inter­net; pero Inter­net en sí mis­ma, aunque condi­ción nece­saria, no es sufi­ciente.

    Per­dona la exten­sión de la respues­ta, espero que la per­ora­ta no haya ensom­bre­ci­do demasi­a­do lo que quiero decir: tienes la suerte de haber hecho de tu vocación tu medio de vida, Inter­net te ha facil­i­ta­do la posi­bil­i­dad de pon­erte en con­tac­to con mucha gente a la que enseñar lo que sabes y de la que apren­der, y eres bien­venido a este lugar siem­pre que te apetez­ca.

    Un salu­do.

  4. Ildef

    No es que real­mente me guste. Es lo que tuve que ele­gir. En tiem­pos iba encam­i­na­do hacia las cien­cias, mejor dicho, hacia la F.P. Pero a alguien se le ocur­rió pen­sar que la F.P. era para gente que no valía para estu­di­ar por lo que con una pro­fe­sión se podía ganar la vida dig­na­mente. En cam­bio, el que valía debía ir a la uni­ver­si­dad. Lo que pasó fue que se me atas­caron las mates de tal man­era que acabé en letras para huir de las mates. En latín y en lengua me fue bien. Pero des­de ese momen­to tuve claro que tal vez me había equiv­o­ca­do pues la letras ya en ese momen­to (1984) comen­z­a­ban a perder frente a las ciencias.Algunos com­pañeros de cien­cias decían que era una locu­ra ele­gir letras. Hoy en día sigue pasan­do lo mis­mo. He vis­to a alum­nos que están en letras sim­ple­mente porque las mates se les han atas­ca­do. Así que las cir­cun­stan­cias me lle­varon a las letras pero he des­cu­bier­to que real­mente poco o nada apor­tan. Creo que se pierde mucho el tiem­po en teorías, inter­preta­ciones, sub­je­tivi­dades, abstrac­ciones etc. sin lle­gar a conc­re­tar. Al final, cuan­do uno da clases des­cubre que lo real­mente nece­sario para enten­der una lengua, cualquier lengua, es mín­i­mo. POr tan­to ¿A qué viene tan­ta dis­quisi­ción filosó­fi­ca, o lingïís­ti­ca? ¿A qué viene a llenar pági­nas y pági­nas de libros que solo unos cuan­tos, el escritor y sus ami­gos, entien­den? No te digo nada de la lit­er­atu­ra. ¿Aca­so nece­si­ta­mos tan­tos estu­dios sesu­dos de supuestos espe­cial­is­tas en filología? ¿Es que se puede escribir tan­to del Qui­jote, de Lor­ca , de Lope, de Shake­speare? Además, estarás de acuer­do en que parece que solo intere­sa lo que otros han escrito sobre el Qui­jote pero no el Qui­jote en sí mis­mo. Eso es lo que parece que se hace en la uni­ver­si­dad y en los insti­tu­tos. Por otra parte, las propias car­ac­terís­ti­cas de la filología (sub­je­tivi­dad, inter­pretación hacenque sea poco útil a la sociedad. Es lógi­co que no se le pue­da sacar un rendimien­to económi­co y util­i­tario sal­vo el de escribir “todavía” y no “ento­davía”. Pero esto es solo un recur­so que se aprende des­de pequeño y para el que no es nece­sario escribir libros sesu­dos. Creo que se escriben esos libros sesu­dos para poder jus­ti­ficar la exis­ten­cia de unos estu­dios que por sí mis­mos ape­nas se sos­ten­drían. Afor­tu­nada­mente yo no soy un fanátic­co de las humanidades ni del latín ni de la lengua. A mis alum­nos les enseño a apro­bar. La ver­dad, lo agrade­cen. Si algo les gus­ta de mí es que voy al gra­no. No me com­pli­co. Creo que hay pro­fes que insis­ten en que a los alum­nos les gusten las letras pero a muchos no les gus­ta. He tenido a alum­nos para los que Anto­nio Macha­do es cansi­no y depri­mente como muchos autores españoles por no decir todos. ¿cómo vamos a pre­tender que gusten autores,caracterizados por el pes­imis­mo y la tris­teza, a jóvenes ado­les­centes que solo quieren diver­tirse? De ese modo es difí­cil que se entu­si­as­men con la lec­tura. Además existe el pre­juicio en bue­na parte de los filól­o­gos, espe­cial­is­tas y pro­fe­sores, en demo­nizar otra lit­er­atu­ra (Códi­go Da vin­ci, Har­ry Pot­ter, Crepús­cu­lo…) cuan­do son los libros que cau­san furor. Eso demues­tra que tal vez la may­oría de libros que se sug­ieren para la lec­tura en los insti­tu­tos y uni­ver­si­dades no intere­san a la gran may­oría pero alguien ha dicho que todo lo que no sea Qui­jote, Lor­ca, Una­muno etc no es lit­er­atu­ra sin vul­gar entreten­imien­to. Pero el éxi­to de libros como Har­ry Pot­ter, Crepús­cu­lo demues­tra que lo jóvenes si leen todo depen­den del libro y del tema. Por tan­to creo que los pro­fes de lit­er­atu­ra y los filól­o­gos no son tan nece­sar­ios. El que quiere leer leerá y el que no, no. Además creo que no hay que pre­ocu­parse porque la gente lea o no. Lo impor­tante es que la gente ten­ga los conocimien­tos nece­sar­ios para que pue­da desen­vol­verse en la sociedad actu­al. Dichos conocimien­tos se pueden adquir hoy medi­ante muchos medios no solo el libro.

    Un salu­do a todos.

  5. Alejandro

    qué lás­ti­ma, que frus­tración, que deses­per­an­za e igno­ran­cia en este chico… arran­car la lit­er­atu­ra del desar­rol­lo del conocimien­to humano es como oper­arse las tetas… un engen­dro de la creación…
    entonces para ten­er su móvil y su microon­das no fueron nece­sarias los sig­los de letras y trasmisión del conocimien­to…
    qué lás­ti­ma, me paso la vida inten­tan­do sal­var mis hijos de mae­stros víc­ti­mas de esta bar­barie… como este…
    menos mal que no hay que leer solo de los libros… tam­bién se puede en las val­las pub­lic­i­tarias…
    le pre­gun­té a mi hijo, rap­ero, poeta de hiphop, que le parecía tu opinión y te vio con el chán­dal miran­do el fút­bol… el tiene ras­tas y 17 años, y lee a joyce, a leza­ma y a borges… y escribe poesía… ya ves tú que menos mal que aun hay jóvenes que creen en la lit­er­atu­ra… no habrán sido alum­nos tuyos…
    que la paz esté con­ti­go, hijo mío y har­ry pot­ter te bendi­ga…

  6. Ana

    Aunque hace mucho tiem­po de esta entra­da he lle­ga­do aquí bus­can­do infor­ma­ción sobre la filología his­páni­ca, que empiezo a estu­di­ar este año, sin­ce­ra­mente pro­fe­sores como el del comen­tario ante­ri­or son el cáncer de las letras.
    Ami per­sonal­mente siem­pre me gus­to leer, escribir, etc y este año he tenido una pro­fe­so­ra que tam­bién va a lo “prác­ti­co” me ha desmo­ti­va­do de una man­era impre­sio­n­ante, a mi me gus­ta debatir, mirar todas las caras de la mon­e­da, apren­der y hac­er­lo por mi mis­ma, mien­tras ten­go a un pro­fe­sion­al a mi lado que me guíe para for­marme como per­sona. Pero con estos pro­fe­sion­ales la edu­cación se hunde y no me extraña, tam­bién he tenido pro­fe­sores a los que les encanta­ba su tra­ba­jo y que toda la clase se qued­a­ba emboba­da mirán­do­los, escuchán­do­los y admi­ran­do su vocación porque nos la trans­mitían a nosotros.
    Por últi­mo decir que ten­go 19 años y me encan­ta Una­muno, Cela (des­de los 14), Anto­nio Macha­do, etc y en mi opinión Crepús­cu­lo, y en menor medi­da la saga Har­ry Pot­ter, no me opor­ta nada en mi for­ma­ción como per­sona, y me parece obvio que no se puedan com­parar con grandes libros que hacen reflex­ionar y cre­cer, sin tan­ta pub­li­ci­dad ni manip­u­lación mediáti­ca.
    Un salu­do

  7. Maite

    He lle­ga­do a esta entra­da tal y como le ha pasa­do a Ana, bus­can­do infor­ma­ción sobre Filología His­páni­ca. A difer­en­cia de ella, yo ten­go 27 años y aho­ra, después de estar tra­ba­jan­do des­de los 19 por motivos per­son­ales, me estoy plante­an­do tra­ba­jar un poco menos y estu­di­ar un poco más y una de las car­reras que más me lla­man la aten­ción, por lo que quiero hac­er en el futuro con mi vida, pre­cisa­mente es ésta.
    En su momen­to, con 18 años, no tenía nada claro qué hac­er y estudié un gra­do supe­ri­or de Audio­vi­suales y Mul­ti­me­dia y acabé tra­ba­jan­do de admin­is­tra­ti­va, que no tiene nada que ver. Pero es lo que decían en una entra­da ante­ri­or: no hay estu­dios o car­reras con sal­i­das, son las per­sonas las que encon­tramos más o menos sal­i­das depen­di­en­do de cómo nos implique­mos con lo que hace­mos y de lo buenos que seamos en el ter­reno en el que nos move­mos.
    Uti­li­zo las tec­nologías como per­sona joven que soy y cada día ten­go más claro que hay muchísi­ma gente, inclu­idas muchas amis­tades uni­ver­si­tarias que estu­di­an cien­cias, que ten­drían que revis­ar todo lo que escriben en las redes sociales -por pon­er un ejem­p­lo claro- porque no uti­lizan pun­tos, comas, excla­ma­ciones… ¡Y ya no dig­amos de deter­mi­nadas pal­abras que se inven­tan! Estoy cansa­da de leer “haiga” en vez de haya, de que se con­juguen mal los ver­bos (sobre todo las primeras per­sonas del plur­al del pretéti­to impre­fec­to), que se con­fun­dan las V con las B y de un largo etcétera que supon­go que ya imag­i­naréis.
    Creo que para estu­di­ar siem­pre hay tiem­po y por eso me estoy intere­san­do a estas alturas de mi vida a pon­erme a estu­di­ar Filología His­páni­ca porque me encan­ta leer todo lo que cae en mis manos, me encan­ta escribir en mis ratos libres (algo últi­ma­mente imposi­ble) y me gus­ta la cul­tura en gen­er­al.
    ¿Es eso un deli­to? ¿Es un deli­to que aunque siem­pre se me dieron bien las matemáti­cas e hice todos los crédi­tos vari­ables de la E.S.O. de com­bi­na­to­ria y estadís­ti­ca, quiera apartar los números y coger las letras?
    Defien­do que cada per­sona tiene unos gus­tos y unas pref­er­en­cias úni­cas y que, pre­cisa­mente eso, es lo que nos hace a todos difer­entes. Y defien­do todavía con más fuerza el ten­er un tra­ba­jo que te guste, como mín­i­mo, para ser feliz y para no amar­garte la vida, a ti y a los que están a tu alrede­dor.

    Por cier­to, una pre­gun­ta ya que estoy: ¿sabéis si es posi­ble estu­di­ar Filología His­páni­ca a dis­tan­cia? Es que no sé si podré com­bi­n­a­rme un tra­ba­jo con la car­rera y estoy bus­can­do infor­ma­ción para poder decidirme.

    Un salu­do a todos.

  8. No es un deli­to que te atraigan las humanidades, Maite, como tam­poco lo es que quieras estu­di­ar filología his­páni­ca. Si cuen­tas con buenos pro­fe­sores, que seguro que sí, verás que una bue­na base en cien­cias nat­u­rales te va a ser mucho más nece­saria de lo que hubieras lle­ga­do a plantearte en un prin­ci­pio.

    Des­de luego, te ani­mo a que empren­das filología por gus­to, ya que es una car­rera que puede apor­tar mucho en lo int­elec­tu­al. En lo que toca a lo lab­o­ral, la situación en España es aho­ra mis­mo muy com­pli­ca­da para una licen­ci­a­da en his­páni­cas. Te diría inclu­so que ni el tra­ba­jo duro ni el buen aprovechamien­to de la car­rera te van a garan­ti­zar tra­ba­jar de algo rela­ciona­do con ello. Pero igual­mente te digo, a títu­lo per­son­al, que el mun­do es muy grande y que si sabes ori­en­tar tus estu­dios de man­era con­ve­niente te per­mi­tirán via­jar mucho y apren­der algo, o vicev­er­sa.

    En lo que respec­ta al estu­dio del gra­do a dis­tan­cia, la opción que parece más evi­dente es la UNED, donde hay muy buenos pro­fe­sion­ales. De cualquier for­ma, y si me per­mites el con­se­jo, inten­ta cur­sar­la de man­era pres­en­cial, ya que acced­erás a la mate­ria de una man­era mucho menos “traumáti­ca” y los temar­ios serán mucho más mane­jables, per­mi­tién­dote pro­fun­dizar en las asig­nat­uras que más te atraigan.

    Salu­dos.

  9. johnny

    Hom­bre, no seamos tan pre­ten­ciosos. Creo que hay una defen­sa exager­a­da de las letras. No creo que por estu­di­ar letras se sea mejor per­sona que el que no lo sea. Tal vez se han miti­fi­ca­do en exce­so las letras. Está claro que en España el desar­rol­lo cien­tí­fi­co, tec­nológi­co y económi­co no han desta­ca­do. Es más, no ha habido cien­cia ni tec­nología. Sal­vo la freg­o­na y el chu­pachups.
    Como se dieron cuen­ta de que era imposi­ble desar­rol­lar la cien­cia y la tec­nología en España se decidió que lo más impor­tante era leer y escribir libros.
    Parece que si alguien dice que no sabe mates o no sabe arreglar su orde­nador no pasa nada. pero si a cualquiera se le ocurre decir que no conoce a Cer­vantes, a Lor­ca o a cualquier otro lit­er­a­to de renom­bre o que no ha leí­do un libro, la gente se ras­ga las vestiduras. Se escan­dal­iza. No dig­amos si a alguien se le ocurre decir que ha leí­do la saga de Har­ry Pot­ter y demás. ¿Por qué?
    Además, si el mun­do es como es es gra­cias a las cien­cias más que a las letras. Aho­ra mis­mo hay una cri­sis económi­ca muy seria en España y en parte del mun­do. ¿Dónde están los lit­er­atos, filó­so­fos y demás com­pa­ny apor­tan­do sus ideas para solu­cionar la cri­sis?
    Si apare­cen es para decir lo de siem­pre. ¡¡¡¡No hay val­ores, no hay val­ores, no hay val­ores!!!!
    Si uno obser­va las ter­tu­lias tele­vi­si­vas, radiofóni­cas o peri­odís­ti­cas, ape­nas aparece gente de cien­cia. Si aparece es con moti­vo de algu­na catástrofe. Y solo para hac­er­le decir que todo se va al garete.
    Por otra parte me he dado cuen­ta de que todos estos ter­tu­lianos no tienen ni pajor­era idea de cien­cia. Es que se callan ante un cien­tí­fi­co. Lo cual demues­tra el bajo, esca­so, por no decir nulo conocimien­to de cien­cia. Quisiera saber si son capaces de resolver opera­ciones sen­cil­las de mates o de respon­der a cier­tas pre­gun­tas cien­tí­fi­cas de uso cotid­i­ano. P. ejem­p­lo. ¿Cómo fun­ciona la batería de su coche?
    Además ¿Por qué un señor o seño­ra que escribe un libro y gana un pre­mio lit­er­ario se gana el dere­cho a apare­cer en cualquier ter­tu­lia para opinar sobre la situación de la sociedad y, enci­ma, acon­se­jar a la gente sobre lo que debe o no hac­er?
    Señores y seño­ras, las letras son una for­ma de conocimien­to pero no la úni­ca. Así que no me sean fanáti­cos.

    Un salu­do

  10. oradansa

    Bueno, comien­zo a escribir este comen­tario con un gran temor a no estar a la altura en lo que a la ortografía y niv­el cul­tur­al se refiere. Dado que conoz­co mis lim­ites, ni siquiera me esforzare en hac­er como que no los ten­go; escribire sin gran esfuer­zo en agradar, gra­mat­i­cal­mente hablan­do. Me gus­taria salu­dar, antes de nada: Hola a todos, y en espe­cial a Jorge. Un tipo con un mane­jo del lengua­je que le hace sen­tir a uno como un anal­fa­beto. No va con iro­nia ni burla, es sin­cera, y puede que algo aci­da, admiración. Si yo tuviera tus armas, lin­guis­ti­ca­mente hablan­do, ten por seguro que dejaria mi huel­la en el mun­do. Algo que me moles­ta bas­tante es esa mania que teneis muchos de criticar a Har­ry Pot­ter y com­pañia. A caso los libros no puede ten­er fines mera­mente de entreten­imien­to? A caso ten­go que hac­er un autonal­i­sis de mi alma y de la del resto del mun­do cada vez que me pon­go a leer? Tan­to Har­ry Pot­ter como el resto de his­to­rias que nos lle­gan de Inglater­ra, EEUU, etc… sue­len ser infini­ta­mente mas entretenidas que las que se escriben aqui, en españa. No digo mas pro­fun­das, solo mas entretenidas. Y por supuesto mucho mas imag­i­na­ti­vas, donde va a parar. La ver­dad, en estos dias alber­go en mi inte­ri­or una cru­en­ta lucha que me esta agotan­do psi­co­logi­cam­nete. Me gus­taria estu­di­ar filolo­gia his­pan­i­ca, porque me encan­taria ten­er un dominio lo mas amplio posi­ble del lengua­je, pero me doy cuen­ta, por los foros como este ( o blogs) de que si comien­zo a estu­di­ar esta car­rera, me van a hin­char de tex­tos antigu­os y, reconoz­camoslo, algunos bas­tante abur­ri­dos, has­ta que con­si­gan extin­guir a base del tedio mas insis­tente mis, por otro lado, frag­iles inqui­etudes.
    Mi pre­gun­ta es la sigu­iente: ¿Nece­si­to estu­di­ar filolo­gia his­pan­i­ca, es decir, pro­fun­dizar a fndo en el apred­in­za­je del idioma, para con­seguir ten­er un niv­el excep­cional, mas o menos como el de Jorge, a niv­el lin­guis­ti­co? O real­mente valdria con leer y escribir mucho. Por que la idea de hechar algun que otro vis­ta­zo a tex­tos antigu­os, puede lle­gar inclu­so a resul­tarme intere­sante, se apre­ciar la belleza de la vida. Pero estu­di­ar­los a fon­do, hechan­do de menos a Tolkien, Mar­tin, Roulling ( lo sien­to si estan mal escritos) a cada momen­to, creo que podria acabar con mi ilu­sion. Y sin ella no soy nadie. Para ser mas claro, mi pre­gun­ta es( y ya se que la respues­ta es obje­ti­va y que cada uno somos como somos, pero agrade­ce­ria un esfuer­zo al respec­to) ¿me abur­rire estu­dian­do filolo­gia his­pan­i­ca? Gra­cias de ante­mano, un salu­do. Y por cier­to Jorge, con esos mara­bil­los mal­abaris­mos que haces con las pal­abras, podrias obse­quiar al mun­do con algu­na joya lit­er­aria, casi diria que es tu respon­s­abil­i­dad hac­er­lo. El tal­en­to es esca­so, y des­de mi pun­to de vista, los que lo poseen estan oblig­a­dos, moral­mente ablan­do, a hac­er algo con él. ( no digo que no lo hagas ya, lo mis­mo ya lo has hecho y estoy yo pasan­dome de lis­to). Bueno, un salu­do.

  11. John­ny. No creo que nadie haya ensalza­do aquí las letras sobre las cien­cias o, al menos, yo no he inter­pre­ta­do de esa man­era los comen­tar­ios. Siem­pre he defen­di­do en este sitio la necesi­dad de una for­ma­ción inte­gral, que con­sista en adquirir conocimien­tos de cuan­tos más cam­pos mejor y, más impor­tante aún, con­tar con las destrezas nece­sarias para adquirir­los por uno mis­mo.

    En lo que toca a Har­ry Pot­ter, tema recur­rente en los comen­tar­ios, yo no ten­go nada en con­tra de la lit­er­atu­ra de con­sumo, ni mucho menos de la fruición del próji­mo, fal­taría más. Mi tra­ba­jo es for­mar a la gente para que pue­da dis­fru­tar de otras obras donde ese goce no sea tan evi­dente, por supuesto en mi bal­an­za pesa más Cer­vantes que Crepús­cu­lo, lo que no sig­nifi­ca que un sem­i­nario bien enfo­ca­do sobre este tipo de obras no pue­da ser rev­e­lador tan­to para quien lo imparte como para quien lo recibe.

    El papel social de la intel­li­gentsia es hari­na de otro costal, y tu pre­gun­ta jus­ta y nece­saria, lam­en­ta­ble­mente un comen­tario en un blog no es el lugar más ade­cua­do para desar­rol­lar­la. En cualquier caso, es impor­tante no con­fundir a un escritor con un filól­o­go o a un filó­so­fo con un pro­fe­sor de filosofía, o a ninguno de ellos con un int­elec­tu­al: no tienen por qué ser lo mis­mo y, de hecho, nor­mal­mente no lo son.

    Como sea, la lit­er­atu­ra no está por for­tu­na suje­ta a los már­genes que tú pare­ces quer­erle impon­er, y te garan­ti­zo que una lec­tura aten­ta de cualquier «gran obra» demues­tra la hon­da huel­la que la cien­cia siem­pre ha deja­do en la lit­er­atu­ra y, por qué no, vicev­er­sa. Ojalá ten­ta tiem­po para demostrar eso de una man­era más grá­fi­ca en este espa­cio.

    Gra­cias por pasar y por tu intere­sante comen­tario.

  12. Oradansa. Gra­cias por los hala­gos, que hablan más de tu edu­cación que de cualquier méri­to real que pue­da atribuírseme. Te repi­to lo mis­mo que en el ante­ri­or comen­tario, no hay nada malo en la lit­er­atu­ra de entreten­imien­to y, obvi­a­mente, no es nece­sario que cada vez que abras un libro te pon­gas —o te pon­ga— trascen­dente. Muchos clási­cos per­miten de hecho ambas for­mas, entre muchas otras, de leerse.

    Con los tex­tos antigu­os tocas mi fibra sen­si­ble, qué le vamos a hac­er. Men­tiría si te dijera que durante la car­rera no ten­drás que leer un buen número de tostones o de obras direc­ta­mente infum­ables; pero no me pare­cería jus­to ocul­tarte que parte de tu for­ma­ción con­si­s­tirá en enten­der­los e inter­pre­tar­los para la gente que siente la mis­ma curiosi­dad que tú aho­ra, y quizás llegues a desar­rol­lar un cier­to plac­er —pasión, inclu­so— en hac­er­lo. Pien­sa que la edu­cación del gus­to te per­mi­tirá plantearte cues­tiones que nun­ca te habrías pre­gun­ta­do, a des­per­tar a través de una lec­tura una sed que solo sacian otras lec­turas, entran­do en una dinámi­ca infini­ta y fasci­nante. El via­je no es cómo­do, pero es el úni­co que conoz­co que merece la pena.

    La filología no es una escuela de esti­lo lit­er­ario. Me atrevería a decir, con mat­ices, que uno suele salir de la fac­ul­tad escri­bi­en­do peor que al entrar. Cier­to es que será más claro, pen­sará más cada pal­abra e inten­tará demostrar a cada golpe de tecla lo mucho que sabe; pero eso no hace a nadie mejor escritor, si aca­so lo con­trario. Súmale que la lec­tura aten­ta de obras canóni­cas es una enorme cura de humil­dad que ha sofo­ca­do los eflu­vios líri­cos de muchos filól­o­gos (ten­dré la cautela de no añadir «afor­tu­nada­mente»). Tu for­ma­ción filológ­i­ca te servirá para darte cuen­ta de muchos aspec­tos rela­ciona­dos con la escrit­u­ra y ser capaz de analizar­los téc­ni­ca­mente; pero lo que seguro no te va a ofre­cer es un méto­do con que apropi­arte de ellos y crear obras de val­or sim­i­lar. A Tolkien —filól­o­go impen­i­tente tam­bién y gran lec­tor de ladril­los anglosajones— no creo que lo ech­es de menos. A medi­da que vayas leyen­do tex­tos clási­cos, medievales, rena­cen­tis­tas y dec­i­monóni­cos, com­pren­derás con may­or pro­fun­di­dad de dónde arran­ca su proyec­to lit­er­ario y cuáles son los obje­tivos de su prop­ues­ta estéti­ca. Uno tiene decidir si siem­pre quiere ser públi­co o saber algo de lo que sabe el mago.

    A tu últi­ma pre­gun­ta, la respues­ta es «sí»: te abur­rirás estu­dian­do filología his­páni­ca o cualquier otra dis­ci­plina, sea la que sea. Abur­rirse y frus­trarse es parte nor­mal del pro­ce­so de apren­diza­je de cualquier ofi­cio —decir lo con­trario, se lo dejo a los ped­a­go­gos—. Afor­tu­nada­mente, no se sabe de nadie que haya queda­do atra­pa­do a per­pe­tu­idad en el abur­rim­ien­to y se ve que la secuela más grave que deja son las ganas de diver­tirse. A medi­da que vamos apren­di­en­do, o bien el abur­rim­ien­to pre­ocu­pa menos o es que a uno le sale cal­lo, vete a saber; el caso es que, como por ensalmo, hay gente a la que lo abur­ri­do aca­ba por diver­tir­le.

    Mi con­se­jo, porque me lo pides, es que piens­es por qué te gus­ta escribir. Si es por dis­frute, entonces sigue, llena cuar­tillas de man­era com­pul­si­va, nadie te puede quitar eso. Si quieres apren­der el ofi­cio de escritor, inten­ta rodearte de pro­fe­sion­ales de la escrit­u­ra, no de la lec­tura, ve a talleres, conoce a “ofi­ciales”, enseña tu tra­ba­jo cuan­do con­sid­eres que es el momen­to opor­tuno y ten bue­na cin­tu­ra para las críti­cas. Cur­sar filología, como cualquier otro gra­do, ten­drá tan­to que decir­le a tu ilusión de ser escritor como tú quieras y, en ese sen­ti­do, no puede hac­erte daño.

    PD. Te recomien­do dos relatos que me pare­cen idó­neos para el momen­to en que te encuen­tra. «Sensi­ni», de Rober­to Bolaño y «Obras com­ple­tas», de Augus­to Mon­ter­roso. Ya me con­tarás qué te pare­cen.

  13. Sergio

    En cuan­to al pro­fe­sor que está cansa­do de las letras, y esas cosas que él dice, si no te gus­ta tu tra­ba­jo y no te gus­tan las letras, apárca­lo, y no te que­jes tan­to. Estu­dia otra cosa, estu­dia una car­rera de cien­cias, o lo que a ti te dé la gana, ya verás como espa­bi­las.

    En cuan­to a que los jóvenes no les intere­sa la lit­er­atu­ra y los clási­cos y abo­gan más por los best-sell­er, te diré que en la Edad Media La Celesti­na era una de las más leí­das, eso expli­ca su ampli­fi­cación en actos, y sus edi­ciones pos­te­ri­ores. Creo que se te olvi­da decir que esos libros que a los jóvenes cau­san pavor han sido muy pero que muy val­o­rados en el momen­to de ser escrito, o un poco más tarde, en algunos casos.
    Mira, yo soy joven aún, y me gus­ta La Celesti­na, El Qui­jote, y la lit­er­atu­ra clási­ca. A mí me apor­ta más un clási­co que un mod­er­no. Y no sólo eso, aho­ra estu­dio 5º de His­páni­cas, pero des­de el insti­tu­to siem­pre me han gus­ta­do los clási­cos, por tan­to, deje de lamen­tarse a lo ton­to y dedí­cate a estu­di­ar otra cosa que te haga feliz.

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