Los orí­genes y el desar­rol­lo de la cul­tura occi­den­tal difí­cil­mente podrían com­pren­der­se sin acud­ir a los mitos. el estu­dio de la mitología y la mitografía enseña que muchos de ellos no han recor­ri­do un camino libre de obstácu­los, ni de mod­i­fi­ca­ciones, a lo largo del tiem­po. Den­tro de las con­tadas his­to­rias que anal­izan su evolu­ción intere­sa­da y su cam­bio azaroso se encuen­tra The Sur­vival of the Pagan Gods, de Jean Seznec, ocu­pa­da en inves­ti­gar la relación que la cul­tura cris­tiana medieval mantiene con los mitos paganos. La relación entre ambas cul­turas gen­era mod­i­fi­ca­ciones de impor­tan­cia en la trans­misión del mito y en su nat­u­raleza históri­ca, mod­i­fi­ca­ciones que no solo tienen impor­tan­cia para la antropología y la his­to­ria cul­tur­al, sino que deter­mi­nan cier­tos mecan­is­mos que dan per­fil a algo que podríamos denom­i­nar cul­tura euro­pea.

La obra de Seznec es un clási­co y una bue­na entra­da a la his­to­ria int­elec­tu­al y cul­tur­al, y a su vez la man­i­festación de un pro­gra­ma social y una vol­un­tad políti­ca deter­mi­nadas. Redac­ta­da en francés —La sur­vivance des dieux antiques. Essai sur le rôle de la tra­di­tion mythologique
dans l’Humanisme et dans l’art de la Renais­sance
(1940)—, su pub­li­cación cor­rió a car­go del War­burg Insti­tute, poco después de que la famil­ia War­burg y los emplea­d­os de la insti­tu­ción trasladaran la bib­liote­ca y el cen­tro de inves­ti­gación a Lon­dres huyen­do de la Ale­ma­nia nazi. Quizás sin pre­tender­lo, la obra se con­vierte en uno de los pilares que asien­tan la insti­tu­ción en un nue­vo país y en una nue­va cir­cun­stan­cia. Por supuesto, tras ella ven­drán ver­daderas proezas int­elec­tuales pub­li­cadas en dis­tin­tas casas edi­to­ri­ales como Lit­er­atu­ra Euro­pea y Edad Media Lati­na (1948) de Ernst Robert Cur­tius, quien soportó con entereza la pre­sión del rég­i­men nazi en su cát­e­dra de Bonn y man­tu­vo una inten­sa cor­re­spon­den­cia con Gertrud Bing durante el dominio y la caí­da del Ter­cer Reich; o Míme­sis de Erich Auer­bach, escri­ta en su primer exilio en Estam­bul antes de trasladarse al defin­i­ti­vo: Esta­dos Unidos.

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A pesar de las muchas difer­en­cias exis­tentes entre los tres autores —Cur­tius per­maneció en la Ale­ma­nia Nazi, Auer­bach murió exil­i­a­do en Esta­dos Unidos, y Seznec fue, aparte de un eru­di­to, un com­bat­iente en el ejérci­to francés durante la guer­ra— y sus obras, las tres com­parten la vol­un­tad de estable­cer par­a­dig­mas den­tro de la cul­tura euro­pea y alu­den a un lega­do des­de el que pen­sar la recon­struc­ción de un con­ti­nente aso­la­do por la guer­ra. No leer­las tenien­do esto en cuen­ta impli­ca desvir­tu­ar no solo su con­tenido, sino uno de las más impor­tantes misiones del his­to­ri­ador y el eru­di­to: la creación de un sen­ti­do frente al con­stante rui­do del mun­do y su bar­barie.

Si algo rep­re­sen­ta un libro, es pre­cisa­mente la vol­un­tad de sen­ti­do del lengua­je frente al caos de la per­cep­ción. Todo tex­to es de algu­na man­era una cos­mología y todas las “grandes” reli­giones se fun­dan y se ali­men­tan del libro. Quizás otro día sea con­ve­niente, a la vista de los acon­tec­imien­tos, hac­er ref­er­en­cia a otras obras que se han esforza­do por demostrar la exquisi­ta y pro­duc­ti­va relación que la cul­tura judía y la cul­tura musul­mana han man­tenido durante sig­los. Y quizás en algún momen­to fuera enorme­mente pro­duc­ti­vo que esta his­to­ria se escri­biera sobre los mitos, sobre la tropología y sobre las fábu­las que tran­si­tan entre ambos mun­dos, no sobre sus dios­es o sobre usuras par­tic­u­lares. Habrá quien piense en la nula util­i­dad de la tarea, y habrá quien entien­da que vivi­mos en un mun­do cada vez más ter­ri­ble —diga lo que diga Stein­er— por la fal­ta de cul­tura… y que es esta en últi­ma instan­cia la que nos hace con­tro­lables y pro­clives a servir los intere­ses de una con­fe­sión, una cor­po­ración o una ban­dera.

La edi­ción ingle­sa del libro de Jean Seznec puede descar­garse de man­era gra­tui­ta aquí, es un rega­lo de los dios­es, así que espero que lo dis­frutéis.

Para aque­l­los que queráis saber más sobre su autor, os recomien­do que le echéis un vis­ta­zo a la bib­li­ografía recomen­da­da en el Dic­tio­nary of Art His­to­ri­ans. Si os intere­sa una tra­duc­ción castel­lana, aún puede encon­trarse un ejem­plar de la edi­ción de Tau­rus en Abe­books.