Todos aquellos que se hayan visto en la situación de tener que escribir un trabajo extenso de investigación se han tenido que enfrentar al problema de qué procesador de textos sería el más conveniente para realizar su trabajo de la forma más cómoda y ágil. Normalmente esta duda tiende a despertar tras un año de redacción de la tesis, con un abultado número de páginas conformado por un batiburrillo de revisiones, notas, borradores desechados y demás. Y la gran duda tiende a darse en aquellos que decidieron seguir por el camino de sus estudios previos, es decir, utilizar word sin plantearse si había otras opciones más adecuadas para sus necesidades o, peor, porque sus directores sólo podían utilizar word para corregir sus textos.
En este sentido, yo siempre he sido partidario de enviar un pdf, que se corrija sobre el papel y se devuelva, lo que ahorra muchos problemas de compatibilidades y, sobre todo, de mezcla de archivos y versiones. Mientras que en el ámbito de ciencias a nadie en su sano juicio se le ocurriría utilizar Word, y se pasa directamente al uso de LaTeX, en el dominio de las humanidades hay mucha reticencia a utilizarlo. ¿Por qué? Bueno, porque para ser sinceros, al principio es complicado, enojoso, y porque un texto trufado de notas a pie de página y de formateos varios, puede hacerse directamente ilegible para escribir y enmendar con un cierto grado de soltura.
Como todo en la vida, habituarse es lo más complicado. Los beneficios son muchos, sobre todo por lo que toca a la publicación posterior del texto y a su facilidad para ser utilizado en cualquier sistema operativo sin riesgo de incompatibilidad.
Os cuento todo esto porque acabo de encontrarme con un blog escrito por un estudiante de doctorado de Cambridge que se ocupa de enseñarnos todos los misterios de LaTeX precisamente a nosotros, los investigadores de humanidades. Su redactor trabaja en el primer sufismo bagdadí, aunque ahora se ha dirigido al mundo científico de Al-Andalus. Debido a esto, vais a encontrar muchos ejemplos que no os servirán absolutamente para nada a menos que trabajéis con textos hebreos o arábigos; sin embargo, las entradas que ha escrito ahora a mí me han sido muy útiles y tiene pinta de ir a convertirse en lugar de referencia para estas lides.
Aprovechad y dadle una oportunidad a su autor y a LaTeX. Yo llevo peleándome con el segundo desde tiempo inmemorial, y de vez en cuando disfruto simplemente de las virguerías tipográficas y compositivas que permite, aunque solo sea como entretenimiento.
Podéis consultarlo aquí.





