Por un momen­to, no lo niego, se me pasó por la cabeza la idea de una acción ter­ror­ista, vi a los real vis­cer­al­is­tas preparan­do el secue­stro de Octavio Paz, los vi asaltan­do su casa (pobre Marie-José, qué desas­tre de porce­lanas rotas), los vi salien­do con Octavio Paz amor­daza­do, ata­do de pies y manos y lle­va­do en volan­das o como una alfom­bra, inclu­so los vi perdién­dose por los arra­bales de Net­za­hual­cóy­otl en un destar­ta­l­a­do Cadil­lac negro con Octavio Paz dan­do botes en el maletero, pero pron­to me repuse, debían de ser los nervios, las rachas de vien­to que a veces recor­ren Insur­gentes (estábamos hablan­do en la acera) y que sue­len inoc­u­lar en los peatones y en los auto­movilis­tas las ideas más desca­bel­ladas. Así que volví a rec­haz­ar su invitación y él volvió a insi­s­tir. Lo que te voy a con­tar, dijo, va a remover los cimien­tos de la poesía mex­i­cana, tal vez dijera lati­noamer­i­cana, no, mundi­al no, dig­amos que en su desvarío se man­tenía en los límites del español. Aque­l­lo que me quería con­tar iba a trastornar la poesía en lengua españo­la. Vaya, dije, ¿algún man­u­scrito descono­ci­do de Sor Jua­na Inés de la Cruz? ¿Un tex­to proféti­co de Sor Jua­na sobre el des­ti­no de Méx­i­co? Pero no, por supuesto, era algo que habían encon­tra­do los real vis­cer­al­is­tas, y los real vis­cer­al­is­tas eran inca­paces de aso­marse a las bib­liote­cas per­di­das del siglo XVII.”

Ya han pasa­do cin­co años des­de que murió Rober­to Bolaño, casi los mis­mos des­de que me leí por primera vez Los detec­tives sal­va­jes, y después vino 2666, Las putas asesinas y todo lo suyo. Des­canse en Paz.

***********

Las mejores maneras de recoger la noticia que he encontrado

* Cin­co años sin Bolaño, el anti­héroe lati­noamer­i­cano
* Bolaño mar­ca mundi­al
* Bolaño a lo bes­tia.