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Ficta eloquentia

Encyclopædia Britannica Online

Parece que estos días únicamente se me da por escribir acerca de recursos en Internet y bases de datos, pero lo cierto es que el panorama ha estado un poco movido. Redacto esta entrada porque la semana pasada me encontré con una situación en el blog de Enrique Dans que yo mismo estaba sufriendo, que era el retraso de mi subscripción a un nuevo servicio ofrecido por la empresa, llamado Britannica webshare.

Como bien comentaba Enrique en su blog, los chicos de la Enciclopedia Británica se han dado cuenta de que los resultados de búsqueda de su servidor en comparación con los de la Wikipedia era ínfimos. Una de las muchas constataciones de que los modelos de mercado en Internet no pasan ya por las suscripciones online o por el pago mensual o anual de una cuota —creo que la Enciclopedia Británica en concreto, salía al año en unos 70 dólares—, sino por la creación de contenidos abiertos y de fácil acceso sostenidos o por la publicidad, o por una comunidad tan activa como la que tiene la ya mencionada wikipedia.

britannicalogo
Subido con Skitch, de plasq

¿Qué es el servicio Britannica webshare? Es la manera —poco original, en realidad— que se le ha ocurrido a la empresa para recortar algo la distancia con su máximo competidor. Mantendrán los precios para la subscripción de particulares, pero a los que publicamos en red o administramos páginas, nos ofrecen una subscripción gratuita para que la usemos sin restricciones y establezcamos vínculos con ella. En su momento cubrí la subscripción y me ha llegado una invitación a usarla gratis durante un año, y la insistencia en todo el proceso sobre el año me hace sospechar que pasado este intentarán cobrar para el siguiente.

No creo que la use demasiado. ¿Por qué? En primer lugar porque no voy a defender un contenido cerrado frente a uno abierto y público, aunque está claro que si Britannica me ofrece un contenido mejor y más adecuado sobre el tema que esté tratando, voy a establecer el vínculo correspondiente. En segundo lugar, a pesar de la fama que la Encyclopædia Britannica ha acumulado con los años, muchos de sus artículos —sobre todo por lo que toca a la historia del Renacimiento y de la Edad Media— necesitan una seria revisión y remozamiento de fuentes y referencias.

Por lo demás, me ha llegado la suscripción y llevo usándola un par de horas. Su funcionamiento, en una primera impresión, me ha decepcionado bastante. No me gusta cómo referencia, no me gusta cómo indexa y no me gusta lo lenta que es. Me encantaría ver el índice mucho más claro y no tener «efectos acordeón» por doquier, esto me distrae y no me permite pensar detenidamente , por ejemplo, si comparto la estructuración de la materia que estoy consultando.

Debo reconocer que nunca he sido un gran entusiasta del uso de Enciclopedias —no se me verá gritando angustiado por las noches que aparezca una Espasa online—. Creo que el desarrollo de los contenidos pasa por la absorción de fuentes específicas y por el rescate de muchas olvidadas. En ese sentido, tanto la wikipedia como la EB tienen un serio problema: conciben cualquier contenido histórico como un contenido estático. Entramos aquí en la discusión acerca de lo que algunos llaman el «efecto google», es decir, el uso para la fundamentación de las enciclopedias de los materiales contenidos en el archimotor sin prestar atención a otros motores de búsqueda académicos que se van implantando en las universidades de medio mundo.

La lucha contra el efecto google es un fenómeno que se ha comenzado a dar recientemente en las universidades británicas, en donde muchos de los docentes se han percatado de que las generaciones que han crecido con Internet son incapaces, llegado cierto punto, de descartar una mala de una buena información. Como me decía un alumno hace tiempo: «basta que esté contrastada y que contenga vínculos suficientes», y en realidad no basta. Existe un infinito número de fuentes de información que distan mucho de estar disponibles en Internet. Algunas de ellas, aunque ya digitalizadas e indexadas, se encuentran en sitios que requieren un acceso previo pago o institucional: me refiero ante todo a Jstor, Archives Hub, Blackwell, Ingenta, Swetswise o Periodicals Index Online, sólo por mencionar algunas en el ámbito anglosajón e importantes para el ámbito de las humanidades. El acceso cerrado no es, sin embargo, el mayor problema, hay otros de mayor magnitud que suponen una gran dificultad a la hora de educar a la gente en el uso de estas herramientas:

  1. No están centralizadas. Precisamente por su carácter cerrado y comercial no permite una búsqueda centralizada de todas ellas, a pesar de motores como Scopus y de inciativas muy de mi agrado como CiteUlike, sus capacidades de búsqueda no son de relevancia todavía

  2. Sus repositorios no están completos. No existe la base de datos perfecta, pero todas ellas tienen carencias que son difícilmente subsanables. Jstor está en inglés, de modo que obvia prácticamente cualquier revista escrita en otra lengua —parece que ahora ya empiezan a añadir algunas—, y en casos italianos o franceses, pasa exactamente lo mismo. La evolución de una disciplina, y más cuando esta es histórica, no puede ser monolingüe.

  3. Es imposible realizar búsquedas semánticas. De momento, las búsquedas en tales motores sólo permiten realizar búsquedas mediante palabras clave —i. e., “autor”, “título”, “resumen”, “texto completo”—, lo que complica enormemente buscar en distintos idiomas, o buscar por problemas que no pueden sujetarse a un puñado de palabras. Este problema me ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en una cada vez mayor detractor del uso de pdfs digitalizados en red, pero esa es otra historia de la que me ocuparé, como corresponde, en otra entrada.

  4. Dónde están los libros. El último problema es que este tipo de motores no suelen incluir libros:

  • Existen, es cierto, iniciativas como Questia que permiten buscar en artículos, libros, entradas enciclopédicas y demás. Su precio no es excesivo y ofrecen algunas obras que o son difíciles de encontrar o excesivamente caras. Taylor & Francis ofrecen crear para el usuario una especie de “superlibro” con todos los artículos, capítulos y libros completos que necesites, una idea interesante, aunque bien pensado, quién quiere un pdf de 26.000 páginas.

  • Por supuesto que todos estamos a la espera de Google Scholar y su digitalización de todos los libros jamás publicados, junto con Google Books, pero de momento los resultados no entran en lo esperado.

En definitiva, de momento tendremos que seguir utilizando todos estos motores y un puñado más, seguir yendo a la biblioteca, recurriendo a préstamos interbibliotecarios eternos, comprar libros en abebooks y esperar que llegue un día en que cuando alguien decida hacer una tesis, la recopilación de la información se haga por Internet en un par de simples pasos…

Volviendo al tema de partida, en caso de que tenga nuevas impresiones acerca de la Encyclopædia Britannica las iré añadiendo en comentarios a esta misma noticia.

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