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Ficta eloquentia

Moria de Erasmo

This page has been developed as a supplement to the first volume of “Heterodoxia Iberica” Series: Desiderius Erasmus (2014), Moria de Erasmo Roterodamo. A Critical Edition of the Early Modern Spanish Translation of Erasmus’s Encomium Moriae, eds. Jorge Ledo and Harm den Boer, notes by Jorge Ledo, Leiden – Boston: Brill. The addendum contains the following sections:

  1. Corrigenda.
  2. Addenda.
  3. Press.
  4. Reviews.
  5. Events.
  6. Materials.

If Brill happens to publish a second edition of the Moria, all the emendations contained in the first section will be added to it. That being the case, any assistance provided to make the book more accurate will be recognized both in this website and in the acknowledgments of the printed version. Therefore, I would be most grateful if the actual name, email, and academic affiliation are used in the commentaries. The emendations will be updated in a pdf of the same size, font, and layout than the book. A date will be attached to the document anytime it is updated for easier tracking.

Due to the particularities of the book and the great investment of time by Brill in its design, all the additions contained in the second section will remain here both in html and in a printable pdf.

As for the materials contained in the rest of the sections, they can be freely downloaded but not distributed. For any further question, please, do not hesitate to contact me and I will do my best to write back to you as soon as time permits.

If you are interested in acquiring the book, you can do it through the following vendors:

Jürg Koch, in memoriam

He pasado el día en la biblioteca de un hombre muerto, husmeando en sus papeles y rebuscando entre sus libros, deshaciendo lo que memoria, cuidado y azar se habían molestado en fijar durante toda una vida.

La última edición de un texto clásico que había comprado era la Hypnerotomachia de Adelphi, en su estuche blanco de lujo, en segunda impresión. En los dos extremos de las cuatro estanterías de cuatro metros por ocho, bifrontes como Jano, descansaban los dos volúmenes en cuarto de las Obras completas de Quevedo de 1651 y dos pequeños Gracianes dieciochescos. Un Burckhardt como nuevo, impreso en Berna, convivía con un escuálido Garin deslomado, una cuidadísima colección de clásicos catalanes se empolvaba al lado de un Balzac de la Pléiade que había sido amado, leído y releído, mucho más que Artaud, Cocteau y Camus en Seuil, con los lomos aún tensos y descoloridos por el sol del enorme tragaluz; chocantes todos los modernos ante un Tirant lo Blanch en eclosión. Racine era el único que había merecido quedarse sobre el generoso hato de burdeos rayados de oro. Pessoa arrinconado y Borges con hojas y hojas de apuntes, como Sábato y Bolaño, que se había saboreado con fruición. Igual que Cervantes, en primera impresión de sus Obras completas en Aguilar, despellejado al lado de un Lorca de brillante e inverosímil polipiel. Discreta entre Machado de Assis y dos catálogos de exposiciones de la Gulbenkian se escondía una traducción al alemán del Coloquio de los perros, cerca del Lob der Torheit de Erasmo y, prácticamente en el extremo opuesto a donde se encontraban un Die Metamorphosen, un Satyricon y otros volcados o compaginados al alemán, al lado de Quevedo, solo dos libros en terso latín: los Epigrammata de Marcial y las Noctes Atticæ de Gelio, en edición de Oxford y con una ya dickensiana camisa de domingo.

Mann y Hoffmann arriba, completos, inalcanzables e insobornables: el primer amor (los cimientos de las bibliotecas se oponen a los de la casa). Su querencia por las lenguas romances había empezado, probablemente, por la literatura alemana, y el amor por los frutos imperfectos del latín habían acabado por fundirse y discurrir de manera armónica, esto es, caótica, por anaqueles y memoria, hasta el punto de sepultar definitivamente en un pequeño sarcófago de doble puerta diccionarios y lexicones. En su selección de estudios sobre lenguas románicas, ninguna estridencia, lo justo y necesario para ser solvente, señal inequívoca de que peleó con ellas y venció. Que se enamoró de Iberia y de sus lenguas queda claro no solo por las gramáticas e historias del portugués, vasco, gallego, catalán, aragonés y riojano, sino también por la última deriva, esta ya en orden y sin quizás urgencia, hacia la historia del arte y de la arquitectura y los estudios del árabe, potentes como el trueno ante el vago suspiro del judaísmo. Se aproximó a nosotros no a través de Américo Castro, sino de Pidal, a golpe de gramática, léxico y paciencia. Amó a Velázquez como amó a Rembrandt, quiso ver la Edad Media con ojos de enciclopedia y con afán conciliador, paladeó a Curtius que dejó a mano de los estudios clásicos, pero a una prudente distancia de un Auerbach al que no quiso, y protegiéndolo, y enmendándolo, con Calvino, Ginzburg, Calasso y Buzzati, que lo llevaron de la mano a una prolongada relación extramarital con el italiano, de la que gozó sin culpa, ni pausa.

Fue un hombre que sin duda amó más las palabras que los libros. La presencia, la dispersión de estos, su encuentro en un lugar inesperado, la urgencia amatoria que dejó sus cicatrices, como corresponde, dentro del trazado y de la construcción orgánica del conjunto —despojos ya, a mi cuenta—, hablan de un (ibero)romanista de casta al que lamento ahora, tras haber borrado de manera irremediable su biblioteca, no haber tenido el honor de conocer.

Sirva este escrito como muy pobre nota de agradecimiento a Lisa Zutt, compañera y albacea de Herr Koch. Su donación al Institut für Iberoromanistik la honra. Los libros que tanto conversaron calladamente volverán a susurrar a otros y, ojalá, a despertar de nuevo la pasión intacta que no por ellos, sino por lo que contienen, atesoró su dueño.

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Elogio del escriba

En 1971, en la Universidad de Illinois at Urbana-Champaign, un joven de 23 años decidió sentarse frente al teclado de una computadora. Era el 5 de julio y en su mochila había una copia de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que le habían regalado el día anterior. Fue precisamente el 4 de julio, el primer día que la Universidad le había permitido acceder a un flamante Xerox Sigma V sin restricciones de tiempo. El joven, halagado por el privilegio e intimidado por el desembolso económico de la Institución, ya había tomado la decisión de hacer que su trabajo con la máquina revirtiera en beneficio de la comunidad.

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«No sería mala idea», pensó tal vez, «transcribir el texto, de manera que cualquiera que acceda a nuestra red pueda leerlo, de hecho, podría enviarse por correo electrónico a todos los terminales». Su mente empezó a volar. ¿Era descabellado plantearse que, al igual que había sucedido con el automóvil en los 30, con el frigorífico en los 40, con el televisor en los 50, llegara un momento en que las computadoras fueran un electrodoméstico más? Si esto sucediera sería lógico que se acompañara de un abaratamiento de los soportes magnéticos para copiar la información o, quién sabe, si había terminales en universidades de costa este y oeste conectadas a Arpanet, ¿no cabía pensar en un futuro donde esas computadoras domésticas también estuvieran conectadas entre sí?.

Michael comenzó a teclear en el terminal de uno de los primeros 15 nodos de lo que hoy en día conocemos como Internet.

…We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty, and the pursuit of Happiness…

Ese mismo día acabó la transcripción añadiéndole el conjunto de instrucciones para ser enviada como correo electrónico, algo que finalmente no consiguió. Hizo dos copias en dos discos del tamaño de una fiambrera, cada uno de ellos costaba 1.500 dólares, y una copia en papel. Escribió un mensaje en lo que mucho después se convertiría en el grupo «comp.gen» de Usenet, donde anunciaba la disponibilidad del archivo y prometía que lo enviarían a quien lo solicitara. Ese documento, encapsulado como un archivo de texto, sería el primer libro electrónico de la historia.

Michael transcribiría en los siguientes 15 años 313 libros, palabra a palabra, y con cada pulsación animaba a más entusiastas —estudiantes y profesores; colaboradores de toda laya más adelante— a sumar sus esfuerzos a la tarea, que bautizaría como Proyecto Gutenberg. A mediados de la década de los 90, con el apoyo económico de la Universidad Carnegie Mellon, una colección —modestísima para nosotros, pero sin parangón para la época— cobraba popularidad en Internet.

El 6 de septiembre de 2011, el día de su muerte, Michael S. Hart deja como legado para cualquiera que tenga acceso a un terminal más de 31.000 libros. Aunque el lema del proyecto siempre fue «acabar con la ignorancia y el analfabetismo», nunca consideró que su primer gesto y los esfuerzos posteriores tuvieran en sí mismos ningún valor, afirmó siempre que fue una buena idea que pudo llevar a cabo por una suma de circunstancias propicias. En el momento en que escribo estas líneas, parece evidente que aquel joven que tecleaba desde un teletipo no desempeñó ningún papel de trascedencia en la evolución tecnológica que nos ha traído hasta aquí y, sin embargo, su manera de interpretar los balbuceos de la nueva tecnología, su aproximación ética y equitativa con respecto a la transmisión de las ideas, lo convierten en el último escriba, en el padre del libro electrónico, y en uno de los pioneros de la defensa de la cultura libre en Internet.

Descanse en paz.


Para más información sobre Hart, sobre su papel en la historia del libro electrónico y sus ideas acerca del copyright y del uso ético de Internet, pueden verse los siguientes enlaces:

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No me gustaría que esto pareciera una costumbre pero me he vuelto a encontrar, de nuevo, con una fantástica noticia que imagino que será acogida con alegría por todos vosotros y a la que creo que le encontraréis utilidad.

Cambridge University Press ha puesto a libre disposición para quien quiera consultarlos todos los artículos que se han publicado bajo sus auspicios entre 2009 y 2010, regalo que se extenderá desde el 15 de julio al 31 de agosto.

Podéis encontrar las instrucciones para acceder a la base de datos pinchando en el escudo de la institución:

Cambridge Universisity

Y yo no me hubiera enterado, sino fuera por el twitter de Simon Davies. Os deseo a todos el mejor de los veranos, mientras me preparo para la vuelta.

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Acabo de enterarme y quería compartirlo con todos vosotros. Walter de Gruyter, una de las editoriales académicas más importantes de Alemania, permite el libre acceso a 49 bases de datos de diversos campos científicos y humanísticos, lo cual es una noticia fantástica para aquellos que quieran consultar fuentes de tan reconocido prestigio como poco cacareadas.

De Guyter e edition

Simplemente tenéis que pinchar en este enlace y seguir las instrucciones.

Aprovecho para agradecer los correos electrónicos durante todos estos meses preguntándome por el blog. Mi situación ahora mismo es un tanto caótica, de manera que se me ha hecho imposible recuperar la disciplina sin dejar de lado otras tareas que requieren mi atención inmediata. No obstante, en algún momento no muy lejano, espero, volveré a escribir. No quiero hacer promesas que luego tenga que romper. Así que en cuanto llegue ese momento, todos seréis plenamente conscientes.

Antes de despedirme, quiero agradeceros a todos que sigáis entrando aquí, que el número de suscriptores al feed haya aumentado de nuevo exponencialmente y que me mostréis vuestro cariño e interés aun sin conoceros.

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En uno de mis paseos por la red me he encontrado con la ‘Cervantes Collection’ de la Cushing Memorial Library & Archives de la Universidad de Texas A&M, que pasa a complementar —ante todo por ampliación del arco temporal— el estupendo Banco de Imágenes de Don Quijote patrio.

Se trata de una magnífica colección que alberga todas las imágenes contenidas 1.151 documentos entre ediciones de época del Quijote y de textos vaga o intrínsecamente relacionados con la obra, lo que le confiere un interés específico a aquellos ocupados en iconografía y, ante todo, en la tan interesante evolución pictográfica del ideal caballeresco desde el siglo XVI al XX.

Aquí os dejo una mínima muestra:

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Edición Parisina de 1713. Lista completa de grabados.

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Edición Parisina de 1723. Ilustraciones diseñadas por Charles-Antoine Coypel y grabadas por Luis Suruge. Lista completa de ilustraciones, aquí.

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Edición Londinense de 1818. Todas las ilustraciones, aquí.

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1929-Maestricht-Leiter-01-024

Edición Holandesa (1929-1931). Ilustraciones de Hermann Paul. Todas las ilustraciones de Don Quijote, aquí. Will, de A Journey around my skull ha hecho una selección y la ha subido a flickr.

Espero que os sea de utilidad o, al menos, un buen entretenimiento para la tarde del domingo.

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Dart-Europe es el equivalente europeo al motor de búsqueda de Proquest para tesis doctorales realizadas y defendidas en universidades norteamericanas y canadienses. Ha sido realizada y puesta en funcionamiento bajo los auspicios de LIBER (Ligue des Bibliothèques Européenes de Recherche), que también está implicada en otros proyectos como Europeana, y está administrada por la University College de Londres.

Se trata de una plataforma que hacía tiempo que era necesaria. Aunque todavía no suple la consulta de catálogos bibliográficos y la búsqueda en los ficheros de bibliotecas universitarias, es un primer paso prometedor, y esto ya debería ser motivo de alegría para los investigadores. Pero además, puede encontrarse en su página un amplio repositorio de documentación que informa acerca del funcionamiento, metas y problemas técnicos relacionados con el proyecto.

En principio, el portal se encarga de recoger los metadatos de tesis de doctorado y de máster a través del protocolo OAI-PMH, siempre que sean de libre acceso y que puedan descargarse, leerse y utilizarse libremente. Ya existe un amplio número de Universidades que participan en el proyecto aportando sus bases de datos; la incorporación de nuevas entidades es libre, así que si leéis esto desde una Universidad europea que no aparece en la lista, sería una estupenda idea ponerse en contacto con vuestra biblioteca y animarlos, si es que no lo están haciendo ya, a formar parte de la plataforma.

Para empezar una búsqueda, sólo tenéis que pinchar en la imagen bajo esta línea:

Dart-Europe

Como siempre, espero que os sea de utilidad.

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Acabo de recibir la noticia a través de correo electrónico de que Revista de Literatura ha comenzado el proceso de digitalizado de todos sus números desde 1952, año en que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas comenzó a publicarla.

Se trata de una muy buena noticia. En mi opinión es de las pocas publicaciones del campo que ha mantenido siempre el criterio de excelencia por encima de todos los demás, entre otras cosas gracias al trabajo de un equipo editorial ejemplar.

Portada de "Revista de Literatura"

Podéis encontrar los números que de momento están disponibles (2001-2005; volúmenes 63 al 67) en el siguiente enlace, poco a poco irán actualizándolo con el resto.

Espero que os sea de utilidad.

Pd. Quiero agradecer la abundante cantidad de correos electrónicos que me han llegado durante los últimos meses, los comentarios y el aumento incesante de las suscripciones al blog. Tanta atención merecía una respuesta ya hace tiempo: Ficta eloquentia no ha terminado su recorrido, sino que volverá pronto con una explicación extensa de los motivos de la ausencia y con mucho material nuevo.

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Bruto

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Busto de Lucio Junio Bruto en el Museo Capitolino

“Cuando Bruto y los hijos de Tarquinio consultaron al oráculo de Apolo en Delfos, la respuesta fue que el poder supremo pertenecería al hombre que, tras su regreso, primero besara a su madre. Bruto fue el único que comprendió: al desembarcar de su nave simuló caer y besó la tierra, y así se hizo con el poder supremo.

“Los siete reyes de Roma habían sido Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio Soberbio. A la muerte de Rómulo, el senado gobernó durante un año mediante decuriae, “grupos de diez,” sistema molesto que propició que comenzara la búsqueda de un rey. Al no encontrarse nadie adecuado en la ciudad, cobró fuerza la buena fama de Pompilio, que vivía en Cures, ciudad de los sabinos, y que tras tratos con los embajadores aceptó el poder supremo y brindó la ferocidad de un pueblo guerrero a los ritos sagrados. Dicen que tenía el pelo cano desde la infancia.”

Segundo Mitógrafo Vaticano.

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La noticia tecnológica del día: Apple acaba de lanzar un nuevo producto denominado iPad. El término ‘producto’ lo utilizo a propósito y pretendo con él explicar por qué la recepción en Internet no ha sido especialmente cálida.

El problema ha sido la falta de un contexto, tanto para tirios como para troyanos. En el caso de los usuarios fieles a la marca, las expectativas habían llegado a un grado de desbordamiento a través de rumores que hacían imposible que ningún objeto real cumpliera con una masa informe de características que no paraba de crecer. Junto a ello, Apple ha ido en contra de una de sus premisas en la creación de productos informáticos de consumo: presenta un objeto para la recepción pasiva de productos culturales cuando la línea de la empresa había consistido tradicionalmente en insistir en una potencial capacidad de creación de una manera rápida y sencilla. Y esto, como es evidente, ha descolocado a muchos. En el caso de quienes nunca han tenido relación con la marca, las reacciones fueron similares a las que hubo con el iPhone: crítica de precios, sumada a crítica de un sistema propietario, etc.; una amplia mayoría de ellos tiene, dos años después, un iPod táctil o el teléfono móvil de la marca.

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Sin embargo, lo que puede percibirse como un fallo de la empresa a la hora de satisfacer las necesidades de los usuarios, o de cumplir con sus expectativas, admite una lectura distinta. Apple ha optado por el sentido común y por hacer un ejercicio reflexivo a partir del que reeducar al usuario, movimiento que por su carácter insólito merece al menos una reflexión. El iPad no es una computadora que permita redactar una tesis, componer música, retocar fotografías de manera profesional o editar vídeos en HD; sino que sirve para disfrutar de todo ello. El concepto que hay detrás es quiénes somos y cómo aportamos valor a lo que consumimos, de ahí la posibilidad manejarse y distribuir lo que tenemos en nuestro terminal en todas las redes sociales. El iPad no podía ser la piedra filosofal de la informática de consumo porque ya lo es cualquier ordenador con cierta potencia; había que buscar un espacio distinto para dar significado a todo lo que consumimos. Como tal, va dirigido a los usuarios que necesitan un terminal para moverse por redes sociales, para revisar documentos que lo requieran, para leer libros ya escritos, etc.

En resumen, el iPad no alude al usuario creativo o a aquel que necesita hacer cosas con una computadora, sino que se plantea a ese mismo usuario, o al consumidor pasivo, como ente receptor —de ahí la insistencia en las redes sociales, la redistribución de la aplicación de correo electrónico, etc.— y como crítico y difusor de los mismos. Por tanto, una idea de creación no solo para aquellos con inquietudes, sino para los internautas como comunidad global.

Creo que el iPad será un éxito porque tiende la mano al amplio registro de usuarios que todavía miran con recelo, o usan de una manera vaga e imprecisa, sus ordenadores y su conexión a Internet. Pienso en usuarios que no necesitan la complejidad de un ordenador personal para configurar su cuenta de facebook, que no saben qué es flickr, que no quiere navegar de manera errante por páginas web, sino que requieren puntos de referencia perfectamente situados en Internet —coordenadas que podríamos denominar como mainstream digital—. Lo que Apple ha hecho es parecido a lo que el ZX Spectrum, el Commodore 64 o el Amiga hicieron en la década de los 80 para mi generación: ha pensado en un terminal doméstico que no requiere ningún conocimiento previo para disfrutar plenamente del ocio digital y de los protocolos de interacción social que ofrece Internet.

Gestión de tiempo y de espacio.

Detrás de ello, hay un estudio serio de modelos de mercado y de expansión hacia un enorme conjunto de usuarios potenciales. Pero hay además una consideración importante de uno de los grandes temas del diseño aplicado a la informática: la gestión de los espacios de trabajo y de ocio. Apple ha pensado en cómo distribuimos ambos espacios en la interacción con nuestras computadoras y ha creado un objeto que responde al ocio de una manera más precisa que un portátil o un sobremesa, ha aplicado la división de las dos grandes corrientes de uso de computación dividiéndolas en dos espacios claramente delimitados. Y eso tiene dos claras lecturas: la primera es que aquellos que como yo nos pasamos el día delante de nuestros portátiles y mezclamos ocio con trabajo nos ha ofrecido una delimitación física de los mismos, dando un contexto a un objeto nuevo —aquí las palabras de Jobs no parecen exageradas— que hace todo lo que se puede hacer con un ordenador que no es estrictamente productivo. Esta división permite pensar de una manera mucho más lógica nuestra relación con los ordenadores y materializa una necesaria división conceptual. Apple ha creado, me parece, un espacio necesario.

No es que el iPad permita hacer cosas impensables en otro aparato, sino que ayuda a distribuir los conceptos en distintos tipos de objetos, y eso es enormemente importante para todo tipo de usuarios.

Incorporación de nuevos usuarios y relectura de Internet.

El iPad, tal y como yo lo veo, es justamente lo contrario a una herramienta de trabajo. Es una herramienta de procrastinación, que la alienta y que la evita al convertirlo —a él en vez de a nuestra computadora— en su instrumento. Cumple, a su vez, con todas las premisas y atiende a todo el abanico de ocio en Internet, permitiendo acceder a una amplia masa de población a las redes sociales aunque carezcan de cuenta en ellas. Pienso por ejemplo en la generación que ahora cuenta con 50 años. Su relación con la computación ha sido, en su mayor parte, una relación laboral en la que había que usar el correo electrónico y quizás dos o tres aplicaciones específicas. No navegan por Internet, no leen blogs por suscripción a RSS y no hacen cosas que para el arco de población entre 15 y 35 años son básicas.

Jobs presentó el iPad sentado en un sillón con una mesilla al lado. No es un objeto para las oficinas, nadie pretenderá escribir textos extensos —aunque ciertos complementos lo permitan— en él. Ciertamente se puede usar iWork, nuestra galería de fotos, etc., pero tal y como yo lo veo, para hacer pruebas de concepto, para revisar fuera del escritorio y fuera del despacho algunos trabajos que hemos producido allí, de una manera casual y sin complicaciones de interfaz. Visto así, incluso la imposibilidad de realizar varias tareas simultáneamente parece una ventaja.

La lectura de libros electrónicos.

Apple reveals iBookstore and app for the iPad -- Engadget.jpgUna de las aplicaciones que Apple presentó para su nuevo dispositivo fue fue iBooks. Un software de lectura de libros en formato .epub. Y aquí de nuevo se plantea de manera evidente lo que quería decir antes. Apple ha pretendido crear una experiencia estética de lectura. Ha obviado la tinta electrónica —todavía no es su momento— y ha intentado crear la experiencia más agradable y similar a la lectura en papel, no ha reproducido las cualidades físicas del papel, sino la ‘interfaz de la lectura’. Para ello ha saqueado sin piedad dos aplicaciones de cierta fama: Delicious library para la creación de anaqueles virtuales donde almacenar libros y Classics para reproducir el proceso de lectura.

De nuevo, esto ha producido críticas por parte de los potenciales clientes: cómo se leerá un pdf, por qué pantalla con retroiluminación y no tinta electrónica, etc. Y volvemos con ello al concepto que hay detrás del dispositivo: no se trata de que no se pueda leer un pdf, que se puede, sino de que algún desarrollador cree una aplicación que repiense la manera que tenemos de tratar con formatos que no permiten un reescalado como el texto plano. Eso llegará más pronto que tarde. Se trata de que uno pueda acceder a ficción y ensayo de manera directa en su terminal, que pueda leerlos y disfrutar de la lectura como un placer estético, no como un trabajo.

A mí, que me dedico —por horrible que suene— a leer de manera profesional, no me resulta práctico. Y no lo es porque la premisa es que no lo sea, no se ha pensado en el dispositivo para eso y, más importante aún, el iPad no es un lector de libros electrónicos, aunque pueda cumplir con ese cometido.

La AppStore y la creación de ecosistemas para los usuarios.

Una de las cosas realmente atrayentes del iPad es cómo Apple ha creado una interfaz y un conjunto de aplicaciones básicas para los usuarios. La compañía nos ha mostrado cómo ve al usuario medio de Internet y, desde mi punto de vista, la radiografía les ha salido impecable.

appstore.jpg

Eso no implica que cada usuario pueda hacer del dispositivo lo que quiera mediante aplicaciones de terceros. Por ejemplo, el iPad puede ser una herramienta muy interesante para aquellos que estén preparando una tesis o un libro si se cuenta con el mismo gestor bibliográfico que tiene en su computadora que permita leer bibliografía en pdf y anotarla y marcarla para que luego sea sincronizada y con un editor de textos básico que le permita hacer pequeñas correcciones en otro ámbito que no sea la mesa de trabajo, y con un dispositivo fácilmente transportable, ligero y energéticamente eficiente.

Lo mismo es aplicable a aquellos profesionales de la fotografía que deban revisar una enorme cantidad de fotografías, el dispositivo permite marcar y detectar posibles problemas tanto en el momento de pre como de preproducción, problemas que a veces podrán solucionarse con una aplicación ligera de retoque fotográfico en el dispositivo y a veces requerirán enviarse al centro de trabajo para una revisión posterior.

Como cierre, me parece que lo que hoy ha presentado hoy es una manifestación sincera de nuestros hábitos como usuarios, dándole puerta de entrada a muchos más que todavía desconocen Internet. La forma en la que lo ha hecho me parece interesante y queda por ver cuál será la recepción del dispositivo. Si mi lectura es acertada, Steve Jobs podrá jactarse de haber reinventado la informática de consumo.

El iPad define de una manera precisa qué es un usuario de Internet actual, cuáles son sus necesidades, y cómo interactúa con su medio. En ese sentido, servirá en unos años para comprender cómo veíamos Internet y que tipo de expectativas teníamos —en términos generales— a la hora de valernos de la red como medio comunicativo.

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Parece que mis lectores dedicados a la ciencia están de enhorabuena este mes. Si no había sido bastante la noticia de la que me hice eco hace unos días sobre la apertura de los archivos de la Royal Society, me encuentro hoy al hojear algunas bases de datos que Taylor & Francis ofrecen durante este mes de enero libre acceso a todos los artículos de todas sus revistas sobre matemáticas, que podéis consultar simplemente pinchando en la imagen que acompaña a esta entrada.

January Math Madness.jpg

Recordad que el regalo tiene fecha de caducidad y que quedan unos escasos cinco días para que expire. Aquellos que tengáis la posibilidad de haceros eco de la noticia para que un mayor número de gente se aproveche de las ventajas, por favor, hacedlo.

Sé que a algunos de vosotros os será de enorme utilidad.

Recomiendo a aquellos que todavía no están suscritos a Ficta eloquentia que lo hagan a través del lector RSS de su gusto o que reciban las actualizaciones en su correo electrónico

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Iginio Marini será un nombre oscuro incluso para aquellos dedicados al mundo de la tipografía y del diseño gráfico. Sin embargo, ha creado uno de los programas más precisos para el interletraje (kerning) automático de tipos digitales: iKern. Este programa ha servido para rematar algunas de las tipografías digitales más populares de los últimos tiempos, entre ellas algunas de Jos Buivenga —Anivers, Calluna, Museo Sans, etc.—, Molotro —Minotype—, etcétera.

Pero Iginio no solo se dedica a la creación de software para marcar las correspondencias y el espaciado perfecto entre caracteres, sino que tiene una pasión específica por las tipografías antiguas, y es ese el motivo principal para dedicarle esta entrada.

The Fell Types modern revival fonts realized by Igino Marini using iKern.jpg

Algunos de vosotros ya sabéis lo que me gustan las tipografías históricas y el interés que despierta en mí su adaptación al mundo digital. Iginio se dedicó a la conversión a formato digital de las fuentes que sirvieron para la fundación de las Prensas de Oxford allá por el siglo XVII y que reciben el nombre de quien supervisó el trabajo, el decano de la Christ Church, el Vice-Canciller de la Universidad de Oxford y obispo, John Fell (1625-1686). La preocupación de Fell por la composición y el diseño era tal que decidió encargar la tarea a maestros holandeses en vez de dejarlas en manos de los ingleses, que consideraba como padres de todo tipo de aberraciones tipográficas. Y los tipógrafos holandeses tenían a su vez en mente un modelo claro: los caracteres de civilité de Robert Granjon, que pretendían ser una respuesta francesa al predominio italiano en el diseño de romanas.1

Durante poco más del primer siglo de las prensas de Oxford, las tipografías Fell sirvieron para la composición de todos los títulos compuestos en ellas, para quedar posteriormente relegadas a ediciones de lujo y tiradas muy limitadas.2 En el proceso de refundición de los tipos, Iginio se valió de tres monografías, dos de Stanley Morrison y de una de Horace Hart,3 a la búsqueda de un sistema que le permitiera reconstruirlos como homenaje y, al tiempo, como adaptación a las necesidades actuales.

El archivo que estáis a punto de descargar contiene:

  • La romana y la itálica inglesas. Las romanas y las versales fueron cortadas por Cristoffel van Dijck y las itálicas por Robert Granjon. John Fell las adquirió en 1672. Deben ser impresas a 13,5 puntos para una correspondencia exacta con el modelo original.
english and roman italic.jpg
  • Los tipos de De Walpergen. Que se componen de la triple pica (cícero), cortado por Peter de Walpergen y adquirido en 1686. Debe ser impreso a 48 puntos para una correspondencia exacta con el modelo original.
fellrevival-threelinespica.jpg
  • El “French Canon“. Cortado por Peter de Walpergen y adquirido también en 1686. Debe ser impreso a 39 puntos para una correspondencia exacta con el modelo original.
fellrevival-frenchcanon.jpg
  • Doble Pica (cícero). Cortado por Peter de Walpergen y adquirido en 1684. Debe ser impreso a 21 puntos para una correspondencia exacta con el modelo original.
fellrevival-doublepica.jpg
  • Great Primer“. Cortado por Peter de Walpergen y adquirido también en 1684. Debe ser impreso a 21 puntos para una correspondencia exacta con el modelo original.
fellrevival-greatprimer.jpg
  • De Walpergen’s Pica“. Cortado por Peter de Walpergen y adquirido en 1692. Debe ser impreso a 12,5 puntos para una correspondencia exacta con el modelo original.
fellrevival-dewalpergenspica.jpg
  • A lo que se suman los fleurons y elementos decorativos. Son cortes fundamentalmente de Robert Granjon. El archivo 1 debe imprimirse a 25 puntos y el archivo 2 a 17,5 para una correspondencia exacta con el tipo original.
fellrevival-fellflowers.jpg

*

Podéis acceder de manera gratuita —aunque aceptan donaciones— a los archivos en estos dos enlaces:

La licencia obliga a citar la procedencia en aquellas publicaciones en que la utilicéis.

Para más información en Internet:


  1. Stanley Morrison (1967), John Fell, The University Press and the ‘Fell” Types , Oxford: Oxford University Press, pp. 139-42; id. (1973), A Tally of Types, Cambridge: Cambridge University Press, p. 71. 

  2. Sobre la resurrección del tipo solo me queda recomendar uno de los mejores libros sobre historia de la tipografía que he leído: Martin Ould (2000), The Fell Revival; Describing The Casting Of The Fell Types At The University Press, Oxford, And Their Use By The Press And Others Since 1864, The Old School Press. 

  3. Stanley Morrison (1951), The Roman Italic & Black Letter bequeathed to University of Oxford by Dr. John Fell, Oxford: Oxford University Press; id. (1967), John Fell, The University Press and the ‘Fell” Types , Oxford: Oxford University Press; Horace Hart (1970), Notes on a Century of Typography at the University Press Oxford, 1693-1794, Oxford: The Clarendon Press. 

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Esta es una breve entrada dedicada a todos los lectores de este blog que tienen un cierto interés, o se dedican profesionalmente, a la ciencia. La Royal Society ha puesto a disposición de todos los internautas la totalidad de su colección, unos 65.000 archivos. El archivo no suele estar accesible en las bases de datos digitales de las bibliotecas universitarias a causa del elevado precio de la suscripción, así que es una buena oportunidad para consultarlo y para hacerse con aquellos documentos que más os interesen.

Para entrar en la página donde encontraréis todo, sólo tenéis que pinchar en la imagen de la vieja maestra de escuela que se encuentra al pie de este párrafo y buscar este enlace, entre otros. Pinchando en cada revista encontraréis todos los números en pdf desde su fundación, casi nada. Sólo hay una pega: llevan disponibles desde el 23 de noviembre del año pasado y el 28 de febrero de este año volverán a ser de acceso restringido.

Clase de ciencias a Niños

A finales del año pasado la Royal Society ya nos había sorprendido con una utilísima colección de 60 textos científicos de enorme importancia histórica de los últimos tres siglos y medio. Esta colección, junto con la posibilidad de recorrer una línea temporal que hiciera todo más visual tuvo bastante eco en un abultado número de blogs, en redes sociales y en prensa en Internet.

Trailblazing. Three and a half century of Royal Society Publishing

Tanta alharaca en torno a los 60 textos parece haber borrado el hecho de este otro maravilloso regalo que nos lleva haciendo desde hace casi dos meses la Royal Society y que yo me acabo de encontrar ahora. Espero que para vosotros sea también un hallazgo y os tenga entretenidos —o sufriendo por el estrés— durante meses, días u horas.

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Se ha levantado la polvareda, como era previsible, con respecto al libro digital en españa y a la penosa situación de las editoriales patrias con respecto a él. Me refiero ante todo a la polémica en Twitter y a la airada entrada de Mi mesa cojea al respecto, así como la entrada de Econectados a la que llego por Error500: todo indica que las editoriales han optado por el inmovilismo como sucedió con las discográficas hace una década, con la diferencia de que diez años son muchos en lo que toca al ámbito tecnológico y los usuarios ya tienen a su disposición todos los medios para la creación de plataformas de contenidos que pueden ser colmadas de material en muy poco tiempo.1 Se confunde quien piensa, sin embargo, que los editores españoles no conocen el mercado, saben bien que ese “quietismo” es la actitud más inteligente a seguir ahora, porque basta que suplan las infumables versiones en formato .rtf, .doc o sus refritos en .pdf por unas decentes —y revisadas y cotejadas— en .epub, .pdf o derivados para que pasen a engrosar el catálogo de libros piratas —y quien sepa algo de historia del libro, sabe que es término que ni pintado—, solamente aportando pérdidas en un cambio de plataforma que es, por otro lado, inevitable.


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Imagen bajo licencia Creative Commons: “My Kindle 2 now works sideways”, de jc.westbrook

Es cierto que el impacto de los lectores de libros electrónicos en España no es comparable al estadounidense, como también es cierto que las editoriales españolas ya deberían estar preparadas para la convivencia del mercado del papel y del digital. Nuestras editoriales podían haber tenido la vista suficiente como para lanzar best-sellers y clásicos anotados y preparados para estudiantes americanos y británicos de español —que los hay a expuertas—, algo que aún puede ser un buen campo de pruebas para ellas y les puede aportar importantes beneficios a largo plazo. Como sea, lo que plantean las entradas mencionadas más arriba es que las editoriales van a seguir el ejemplo de las discográficas, que nos han presentado un ciclo de pérdidas enorme —y no quiero discutirlo aquí— hasta encontrarse paulatinamente con un equilibrio entre lo que los usuarios demandan y las distribuidoras están dispuestas a ofrecer. Pero la realidad es que el mercado de libro cuenta con unos rasgos que, bien aprovechados, pueden llevarlo por derroteros distintos.

En primer lugar, el mercado de la música tiene poco o nada que ver con el mercado del libro. Mientras que escuchar música en un iPod o en un ordenador con una buena salida de sonido tiene poco de distinto a hacerlo en un equipo de alta fidelidad —que me perdonen los melómanos—, leer un libro en soporte digital tiene mucho de distinto al soporte en papel. Hay, claro, ventajas y desventajas. Para una persona como yo, que se dedica a los libros —a leerlos y a intentar escribirlos—, la ventaja de poder buscar una información concreta en cualquier momento parece de ciencia ficción, y el ahorro de tiempo es considerable. Claro que esto no significa que yo pueda producir más o mejor, sino que sencillamente tengo una comodidad añadida a la revisión de mis notas de lectura. El problema que yo le veo a los ebooks en el ámbito académico —lo he comentado más veces— es el formato: los académicos necesitamos saber el año de edición, la editorial y el lugar, el número de página, y demás cosas que el ebook se salta a la torera, para ayudar a nuestros lectores a encontrar las referencias que mencionamos y para que nuestros lectores nos espeten a su vez referencias que nos contradigan. Perder esta manera, o no aportar una nueva, de referenciado es inaceptable y un error a todas luces, maxime cuando es fácilmente subsanable.2 No cuesta imaginar un momento en un futuro —lejano o cercano— en que los libros académicos se publiquen únicamente en formato digital y estén plagados de hipervínculos para acceder de manera directa a fuentes que antes se mencionaban, sí, y que en un acto de fe, también, teníamos que dar por buenas. Llegados a ese punto, el ebook mostrará su potencial como una herramienta de estudio sin parangón en la historia del libro, y creo que todos debemos congratularnos con lo que nos viene por delante, algo para lo que la escritura de un blog ayuda mucho —por eso se lo recomiendo a mis colegas— y para lo que creo que sería deseable un entrenamiento específico en los programas de doctorado actuales.

Jerome and the Book.jpgDecía que el mundo de la música y el mundo del libro no son iguales y me gustaría ser un poco más claro al respecto. Mientras que es prácticamente innegable que todo el mundo escucha y escuchaba música y quien más o quien menos tiene en su casa un generoso catálogo de CDs o mp3, en el caso de los libros es difícilmente negable aquella cantinela impenitente de años ha de que cada vez se leen menos libros en esa cabriola fantástica que establece una equiparación entre lectura y compra de un volumen que, gracias a esos sitios legendarios llamados bibliotecas, sería más que discutible. Leer un libro no requiere las mismas destrezas que oír un disco o ver una película, y hay lectores, probablemente los más abnegados, fieles y tenaces, que buscan cosas distintas a la literatura de consumo, que desde el siglo XVIII es la que ha dado réditos a las editoriales. Es evidente que estas no van a poder evitar que Zafón, Rowling, Reverte, Marías, King, Clancy y demás jarca sean pirateados de manera inmisericorde, como ya lo llevan siendo desde hace lustros; sin embargo, las editoriales juegan con una baza que el mundo de la música no pudo explotar, que es el de su fondo editorial. Aquí la historia cambia, y mucho, porque estamos hablando de libros desaparecidos que todavía pueden prestar un enorme rendimiento económico con una inversión mínima, puesto que ya están escritos. Hablamos, en definitiva, de un arco temporal que va del tiempo de vida útil de un libro en los anaqueles de cualquier librería —soy generoso y obvio el comercio de libros—, entre uno y cinco años, a la duración de los derechos de explotación de la obra o, mutatis mutandis de su traducción, que dependiendo del país puede ocupar unos generosos sesenta años. Ahí es nada.

La nebulosa aquí es en realidad mayor, puesto que antiguas editoriales que cerraron sus puertas hace tiempo —pienso en Editora Nacional, una tragedia— vendieron o malvendieron los derechos de su fondo a algún oscuro —o luminoso, preclaro— editor que ha decidido dejar esas colecciones durmiendo el sueño de los justos. Un escaneo, un ocr concienciudo, una cuidadosa corrección —para adecuarse al original, no con afán de mejorarlo, o con opción si cabe de una “fe de erratas”— y una maquetación conservando tipo, cuerpo, paginación y demás y voilá, uno verá que distribuyendo el archivo por unos 8 euros va a encontrarse con que unos 2.000 profesores universitarios desperdigados por el mundo —es un decir— y un generoso número de estudiantes, si aquéllos se animan a incorporar el texto en sus cursos, se comprarán el libro de marras de la colección. Pongamos otros 1.000 alumnos y ya estamos en 3.000, que multiplicado da la friolera de 24.000 euros, algo que partiendo de la nula producción de beneficios actual haría que al mundo de los editores les tuviera que aparecer el símbolo del euro centelleando en sus pupilas. No te cuento si nos ofrecieran la Biblioteca de visionarios, heterodoxos y marginados, las obras completas de Julio Caro Baroja, las de Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Dámaso Alonso, o los magnificos estudios de José Deleito y Piñuela a un precio especial de lanzamiento.

William Morris - ejemplo de página impresaMenciono esto porque sí hay cosas que un editor puede aprender del mundo del disco: remasterizar obras clásicas y casi perdidas. Aquí Google Books, con su falta de cuidado y amor por el texto y por su renderizado, junto a su pobre sistema de búsquedas, ha dejado una vía abierta para los editores en el sentido clásico: aquellos que amaban el libro como objeto además de como contenido. Las opciones del libro electrónico deben dar la opción de volver a transmitir ese amor, de reeducar estéticamente al público. Uno puede hacer un trabajo de maquetado y composición siguiendo el original pero puede ofrecer anexa una versión ampliada a la que adjuntar apéndices que permitan un lectura actualizada —para eso valemos los historiadores, los filósofos, los filólogos y demás razas de Mordor—, la incorporación de materiales de difícil acceso hace cuarenta años y hoy a un click de distancia, objetos gráficos y audiovisuales, etc. Creo que cuando Apple —siento mencionar al santo de mi devoción— anunció la creación de iTunes LP estaba pensando en una fórmula que a ellos les ha ido bastante bien, y que podría adaptarse de la siguiente manera al mundo del libro digital: es cierto que hay .rtfs, .docs, .pdfs y demás pululando por la red, pero hay una manera de presentar los contenidos y unos contenidos determinados que solo pueden ser organizados por el editor que posee los derechos de más obras, es necesario crear objetos de arte que nadie quiera piratear, tanto por la plataforma en la que se ven como por las ventajas inherentes que conlleva su compra. Y creo que todo ello debería ser excitante por el reto que supone para el mercado editorial. No ha habido un momento con mayores posibilidades creativas para escritores, diseñadores y creadores de contenido desde las prensas de William Morris y las obras que pueden producirse llevarían la experiencia de la lectura y del aprendizaje a un nuevo nivel. Aquí la pericia del editor en la selección de los textos para sus colecciones, y el trabajo que durante años la editorial ha realizado escogiendo con mimo sus títulos se verá enormemente recompensados. Espero que la plataforma que Apple prepara esté a la altura de dichas posibilidades experimentales y, de ser así, que no queden estas en lo anecdótico.

La entrada de Mi mesa cojea mencionada al principio de este texto incide en un hecho distinto al que yo comento, al enfocarse primordialmente a la literatura de consumo. He tenido la posibilidad de utilizar un Kindle y un Nook estos días y, sinceramente, no es la experiencia de lectura que busco, ni lo que espero para cambiarme de papel a un dispositivo nuevo. Además de las razones anteriormente aducidas, tengo claro que no voy a utilizar un lector de libros electrónicos donde su estética —y me refiero a cuestiones tipográficas, de caja y demás cosas que no tienen por qué preocupar a todo el mundo— es como poco aberrante. Pero la crítica de Jose A. Pérez es acertada, las editoriales deberían tener unos contenidos a la espera de soporte, y no al contrario, si el soporte adelanta a los contenidos y las preocupaciones por el libro como tal son mínimas —uno no sabe qué traducción, qué edición y con qué garantías la está leyendo— en un amplio espectro de lectores, las editoriales van a sufrir con sus títulos tradicionalmente más rentables. Quizás sea el momento de un cambio en el paradigma tradicional del mercado librario, que decía que los réditos obtenidos de las obras más vendidas servían para publicar las obras realmente importantes y de calidad, quizás el paso al libro electrónico permita que las editoriales ofrezcan a su público, a precios competitivos, obras raras y hermosas y que sean estás las que permitan no su supervivencia, sino una nueva edad dorada. Por soñar, que no quede.

actualización: Al hilo del debate algunos blogs han publicado algunas entradas de tanto interés ligeramente anteriores a esta o posteriores. Hago aquí una pequeña lista aproximativa de algunas de las que me han llamado más la atención:



  1. No deja de sorprenderme leer algunas de las perlas de la entrada de Econectados —«Dime un libro y lo encuentro en Google gratis», «lo siento por los libreros, pero van a desaparecer rápidamente», «los libreros están amenazando a las editoriales con quitar sus libros de la vista si venden libros electrónicos en sus webs. Pura mafia. Igual de mafia que la ley española que obliga a vender el libro a un precio único para proteger a las librerías pequeñas. Lo siento, pero aquí debe haber libertad; y ahora mismo en este terreno no hay ni algunos quieren dejar», «Mmuchísimas [sic.] librerías cerrarán, lo siento por los libreros tradicionales pero así es la digitalización que hace más accesible todo. Podremos leer en segundos cualquier libro estemos donde estemos», etc.— que, como en el caso de la música, demuestran un desconocimiento absoluto de lo que es un editor, un productor musical, un librero, por no ir ya directamente a un texto cuidado, una traducción con garantías, etc. No seré yo quien defienda modelos de mercado caducos ni los abundantes abusos que hay en los precios de la música y los libros, pero comienza a ser exasperante la total falta de conocimiento en los defensores del todogratisahorayporquesí de lo que conlleva diseñar una colección de libros o de discos y lo que hay detrás de producirlos con el cuidado necesario. 

  2. Incluso por el número de palabra en el texto. 

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Me ha salido la bilis un par de veces mientras escribía esta entrada y ambas he repetido mi mantra: ⌘+a+⌫. Me hubiera gustado hablar de cuál creo yo que es el verdadero problema de la Universidad y de la Investigación españolas, pero la situación ahora mismo es lo suficientemente grave para que me olvide de mis propias convicciones e intente apoyar una causa que considero noble y justa. Javi Peláez ha sido muy claro: nos ha pedido una razón a cada uno de nosotros por la que jamás debería reducirse la inversión estatal en Investigación y Desarrollo.

Tras pensar detenidamente en aquellas que considero obvias y que deberían estar en la cabeza de cualquier persona de bien —el drama humano y familiar, la pérdida de puestos de trabajo, la necesidad de modernizar un país que siempre está en la cuerda floja en materia de innovación y aplicación de tecnologías punteras,…— doy una razón que me parece esencial y que no he visto en ninguna parte: sólo con una auténtica y comprometida inversión de capital existiría una hipotética posibilidad de reformar la Universidad española de una manera radical y auténtica.

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Sé, señora Ministra, que tal vez sea más un acicate para el recorte —«¡Oh, Beato sillón!»— que para cumplir aquello a lo que se comprometió con nosotros, con quienes votaron en las urnas y quienes refrendaron la decisión propia o ajena de elegirlos para dirigir el país. Escuche con atención a una persona que sabe que no es nadie para dar consejos: inviertan todo lo posible en investigación si quieren que algún día España abandone los reinos de Taifas, pelee y luche por aquellos científicos —y hablo de los científicos de verdad— honrados que aman a su país tanto como para quedarse en él a sufrir y a mendigar inversiones, y luche y pelee por atraer a otros que están en centros extranjeros de enorme prestigio. Y una última cosa, aunque sé que esto es incomprensible en nuestro país: ayude al abandono del cortijo y haga un plan decente de una vez —y no me refiero a las rotaciones boloñesas, precisamente— para que en España se contraten investigadores extranjeros. Voy más allá, para que haya un más amplio y generoso número de profesores universitarios extranjeros y, agárrese, catedráticos. Quizás le suene a locura, pero en el puñetero fútbol tiene un buen ejemplo de cómo hacerlo.

Podéis ver una descripción de la iniciativa en el blog de javi Peláez y la lista de blogs que nos hemos unido a ella aquí, en el momento de acabar esta entrada hay 686 razones, ahí es nada.

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Hoy hace exactamente una semana que murió Leszek Kolakowski y, como muestra de que la prensa no rinde justicia a algunos ni en sus obituarios, yo acabo de enterarme esta tarde mientras leía una anécdota de las muchas protagonizadas por el maestro en The Chicago Blog. Para muchos de los lectores sobrarán presentaciones, pero para a aquellos a quienes no se les haya concedido el regalo de la lectura de cualquiera de sus obras, les dejo aquí una breve semblanza que otro grande, Tony Judt, le dedicó el año pasado en un libro que merece como poco una lectura —Reappraisals. Reflections on the forgotten Twentieth Century (New York: The Penguin Press, 2008, pp. 129-30). La semblanza de Kolakowski reza como sigue:

Kolakowski.png “Leszek Kolakowski es un filósofo polaco. Pero no parece demasiado acertado —o suficiente— describirlo así. Como Czeslaw Milosz y otros antes que él, Kolakowski forjó su carrera intelectual y política en oposición a ciertos rasgos de raigamblre profunda en la cultura polaca tradicional: clericalismo, chovinismo, anti-semitismo. Obligado a abandonar su tierra natal en 1968, Kolakowski nunca podría volver a casa ni ser publicado en ella: entre 1968 y 1981 su nombre se encontraba en el índice polaco de autores prohibidos, y la mayor parte de la obra por la que es conocido hoy fue escrita y gran parte de la obra por la que mejor se le conoce hoy fue escrita y publicada en el extranjero.

En el exilio, Kolakowski vivió principalmente en Inglaterra, donde fue Fellow del All Souls College, Oxford, desde 1970. Pero, como explicó en una entrevista el año pasado, Gran Bretaña es una isla; Oxford es una isla dentro de Gran Bretaña; All Souls (un College sin estudiantes) es una isla dentro de Oxford y el Dr. Leszek Kolakowski es una isla en All Souls, una “isla cuádruple”. Hubo en un tiempo, de hecho, lugar en la vida cultural británica para los intelectuales emigrados de Rusia y Europa Central —piénsese en Ludwig Wittgenstein, Arthur Koestler o Isaiah Berlin. Pero un filósofo católico, antiguo marxista y polaco es más exótico y, a pesar de su reconocimiento internacional, Leszek Kolakowski es ampliamente desconocido —y curiosamente menospreciado— en su tierra adoptiva.

En otros lugares, sin embargo, es famoso. Como muchos intelectuales centroeuropeos de su generación, Kolakowski es políglota —con tanta o mayor facilidad en ruso, francés y alemán como en polaco y en su inglés de adopción— y ha recibido reconocimientos y abundantes premios en Italia, Alemania y Francia principalmente. En los Estados Unidos, donde Kolakowski enseño durante muchos años en el Committee on Social Thought de la Universidad de Chicago, sus logros han sido generosamente reconocidos, culminando en 2003 con el Premio Kluge de la Biblioteca del Congreso, otorgado por los logros de una vida en aquellos campos de investigación —las humanidades principalmente— para los que no hay Premio Nobel. Pero Kolakowski, que en más de una ocasión ha declarado sentirse en París como en casa, no es más americano que inglés. Quizás deba pensarse en él como el último ciudadano ilustre de la República de las Letras del siglo XX.

En la mayor parte de sus países de adopción, Leszek Kolakowski es mejor conocido —y en algunos únicamente conocido— por Main Currents of Marxism, su excepcional historia en tres volúmenes del marxismo: publicada en polaco (en París) en 1976, en Inglaterra por Oxford University Press dos años despues, y reimpresa ahora en un volúmen único por Norton en los Estados Unidos. Sin duda así debe ser: Main Currents es un monumento de la erudición moderna en el campo de las humanidades. Pero hay cierta ironía en su preeminencia entre el resto de los escrits de Kolakowski, al ser su autor cualquier cosa excepto un “Marxólogo”. Es un filósofo, un historiador de la filosofía y un pensador católico. Pasó años estudiando las sectas y herejías cristianas altomodernas y durante más de último cuarto del siglo pasado se dedicón a la historia de la religión y la filosofía en Europa y lo que podría ser descrito de la mejor manera como especulaciones filosófico-teológicas.”

Sobre la muerte de Kolakowski podéis encontrar más información en los siguientes enlaces:

Hay una buena galería de fotos, de donde proceden la que se adjunta a esta entrada, aquí. Otra brevísima biografía en inglés puede leerse aquí. Una bibliografía que dista de ser comprehensiva puede encontrarse en esta entrada de la Wikipedia inglesa, a la que pueden sumarse las fuentes primarias citadas en este documento y en este otro, de Cosma Shalizi. Si alguno conoce un listado realmente completo, que se ponga en contacto conmigo y lo añadiremos a esta página.

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Estamos de vuelta

Desde que os avisé de la parada obligatoria de este espacio, he intentado encontrar un momento para reanudar un proyecto que me ha dado muchas alegrías, y alguna pena, durante el último año. Como quería volver con garantías, y no escribiendo una entrada de compromiso, he tenido que dejar pasar los escasos huecos que han ido surgiendo durante estos meses para, por fin, sentarme hoy ante el ordenador y escribir estas líneas.

Tras un año movido, hay algunas noticias que quisiera compartir con vosotros, los lectores, que sois los que dais sentido a mi presencia en Internet. La primera de ellas, por longevidad y traspiés del proyecto, es que mi tesis doctoral ya ha sido depositada en la Universidad de Aberdeen, conque solo queda esperar lo mejor para su defensa. En segundo lugar, durante los dos próximos semestres —septiembre de 2009 a mayo de 2010— seré profesor visitante en la Universidad de Michigan. La oportunidad de trabajar en un departamento de literatura hispánica como ese, y en una universidad que se encuentra entre las veinte primeras del mundo, es un regalo con el que ni hubiera soñado cuando empecé mis estudios, y estoy inmensamente agradecido a quienes han depositado su confianza en mí y me han recomendado para el puesto. Como en mi mente está impartir las mejores clases posibles en el campo, este blog se verá enriquecido con más entradas sobre Renacimiento español y su literatura —ya me conocéis, en sentido muy amplio— que espero que vosotros también disfrutéis.

Quiero agradecer las muestras de cariño y los ánimos que muchos de vosotros me habéis hecho llegar por correo electrónico y por otros medios, así como el sorprendente hecho de que el número de visitas se haya mantenido prácticamente inmóvil y no hayan parado de incorporarse suscriptores a pesar de la parada obligatoria. Me gustaría pensar que tanto las viejas como las nuevas fidelidades se deben a que aquí encontráis información útil y una manera de acercarse a la Edad Media y el Renacimiento única en la blogosfera en castellano, al menos eso es lo que hay en mi ánimo.

Este verano servirá, además de para retomar el ritmo de escritura, para actualizar el blog con nuevas posibilidades de expresión e incorporar utilidades que wordpress parece permitir ahora de una manera más sencilla. Os mantendré informados según las vaya implementando.

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