Ficta eloquentia

Retórica, política y poética medieval y renacentista. Silva de varia lección

La extraña vida de Johannes Valerius

En el extraño lon­dres de finales del siglo xvii hubo un per­son­aje de enorme fama tan­to por su deformi­dad físi­ca como por sus curiosas habil­i­dades. Johannes Valerius había naci­do sin bra­zos en la Ale­ma­nia de 1667. Tan­to entonces como aho­ra, esto hubiera supuesto lle­var una vida enorme­mente lim­i­ta­da y com­ple­ja, pero Valerius demostró des­de su infan­cia una gran capaci­dad para adap­tarse a sus cir­cun­stan­cias y sor­pren­der al mun­do con su habil­i­dad no solo para realizar por sí mis­mo las tar­eas más cotid­i­anas, sino tam­bién otras mucho más atípi­cas.

Durante el siglo XVI habían pro­lif­er­a­do en toda Europa his­to­rias de mon­stru­os que servían para mar­car o anun­ciar deter­mi­na­dos even­tos políti­cos, guer­ras, desas­tres, etcétera. Inclu­so se fundó una cien­cia espe­cial­iza­da en la adiv­inación y el análi­sis de estos acon­tec­imien­tos aten­di­en­do a estos prodi­gios y deformi­dades, y se llamó Ter­ato­scopia. Sin embar­go, pocas prue­bas nos han lle­ga­do, sal­vo la rumor­ología pop­u­lar y los trata­dos mis­mos sobre estos acon­tec­imien­tos y prodi­gios, de su exis­ten­cia. El siglo XVII y XVIII europeo sí parece haberse encon­tra­do, sin embar­go, con la pres­en­cia real de algunos mon­stru­os y prodi­gios que ha sido proba­da de man­era fea­ciente. Y den­tro de este grupo se sitúa Johannes Valerius.


Efigie de John Valerius

Los “mon­stru­os” del siglo XVII tienen una nat­u­raleza bien dis­tin­ta de los rena­cen­tis­tas. Se tra­ta de un grupo de per­son­ajes más o menos amplio que podían encon­trarse en dis­tin­tas exhibi­ciones en toda Europa y que lle­ga­ban a alcan­zar una fama notable y bue­nas ganan­cias. Prob­a­ble­mente esto fue lo que ani­mó a un Valerius de 31 años a trasladarse a Lon­dres, donde residió durante bas­tante años hacien­do alarde de sus habil­i­dades prodi­giosas. Den­tro de ellas las había más típi­cas, como el dominio de varias lenguas, pat­ri­mo­nio que poseían entre muchos otros la niña sin pies de Bohemia o el chico sin pier­nas de Viena. Frente a ellos, Valerius era capaz de escribir en cin­co lenguas val­ién­dose indis­tin­ta­mente de uno u otro pie, lo que lla­maría la aten­ción de Ralph Thores­by, de la Roy­al Soci­ety, que en 1709 recogería mues­tras de estos escritos, y que en 1710 iría a vis­i­tar a otro alemán de 40 años, Hans Valery, fal­to de ambos bra­zos pero capaz de escribir dis­tin­tas caligrafías val­ién­dose de sus pies o su boca.[^1]

John Valerius escribiendo

Valerius, sin embar­go, demostra­ba una habil­i­dad sor­pren­dente para lle­var una vida nor­mal e, inclu­so, dom­ina­ba muchos ámbitos reser­va­dos a la aris­toc­ra­cia: no solo era capaz de vestirse val­ién­dose de sus pier­nas; de afeitarse, calarse el som­brero o jugar a las car­tas con sus pies o de beber sin ayu­darse de ningu­na parte de su cuer­po; disponía tam­bién de una notable pun­tería con las armas de fuego y era un hábil espadachín, como podéis obser­var en las imá­genes sigu­ientes.

Valerius disparando un rifle

John Valerius usando la espada

Quizás fuer­an estas habil­i­dades, y el car­iño y admiración del públi­co londi­nense, los que lle­varan a Valerius a man­i­fes­tar su deseo de servir a la Coro­na ingle­sa, como repe­tiría en una de sus últi­mas exhibi­ciones en París, en 1714. En ese mis­mo año —el 12 de Diciem­bre— James Paris aún daba fe de sus muy diver­sas cualidades.[^2]

Sabe­mos que jamás logró su propósi­to y sobre estas fechas se pierde la pista de la vida de nue­stro per­son­aje. Sin embar­go, Valerius ha per­maneci­do arraiga­do en la cul­tura ingle­sa ya en vida. Den­nis Todd ha encon­tra­do la influ­en­cia de la figu­ra de Valerius en las descrip­ciones de cier­tas habil­i­dades físi­cas de los per­son­ajes de Los via­jes de Gul­liv­er, y en pleno siglo XIX, la figu­ra de Valerius seguía apare­cien­do men­ciona­da por Charles Dick­ens.

Para el lugar de los “mon­stru­os” en la cul­tura ilustra­da y las curiosas rela­ciones que mantienen con muy dis­tin­tos ámbitos de la lit­er­atu­ra, la filosofía o el arte, es muy recomend­able la mono­grafía de Den­nis Todd Imag­in­ing Mon­sters: Mis­cre­ations of the Self in Eigh­teenth-cen­tu­ry Eng­land (Chica­go: Uni­ver­si­ty of Chica­go Press, 1995). Las imá­genes que acom­pañan a esta entra­da pertenecen al British Muse­um y están suje­tas a copy­right.

[^1]:

S. Pen­der, «In the Bodyshop: Human Exhi­bi­tion in Ear­ly Mod­ern Eng­land», en Helen Deutsch y Felic­i­ty Nuss­baum en su “Defects”: Engen­der­ing the Mod­ern Body, Ann Arbor: Uni­ver­si­ty of Michi­gan Press, 1999, p. 102.

[^2]:

J. S. Thomp­son, Mys­tery and Lore of Mon­sters, Lon­don: Williams & Nor­gate, 1930, pp. 58–59.

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  1. Me ha resul­ta­do muy intere­sante esta entra­da. No tenía ni idea de la ter­ato­scopia, pues nun­ca había oído hablar de ella.

    Un salu­do.

  2. A Sart­je Baart­man tam­bién la lle­varon a Lon­dres por “mon­stru­osa”. No la pasó tan bien como Valerius. Intere­sante entra­da. Salu­dos, M.

  3. Nice site you have!

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